Donald Trump y sus ‘series’ perturban el mundo, con artimañas del mercado inmobiliario neoyorquino: amenazas, intimidación, tanteo, acuerdo

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Como héroe de sus guiones, el presidente de Estados Unidos no fue bienvenido a El Paso, Texas y a Dayton, Ohio, este pasado miércoles, 7 de agosto del 2019. En su ciudad natal, Nueva York, muchos ciudadanos lo rechazan en estas horas aciagas. Muchos recuerdan los carteles de su programa televisivo ‘El aprendiz’, colgado de la Trump Tower, de su propiedad…, fotografiados por Bebeto Matthews para AP (Associated Press), una agencia de noticias de Estados Unidos fundada en 1846. Es una cooperativa propiedad de sus periódicos, y estaciones de radio y televisión. Mientras el tejido social en Occidente se va encogiendo y desgastando y asistimos al fin de las clases medias, la industria del entretenimiento desarrolla formatos capaces de mantener al ciudadano entretenido y apasionado en una sociedad virtual paralela muy convincente. A Trump, protagonista de reality con ‘El aprendiz’, para alcanzar la presidencia le bastó con diseminar ficciones interesadas y “verdades alternativas” por tuits y programas de la tele. “Para ejercer como presidente aplica los métodos aprendidos en el mercado inmobiliario -amenazas, intimidación, tanteo, acuerdo- sobre la estructura de la forma de ficción más acorde con nuestro tiempo, la serie. Como guionista y héroe de sus miniseries tiene a América colgada de sus gestos y al mundo en un pañuelo…”, comenta escritor español nacido en Barcelona, Cataluña, Javier Vidal-Folch Balanzó, autor de los libros ‘Auge y declive de la derecha nacionalista: del Palau de la Música al PDeCAT’, ‘Cataluña ante España’, trabaja en el diario El País desde 1982 y es director adjunto del mismo desde 1989. En 2013 fue galardonado con el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo que concede la Asociación de Periodistas Europeos. El modelo al que hace referencia el también periodista son las de Steven Seagal o 24, donde el policía Kiefer Sutherland pasa un día (las 24 horas del título, en “tiempo real”) de estrés y angustia máxima tratando de desactivar una ojiva nuclear que puede destruir Chicago, o persiguiendo a un terrorista loco que quiere sembrar una epidemia bacteriológica. Al final de cada temporada Kiefer se encuentra ante el sempiterno artefacto del que asoman dos cables, uno rojo y otro azul. Los espectadores contienen el aliento: si Kiefer acierta el cable que hay que arrancar, salvados. Pero si se equivoca…, ¡el planeta volará en pedazos! Trump sigue esta dinámica, de final imprevisible y sentido general enigmático como no sea el de entretener al mundo.

Su primera serie se ambientó en Corea del Norte: en 2017 amenazó con que Kim Jong-un (el amado líder) se encontraría con “fuego y furia nunca antes vistos”, envió a la Armada, alertó a China y Rusia, hizo temer al planeta el estallido de una guerra mundial… Luego retiró la flota, negoció un acuerdo nuclear, visita el país y dice de Kim: “Nos hemos caído bien a primera vista”. En abril del mismo año y del siguiente se indignó mucho al ver por la tele que el Gobierno sirio de Bachar el Asad, en guerra contra el Estado Islámico (EI), había gaseado a unos inocentes. En justo castigo, envió andanadas de misiles Tomahawk contra bases aéreas y depósitos de gas (eso sí: avisando previamente a rusos y sirios para darles tiempo a abandonarlas). La efectividad de tales acciones es incierta, pero nuestro héroe pudo exclamar (por Twitter): “¡Misión cumplida!”. El castigo ha sido “quirúrgico”, Asad no cayó y el EI no se apoderó de Siria; podemos respirar tranquilos, pero ¡uf, qué suspense! El pasado mes de mayo envió una flota de guerra a enredar por el golfo Pérsico. Los iraníes derribaron un dron y Trump ordenó una respuesta militar, avisando a las autoridades iraníes de que iban a sufrir un “ataque limitado” (al estilo de Siria). Pero como Teherán respondió que lo consideraría una declaración de guerra, se lo pensó mejor y canceló el bombardeo en el último minuto, “para no provocar 150 muertes”. ¡Otra guerra evitada en el último segundo gracias al gran corazón del presidente! La guerra comercial con China pasó por la subida brutal de aranceles y la detención o secuestro en Canadá de la vicepresidenta de Huawei, Meng Wanzhou, a lo que siguió la prohibición a las empresas americanas de surtir de componentes a la telefónica china, causándole una pérdida económica incalculable. Pero en cuanto se supo que China podía replicar con medidas contundentes, Trump dio por cerrado el pleito y brindó por un espléndido futuro de colaboración con Huawei.

Nos equivocamos de medio a medio con Trump. Nos pareció imposible que tan grosera caricatura ganase las elecciones del país que cuatro años antes había hecho presidente a Barack Obama, pulquérrima representación del hombre de Estado, humanista hasta el extremo incluso de dejar que se le escapase una lagrimita si la ocasión lo merecía. En algo se parecen los dos: en la musiquita -no la letra- del relato que les aupó a la Casa Blanca: a rebufo de unos difusos y vagos anhelos de “cambio”, de un hastío de los votantes hacia el establishment político que Obama y Trump se proponían volver como un calcetín. “Sí, podemos”, “Volvamos a hacer América grande”. Nos equivocamos, pero es que era inimaginable que los desempleados de la América profunda elegirían como paladín de su causa a un especulador inmobiliario multimillonario famoso por el programa televisivo ‘El aprendiz’, cuyo momento de éxtasis era aquel en el que despedía al concursante, al incompetente aspirante a ejecutivo agresivo en las Trump Enterprises, gritándole: “You are fired!!!!” (¡estás despedido!).

