Denuncias ‘sexuales’ perturban las redes sociales, ¿Transformación o Dictadura?, ‘Anónimos indignantes’ de Elena Poniatowska

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Nombres de periodistas, escritores y músicos están apareciendo todos los días. No es en relación con su trabajo de cara al público. Con las etiquetas #MeTooMúsicosMexicanos, #MeTooEscritoresMexicanos o #MeTooPeriodistasMexicanos, decenas de mujeres están denunciando casos supuestamente perpetrados por hombres que trabajan en esos sectores. Este rebrote en México del movimiento #MeToo (#YoTambién), que eclosionó en Estados Unidos en 2017 a raíz de la ola de denuncias contra el productor de cine Harvey Weinstein, está ahora en el centro del debate tras el suicidio del músico Armando Vega Gil, cofundador del grupo de rock Botellita de Jerez. En su mensaje de despedida, Vega Gil vinculó su decisión de quitarse la vida con el hecho de haber sido acusado de acosar a una menor. La denuncia contra el músico fue presentada anónimamente en la cuenta @metoomusicamx. Si bien el propio Vega Gil escribió que su decisión era “voluntaria, consciente, libre y personal”, algunas personas alertaron del riesgo de caer en un escenario de “escraches” o linchamientos públicos de trágicas consecuencias…

 

“Estamos viviendo una catarsis al sufrir el suicidio del roquero Armando Vega-Gil, del grupo Botellita de Jerez. Resultó muy importante la carta de Blanche Petrich en La Jornada diciéndonos su dolor por la muerte de Vega-Gil y su indignación contra denuncias anónimas y #MeToo. El primero de abril pudimos ver y escuchar una entrevista sumamente valiosa de Carmen Aristegui a la feminista y maestra del ITAM Marta Lamas, quien dirigió durante años la revista Debate Feminista”, escribió Elena Poniatowska, en una valiente columna titulada ‘Denuncias anónimas indignantes’. En Europa se pusieron en práctica los ‘anónimos’ por Joseph Goebbels, político alemán que ocupó el cargo de ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945, con Adolf Hitler. En la España falangista y franquista, las denuncias sin remitente o realizadas por los chivatos o los integrantes de la ‘Guardia de Francisco Franco’, eran “verdades en su totalidad” para los servicios de inteligencia política de la Policía y la Guardia Civil. Torturas y muerte eran los ‘fallos’ dictados en las comisarías y cuartelillos. ‘Todo por la Patria’ era el eslogan que aparecía colgado en las entradas de los edificios de ‘La Benemérita’ (Guardia Civil). En muchos países comunistas, satélites de la extinta Unión Soviética, el ‘anónimo’ fue utilizado masivamente entre la población como medida de control político, social e ideológico.

“#MeToo, fundado en 2017, le dio una fuerza colectiva a las quejas de las mujeres que pudieron darle nombre y cara a su denuncia –recalca Elena Poniatowska, escritora, activista y periodista mexicana cuya obra literaria ha sido distinguida con numerosos galardones, entre ellos el Premio Cervantes 201 autora del libro ‘La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral’-. y abrió la posibilidad de un proceso civilizatorio. Según Marta Lamas, es indispensable que se hagan denuncias equilibradas en todas las comunidades humanas: en fábricas, en universidades, en conjuntos habitacionales, en la calle y sobre todo en nuestros medios de transporte, tanto el Metro como el Metrobús. Muchas mujeres han sido violentadas y agredidas, pero las denuncias tienen que ser legítimas y comprobadas”.

“¿Cómo hacemos justicia?, pregunta Marta Lamas, preocupada por el terrible significado de una reacción punitiva. La feminista recuerda que nuestras reglas sociales y nuestras conductas provienen del patriarcado y de los usos y costumbres milenarios y recuerda que hay susceptibilidades y que en una relación de pareja donde hubo amor puede haber odio. También se pregunta por la jerarquización en nuestro país y si tenemos un #MeToo de campesinas y de obreras. Gran conocedora de los temas de sexualidad, ya que Lamas es antropóloga social, nos habla de los gestos de connotación sexual dentro de la sociedad en la que vivimos y por eso mismo nos pide definir lo que es un acoso. Cualquier chavita puede decirle a un muchacho: “Si me estás queriendo ligar, no me digas sabrosa y mucho menos buenota”. En su entrevista con Carmen Aristegui, Marta Lamas afirma que la denuncia es un arma de dos filos y nos cuenta de su libro Acoso: ¿denuncia legítima o victimización?, que detonó muchas reacciones críticas y otras favorables. Marta se pregunta si hay investigación de acoso laboral, también recuerda que la victimización tiene que ver con la clase social y la condición étnica. ¿Qué pasa, por ejemplo, con las obreras, con las campesinas, con las mujeres que trabajan cerca de las plataformas petroleras, con las constructoras de casas, con las taquilleras del metro, las meseras, las jardineras, las barrenderas, las vendedoras ambulantes, las placeras? Para Lamas, finalmente, la sexualidad es un tema de poder y nos anuncia su próximo debate con Eve Gil, gran lectora, crítica de literatura y colaboradora de La Jornada Semanal, suplemento cultural de La Jornada. Blanche Petrich tiene razón al señalar que para ella el #MeToo mexicano se hundió, pero sería de toda justicia prever también el daño que puede hacérsele ahora mismo al movimiento #MeToo al usar el suicidio del botellito de jerez, como llama Blanche a Armando Vega-Gil, para desacreditar una indignación legítima, la de las mujeres acosadas”.

 

“Mi muerte no es una confesión de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia”, escribió Armando Vega Gil

Armando Vega Gil, bajista y fundador del grupo de rock mexicano Botellita de Jerez, ha fallecido este primero de abril, según ha confirmado la agrupación a través de su cuenta de Twitter. La muerte del músico de 64 años se ha conocido horas después de que publicara en sus redes sociales un comunicado en el que anunciaba su suicidio. Vega Gil había sido señalado en los últimos días de acosar sexualmente a una menor de edad hace más de 10 años, dentro de la ola de denuncias del movimiento ‘Me Too’ en México. El bajista de Botellita de Jerez publicó durante la madrugada una nota en la que defendía su inocencia ante los señalamientos de acoso en su contra a través del hashtag #MeTooMusicosMexicanos. “Dicha acusación es falsa”, escribió. El músico insistió en que durante su carrera ha defendido los derechos de los niños y que la denuncia en su contra dañaba su credibilidad y mermaba sus oportunidades de trabajo. “Mi muerte no es una confesión de culpabilidad, todo lo contrario, es una radical declaración de inocencia”, publicó. La policía de Ciudad de México halló el cuerpo de Vega Gil apenas una hora después de su publicación en redes sociales. “Con un inmenso pesar, comunicamos que nuestro compañero Armando Vega Gil falleció la madrugada de hoy. Nos encontramos procesando esta noticia y haciendo los trámites correspondientes. Descansa en paz hermanito”, anunciaron sus compañeros de Botellita de Jerez.

