África dice no a la mutilación genital femenina, tendente a no sentir placer durante el acto sexual, aún vigente en treinta naciones

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

El Parlamento de la Unión Africana avala la prohibición de la ablación, una práctica que sufren, cada año, tres millones de niñas desde Somalia hasta Senegal, en el Sahel. Un espaldarazo a la creciente adopción de medidas por buena parte de los países afectados, que obedece tanto al trabajo y las presiones ejercidas por los organismos internacionales como a la lucha que desde hace décadas lideran asociaciones africanas de defensa de los derechos de la mujer y la infancia. Estas prácticas van desde la amputación total o parcial del clítoris hasta la extirpación de labios mayores y/o menores, con consecuencias trágicas para las menores, según la Organización Mundial de la Salud. Además del riesgo de muerte y enfermedades, el dolor, el trauma y las lesiones creadas por el procedimiento en sí mismo, muchas veces realizado en penosas condiciones higiénicas, las consecuencias a largo plazo incluyen las infecciones recurrentes, quistes, esterilidad y aumento de las complicaciones durante el parto, además, claro está, de la imposibilidad o dificultad de sentir placer durante el acto sexual. Además de un atentado para la salud de la mujer, supone una violación de sus derechos y una forma de discriminación que refleja la desigualdad entre los sexos

El Parlamento de la Unión Africana ha avalado la prohibición de la mutilación genital femenina en todo el continente, una práctica en retroceso pero que se sigue realizando en una treintena de países sobre todo en la banda del Sahel, desde Somalia hasta Senegal. Aunque el Parlamento Panafricano, con sede en Sudáfrica, sólo tiene carácter consultivo y asesor y no legislativo, esta decisión supone un espaldarazo a la creciente adopción de medidas por buena parte de los países afectados, que obedece tanto al trabajo y las presiones ejercidas por los organismos internacionales como a la lucha que desde hace décadas lideran asociaciones africanas de defensa de los derechos de la mujer y la infancia. El acuerdo se produce tras intensas sesiones realizadas entre miembros del Grupo de Trabajo para la Mujer del citado Parlamento y representantes del Fondo para la Población de Naciones Unidas (UNFPA). En realidad, lo acordado es un plan de acción encaminado a erradicar la ablación, que sufren cada año unos tres millones de niñas en África y Oriente Próximo y que afecta en la actualidad a 125 millones de mujeres. A partir de ahora comienza la tarea de los 250 diputados firmantes de hacer llegar esta decisión a sus respectivos países e impulsar la puesta en marcha del plan de acción en coordinación con las autoridades nacionales. En los últimos años, los avances sociales y legislativos en África occidental, una de las regiones afectadas, han sido imparables. Nigeria prohibió la ablación en todo su territorio en mayo de 2015, mientras que Gambia, hasta ahora refugio de esta práctica, hizo lo propio en noviembre pasado. Issatou Touray, histórica activista gambiana, asegura sin embargo que “sólo con el trabajo en las comunidades se podrá dar un cambio real, las leyes son necesarias pero no bastan”.

Cada país es un mundo. En Senegal está prohibida desde hace años, pero se sigue practicando de manera clandestina y por eso, la ONG Tostan sigue llevando a cabo su política de juramentos, en la que las mujeres y líderes comunitarios prometen públicamente el abandono de la ablación. En Guinea también está prohibida, pero la tasa de prevalencia está en torno al 90% porque cuenta con una enorme aceptación cultural. En Malí, sin embargo, es legal aunque existe un plan nacional desde 2010 para erradicarla. Virginie Moukoro, defensora de los derechos de la mujer y la infancia maliense, cree que aún queda mucho trabajo por delante, pero que en el plazo de una generación se podrá acabar con la ablación. “Un día será historia, como ocurrió con la práctica de atar los pies a las niñas en Japón”, asegura.