No comprendimos, como sí supo hacerlo el inconsciente colectivo del pueblo norteamericano, que Trump era una fatalidad histórica, el hombre del momento; y efectivamente sus logros a corto plazo para la economía nacional lo confirman. Los estadistas y diplomáticos de amplia visión, tipo Churchill o Adenauer, están bien para los documentales de la BBC sobre épocas en blanco y negro, pero los tiempos han cambiado y lo que el espíritu del tiempo reclama hoy son hombres más… ligeros: un nuevo tipo de político con habilidades profesionales y gestoras evidentes (en el caso de Trump, acreditadas en el mundo de los negocios inmobiliarios, en el muy duro competitivo mercado inmobiliario de Nueva York) que, si no se ajustan con la tarea política convencional, pues mejor: porque los Estados han sido vencidos por las macroempresas monopolistas transnacionales que siguen la consigna de Zuckerberg: “Muévete rápido y rompe cosas; si no las rompes no estás moviéndote lo suficientemente rápido”, y este cambio de paradigma se corresponde efectivamente con una ruptura de la idea del liderato político. Para esta época de turbulencias apocalípticas en la naturaleza y en la sociedad humana, época de la ruptura climática y los grandes movimientos migratorios, mientras la nueva economía tecnológica ahonda hasta la exasperación el abismo que separa a las clases privilegiadas de las castas pobres y la burguesía en caída libre, mientras las grandes potencias preparan la guerra por los cada vez más exiguos recursos energéticos de la Tierra…, Trump es una fatalidad. Se impone abandonar el proyecto de supervivencia común, retirándose a la fortaleza segura de la patria protegida por un muro insalvable, y en esto de inmediato él se porta como un acelerador, revelador de las tensiones del momento histórico, retirándose de la Cumbre de París contra el calentamiento global. Pues el cambio climático para Trump o es un bulo o es inevitable, y lo primero es su compromiso con sus “accionistas”. De serie en serie vamos pasando años apasionantes. Hasta ahora todas acaban relativamente bien. Pero, desde luego, si la reelección está en juego cabe esperar otra serie, con un argumento y final más categóricos.

 

El presidente visita Dayton y El Paso entre protestas, insiste en su retórica divisoria en un viaje a los escenarios de las dos matanzas

En un país conmocionado por dos matanzas con armas de fuego, que causaron 31 muertos en menos de 14 horas el pasado fin de semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha visitado este miércoles las ciudades de Dayton (Ohio) y El Paso (Texas), escenarios de los ataques, donde fue recibido con protestas. Poco duró la llamada a la concordia y la unidad de su mensaje televisado a la nación el martes: ya antes de salir, el republicano arremetió en Twitter contra los “demócratas de la izquierda radical” y la prensa progresista, en la misma retórica agresiva que muchos consideran responsable del odio y la división que lastra al país. “¿Qué queremos? ¡Acción!”, gritaban los manifestantes en Dayton, donde un varón de 24 años, con un historial de manifestaciones violentas, mató a nueve personas, entre ellas a su propia hermana, con un fusil de asalto tipo AR-15. Por la mañana, cuando abandonaba la Casa Blanca para volar a la ciudad, el presidente se ha mostrado abierto a reforzar los controles de antecedentes para la venta de armas, pero ha considerado que no existe “apetito político” para prohibir los rifles de asalto.  “Sus comentarios no han sido muy útiles para el debate de las armas, y su retórica ha sido dolorosa para muchos en nuestra comunidad”, dijo el martes la alcaldesa de Dayton, la demócrata Nan Whaley, que anunció que saludaría al presidente pero trataría de hacerle ver que ha sido de poca ayuda. Whaley había animado a los vecinos de la ciudad, de 140.000 habitantes, a “levantarse y decirle que no están contentos, si no están contentos de que venga”.

Antes de abandonar la Casa Blanca, Trump ha tenido unas palabras para la alcaldesa, de quien dijo que era seguidora de grupos de la izquierda radical. No fue Whaley la única destinataria de las críticas. En una serie de tuits, el presidente arremetió contra The New York Times por su cobertura de las tragedias y aseguró que “los demócratas de la izquierda radical” se han vuelto “totalmente locos”. En el caso del candidato a las primarias del Partido Demócrata Beto O’Rourke, oriundo de El Paso y catalizador de la furia contra Trump tras el mayor ataque contra la comunidad hispana en la historia reciente de EE UU, que dejó el sábado 22 muertos en la ciudad texana, el presidente ha sido particularmente agresivo. “Beto, nombre falso para indicar origen hispano, O’Rourke, que está avergonzado por mi última visita al gran Estado de Texas, donde le aplasté, y está ahora aún más avergonzado por los sondeos que le dan un 1% del voto en las primarias demócratas, ¡debería respetar a las víctimas y las fuerzas de seguridad y callarse!”, tuiteó por la noche. “Veintidós personas han muerto en mi ciudad por un acto de terror inspirado por tu racismo. El Paso no se callará y yo tampoco”, le respondió O’Rourke.