La denuncia de acoso sexual contra Vega Gil se hizo de forma anónima a través de la cuenta de Twitter @MeTooMusicaMx, donde se reunían relatos de acoso y abuso sexual contra integrantes de diversos grupos musicales. La cuenta fue atacada tras conocerse el fallecimiento del bajista, por lo que las denuncias que allí habían sido publicadas desaparecieron por la mañana. Más tarde, las administradoras retomaron las redes sociales y explicaron que pese a los intentos de sabotear la cuenta no dejarán de publicar las denuncias. El movimiento MeToo ha cobrado fuerza en México en las últimas semanas, a través de las redes sociales, con cientos de denuncias en diferentes ámbitos laborales por acoso y abuso sexual. Armando Vega Gil fundó en 1983 Botellita de Jerez, una banda de rock alternativo que se posicionó en el gusto de los mexicanos por la originalidad e irreverencia de sus composiciones. En el grupo le acompañaron originalmente Sergio Arau y Francisco Barrios, aunque la formación cambió de integrantes en varias ocasiones en los siguientes 30 años. El músico también se involucró en la producción audiovisual y cinematográfica. Publicó más de una veintena de libros, la mayoría dirigidos al público infantil.

 

Los críticos alegan que con el anonimato, pierden credibilidad las acusaciones y se puede desprestigiar a personas inocentes

La nueva ola #MeToo comenzó el 21 de marzo y ya provocó la destitución del director de un medio, la cancelación de la presentación de un libro y una banda separó a su guitarrista del grupo. El movimiento también se vio sacudido por el suicidio de Armando Vega Gil. Desde hace apenas un par de semanas, una marea de denuncias de mujeres que decidieron compartir sus casos de manera pública o anónima en redes sociales derivó en un movimiento para visibilizar una problemática en el país: el acoso y abuso sexual en el mundo de las letras, el periodismo, la publicidad, la academia, la música y la política. El uso del anonimato para la denuncia de presuntos agresores dividió opiniones sobre el movimiento. Los críticos alegan que se necesita llevar los casos ante la justicia que, con el anonimato, pierden credibilidad las acusaciones y se puede desprestigiar a personas inocentes; los defensores señalan la impunidad en los casos y el derecho de las víctimas a expresar su dolor de manera anónima, y que es una herramienta de protección ante posibles represalias.

“Es el aspecto más problemático de este movimiento. Se entiende el anonimato cuando son casos de mujeres que pueden perder el trabajo, cuando están en contacto con el agresor. Pero si es una violación se tiene que ir al Ministerio Púbico, ahorita que está muy fuerte el movimiento se puede crear una red de acompañamiento, juntar las denuncias contra una persona e ir al Ministerio Público”, dijo la profesora de estudios de género, Lucía Melgar Palacios. Para la vocera de la red Periodistas Unidas Mexicanas (PUM), creada este año para exhibir el fenómeno del acoso en los medios de comunicación, y que reaccionó al movimiento #MeToo publicando denuncias con la etiqueta #MeTooPeriodistasMexicanos, no se debe poner en tela de juicio a las denunciantes que optan por el anonimato porque no tienen otra salida ante la falta de acceso a la justicia. Aseguró que en su página solo publican los casos en que las supuestas víctimas son las propias denunciantes. “Las denuncias tienen que ser de una víctima directa, no por terceros. Creemos en ese testimonio. Defendemos el anonimato por la situación tan delicada que implica vivir en un país con estos niveles de impunidad como México. Fuimos puliendo el filtro poco a poco, fuimos descartando casos. Venían muchas denuncias de relaciones tóxicas, entonces esas sí las descartábamos, les explicábamos que de lo que se trataba era de que fueran denuncias en un contexto laboral”, dijo la vocera de PUM.

 

Los defensores del derecho de las víctimas a expresar su dolor de manera anónima, una herramienta de protección ante posibles represalias

La muerte de Vega Gil encendió más el debate. En la carta en la que anuncia su suicidio, el músico asegura que no responsabiliza a nadie de su decisión de quitarse la vida, pero dice que fue orillado a ello porque su carrera se iría en picada por las acusaciones en su contra del presunto acoso de una menor. “No se culpe a nadie por mi muerte, es un suicidio, una decisión voluntaria, consciente, libre pensada”, escribió en Twitter. “La denuncia que se hace en #MeTooMusicosMexicanos es anónima y quien la lanza en redes está en su derecho de hacerlo así, pero esto pone en entredicho toda mi carrera. Insisto, no ocurrió”, dice su carta de una muerte anunciada. La cuenta desde donde fue señalado Vega Gil @metoomusicamx fue dada de baja el lunes 1 de abril por varias horas, junto con decena de acusaciones contra otros músicos. Aunque horas después volvió a estar disponible. “Hemos recibido múltiples ataques contra la cuenta y el día de hoy, tras un intento de hacking, finalmente han logrado vulnerar la seguridad. Debido a la sincronía de este evento con la lamentable muerte de uno de los acusados, Armando Vega Gil, creemos que se trata de un intento de censura”, señalaron los administradores de la cuenta en un comunicado.

Desde la cuenta oficial del Fondo de Cultura Económica (FCE) que dirige el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II se publicó un polémico tuit lamentando la muerte del músico y estigmatizando el movimiento #MeToo. “Lamentamos profundamente la muerte de Armando Vega Gil, fiel amigo y compañero de muchos que aquí trabajamos. Sea un útil recordatorio para que las justificadas denuncias de acoso, machismo y violencia en contra de las mujeres no se conviertan en una persecución irresponsable”, dice el tuit que sumaba decenas de comentarios en contra de que desde una institución del Estado se tomara partido en un caso tan delicado.

En las últimas horas continuó el apoyo de decenas de mujeres y hombres al movimiento, pues lo que había sido silenciado en las redacciones de los periódicos, en los estudios de grabación, en las aulas y las oficinas encontró salida en Twitter ante la falta de acceso a la justicia de las víctimas que denuncian y protocolos en las instituciones, para que las personas puedan desempeñar sus labores en espacios libres de violencia. “Las personas que han tratado de denunciar casos de acoso ante el ministerio público se enfrentan a un sistema judicial que no funciona, que no le cree a la mujer, donde piden testigos y no hay protección alguna para los testigos. La persona que está denunciando se queda sola y es su palabra contra la palabra del agresor”. El hostigamiento y el acoso sexual son figuras jurídicas previstas en los artículos 10 y 13 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; en la Ley Federal del Trabajo se abordan en el artículo 30. Bis; y en el Código Penal federal en el artículo 259 Bis que establece una sanción de “hasta de ochocientos días de multa” a quien aproveche “su posición jerárquica de relaciones laborales, docentes, domésticas o cualquiera otra que implique subordinación” para acosar sexualmente a otra persona. Mientras que el artículo 260 del Código Penal Federal señala que se impondrá una pena de seis a diez años de prisión, y hasta doscientos días multa, a quien cometa un delito de abuso sexual.

A pesar de la vasta legislación, las estadísticas muestran que las personas víctimas de estos delitos no denuncian. De 2015 a la fecha se han denunciado 7 mil 251 casos de acoso sexual y 4 mil 216 por el delito de hostigamiento sexual, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Es un sistema en el que hay muchas leyes, pero no se aplican, porque además las personas que aplican la ley no están capacitadas para atender casos de violencia de género.