 

Muchas constituciones establecen la prohibición de la práctica pero ninguna ley ha sido aprobada para hacer efectiva esta decisión

En África oriental el optimismo es más moderado. Países como Egipto, Sudán, Eritrea, Yibuti, Etiopía o Somalia tienen el triste honor de concentrar las tasas de prevalencia más elevadas, en este último país del 98%, la más alta del mundo. Allí se practica un tipo de ablación conocida como la circuncisión faraónica, que además de la extirpación del clítoris y labios mayores y menores conlleva el cosido de la vulva hasta dejar un pequeño orificio para permitir la salida de la orina. Las consecuencias son terribles y provoca cientos de muertes cada año. Somalia es un ejemplo de la ambigüedad legislativa en la que se mueven muchos países sahelianos, la Constitución establece la prohibición de la práctica pero ninguna ley ha sido aprobada para hacer efectiva esta decisión.

La mutilación genital femenina comprende un conjunto de prácticas que van desde la amputación total o parcial del clítoris hasta la extirpación de labios mayores y/o menores, con consecuencias trágicas para las niñas. Según la Organización Mundial de la Salud, además del riesgo de muerte y enfermedades, el dolor, el trauma y las lesiones creadas por el procedimiento en sí mismo, muchas veces realizado en penosas condiciones higiénicas, las consecuencias a largo plazo incluyen las infecciones recurrentes, quistes, esterilidad y aumento de las complicaciones durante el parto, además, claro está, de la imposibilidad o dificultad de sentir placer durante el acto sexual. Además de un atentado para la salud de la mujer, supone una violación de sus derechos y una forma de discriminación que refleja la desigualdad entre los sexos.

 

“Es imposible describir el horror de la mutilación genital femenina”, UNAM otorgó el doctor ‘Honoris Causa’ a la nigeriana Koso-Thomas

La ablación del clítoris es una práctica que afecta a 30 millones de mujeres en 28 países africanos. Con esta abrumadora cifra la doctora Olayinka Aina Koso-Thomas inició la conferencia que impartió en la Universidad Autónoma de México (UNAM). “Una mujer que sufre una mutilación genital jamás regresará a la normalidad”, puntualizó esta ginecóloga nigeriana, de 78 años, la cual estuvo en México para recibir el grado de doctor Honoris Causa por dicha institución, en el verano del 2015. Recuerdo sus palabras. “Es imposible describir el horror de esta práctica”, decía Koso-Thomas, aun así intentaba poner en palabras el ritual que destruye la adolescencia de cualquier mujer: “Se llevan a las niñas que serán iniciadas -expresión para hablar del ritual- a un lugar apartado junto al río. Las obligan a acostarse en el agua helada con la mitad del cuerpo descubierto. Las detienen fuertemente con las piernas abiertas y entonces la persona encargada de hacer la circuncisión corta el clítoris y los labios menores. El grito de dolor es cada vez más fuerte. No hay una escala de crueldad para medir la agonía”.

Koso-Thomas nació en una familia de religión anglicana y eso, según ella, fue lo que la salvó de ser mutilada. Estudió medicina en Leeds Medical School en Inglaterra y un posgrado en la Universidad de Berkley. Viajó a Freetown, capital de Sierra Leona, donde fue testigo del sufrimiento físico y psicológico que padecen las mujeres que han sido víctimas de la ablación. Y así emprendió el camino de lucha para erradicar esta práctica cruel de carácter “tradicional, no religioso”, según lo define.

La doctora fundó el Grupo para la Abolición de Mutilaciones Sexuales. Su estrategia es acercarse a las comunidades como médica y una vez que está a solas con las jóvenes hablar de la ablación. Koso-Thomas está convencida de que solo con educación se podrá conseguir un cambio, pero una educación que vaya dirigida a hombres y mujeres. Asimismo, esta ginecóloga destaca la urgente necesidad de ejercer más presión a los Gobiernos nacionales para que aprueben leyes que protejan los derechos de las mujeres y entablar debates sobre el tema.