 

El presidente ha rechazado las críticas a su lenguaje divisorio. “Creo que mi retórica une a la gente”, dijo, “a nuestro país le está yendo muy bien”

El republicano ha aterrizado hacia las 11 de la mañana, hora local, en Dayton, donde ha sido recibido por las autoridades locales, entre ellas la alcaldesa Whaley. Después se ha dirigido a un hospital de Miami Valley en la ciudad. La Casa Blanca no ofreció con antelación una agenda detallada de las visitas del presidente, que tenía previsto pasar alrededor de dos horas en cada una de las dos ciudades. Por la mañana, el presidente ha rechazado las críticas a su lenguaje divisorio. “Creo que mi retórica une a la gente”, dijo, “a nuestro país le está yendo muy bien”. Pero sus ataques en las horas previas constituyen precisamente el tipo de discurso que ha llevado a muchos en Dayton y en El Paso, desde que se conocieron sus planes de viajar a los escenarios de las matanzas, a protestar por su visita alegando que su presencia solo aumentaría las tensiones y poco haría por curar las heridas abiertas en las comunidades. Después de que la policía confirmara que Patrick Crusius, quien sigue declarando ante la policía, publicó en Internet un panfleto racista en el que aseguraba que el ataque que iba a perpetrar era una respuesta a la “invasión hispana” de Texas, haciéndose eco de una expresión utilizada a menudo por Trump, el presidente condenó, en su mensaje a la nación, el “racismo” y el “supremacismo blanco” y dijo que “el odio no tiene sitio en EE UU”.

Pero el hecho de que no mencionara expresamente a la comunidad hispana, objetivo declarado del ataque en El Paso, ha enfurecido a muchos vecinos de la ciudad fronteriza. Este miércoles por la mañana, antes de su viaje a Dayton y El Paso, el presidente ha descartado corregir la manera en la que acostumbra a hablar de los inmigrantes. “La inmigración ilegal es una cosa terrible para este país”, ha dicho, “tenemos a muchísima gente viniendo, están derramándose por este país”. Trump también ha exhibido la peligrosa equidistancia de la que ya hizo gala tras las violentas manifestaciones neonazis en Charlottesville, Virginia, hace ahora dos años. “Me preocupa el aumento de todo tipo de odio. No me gusta. Cualquier tipo de supremacismo, de supremacismo blanco o antifascista”, ha afirmado este miércoles. También, en Twitter, ha criticado a los medios por no hacer hincapié en el hecho de que, en su actividad en redes sociales, el asesino de Dayton se mostrara seguidor de la candidata izquierdista a las primarias demócratas Elizabeth Warren. Los investigadores, sin embargo, no han relacionado la matanza de Dayton con la supuesta ideología izquierdista de su perpetrador, mientras que en el caso de El Paso sí confirman la motivación racista de la masacre, que el propio asesino dejó por escrito.

 

Condena el supremacismo blanco pero evita un control en la venta de armas: “Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo…”

Tras un fin de semana en que dos ataques con armas de fuego han causado un total de 31 víctimas mortales, en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio), el presidente de EE UU, Donald Trump ha hecho un llamamiento este lunes para que Estados Unidos condene “el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco”. El republicano no ha propuesto una reforma al control de armas durante la rueda de prensa en la Casa Blanca: “Las enfermedades mentales y el odio aprietan el gatillo, no las armas”. Sin embargo, horas antes, instó a través de Twitter a que los congresistas aprueben cambios legislativos que impongan “fuertes” requisitos y procesos de verificación para comprar armas de fuego. El mandatario vinculó estos hipotéticos cambios en las normas a una reforma migratoria, prioridad absoluta de su agenda y que, hasta la fecha, no ha podido sacar adelante por sus diferencias con los demócratas, que controlan desde enero de este año la Cámara de Representantes.

Trump ha sido duramente criticado estos días por alimentar el clima de odio en Estados Unidos. El mandatario advirtió en su discurso de que “los peligros de Internet y las redes sociales no se pueden ignorar y no se ignorarán”, pero la retórica del republicano en estas plataformas ha sido uno de los objetos de reproche durante el sangriento fin de semana, donde El Paso fue testigo del mayor crimen de odio contra los hispanos de la historia moderna de EE UU. El presidente ha publicado aproximadamente 2.200 mensajes en Facebook usando la palabra “invasión” desde mayo de 2018, según Media Matters. “Los republicanos y los demócratas deben unirse y lograr fuertes verificaciones de antecedentes para comprar armas, quizás uniendo esta legislación con la tan desesperadamente necesaria reforma migratoria”, escribió Trump en Twitter. Después, como de costumbre, atacó a los medios de comunicación, achacándoles “la ira y la furia que se han ido acumulando por muchos años” en el país. “La cobertura de noticias debe comenzar a ser justa, equilibrada e imparcial, ¡o estos terribles problemas solo empeorarán!”, advirtió.