 

El poder también se basa, de acuerdo a la vieja tradición de Maquiavelo y Max Weber, en el monopolio legítimo o ilegítimo de la violencia

Manuel Castells, sociólogo, director del Internet Interdisciplinary Institute de la Universitat Oberta de Catalunya, en Barcelona tiene dos libros, ‘Comunicación y poder’ y ‘La Galaxia Internet: Reflexiones sobre Internet’, donde explica el poder en la era de las redes sociales. “Entender cómo se forma el poder es entender la matriz, el código fuente de la sociedad. Naturalmente, hay distintas formas de poder y distintas articulaciones de poder. No hay una forma, un poder, sino una serie de relaciones de poder articuladas y, por tanto, donde hay poder siempre hay un contrapoder. Si tuviéramos que elegir una ley básica de las sociedades es que donde hay dominación hay resistencia a la dominación, donde hay poder hay contrapoder. Realmente la sociedad se construye con base en intentos constantes de dominación y sus contrapartes. En eso consiste la dinámica del cambio social, pues en cada momento lo que estamos viviendo son relaciones institucionales de dominación que persisten hasta que entran en conflicto con nuevas formas de resistencias a la dominación…”, explica Manuel Castells.

Pues bien, a lo largo de la historia, la comunicación y la información han sido las fuentes fundamentales del poder y del contrapoder, de la dominación y del cambio social. Y ello es debido a que la batalla fundamental se da en las mentes de las personas. Es ahí donde existe el poder: el poder está en nosotros, en nuestras mentes. Si nosotros pensamos de una determinada manera que sirve a determinados intereses y valores, ése es el poder que se está manifestando en nuestra práctica, y de ahí la idea de que las relaciones de poder están absolutamente ligadas a las relaciones que unos llaman de influencia, otros llaman de control social, otros llaman de persuasión. Cierto es que el poder también se basa, de acuerdo a la vieja tradición de Maquiavelo y Max Weber, en el monopolio legítimo o ilegítimo de la violencia. Quienes controlan los medios de la violencia tienen una capacidad de imponer sus intereses. Pero hay otra tradición en las ciencias sociales y otra práctica histórica, de Bertrand Russell a Foucault, en que la capacidad de modelar lo que ocurre en nuestras mentes y en las culturas se desarrolla a través de la persuasión y la negociación colectiva, es también la tradición que aplicó en algún momento Gramsci en términos del concepto de la hegemonía como construcción de una serie de ideas que se internalizan y que hacen que la sociedad pueda funcionar en un determinado sentido. De hecho, yo diría que un sistema de poder que se basa sólo en la coacción es un poder débil, porque si una gran parte de las personas son capaces de pensar diferente y de atreverse a traducir en la práctica ese pensar diferente, ese poder coactivo acaba disolviéndose. Torturar los cuerpos es menos efectivo que modelar las mentes.

 

Las redes de comunicación interactiva de base electrónica y transmisión digital organizan el conjunto de las prácticas sociales del planeta

Si la batalla del poder es una batalla que se juega en nuestras mentes, resulta que nuestras mentes viven inmersas en un entorno de comunicación de donde reciben las señales con las que se activan las emociones, se generan los sentimientos y se forman las decisiones. Por consiguiente, existe una relación básica entre comunicación y poder. Esto no es nuevo, siempre ha sido así, pero se ha acentuado profundamente en lo que llamo la sociedad red, una sociedad en la que las redes de comunicación interactiva de base electrónica y transmisión digital organizan el conjunto de las prácticas sociales del planeta en términos de la interacción de lo global y lo local. Empiezo por la conclusión: la comunicación es el espacio en el que se construyen las relaciones de poder. Lo cual no quiere decir que los medios de comunicación tengan el poder. Esto empíricamente es falso: no tienen el poder. Son mucho más importantes que eso, porque son el espacio donde se construye el poder. Cualquier tipo de poder tiene que pasar por el espacio de la comunicación para llegar a nuestras mentes.

Ahora bien, sea para convencernos que hay que actuar de cierto modo o que no se puede hacer algo de otra manera, las relaciones de poder no consisten, necesariamente, en provocar la adhesión, también pueden generar resignación y fatalismo, que se expresan en la visión de que todo es igual y todos son igual de malos y yo me quedo en mi casa, cierro la ventana y me monto en mi vida porque nada tiene arreglo. Hemos pasado del optimismo al pesimismo histórico, porque la regla fundamental que sigue todo el mundo es que las cosas pueden ser todavía mucho peores. Ése es un mecanismo concreto de manipulación y que pasa a través de la construcción del espacio de la comunicación. La principal forma de comunicación para cambiar e influenciar la mente de los ciudadanos son los llamados medios de comunicación de masas, que funcionan en la articulación de prensa escrita, televisión y radio. La prensa escrita genera las primeras ideas e informaciones, no solamente políticas, sino parapolíticas, es decir, todas las informaciones que construyen nuestro universo mental aunque no tengan nada que ver directamente con el sistema político. La televisión es el medio que lo difunde masivamente y la radio hace la relación personalizada, poco interactiva, pero con mayor nivel de interactividad.

 

El modelo de Fox News sesga la realidad deliberadamente para dirigirse al electorado más de derecha, “Bush fue llamado por Dios para ir a Irak”

Como los mensajes políticos sólo llegan a los ciudadanos a través de los medios de comunicación, el lenguaje de la política tiene que adaptarse al de los medios. Y en ese sentido toda la política es mediática. Lo que no existe en el espacio de la comunicación deja de existir, punto. Puede existir como relación individual, pero no existe como comunicación socializada. Ahora bien, esto no es la dictadura de los medios, porque los medios en principio son plurales, incluso en sociedades dictatoriales. Si hablamos de sociedades democráticas, siempre hay una diversidad y una pluralidad. En parte porque tienen que mantener una cierta credibilidad, y en parte porque los periodistas profesionales luchan por su autonomía como individuos y como profesionales, y aunque muchos fallan en su empeño, de todas maneras siempre hay una cierta negociación, ya sea con el dueño del medio de comunicación o con el partido que está detrás de dicho propietario. El proceso siempre es más complejo que la simple entrega de órdenes a seguir.

Sin embargo, todos los medios están sesgados por su necesidad de responder a un objetivo esencial, que es ganar audiencia, tanto por razones económicas, porque eso implica la publicidad, como por razones de aumentar influencia porque así tienen un uso político e ideológico para el gobierno o partido. De ahí que hay un delicado equilibrio en los medios: son claramente ideológicos, pero no pueden llegar a ser extremistas porque entonces no los leen más que los de su partido. Aunque hay que insistir en que en los últimos años, junto a los medios, digamos profesionales, hay un crecimiento rápido de lo que llamo el periodismo militante, que antes tenía una buena prensa, porque eran los militantes que hacían periodismo, pero hoy en día el periodismo militante por lo general es muy de derecha y muy conservador, y utilizan el sesgo ideológico abierto como modelo de negocio. Para no entrar directamente en polémicas locales pondré un ejemplo de otro planeta: Fox News. En Estados Unidos, su modelo es sesgar la realidad deliberadamente para dirigirse al electorado más de derecha de Estados Unidos que son un 25%. Me refiero a los que creían que Bush fue llamado por Dios para ir a la guerra de Irak, literalmente. Si a esto se añade el 5% o 10% más de audiencia, por otros motivos, se convierten en la primera cadena de televisión en Estados Unidos. Por tanto, es un modelo de negocio que funciona y hay muchos otros ejemplos en el mundo.