 

“Su injustificada justificación: la mujer debe llegar virgen al matrimonio y permanecer fiel sin tener derecho al placer sexual”

Existen distintos tipos de mutilación genital femenina. La primera consiste en la escisión del clítoris, la segunda añade la amputación de los labios menores y la tercera supone además el sellado de labios mayores dejando un pequeño orificio para la menstruación. La circuncisión se efectúa con el agua fría como única anestesia y con pocas o nulas precauciones higiénicas. “En ocasiones, si la persona que realiza el corte no tiene el cuchillo especial para llevarlo a cabo utiliza algún pedazo de vidrio o cuchilla para afeitar”, puntualizó la también Premio Príncipe de Asturias (1998). Las consecuencias que sufre una mujer tras la ablación son variadas y pueden ser fatales. Koso-Thomas las enumera: dolor, sangrado incontrolable, infecciones, molestias al orinar, menstruar o al tener relaciones sexuales; ruptura de útero, fístulas o incluso la muerte. Aunadas a estas, están los efectos emocionales y psicológicos. “Si se crean fístulas, la mujer tendrá muchos problemas para dar a luz. Puede llegar a tardar hasta 48 horas y en la vagina hay poco oxígeno por lo que el bebé corre el alto riesgo de morir, al igual que la madre”, detalla la nigeriana.

El hombre es el que manda en la mayoría de las comunidades africanas y la mutilación genital femenina encuentra su injustificada justificación en que la mujer debe llegar virgen al matrimonio y permanecer fiel sin tener derecho al placer sexual. Las madres de familia creen que no conseguirán casar a sus hijas si no las someten al ritual de la ablación. Es un mecanismo para mantenerlas domesticadas. Ana Buquet Corleto, directora del Programa Universitario de Estudios de Género afirmó en relación con esto al inicio de la conferencia: “Esto no significa que en los países donde no se practique la ablación no existan otras formas más sutiles pero enfocadas al mismo fin: el control de la sexualidad de las mujeres uno de tantos mecanismo de subordinación femenina”.

 

“¿Quién era yo para poner en duda una tradición que ha pasado de tatarabuelas a nietas y que me decían que hasta en el Corán se citaba?”

Para descubrir los efectos negativos de la mutilación genital femenina, Lamine Diawara (Ziginchor, Senegal, 1983) tuvo que cruzar el mar en kayuko y vivir más de cinco años en la capital de Vizcaya, al norte de España, en la Unión Europea. “¿Quién era yo para poner en duda una tradición que ha pasado de tatarabuelas a nietas y que me decían que hasta en el Corán se citaba?”. Bastó una charla informativa hace tres años, un lunes por la tarde, en la sede de Médicos del Mundo en Bilbao para abrirle los ojos. “Hasta ese día, jamás había oído hablar a una mujer africana sobre el tema y menos hablar de una forma tan negativa por los dolores físicos y psicológicos que le había provocado”. Ese mismo día discutió en la charla, defendió su práctica y terminó el día llamando a Senegal por teléfono. “Comprobé que era cierto: que en el Corán no se citaba nada, que mis hermanas también sufrían todo tipo de consecuencias negativas en sus cuerpos y que la raíz de la práctica son los celos de los hombres”. Desde entonces, Diawara se ha convertido en un agente activo desde el País Vasco contra la mutilación genital femenina (MGF) con lo mejor que sabe hacer: la música y el teatro. El periodista vasco Iñaki Makazaga es el autor de un interesante reportaje titulado ‘Hombres contra la mutilación genital femenina’, en el periódico EL PAÍS. La ciudad del Museo Guggenheim incorpora a ocho varones de origen africano en el trabajo de prevención de la ablación…