 

“Poner fin a videojuegos sangrientos y reformar las leyes de salud mental para identificar mejor a individuos perturbados”

Trump afirmó que Patrick Wood Crusius, el joven blanco de 21 años identificado como presunto autor del tiroteo de El Paso, escribió el manifiesto que hablaba de una “invasión hispana de Texas” consumido por “el odio racista”. La matanza se saldó con 22 muertos -dos fallecidos este pasado lunes- y 24 heridos. “Y con una voz, nuestro país debe condenar el racismo, la intolerancia y el supremacismo blanco. Estas ideologías siniestras deben ser derrotadas. El odio no tiene lugar en Estados Unidos. El odio deforma la mente, devasta el corazón y devora el alma”, dijo el mandatario, quien ya ha prometido en otras ocasiones endurecer los controles para adquirir armas, pero hasta la fecha no ha actuado. Entre las acciones que se llevarán a cabo para intentar atajar la ola de violencia, Trump solicitó al Departamento de Justicia que propusiera una legislación para garantizar que los autores de delitos de odio y tiroteos masivos se enfrenten a la pena de muerte. La policía anunció el domingo que están investigando la masacre de El Paso como un acto terrorista y que buscarán la pena de muerte para Crusius. De confirmarse que el joven fue el autor del manifiesto racista, el crimen podría ser tratado además como un delito de odio. El mandatario también sostuvo que trabajarán con empresas de redes sociales para que dieran la alarma ante potenciales atacantes, poner fin a la glorificación de la violencia –“esto incluye a videojuegos sangrientos”- y reformar las leyes de salud mental para “identificar mejor” a individuos perturbados.

La excandidata presidencial del Partido Demócrata, Hillary Clinton, desmanteló el discurso de Trump en un tuit: “Las personas sufren enfermedades mentales en todos los demás países de la tierra; la gente juega videojuegos en prácticamente todos los países del mundo. La diferencia son las armas”. El presidente ya ha prometido en otras ocasiones endurecer los controles para adquirir armas, pero hasta la fecha no ha actuado. La última vez fue el año pasado, después de la matanza que dejó 17 muertos en un instituto en Parkland, Florida, pero desde entonces ha amenazado en diversas ocasiones con vetar proyectos de ley de los demócratas que perseguían ese objetivo. Trump ha convertido a El Paso, ciudad de 680.0000 habitantes, binacional y bilingüe, y una de las más seguras del país, en la encarnación de una frontera en crisis. Los demócratas han denunciado las condiciones en los centros de detención saturados en la zona. La ciudad ha vivido el mayor aumento en la estadística de detenciones de migrantes hasta junio, en comparación con el mismo periodo del año pasado. La población es abrumadoramente hispana y la mayoría de los residentes son ciudadanos estadounidenses, según Data USA. Los residentes de Ciudad Juárez visitan a menudo el centro comercial en el que ocurrió la masacre este sábado. Texas, Estado donde se sitúa El Paso, ha relajado recientemente algunas restricciones a la posesión de armas. Este año, según la Asociación Estatal del Rifle de Texas, el gobernador republicano Greg Abbott ha firmado 10 leyes aprobadas por los legisladores que reducen los controles en escuelas, empresas y lugares de culto.

 

Otros tiroteos mortales en Estados Unidos en 2019, alrededor de 250 ataques múltiples, con casi un millar de víctimas, 250 de ellas mortales

El tiroteo que ha causado 20 muertos y 26 heridos en un Walmart de El Paso (Texas, EE UU) se suma a otros sucesos similares que han ocurrido este año en Estados Unidos. En lo que va de 2019, se han producido alrededor de 250 tiroteos múltiples en suelo estadounidense, con casi un millar de víctimas, cerca de 250 de ellas mortales. El más grave tuvo lugar en Virginia Beach, localidad costera en el Estado de Virginia, en el este del país, cuando un pistolero mató a 12 personas e hirió a otras cuatro, en un edificio de oficinas municipales. El 29 de julio de 2019, tres personas murieron y una docena fueron heridas en un tiroteo ocurrido en un festival gastronómico que se celebraba en una localidad al norte de California, Gilroy. Entre las víctimas, había un niño de seis años. La policía mató a tiros al supuesto agresor, que fue identificado como Santino William Legan, de 19 años. El 1 de junio de 2019, 12 personas murieron en un tiroteo en Virginia Beach, localidad costera situada en el sureste del Estado de Virginia (EE UU). El tirador estaba armado con una pistola del calibre 45. El ataque se produjo en un complejo de edificios municipales, donde trabajaba el pistolero. Este sembró el pánico entre sus compañeros, disparando indiscriminadamente en tres plantas del edificio. Después se enzarzó en un largo intercambio de tiros con cuatro agentes, que al final acabaron con su vida.

El 8 de mayo de 2019, un estudiante de 18 años murió y siete resultaron heridos en un tiroteo en un colegio de las afueras de Denver, en el Estado de Colorado. El suceso se produjo en un colegio de Highlands Ranch, a unos 40 kilómetros al sur de Denver. El 1 de mayo de 2019, un tiroteo dejó al menos dos muertos en la Universidad de Carolina del Norte. El sospechoso de los disparos provocó también cuatro heridos y quedó bajo custodia policial. El 28 de abril de 2019, un hombre blanco de 19 años entró en una sinagoga de San Diego (California) y disparó contra los asistentes a la celebración del último día de la Pascua Judía. Una mujer de 60 años murió y otras tres personas resultaron heridas. El sospechoso, que actuó solo, según la policía, fue identificado como John T. Earnest, vecino de la zona y cuyo rastro en redes sociales indicó cierta fascinación por los recientes tiroteos contra mezquitas en Nueva Zelanda. El 16 de febrero de 2019, cinco personas murieron por disparos en una fábrica de Aurora, una ciudad-suburbio a las afueras de Chicago, y el mismo número de policías resultaron heridos. El 24 de enero de 2019, un hombre armado mató a cinco personas en un banco de la localidad de Sebring, en el centro de Florida. El tirador, Zephen Xaber, 21 años y residente en la zona, fue detenido después de rendirse. El 5 de enero de 2019, tres personas perdieron la vida y otras cuatro quedaron heridas tras un tiroteo ocurrido en una bolera de la localidad de Torrance, en el condado de Los Ángeles (EE UU).