 

La mayor parte de las personas no leen los periódicos ni ven la televisión para informarse, sino para confirmar lo que ya piensan

Esto se basa en algo que los investigadores en comunicación saben bien: que la mayor parte de las personas no leen los periódicos ni ven la televisión para informarse, sino para confirmar lo que ya piensan. Como cada vez hay más polarización cultural, ideológica y política en todos los países, el papel del medio profesional del centro se va rompiendo. Si hablamos de México, de España, de Francia o de Estados Unidos hay una segmentación ideológica y política en los medios. Entonces es ahí donde se produce el heroísmo de los periodistas, que algo tienen de héroes, que circulan entre estos distintos medios y que intentan en cada caso ver cómo pueden trabajar la información y al mismo tiempo tener en cuenta no simplemente lo que les dice su jefe, sino también que la audiencia está buscando cierto tipo de información. Así pues la política es mediática y los medios sesgan la información sobre determinados procesos. Lo más importante del sesgo en comunicación no es lo que dicen los medios sino lo que no dicen. Es el mecanismo esencial del “gatekeeping” o la “agenda setting”, es decir, cada día se decide qué es lo importante para publicar o no publicar, decir o no decir, con qué prioridad, tiempo, en qué lugar y con cuanta visibilidad.

Entonces, si los medios son así y la política es mediática, ¿cómo funciona? Las personas no leen los programas políticos, no los leen ni siquiera quienes los escriben, se leen los titulares de los programas en los medios, cuando los leen. Pero lo más importante es cuál es el mensaje político central en un sistema mediático. Es el mensaje más simple, una persona, un rostro humano. Ése es el mensaje fundamental en política en todo el mundo. ¿Por qué? Porque finalmente la gente se fía de una persona. Establecen un vínculo fundamentalmente emocional con una persona y, por tanto, le asignan al mensaje un rostro humano. Hay un vínculo directo entre la política mediática como política esencialmente dominante y la política ligada a la persona. Es la personalización de la política. En todos los sistemas políticos de este momento, lo más importante es la persona que representa el liderazgo de la opción política. Es la venta de una persona. Si la confianza en la persona es el mensaje, la forma fundamental de nuestra política es la destrucción de la credibilidad y de la fiabilidad de la persona. O sea, es el asesinato de la reputación personal del líder y su entorno. Y eso se consigue mediante la construcción de escándalos en torno a las personalidades políticas mediáticas. Escándalos que algunas veces son simplemente la difusión de información que destruye la credibilidad de la persona. Se puede fabricar o ser verdad y mucha es mitad y mitad, se fabrica a partir de cierta realidad.

 

Silvio Berlusconi ha sido documentado como mafioso, como abusador de menores y los italianos le seguían votando, pues les divertía

Lo que ocurre, además, es que la política mediática es muy cara, porque no dura sólo la campaña electoral, sino que es constante. Implica toda clase de operaciones que tienen un costo alto. Casi todos los partidos, según los países, recurren a la financiación ilegal, y como hay siempre ilegalidades, éstas se descubren de una manera u otra, y contribuyen a alimentar los escándalos. Incluso se ha creado una industria en torno a esto. En Estados Unidos se llama la industria de la investigación de la oposición. La integran gente que profesionalmente se dedica a buscar informaciones dañinas sobre los políticos. Lo hacen para cualquier partido, con una alta profesionalidad. Cuanto más arrogante es el poder, cuanto más arrogantes son los políticos, sobre todo los hombres, más se dedican a vanagloriarse sin tomar demasiadas precauciones. Las mujeres son más cuidadosas, aunque no están exentas, pero los hombres son extremadamente imprudentes y dados a hablar de lo que no debieran incluso por teléfono móvil. De ahí que si hacemos una tabla de todos los grandes escándalos en los principales países del mundo en los últimos veinte años, vemos que sistemáticamente todos los cambios de gobierno o de régimen han estado directamente asociados a la política de escándalo.

Ahora bien, cuáles son los efectos de los escándalos. No son tan directos y evidentes. Son variables. El efecto general de falta de legitimidad política generado por un escándalo demuestra que la persona afectada no es de fiar, pero como nadie es fiable, la gente se queda con los que siente más cerca. Un ejemplo muy claro de esto es Silvio Berlusconi en Italia. Berlusconi ha sido documentado como mafioso, como abusador de menores, con fotos. En la prensa italiana los titulares pasaron conversaciones entre sus dos ministras acerca de cómo estimularlo sexualmente en la cama. Todo esto está documentado, abierto, y la gente siguió votando por Berlusconi. Cuando se investiga el tema resulta que los italianos están hartos de toda su clase política y por lo menos con Berlusconi se divertían. Los que no son corruptos son aburridos y nadie les cree. El hundimiento de la credibilidad de la clase política italiana ha creado tal efecto de destrucción de todo el sistema que sobre las ruinas actúan con éxito los bufones. Obviamente, la calidad de la política se va deteriorando.

 

“Bill Clinton sí es un mentiroso con Mónica Lewinsky, pero todos los políticos son mentirosos y él es un mentiroso más simpático que los otros”

Un caso un poco más noble: Bill Clinton y su escándalo sexual con Mónica Lewinsky. Después de mirar al país a los ojos en la televisión y decir no lo hice, y más tarde reconocer que fue una mentira, acabó su mandato con el nivel más alto de popularidad que ha tenido ningún presidente de Estados Unidos. Y cuando le preguntaban a la gente en las encuestas, todos decían lo mismo: sí es un mentiroso, pero todos los políticos son mentirosos y él es un mentiroso más simpático que los otros. Buen resultado y mal resultado porque lo que ocurrió cuando se investigó más a fondo es que Clinton acabó con alta popularidad, pero en la elección entre Al Gore y George W.Bush hubo un efecto de desplazamiento de unos cientos de miles de votos, con un impacto importante en algunas zonas en que votaron electores demócratas para los cuales la moralidad personal era muy importante, y desplazaron su voto hacia Bush. Un efecto pequeño, pero significativo porque en Florida donde, aparentemente, Bush ganó la elección, según datos controvertidos, la diferencia era más o menos de unos mil votos con lo cual Gore, que no es que fuera muy brillante, terminó sufriendo el impacto por asociación de la percibida inmoralidad de Clinton. Se eligió a Bush y su gestión fue determinante en la entrada en las guerras y en el catastrófico manejo de las finanzas mundiales.

Miren por dónde el ‘efecto mariposa’ de un pequeño rebote de una censura por inmoralidad pasa finalmente a cambiar la trayectoria del mundo. Según el ‘efecto mariposa’, dadas unas circunstancias peculiares del tiempo y condiciones iniciales de un determinado sistema dinámico caótico cualquier pequeña discrepancia entre dos situaciones con una variación pequeña en los datos iniciales, cabe resaltar que sin duda alguna y sin explicación científica, acabará dando lugar a situaciones donde ambos sistemas evolucionan en ciertos aspectos de forma completamente diferente. Eso implica que si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande a corto o medio plazo. Es un concepto de la teoría del caos. Si se parte de dos mundos o situaciones globales casi idénticos, pero en uno de ellos hay una mariposa aleteando y en el otro no, a largo plazo, el mundo con la mariposa y el mundo sin la mariposa acabarán siendo muy diferentes. En uno de ellos puede producirse a gran distancia un tornado y en el otro no suceder en absoluto.