Lamine Diallo (Guinea-Conakry, 1974) necesitó más que una charla. Hace un año fue invitado por el Ayuntamiento de Bilbao a un curso de formación sobre el tema. En concreto, al primero que se celebraba con hombres africanos. Diallo accedió y junto con otros siete varones cumplió las 15 horas del programa de formación durante seis días. “No me lo podía creer: no hay fundamento religioso para justificar la mutilación, ni lógica en las creencias culturales”. A los pocos meses, convocó una asamblea en la Asociación que preside de guineanos en Bizkaia para hablar del tema con todos y plantear la posibilidad de una jornada informativa. “Antes del curso jamás hubiera querido casarme con una mujer que no estuviera mutilada, ahora me avergüenzo de estas creencias”. Ya prepara las segundas jornadas formativas en su asociación pero ahora con los guineanos de todo Euskadi el próximo mes de abril.

 

“Antes del curso jamás hubiera querido casarme con una mujer que no estuviera mutilada, ahora me avergüenzo de estas creencias”

El curso en el que participó Diallo forma parte del Programa Integral de Prevención de MGF del Ayuntamiento de Bilbao que ya ha formado a 71 personas desde 2013, de las cuales 63 son mujeres. Tras la formación, los asistentes adquieren el compromiso de participar e impulsar actividades de información tanto en sus organizaciones como en sus círculos más cercanos. “Para este año, los cursos se van a intensificar por la buena acogida y por la demanda de nuevos colectivos”, asegura la técnica de Inmigración del Área de Igualdad, Cooperación, Convivencia y Fiestas del Ayuntamiento de la ciudad vasca, Goizane Mota Gago, responsable también del Protocolo de actuación contra la MGF.

“El enfoque de género y la interculturalidad nos hacen pioneros. No buscamos articular medidas punitivas sino prevenir con formación y accediendo a todas las comunidades en riesgo”, remarca. Diferentes instituciones internacionales ya se han interesado en la experiencia formativa y en el protocolo de intervención interinstitucional. Entre ellas destacan, ONU Mujeres Alemania -“para trabajar con población refugiada”- y World Future Council de Hamburgo.

Mientras tanto, 223 niñas menores de 15 años podrían seguir en riesgo de sufrir la mutilación genital femenina en Bilbao, 900 en el País Vasco, 17.000 en España y más de 200 millones han sido ya mutiladas en los 30 países de África, Asia y América en los que todavía se practica. “Muchos piensan que si tu mujer no está mutilada, va a ser ninfómana porque nunca serás capaz de satisfacer su apetito sexual. Y te será infiel”, asegura Seydou Togola (Mali, 1872), presidente de la Asociación de Malienses de Bizkaia y también uno de los ocho primeros hombres formados como agentes activos de prevención. En su caso, ni su mujer, ni su hija han pasado por la ablación, pero no era consciente de la gravedad de su práctica. “Hay que erradicarlo como sea, es una manera de agresión contra las mujeres y de limitar su salud”, señala. Ahora entiende por qué muchos de sus compatriotas prefieren no viajar con sus hijas a Mali durante las vacaciones. “Muchos tienen miedo de que durante el verano sus tías o sus abuelas las mutilen para mantener viva las tradiciones y limpiarlas”.

 

“Sin embargo, a los mayores de la familia les da igual que puedas ir a la cárcel por esto. Lo consideran una limpieza del alma de las niñas”

Médicos del Mundo ha impulsado una campaña de sensibilización para estos casos en los que anima a firmar un contrato entre los pediatras y las familias para que se comprometan por escrito a realizar una revisión a sus hijas a la vuelta. “El proyecto se llama ‘Un viaje con compromiso’ y ayuda a las familias a poner todos los medios en sus países para que no las mutilen”, señalan sus impulsores. “Sin embargo, a los mayores de la familia les da igual que puedas ir a la cárcel por esto. Lo consideran una limpieza del alma de las niñas”, explica Togola.