 

Los padres que murieron protegiendo a su hijo y otras vidas segadas por el asesino de El Paso, esencialmente mexicanos y estadounidenses

El sábado por la tarde, cuando volaba a su ciudad, El Paso, horas después de la matanza, el candidato a las primarias del Partido Demócrata Beto O’Rourke se puso a hablar con un hombre en el avión, que también regresaba a casa. Este le pidió que le acompañara a ver a su madre, Rose Mary, ingresada en cuidados intensivos. El tirador, Patrick Crusius, le había disparado en el pecho y la mujer luchaba por su vida. Rose Mary se encontraba mejor, y el lunes ya había conseguido sentarse. “¿De dónde saca el coraje?,” se preguntó O’Rourke. Y halló la respuesta cuando, al rato, fue a visitar a la madre de la mujer, también ingresada con una bala en el estómago. La anciana madre, ensangrentada, estuvo ayudando a otros en el Walmart hasta que se desplomó. Resulta que otra de sus hijas también se cuenta entre las víctimas y se encuentra ingresada en otro hospital. Tres mujeres, dos generaciones, una familia, tres disparos, dos hospitales. Una de las muchas historias que ilustran el caótico drama que vive la ciudad de El Paso desde el sábado. El lunes, el número de víctimas  mortales ascendió a 22, con el fallecimiento de dos de los heridos. Otros cinco se encontraban aún en estado crítico. Hasta el domingo por la tarde no se sacaron los cadáveres del interior del Walmart. Ocho de los fallecidos son de nacionalidad mexicana, la mayoría del Estado vecino de Chihuahua. Las autoridades estadounidenses no habían hecho públicas las identidades de todos los fallecidos el lunes. Pero en los dos días después de la matanza sus historias han empezado a salir a la luz.

Jordan y Andre Anchondo, de 24 y 23 años, dejan tres huérfanos. Acababan de celebrar su primer aniversario de boda y estaban de compras en el Walmart para el regreso al colegio de los dos hijos mayores de Jordan, acompañados de su bebé de cuatro meses. La nariz rota del chiquillo indica que la madre se abalanzó sobre él para cubrirlo antes de recibir un disparo mortal. La misma suerte corrió el padre cuando quiso servir de escudo a su esposa. Con 86 años, Angie Englisbee es la víctima mortal de mayor edad. Habló por última vez con su hijo el sábado a las 10.30, mientras esperaba su turno en las cajas del establecimiento. Minutos después fue alcanzada por las balas. En el otro extremo de edad se encuentra Javier Rodríguez, de 15 años. Los alumnos del instituto Horizon, a las afueras de la ciudad, volvieron el lunes a clase sin su compañero. Iván Manzano, residente en Ciudad Juárez, cruzó la frontera en la mañana del tiroteo acompañado de su tía, Patricia Manzano, para recoger un pedido para su negocio, según El Paso Times. La mujer escapó a la matanza porque fue de compras a otro Walmart. Su sobrino falleció.

 

El asesino que condujo nueve horas para provocar un baño de sangre. La Fiscalía solicita la pena de muerte para Patrick Wood Crusius

Sara Esther Regalado y Adolfo Cerros Hernández eran de nacionalidad mexicana, según confirmó el canciller mexicano, Marcelo Ebrard. El matrimonio vivía en Ciudad Juárez y había viajado a El Paso de compras. La hija de ambos, Sandra Cerros, comunicó que la familia había sido informada de las muertes. Arturo Benavides, de 59 años, era vecino de El Paso. Estaba pagando una compra, mientras su esposa, Patty, había ido al servicio y logró escapar del tirador. El fallecido era veterano del ejército y conductor de autobuses. El Gobierno mexicano también confirmó que entre las víctimas está Gloria Irma Márquez, de Ciudad Juárez. También María Eugenia Legarreta Rothe, originaria de Chihuahua. La mujer era hermana de la pintora y escultora Martha Legarreta, informa el diario Reforma. Iba de camino al aeropuerto para recoger a su hija que llegaba de un campamento y paró en el Walmart. Otra de las víctimas de nacionalidad mexicana es Elsa Mendoza de la Mora, de Yepomera (Chihuahua), a la que su marido, Antonio de la Mora, describió en las redes sociales como “una mujer maravillosa y llena de luz”. Mendoza vivía en Ciudad Juárez donde era profesora de primaria. Deja dos hijos adolescentes.  “Ella iba con su esposo y su hijo, pero se quedaron en el carro esperándola”, dijo una de sus hermanas a El Diario de Juárez. En la lista está también Jorge Calvillo García, de Torreón, Coahuila, según ha confirmado el alcalde de la ciudad. El Gobierno mexicano anunció que Juan de Dios Velázquez, de 77 años y originario de Zacatecas, había fallecido en el hospital en las últimas horas del lunes. Velázquez murió tras ser herido por las balas mientras intentaba proteger a su esposa Estela. La pareja vivía en El Paso desde hace seis meses.