 

En América Latina, según los últimos datos de la CEPAL, la gente que cree más o menos en los partidos políticos está en el 20%

Otro punto sobre los escándalos: lo que no es variable es el efecto sistemático sobre la destrucción de la credibilidad del sistema democrático y de la clase política. Hay una relación estrecha, estadísticamente probada, entre corrupción y crisis de legitimidad política. Es la crisis que se extiende por todo el mundo. Más de dos terceras partes de los ciudadanos del mundo no cree ser gobernado democráticamente y la credibilidad de los políticos de los partidos, de los líderes, de los gobiernos, de los Parlamentos, está en los niveles más bajos, todos por debajo del 30% o 40%. En América Latina, según los últimos datos de la CEPAL, la gente que cree más o menos en los partidos políticos está en el 20%. Es claro que las instituciones políticas en todo el mundo están en un nivel de prestigio, confianza y credibilidad bajísimo. Por tanto, la primera conclusión es que la política es mediática y que las condiciones en que se ejerce tiene un papel decisivo en la crisis de la legitimidad. La segunda conclusión es que ha habido una transformación extraordinaria de la comunicación como sistema y, por ende, de la forma como la política pasa por el espacio de la comunicación.

Esa transformación la resumo en un simple término, el paso de la comunicación de masas a la autocomunicación de masas como dos formas que coexisten y se articulan. Comunicación de masas es aquella que tiene el potencial de llegar al conjunto de la sociedad y que se caracteriza por un mensaje que va de uno a muchos con interactividad inexistente o limitada. Autocomunicación de masas es aquella que va de muchos a muchos con interactividad, tiempos y espacios variables, controlados. Es “auto” porque podemos seleccionar los mensajes, emitir nuestros mensajes, recibir los mensajes y el emisor es al mismo tiempo receptor. Es auto porque nos podemos referir constantemente a un hipertexto de comunicación, de mensajes que están disponibles y de los cuales seleccionamos y obtenemos aquellos elementos que nos permiten construir nuestro propio texto. Cuando la gente dice: los jóvenes menores de 30 años no leen periódicos, dicen algo falso. Ellos leen mucho más que los adultos de todos los países, pero leen por Internet, lo cual quiere decir que no leen un periódico, no tienen que tragarse todo lo que salió en un periódico. Toman un trozo de aquí, lo combinan con un programa de televisión acá y una imagen de allá, y la idea es que cada uno se construye su propio mensaje y escoge el universo de comunicación en el que se inserta.

 

Era algo inusual en la España postfranquista y en plena ‘transformación’ democrática una columna periodística titulada ‘Nudo de feministas’

‘Nudo de feministas’ es el título de una columna escrita por el español progresista Manuel Vicent un 24 de abril de 1982. Era algo inusual en la España postfranquista y en plena ‘transformación’ democrática… “Aquella chica totalmente alienada que no había estado nunca en Ibiza, ni fumaba marihuana, con una cultura de revistas del corazón leídas bajo el secador de la peluquería, fue despertada por un progre feminista que la animó a formarse una cultura universitaria. Pero una vez iniciada como progre homologada ingresó en el feminismo militante, aunque no fuera partidaria de la línea dura. Terminó, tras, el deterioro de las relaciones familiares y unas circunstancias económicas adversas, liándose con un karateca y largándose los dos a las playas de Pollensa…”. “La libertad había llegado a este país, y la chica estaba muy buena, pero no sabía nada, ni siquiera que un buen culo femenino, aun dentro de la democracia, es una fuente de energía o de promoción social. Se había formado en la escuela del ganchillo, con punto bobo o de arroz, un bodoque combinado con el bachillerato en el colegio de monjas, que desde niña le introdujo la convicción, aceptada con gusto, de tener que fregar los platos, hacer la cama y lavar la muda del príncipe azul. Probablemente su amor hubiera desembocado en el pecho varonil de un oficinista con dos trienios. Ese era su destino natural. Un elegante vendedor de grandes almacenes con un pasador de corbata del Real Madrid, un agente de seguros que te habla de tu muerte con sonrisa de conejo y lleva un maletín de iberpiel lleno de siniestros, un representante de papelería y objetos de escritorio, incluso un abogado especialista en echar colchones de viuda a la calle en pisos que amenazan ruina…”.

Si no hubiera encontrado a aquel fotógrafo tan progresista, ahora la chica sería una dulce esposa que va a la peluquería los viernes, remedia las pasiones del marido los sábados después del bingo sin hacer ruido para que no se despierten los niños, se come una tortilla de patatas, tamaño familiar los domingos en Serranillos Playa y guarda los supositorios contra el catarro en la nevera, pagada a plazos. Casarse de blanco. Se llamaba Genoveva. Al terminar el COU entró de secretaria en una empresa de construcción, y aunque en aquel despacho un ejecutivo de chaqueta con botonadura de ancla intentó echarle algún viaje a los ijares, la chica no se dejó. Aunque así fue ascendida en su carrera y pasó a enseñar el piso piloto en un bloque de viviendas de Getafe. Era una de esas señoritas, vestida de azafata con gorrito de yoquei, que te recibe sobre la moqueta acrílica entre andamios y te muestra el baño alicatado hasta el techo, la grifería coronada de leones rampantes y escudos ducales, los armarios empotrados, la cocina con muebles For Lady. Genoveva ponía su instinto al servicio de la empresa, y cuando entraba en el dormitorio principal, con olor a yeso húmedo, susurraba una voz íntima para explicar cómo se encendían los apliques color de rosa que iluminaban un desnudo de esmalte. Ella misma tentaba con el trasero la resistencia de la cama, y entonces los clientes tragaban saliva. Después sacaba a la pareja de novios o al matrimonio de inmigrados a la terraza con vistas al yermo infinito, lleno de ovejas merinas que pacían entre grúas y hormigoneras, y señalaba un basurero cercano donde iría la piscina olímpica y el campo de tenis. Todo venía explicado en el folleto satinado…”.