Michael Addo (Benin, Nigeria, 1966) está más tranquilo. Sabe que en Nigeria sólo en el ámbito más rural se practica. Él participó en el curso invitado también por el Ayuntamiento al llevar más de 20 años en la capital vizcaína y ser un hombre respetado y conocido entre la población inmigrante. “Todavía estoy conmocionado. No me gustaba la práctica, pero tampoco veía necesaria combatirla por sus arraigadas raíces religiosas y culturales. Pero ahora que he visto que el mapa de los países que lo practican y ha comprobado que la razón religiosa no tiene ningún fundamento, me atrevo a criticarlo y atacarlo”, enfatiza. Ese mapa de los países donde se realiza la ablación lo lleva siempre consigo. “Muchos países de mayoría musulmana no la realizan: ¿qué hacemos nosotros defendiéndolo?”.

Por eso, Addo ya no se calla y siempre que puede lo habla: bien por teléfono con los suyos, bien en persona con sus compatriotas en el País Vasco. Eso sí, es consciente de que llevar el cambio de mentalidad hasta el ámbito más rural de los países como Nigeria, Malí, Senegal o Guinea-Conakry llevará más tiempo y más esfuerzos. “Toca ser pacientes y muy delicados. Nadie realiza la mutilación para hacer sufrir, se realiza por creencias culturales muy arraigadas”. Con ese planteamiento y esa delicadeza, el Ayuntamiento de Bilbao formó a Addo, Diallo y Togola. Con esa misma delicadeza Diawara lo habla en sus talleres con Médicos del Mundo y con esa sensibilidad piden todos ellos que sea abordado.

En esa línea, la capital vizcaína pone a disposición 13 profesionales de diferentes ámbitos para atender los requerimientos de intervención. “No queremos que se convierta en un motivo de rechazo cultural, sino que se trate siempre con enfoque de género y respetando la diversidad cultural”, explica la responsable del protocolo de actuación. Una demanda a la que se suman las organizaciones que como Médicos del Mundo trabajan en ello. “Nadie quiere hacer sufrir a sus hijas de forma gratuita, pero desconocen completamente el alcance de sus consecuencias”, añade Marisa Sanz, coordinadora de movilización social de Médicos del Mundo en el País Vasco y responsable del primer diagnóstico elaborado en el País Vasco sobre el tema.

 

Diawara decidió combatirla y así lo hace siempre que tiene oportunidad de tocar con su grupo ‘Friqbil Band’ y cantar contra la ablación

“Ya no más Senegal. Ya no más Mali. Ya no más Guinea. Ya no más Gambia. ¿Acaso no te has dado cuenta de todos los riesgos? Riesgos de aborto, riesgos de infecciones, riesgos de contagio de VIH…”.  Así canta Diawara desde que decidió combatirla y así lo hace siempre que tiene oportunidad de tocar con su grupo ‘Friqbil Band’. “Canto en castellano, francés y me llena de satisfacción compartir vídeos de actuaciones con otros músicos de mi país que lo cantan desde Senegal”. Así lo hace también con el teatro. Ha compuesto una obra en la que simula ser un hombre convencido de la mutilación y lo rebate con argumentos hasta convencerlo. “No hay actuación en la que no se me acerquen compañeros para hablar sobre el tema. Todos estos asuntos son un gran tabú para nuestra culturas y no siempre es fácil comentarlos”. Por haber descubierto las consecuencias de la mutilación genital femenina asegura que ya ha merecido la pena su proyecto migratorio. “Mi viaje en kayuko y los años en Bilbao ya han tenido sentido”.

A través de la música y el arte, Diawara siente que es más fácil comunicas sobre la ablación. De todos modos, quiere más formación. En cuanto pueda, realizará el curso del Ayuntamiento. “Ahora mismo no tengo tiempo”, confiesa. Más allá de los argumentos, el resto de agentes activos recién formados hablan de ser pacientes, muy delicados y constantes. “A ninguno nos gusta que nos tachen de blancos y nos acusen de habernos dejado colonizar el cerebro, pero hay que avanzar mucho por los derechos de las mujeres”, asegura el nigeriano Addo. Y la revolución ya la han comenzado con la mutilación genital femenina como excusa, la formación como arma y el trabajo en red como herramienta. “Ya no más Senegal. Ya no más Gambia…”.