Fox News confirmó también la muerte de David Johnson, de 63 años. Falleció, según su familia, protegiendo a su esposa y a su nieta de nueve años. Leo Campos y Maribel Hernández también se encuentran entre las personas que perdieron la vida en el ataque. La familia empezó a sospechar que algo había sucedido cuando la persona a la que habían dejado su perro llamó para decir que no habían acudido a buscarlo. El canciller Ebrard identificó entre los heridos a una familia de tres miembros, una pareja y su hija de 10 años, de Chihuahua: Mario de Alba Montes, de 45 años, con un disparo en la espalda se encuentra en estado crítico, según AP. Olivia Mariscal Rodríguez, de la misma edad, tiene heridas en el pecho y una mano, y su hija de 10 años Erika de Alba Mariscal fue alcanzada en una pierna. La familia es originaria y vive en la capital de Chihuahua. Habían ido a El Paso a comprar material escolar. También figuran entre los heridos, según las autoridades estadounidenses, Jessica Coca García y Memo García, que habían acudido al Walmart para recaudar fondos para un equipo deportivo juvenil. Según Norma Coca, la madre de Jessica, ambos estaban junto a una de las salidas del centro comercial. La mujer, que vive en Kansas y realizó declaraciones a una televisión local, aseguró que ambos están hospitalizados; él en estado crítico, según AP. Sus hijos, de 5 y 11 años, resultaron ilesos.

El individuo que sembró este sábado el pánico en el centro comercial Walmart de El Paso (Texas), en la mayor la masacre perpetrada en EE UU en casi dos años, dejó supuestamente un manifiesto racista antes de matar a 22 personas y herir a otras 24 -dos de las víctimas fallecieron este lunes-. Las autoridades apuntan a que Patrick Wood Crusius, un hombre blanco de 21 años, colgó en Internet un texto que hablaba de una “invasión hispana de Texas” y planteaba: “Si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”.

 

‘La verdad inconveniente’, apoyo al supremacista blanco que perpetró sendos atentados contra dos mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda)

Si las autoridades confirman que ha sido Crusius quien escribió el manifiesto sin firmar de 2.300 palabras colgado en Internet y cuyo título puede traducirse como ‘La verdad inconveniente’, que promueve la teoría supremacista blanca conocida como “el gran reemplazo” -formulada por el autor francés Renaud Camus, en alusión a un supuesto plan de las élites europeas para sustituir a la población blanca del continente por inmigrantes del norte de África y Oriente Próximo-, el ataque puede ser considerado además un delito de odio. El texto arranca apoyando al supremacista blanco que perpetró sendos atentados contra dos mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda), con 51 muertos, el pasado mes de marzo. El sospechoso del acto terrorista, también conocido como Brown, se graduó en la escuela secundaria Plano Senior en 2017, ubicada en Plano (Texas). En la foto del anuario aparece ataviado con traje y pajarita, con una expresión muy seria en el rostro. Tras acabar el colegio se matriculó ese mismo año en la Universidad de Collin, cerca de su hogar, donde estudió hasta esta primavera, según NBC News. “Collin College está dispuesto a cooperar plenamente con las autoridades estatales y federales en la investigación de esta tragedia sin sentido. Nos unimos al gobernador y a todos los tejanos para expresar nuestro sincero dolor por las víctimas del tiroteo y sus seres queridos”, informó el centro.

Crusius era “un tipo muy solitario”, según las descripciones de sus vecinos. Muchos de los entrevistados por los medios locales no sabían siquiera que vivía en el vecindario de Allen, un suburbio del Estado sureño ubicado a nueve horas en coche del lugar de la masacre. Una antigua vecina, Leigh Ann Locasio, le ha descrito como una persona “muy solitaria, muy distante”, que se sentaba siempre solo ya fuera en el autobús, el colegio o el instituto. “Nunca interactuaba mucho con nadie”, ha agregado. Jacob Wilson, antiguo compañero de clase, le ha definido como un joven “con determinación”, con el que sin embargo no querían trabajar otros chicos de la clase por su “carácter irritable y explosivo”. Wilson refiere episodios de acoso por parte de sus compañeros: “Cada vez que levantaba la vista en clase, alguien le hablaba en mal tono. Decían que Patrick era una nulidad, un tonto”.

Según el diario The New York Times vivía con sus abuelos, quienes no han querido hacer declaraciones sobre lo sucedido. Después del sangriento ataque, cerraron las cuentas del joven en las redes sociales Linkedin y Facebook. Un mensaje escrito en su perfil de Linkedin decía: “Realmente no estoy motivado para hacer nada más de lo necesario para sobrevivir. Trabajar en general apesta, pero supongo que una carrera relacionada con el desarrollo de software me conviene. Paso aproximadamente ocho horas al día en el ordenador, así que eso cuenta como experiencia en tecnología, supongo”. En declaraciones recogidas por el diario Los Angeles Times, Daniel Heo, de la localidad de Plano, asegura que él y Crusius compartieron escuela primaria, donde jugaban al fútbol y al baloncesto en los recreos. “Recuerdo que era un chico majo”, dijo. Crusius encaja en el perfil de autores de tiroteos masivos tristemente famosos desde la masacre en la escuela secundaria Columbine, en 1999. La matanza perpetrada por dos individuos de 19 años marcó un punto de inflexión en las características de los asesinos que cometen estos crímenes. Los episodios más sangrientos desde entonces han sido protagonizados mayoritariamente por hombres jóvenes y blancos.