 

“Jamás había ido a Ibiza, ni había fumado marihuana, sacaba media lengua de gusto cuando oía a Julio Iglesias balar como una cabrita”

“Siempre había algún cliente preocupado por la solidez de las cosas que daba puñetazos en los tabiques. Entonces ella advertía un poco seca, con cierta ironía: ‘No dé muy fuerte, que es provisional’. ‘Era por curiosidad’. ‘Como siga usted así, nos caemos al sótano’. ‘¿Y en cuánto sale esto?’ ‘Un millón en mano, y el resto, hasta siete, a convenir’. ‘La empresa le regala un año de bono-bus’. ‘¿Va usted incluida en el precio?’ ‘Una no está en venta’. Genoveva paraba de golpe a los rijosos. Era una estrecha clásica, que pensaba casarse de blanco y soñaba con tener lista de boda en una tienda de Serrano. No sé cómo explicar que aquella era una chica totalmente alienada. Baste con decir que jamás había ido a Ibiza, ni había fumado marihuana, ni siquiera había votado a UCD. Tenía una cultura hecha bajo el secador de la peluquería, leía revistas del corazón mientras se le secaba la laca de las uñas y sacaba media lengua de gusto cuando oía a Julio Iglesias balar como una cabrita. Para ella, Franco era un rey godo. En cambio, Víctor Luis, a pesar del nombre, era un tipo magnífico, un progresista con pipa, barbudo y apaleado en los saltos callejeros de la ‘Transición Democrática’. Había estudiado hasta tercero de Económicas, pero a mitad de carrera vio crecer delante de sus cejas un muro de hormigón, sintió la tentación estética y se hizo fotógrafo, como todos. Vivía en una buhardilla de Malasaña, y había montado un laboratorio de revelado en el retrete. A salto de mata logró estabilizarse con encargos publicitarios: retratar bloques de ladrillo visto plantados en medio del secano que dieran la sensación de estar rodeados de un jardín tropical, sacarle el máximo partido a un sauce raquítico y a un par de cactus procurando que quedara fuera de objetivo el vertedero. Cosas así.

Víctor Luis era un artista y había colaborado en dos libros, uno sobre pintadas políticas en las paredes, y otro sobre viejos de pueblo con muchas arrugas contra un fondo de sillares románicos. Además poseía un archivo propio de manifestaciones, mítines y cargas de la policía. Si las concentraciones eran de izquierda, en las fotografías se veían rostros nobles y tensos de obreros oyendo discursos con unción, niños adorables con gorrito rojo dormiditos en los brazos de su padre con una banderita del partido en la mano. Si eran de la plaza de Oriente aparecían fascistas con correajes, bocas desdentadas sorprendidas en un grito terrible, gente patibularia con el pecho lleno de medallas. No había término medio. Su pieza más valiosa era aquella en que se vislumbraba a un mozalbete con pistola apuntando por la espalda a unos manifestantes que huían como en un cuadro de Genovés. La foto había servido de prueba en un proceso. Piensen en un progresista con bufanda y morral, la camisa abierta y un pequeño bronce de la diosa Tanit balanceándose en el esternón. Así era. Encima, Víctor Luis iba de feminista por la vida, lo que equivale a un doctorado…”.

 

“El joven progresista estaba feliz, aquella muchacha, aunque le lavaba los calzoncillos con devoción, era un material virgen remodelable”

“El fotógrafo progresista conoció a Genoveva en el piso piloto. Ambos quedaron atraídos como polos de carga opuesta, y un súbito ardor los llevó hasta los pies de un cura con pantalón de pana, que los casó sin más, bajo un techo de uralita. El joven progresista estaba feliz, se había dado cuenta en seguida de que aquella muchacha, aunque le lavaba los calzoncillos con devoción y se empeñaba en llevarle el desayuno a la cama, era un material virgen que podía ser remodelado. Ella no se había planteado ninguna duda. Creía que una buena esposa tenía que dar cera a los muebles, sacar brillo a las baldosas, frotar la vajilla con jabón activado y después de aclarar los cacharros de la cena ponerse esa crema tan suave que deja las manos aptas para la caricia nocturna. Lo había oído en la televisión. ‘He visto una lámpara monísima’. ‘¿Ah, sí?’ ‘En Galerías Preciados. Es de paja china’. ‘Qué bien’. ‘Está en promoción. Tirada de precio. Se ve que allí la mano de obra es muy barata. Como hay tanta gente’. ‘Será eso’. ‘Amor mío, ¿los chinos son rojos? Son amarillos, creo’. ‘Claro’…

Había mucho que restaurar en aquella idiota, pero él era un feminista coherente y empezó a realizar sobre ella un buen trabajo. Le enseñó a liberarse. Después de un forcejeo psicológico logró convencerla de que poseía buenas dotes intelectuales para seguir una carrera universitaria. Aún estaba a tiempo. Lo mejor sería que se matriculara en Filosofía y Letras. Por su parte no tenía inconveniente en ayudarla hasta el último detalle en las labores domésticas. Harían la cama juntos, fregarían los platos juntos, limpiarían la casa juntos. Después de todo, eso es el amor. Pero aquella actitud masculina rayaba un poco el cerebro de la chica. Le daba no sé qué ver a su marido colgando la colada en el patio interior, mientras canturreaba con la pipa puesta un tema de los Rollings Stones o pelando patatas al tiempo que le explicaba la diferencia entre orgasmo clitórico y orgasmo vaginal, o aplicándose con la fregona por el pasillo entre historias de liberación y hazañas de Angela Davis. Víctor Luis le dio a leer ‘El cuademo dorado’ de Doris Lessing y las cosas más comestibles de Virginia Wolf, para abrir boca. La chica abandonó el trabajo en el piso piloto y modales de traje sastre o de rebeca de angorina…”.

 

“No era fea ni lesbiana, sino una chica inteligente, en la universidad aglutinaba a guerrilleras en la lucha por la emancipación de la mujer”

Decidió ir todos los días a la facultad. Lentamente descubrió un mundo apasionante para ella, fue cogiendo reflejos y seguridad en sí misma y al cabo de un año, analizada por fuera, ya era una progresista homologable; por dentro, tardó un poco más. Mientras tanto, a la feliz pareja le había nacido un hijo, que el día de mañana también sería progresista. Genoveva se alistó en el ejército de liberación femenina, por pura lógica amorosa. También por pura lógica laboral, el fotógrafo se quedó sin trabajo. Se estaba convirtiendo en un tipo algo cargado de espaldas, con entradas hasta el primer tercio del cráneo, que intentaba colocar reportajes en las revistas sin éxito. Vivían de algún proyecto publicitario cada vez más difícil de conseguir. Por ley natural, él pasaba todo el día en casa o más bien en el laboratorio del retrete revelando fotos que nadie publicaría de momento, y atendía la papilla del niño, al hervido matrimonial, al cobrador del gas, a los avisos de la portera. ‘Cariño, he sacado sobresaliente en historia medieval’. ‘Es fantástico. Te lo dije’. ‘¿Y tú qué has hecho?’ ‘Unas patatas con coliflor’. ‘Hoy, en la facultad, he conocido a Carmen Real’. ‘¿A quién?’