 

Con la edad de cuatro años viajo junto a su madre y sus hermanas desde Dakar (Senegal) hasta el sur del país para que su abuela las conociera…

“La mala suerte de las mujeres mutiladas es que nadie espera a que tengamos 18 años para preguntarnos si queremos estarlo”. A Fama Mballo (Senegal, 1979) nadie le preguntó, ni esperaron a que respondiera. Con la edad de cuatro años viajo junto a su madre y sus hermanas desde Dakar (Senegal) hasta el sur del país para que su abuela las conociera. “Fue durante esa escapada cuando nos mutilaron. Ni siquiera preguntaron a mi padre qué le parecía. Un día lo hacen y ya, tu vida ha cambiado”.

La buena suerte quiso que Mballo participara en un taller de sexualidad de Médicos del Mundo Euskadi tras varios años en España y recién instalada en Bilbao. “Una iglesia a la que pedí ayuda me recomendó asistir a las actividades de la ONG para conocer a gente y aprender cosas nuevas”. Ese día le tocó aprender el origen de todos sus dolores vaginales, de la razón de sus infecciones, del porqué de sus partos eran tan complicados y de cómo podría llegar a mejorar su salud.

Hasta ese día pensaba que todas las mujeres sufrían igual que ella. “Son temas tabú en África. Nunca los había hablado, y menos en público”. Ahora es ella la que lidera las charlas, los talleres, los debates. Desde 2012, forma parte del grupo de voluntarios de Médicos del Mundo Euskadi contra la mutilación genital femenina. Y fue su testimonio el que también cambió al músico senegalés Lamine Diawara tras una sesión informativa. “Si no hubiera asistido al taller, hubiera mutilado a mi hija”. Lo tiene muy claro y por eso cuenta su testimonio allí dónde le invitan. “Lo que más duele no es el cuerpo, sino la cabeza: la humillación que sufrimos las mujeres al limitarnos tanto la vida”. Y reclama que sean “más mujeres de África las que decidan salir del armario y romper tabúes”.

La Organización de las naciones Unidas ha hecho público un comunicado con motivo de El Día Internacional de la Mujer “un buen momento para reflexionar acerca de los avances logrados, pedir más cambios y celebrar la valentía y la determinación de mujeres de a pie que ha jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades”. El lema es “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”. “El mundo laboral está en transformación, con implicaciones significativas para las mujeres. Por un lado, la globalización y la revolución digital y tecnológica crean nuevas oportunidades, al tiempo que la creciente informalidad en el trabajo, la inestabilidad en las fuentes de ingreso, nuevas políticas fiscales y comerciales y el impacto ambiental ejercen un papel decisivo en el empoderamiento económico de las mujeres”. Con estas líneas queremos rendir nuestro homenaje a las mujeres de África, desde la ciudad de Cancún, en Quintana Roo, México, por su lucha contra la mutilación genital femenina, que atenta contra sus derechos. Estamos ante una forma de discriminación que refleja la desigualdad entre los sexos.

Acompañamos esta columna con unas fotografías de Brian Inganga, sobre las niñas samburu, “mutiladas para ser bien casadas”. Para esta etnia, en Kenia, es tradición circuncidar a las mujeres a una temprana edad. Una transición hacia la edad adulta que es, además, puerta a su casamiento. También añadimos imágenes de Iñaki Makizaga desde Euskadi, de su crónica ‘Hombres contra la mutilación genital femenina. Bilbao incorpora a ocho varones de origen africano en el trabajo de prevención de la ablación’.

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