 

No basta con que el presidente condene formalmente este terrorismo interior después de sus reiteradas y brutales incitaciones al odio

La medicina sugerida por Donald Trump al incremento de las matanzas masivas con arma de fuego es peor que la enfermedad. Según el presidente, quien quiera un mayor control sobre la venta de armas deberá acordar también un mayor control sobre la inmigración. Es una fórmula perversa pero clarificadora respecto a las ideas de Trump. Es difícil que alguien formule en términos más exactos las pretensiones de los asesinos, movidos por una lógica que debería llevar a disminuir las matanzas en cuanto disminuyera la inmigración, consiguiendo así el objetivo político que se proponían. Es bien conocida la ideología que mueve estos comportamientos, aunque insuficientemente valorada en su peligrosidad, perfectamente parangonable con el terrorismo islámico internacional. No cabe atribuir sus orígenes y causas a mentalidades enfermas. Tampoco al uso perverso de las redes sociales, que favorecen comportamientos patológicos y difunden sin censura mensajes de odio e incluso de incitación a la violencia. Ni tratar su proliferación en Estados Unidos como un riesgo inevitable en sociedades donde los ciudadanos cuentan con derechos constitucionales que consideran inviolables, como es la posesión de armas de asalto.

Un mayor control de los enfermos mentales, de las redes sociales y del comercio de armas seguro que contribuiría a disminuir el saldo terrible de muertos y heridos que provoca la colusión de los tres factores -enfermos, redes y armas-, pero no bastaría si persiste la auténtica causa de unas matanzas, como la de El Paso, que no se han producido únicamente en Estados Unidos, sino también en Noruega, 77 muertos en Utoya en 2011, o en Nueva Zelanda, 51 en Christchurch este mismo año. Y esta es la idea perversa y cada vez más difundida por medios de comunicación, partidos de extrema derecha y políticos irresponsables y racistas, sobre la existencia de una conspiración internacional para sustituir a las poblaciones de los países occidentales por inmigrantes de color y en gran parte de religión islámica o hispanos. Quienes la sustentan consideran que el llamado mundo occidental se halla ya en una guerra abierta -de la que las matanzas serían episodios ejemplares- contra unos invasores que quieren quedarse con su riqueza, pervertir su cultura y sus creencias y convertirse en una mayoría hegemónica que margine y someta a la antigua mayoría blanca. Si hace unos años estas ideas con orígenes en los totalitarismos responsables de los mayores genocidios de la historia ocupaban un lugar marginal, ahora se están apoderando de espacios cada vez mayores y más preocupantes en Parlamentos y Gobiernos.

Donald Trump no es el autor intelectual ni el responsable directo de las matanzas, pero desde su alta responsabilidad como el gobernante más poderoso del planeta, no basta con que el presidente condene formalmente este terrorismo interior después de sus reiteradas y brutales incitaciones al odio y al resentimiento contra afroamericanos, hispanos e inmigrantes en general. Corresponde a los congresistas y senadores, especialmente a los republicanos, desautorizar al presidente y obligarle a atajar la violenta deriva racista en la que se hallan comprometidos los Estados Unidos y a garantizar además la seguridad de todos.

 

El director mexicano, Guillermo del Toro, despliega una bandera de México en Hollywood y lanza un alegato contra “el miedo y la división”

El cineasta mexicano Guillermo del Toro llenó de orgullo latino el Paseo de la Fama de Hollywood al desvelar este martes la estrella con su nombre y reivindicar su condición de inmigrante en un momento “de gran miedo y división”. La cantante Lana del Rey y el director de cine J.J. Abrams acompañaron a Del Toro en una ceremonia que se convirtió en un homenaje al talento de los “raros” y a los sueños de los inmigrantes que buscan un futuro mejor. “Deben saber una cosa, yo soy inmigrante”, dijo el oscarizado director ante un público que ondeaba banderas mexicanas y que coreó en varias ocasiones “¡Viva México!” y “¡Viva Guillermo!”. “Como mexicano, recibir esta estrella es un gesto y ningún gesto ahora mismo puede ser banal o simple. Es muy importante que esté sucediendo ahora mismo”, exclamó el cineasta. Del Toro pidió entre aplausos “no tener miedo” porque es algo que genera “división” al señalar a los demás como “personas diferentes en las que no confiar” y dar más poder a “quienes quieren odio”.

Las palabras Del Toro llegaron apenas unos días después de que veintidós personas fueran asesinadas, ocho de ellas mexicanas, en El Paso (Texas, EE UU) en una matanza cometida el pasado sábado por un supremacista blanco que irrumpió a tiros en un centro comercial. En su emocionante discurso, el realizador recordó su llegada a Estados Unidos: “Comprábamos la comida más barata y buscábamos el entretenimiento menos costoso, que era caminar por las calles”. Además animó a que todos, especialmente los inmigrantes, “crean en sus posibilidades y en poder marcar la diferencia”. “También deben saber que yo soy raro. Tenemos que ser raros, ir a lo profundo de nosotros. Si somos naturales y honestos con nuestras almas nos merecemos ser quien realmente somos”, apuntó Del Toro emocionado.