Carmen Real era una feminista de línea dura, de las que van por ahí con unas tijeras de podar esquejes de macho. Contra lo que se dice en las recetas, no era fea ni lesbiana, sino una chica inteligente, de nariz respingona, que en la universidad aglutinaba a un grupo de guerrilleras en la lucha por la emancipación de la mujer. Un día la apalearon en los aledaños de las Salesas cuando iba con un cartel que decía: ‘Yo también soy adúltera’. En otra ocasión la sacaron a rastras de la antesala de un tribunal donde se juzgaba a unas obreras por aborto. Esa era la parte más visible de su actividad, además de llevar botas de anca de potro y camiseta con una podadeira estampada. Por otro lado, estaba decidida a que ningún tipo la penetrara jamás, aunque tuviera la carrocería de Paul Newman, desde que intentó violarla enun portal de la calle de Hortaleza un señor con guayabera y rizos de brillantina. Se libró de milagro, mediante un rodillazo instintivo que fue a parar por casualidad en pleno arco de triunfo de aquel galán. Son cosas que pasan. Se pueden remediar con un spray, con cinco lecciones de kárate o leyendo al dorso las instrucciones en una caja de cerillas, pero no tienen gracia. En la tertulia que aquel grupo de guerrilleras tenía en el café Comercial los jueves por la tarde se comentaban los adelantos de la técnica. ‘Lo más práctico es un buen fumigador’. ‘Yo tengo uno de Andorra’. ‘¿Y funciona?’ ‘La otra noche se me acercó un tío con cara de obseso, y le dejé sulfatado como a un pulgón’. ‘A lo mejor quería pedirte fuego’. ‘Da igual. Se quedó garreando’…”.

 

“En la buhardilla de Malasaña no entraba un duro; en cambio, Genoveva ya sabía explicar las luchas de clase en tiempos de Carlos V”

Genoveva participaba en aquella reunión de feministas de línea dura, aunque no concebía cierta agresividad que emanaba allí entre los lingotazos de ginebra. Tampoco le gustaba ir vestida con hebillas y herrajes, botas de media caña, brazalete romano y los riñones claveteados con chinchetas. Era aún muy sensible a la galantería de ciertos caballeros, que los hay todavía, de esos que te ceden el asiento en el autobús, te abren la puerta del coche y te suben la compra hasta el rellano. Ella no los insultaba, como otras, pero ahora ya sabía lo principal. El mundo está organizado desde el punto de vista del hombre. El interés del macho domina en la sociedad. La mujer ha sido educada en la ternura, en el sentimentalismo y en el candor, dentro de una incultura premeditada para potenciar aún más el predominio de ellos. Que si el lacito rosa, que si la muñequita que hace pipí, que si una niña no debe subirse a los árboles ni decir palabrotas. De eso a zurcirle los calcetines durante toda la vida a un bestia de pecho peludo y camiseta de imperio no hay más que un paso. La mujer tiene derecho a un desarrollo íntegro de su personalidad en la igualdad de condiciones. El placer, la libertad, el trabajo, esas cosas.

Después de todo, Genoveva había tenido suerte. En ese momento Víctor Luis estaba limpiando la caquita del niño mientras ella escuchaba las soflamas de Carmen Real en el café a media tarde y ejercía el papel de liberada a base de darle al anís del Mono y firmar manifiestos. Probablemente el asunto comenzó a estropearse por la cuestión del dinero. En la buhardilla de Malasaña no entraba un duro; en cambio, Genoveva ya sabía explicar las luchas de clase en tiempos de Carlos V. La pareja dejó de pagar el alquiler como primera providencia, luego rebañó alguna pasta de la familia y de los amigos, vendió el equipo estereofónico, y el hombre trató de colocar el archivo en un periódico que iba a salir. Ella sacaba sobresaliente en muchas asignaturas, no tenía por qué dejar aquello ahora que le había cogido el tranquillo. Además ya era una cara conocida en los coloquios, y un día la había felicitado Aranguren y era bien recibida en la trastienda de algunas librerías especializadas. Sin duda pasaba por una mala racha familiar, a Víctor Luis cada día le salía peor el potaje, ya no ponía aquel amor en el perejil ni presumía de su mano para la sal. De la buhardilla se fue apoderando un sólido olor a tigre. En aquel muladar por donde se arrastraba un furioso taca-taca de niño se veían calcetines sucios entre los libros de filosofía, pellejos de chorizo en medio de las sábanas, cepillos de dientes dentro de los zapatos. La pareja de canarios hacía ocho mases que había muerto…”.

 

“En realidad, ni el fotógrafo progresista ni la feminista de línea dura encontraron nunca a su mujer objeto ni a su novio fortachón”

Entonces apareció él con pantalón de franela, chaqueta azul y el cuello de la camisa abierto sobre la solapa, un tipo moreno de lámpara, perfumado con Paco Rabane, que se le arrimó a la barra de una cafetería, la miré de abajo arriba como un gallo de Madagascar, jugueteando con el llavín del coche y la invitó a un viaje a Ibiza. Aunque a simple vista aquél era un hortera de molde, la chica aceptó fumarse un cigarrillo con él. Dos días después, un poco avergonzada, lo comentó en la tertulia feminista del Comercial. ‘Me miraba como a una yegua. ¿Qué hago?’ ‘No seas idiota’. ‘¿Conocéis Ibiza?’ ‘Ibiza está llena de oficinistas. De jefes de negociado sin taparrabos’. ‘Qué horror’. Aquella tarde, Genoveva acompañó a Carmen Real a un gimnasio japonés, donde la feminista de línea dura tomaba lecciones de artes marciales. Ya sabía levantar el juanete hasta las cejas. Conocía los puntos flacos del esqueleto machista. Es mucho menos de lo que parece. Le das así un cate seco con la arista de la palma en la yugular, y luego otro golpe con el talón en la corva y cae como una bayeta. Así iba ella con la camiseta rellena, con unas tijeras estampadas sobre el oleaje de los senos.

El gimnasio olía a linimento sudado, y en las paredes había fotografías de bonzos en oración, una especie de monjes rapados en letargo, que no sabías si estaban pensando en Tao o en sacar una patada eléctrica por debajo de la bata para darte en el morro. Se respiraba allí un clima ascético, lleno de: gritos secos y rituales, seguidos de un sonido hondo, como de saco de harina que cae en la lona. La amiga se metió en el vestuario y Genoveva esperó sentada en una banqueta a ras de la pista. De pronto, en medio de la lona, vio a aquel hortera de la cafetería dando saltos terroríficos. Era cinturón negro. La musculatura aceitada le salía por la bocamanga, y los pies descalzos parecían tener una sensibilidad mortal cuando garreaban a dos metros de altura. Genoveva, llena de admiración, le saludó con la mano. El yudoka dejó por un momento de matar japoneses de aire, se acercó a la barandilla y le dio un beso lleno de reflejos de sudor. El tipo era muy sabio en esto. Fue directamente al grano. ‘Esta noche me largo a Ibiza’. ‘¿Ah, sí?’ ‘Aquello queda en pie. ¿Te vienes?’ ‘Bueno’. ‘Espérame a la salida, junto al quiosco. Antes tengo que deshacerme de una pesada’.

Carmen Real apareció hecha un brazo de mar, con cinturón naranja. Primero, se postró en oración sobre la lona, como era preceptivo. En seguida buscó con ojos ávidos a su amante secreto, que era el yudoka más fiero, el que más japoneses mataba. Tampoco vio a Genoveva, que había dejado la banqueta vacía. En realidad, ni el fotógrafo progresista ni la feminista de línea dura encontraron nunca a su mujer objeto ni a su novio fortachón. Después de montar un negocio de calamares en Ibiza, ahora están dando clases de esquí acuático en la bahía de Pollensa.

 

Neutralizada la lucha de clases aparece en escena la batalla por la liberación femenina, una guerra que no ha cesado desde el Neolítico

Muy pronto los centros del poder masculino quedarán definitivamente fuera del canon machista consagrado en nuestra cultura por el Antiguo Testamento y la lucha por la igualdad de hombres y mujeres se librará incluso en el terreno de la genética. Llegará el momento en que el óvulo podrá elegir el espermatozoide más adecuado de entre los millares de inútiles que asediarán la gran fábrica de la vida. Al final, las dos células se mirarán a la cara, de igual a igual, y el pequeño espermatozoide tendrá que aceptar un “no es no” de ese óvulo único, brillante, dinámico y lleno de futuro. Si el Génesis lo hubiera escrito Séfora, la mujer del machista Moisés, habríamos leído: “Al sexto día, Dios creó a Eva y desde sus entrañas surgió Adán”. Sería un relato más consistente porque todos llegamos a este mundo atravesando a una mujer cuyo cuerpo, glorificado o satanizado, se ha convertido en una neurosis masculina en el arte y en la religión. El voluptuoso desnudo femenino constituye un horizonte estético en la historia de la pintura, igual que la figura de la Virgen sin vísceras pero vestida con ropaje celestial, rodeada de ángeles.

Para una feminista radical ¿qué es más degradante, la Venus de Botticelli saliendo desnuda del mar sobre una concha impulsada por el soplo de dioses alados o las Inmaculadas de Murillo, quien a veces utilizaba de modelos a rameras sevillanas y las pintaba con la serpiente y la luna a sus pies? Durante 3.500 años la mujer ha sido sometida, explotada, considerada como patrimonio del varón, objeto de placer o animal de carga. La esclavitud fue oficialmente abolida en la segunda mitad del siglo XIX; entonces se inició el movimiento obrero y ahora que la lucha de clases parece que ha sido neutralizada ha aparecido en escena la batalla final por la liberación femenina, una guerra que no ha cesado desde el Neolítico.

En los patios de luces de toda España dejaba de cantar Concha Piquer y en los andamios ningún albañil osaba arrancarse por soleares. En aquella Semana Santa del franquismo se prohibía cantar, silbar y jugar a las cartas; los tambores sustituían a las campanas y en la radio solo se oía música clásica y polifonías de Palestina entre las voces de algún famoso orador sagrado que predicaba el sermón de las Siete Palabras. Lo demás era un silencio morado con el rumor de algún viacrucis: perdona a tu pueblo, Señor -cantaban los penitentes-, mientras al amanecer piaban los pájaros, los únicos seres que parecían libres de pecado. Las señoras provincianas con teja y mantilla, tacones de aguja y medias negras con costuras visitaban los monumentos de Jueves Santo dejando atrás un rastro de colonia Heno de Pravia. El oficio de tinieblas se concitaba en las tahonas con el hondo aroma de las torrijas. Durante la Semana Santa de entonces solo se ponían películas de judíos y romanos. En aquel marzo de 1954, en España, ‘La túnica sagrada’ en cinemascope inauguraba mil y un cines. Aún llevaban mis padres asociada la figura de Víctor Mature en el papel del esclavo Demetrio con el olor a cera e incienso mezclado con colonia barata y sudor labriego que llenaba el ámbito de la iglesia del pueblo. Ponían también ‘Quo Vadis’, con Robert Taylor, Peter Ustinov y Deborah Kerr en el papel de Ligia, que llenó de erotismo a toda una generación de adolescentes. Luego llegarían ‘Ben-Hur’ con Charlton Heston y Stephen Boyd. Las películas de la Pasión llenaban todas las carteleras de Semana Santa y al llegar la televisión, en 1956, la pequeña pantalla comenzó a devorar procesiones, documentales religiosos y sermones de toda índole, unos melifluos y otros llenos de cólera sacra. ‘Rey de reyes’, de Nicholas Ray, de 1961, se había rodado en España bajo el imperio de Samuel Bronston, y ‘El Evangelio según San Mateo’, de Pier Paolo Pasolini, de 1964, y ‘La última tentación de Cristo’, de Martin Scorsese, de 1988, añadieron una visión contestataria cuando la Semana Santa había comenzado a diluirse en ese tiempo en un espacio de vacaciones de primavera y las procesiones producían atascos y las cremas solares de las playas comenzaron a hacer la competencia a la cera de los cirios de los templos.

Ahora, medio siglo después, en plena revolución de las mujeres, llegó a las carteleras la película María Magdalena, una versión feminista de este mito religioso-erótico con el duro Joaquin Phoenix en el papel de un blando Nazareno. De María Magdalena se dice que fue la adúltera salvada de la lapidación por Jesús, quien le sacó siete demonios del cuerpo. El papa Gregorio I, en el año 591, la proclamó oficialmente prostituta y santa, el oxímoron perfecto; de hecho fue la protagonista de la Pasión, puesto que estuvo al pie de la Cruz y fue la primera a quien se le apareció el Resucitado. Algunos exégetas creen que fue hermana, esposa o amante del Nazareno; otros la confunden con otra María de Betania que le ungió los pies al Maestro, con perfumes y se los secó con sus cabellos. Existen otras teorías, por ejemplo, que el Maestro no murió en la cruz, sino que fue salvado por su amante con la que huyó a la India, donde tuvieron hijos que se han perpetuado hasta hoy. En el refectorio menor del convento de San Marcos, en Florencia, hay un fresco pintado por Doménico Ghirlandaio de la Última Cena. El Maestro tiene a sus discípulos alineados a derecha e izquierda detrás de la mesa con un bello Juan dormido en su regazo, a quien parece estar acariciando con mano dulce sus rizos de oro. ¿Se trata de Juan o de María Magdalena? Todos los cenáculos pintados en el quattrocento, incluido el de Leonardo Da Vinci, contienen un enigma. En la pintura de Ghirlandaio resulta evidente que el tercer discípulo contando por la derecha es una mujer tocada con un manto rojo, lo mismo que san Juan es también una figura ambigua envuelta en delicados tonos azules.

En el evangelio apócrifo de Tomás hay una referencia a la Magdalena extremadamente machista. Dice Simón Pedro: “¡Que se aleje Mariham de nosotros! Pues las mujeres no son dignas de la vida’. Dijo Jesús: ‘Mira, yo me encargaré de hacerla macho de manera que también ella se convierta en un espíritu viviente, idéntico a nosotros los hombres, pues toda mujer que se haga varón entrará en el reino de los cielos”. En la película de Garth Davis, basada en el Evangelio apócrifo de María Magdalena, ella aparece por primera vez como una líder espiritual feminista, en realidad como la única entre los discípulos que creyó en el Cristo resucitado. No me toques -le dijo el Maestro fuera del sepulcro- cuando la Magdalena quiso abrazarlo. En efecto, esta mujer fue la primera en saber que el espíritu es intangible y así comenzó a predicarlo.

Los mensajes lamentando el suicidio del líder de ‘Botellita de Jerez’, Armando Vega Gil, siguen inundando las redes sociales. En Twitter se está haciendo referencia a la serie ‘Black Mirror’, a su capítulo ‘Odio nacional’ (Hated in the Nation), donde se narran las investigaciones por las muertes de ciudadanos que habían sido criticados en las redes sociales, siendo el suicido, al igual que el músico leyenda del rock mexicano, el protagonista de su destino final.

@BestiarioCancun

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