Considerado como uno de los directores más prestigiosos del cine contemporáneo, Del Toro cuenta con dos Oscar con su nombre: mejor película y mejor dirección por ‘La forma del agua’ (2017). Su filmografía incluye también películas como ‘El laberinto del fauno’ (ganadora en 2007 de los Oscar a mejor fotografía, mejor maquillaje y mejor dirección de arte), ‘Blade II’ (2002), ‘Hellboy’ (2004) o ‘Pacific Rim’ (2013). Junto a Alejandro González-Iñárritu y Alfonso Cuarón, con los que forma el grupo conocido coloquialmente como ‘Los tres amigos’, Del Toro ha sido uno de los grandes responsables del enorme éxito de los directores mexicanos en todo el mundo.

 

“El discurso de odio de Donald Trump se ha filtrado en la mente demente de psicópatas”, escribe el mexicano Jorge F. Hernández

“Lo dice el personaje de Kevin Spacey en el interrogatorio de la película ‘The Usual Suspects’ (Sospechosos comunes, 1995) y al parecer es una cita de Charles Baudelaire, tomada de su cuento ‘Le Joueur Généreux’ (El generoso tahúr): ‘La befa más astuta del Diablo es hacerte creer que no existe’. Donald J. Trump lanzó su campaña como candidato a la presidencia que hoy ocupa señalando como ‘violadores y asesinos’ a los mexicanos que cruzan la frontera hacia su país en busca de trabajo y oportunidades; su discurso en campaña y hasta el día de hoy se extiende a todo latinoamericano que intenta huir de la guerra, el hambre, la desigualdad y los diferentes horrores de su región natal. A pesar de que han sido deportados menos paisanos durante su lamentable periodo presidencial que en el anterior, su política ha sido abiertamente agresiva contra los migrantes y la oprobiosa práctica de separación de familias en jaulas, el consuetudinario maltrato, desdén y desprecio a quienes llaman ilegales se ha filtrado también a sus propios compatriotas femeninas, musulmanes, negros, discapacitados a contrapelo de su abierto deseo por lograr que creciera la migración de noruegos, suecos o cualesquier comunidad aria y su abierta propensión a la negación o mentira en torno al origen de su familia o la condición migratoria inicial de su actual esposa. La befa o broma siniestra que mejor ha jugado Donald J. Trump es hacernos creer que no es racista…”. El escritor mexicano Jorge F. Hernández recalca que “la confirmación ondea hoy como una nube negra de horror y sangre: el discurso del odio que se ha pronunciado desde arriba se ha filtrado en la mente demente de psicópatas con claro potencial homicida y/o suicida”. “El coctel se complementa -añade Jorge F. Hernández- con la increíble facilidad para comprar armas, municiones y equipo altamente bélico, en detrimento de todo intento por legislar su restricción y control. Berni Sanders ha declarado sin lugar a duda alguna que las matanzas de El Paso y Dayton de las pasadas horas (amén de otras que ya parecen cíclicas en la historia reciente) se deben precisamente a que Donald J. Trump es un ‘supremacista blanco’ y Beto O’Rourke lo calificó como ‘racista y responsable’, pero en sus primeras declaraciones o tuits, el presidente Trump acomoda su lamento en términos de una ‘enfermedad mental inaceptable’ sin mencionar el Manifiesto Racista que subyace en estos asesinatos y sin decir la palabra ‘arma’. Ha de volver a la terrible broma de hacernos creer que la solución es militarizar todos los centros comerciales (y de paso, escuelas y templos o todo espacio abierto a las comunidades) y proseguir filtrando el agrio sabor del racismo, tal y como lo entiende el demente asesino de El Paso, quien dejó en clara tinta que sus actos eran no más que una respuesta a la invasión de mexicanos en territorio del Sur de Estados Unidos…”.

 

Dicen que Mariano Azuela escribió ‘Los de abajo’ en un hotelito de El Paso, huyendo de las balaceras que reinaban en Ciudad Juárez

Un joven insulso se ha convertido en terrorista. Condujo su automóvil durante más de nueve horas para atravesar el estado de Texas y, al filo de la frontera con México, dispara a mansalva contra niños, ancianos, hombres y mujeres desarmados en el estacionamiento y centro comercial sin vigilancia donde irónicamente estaban las baratas de verano que incluyen armamento y munición. Horas después, en Dayton del estado de Ohio, otro joven extremadamente confundido en su lectura del mundo ilumina la madrugada con ráfagas de balas al azar, ejecutando quizá sin querer a su propia hermana. El de Ohio cae abatido en menos de un minuto por la policía, pero el joven tejano sobrevive quizá para oportunidad de confirmar públicamente el origen de su obsesión, la inspiración por goteo que ha recibido a través del Twitter y de los discursos presidenciales, la honra lunática de haber visto desfilar tanques en una reciente celebración militar en pleno corazón de Washington, D.C. El doloroso transcurso de las horas honra en silencio a quienes mueren sin razón alguna en medio de un brote más de locura predecible. Una calle de Dayton ha quedado acordonada con un reguero de zapatos y chanclas, tal como amaneció Tlatelolco un 3 de octubre que no se olvida o la ominosa pila de zapatos y zapatitos en Auschwitz. Al sur, allá abajo, un corazón de la frontera entre México y los Estados Unidos vuelve a confirmar que se trata de una herida que no cicatriza con la amenaza de muros, alambradas o aranceles.

Dicen que Mariano Azuela escribió ‘Los de abajo’ en un hotelito de El Paso, huyendo de las balaceras y amenazantes confusiones que reinaban en Ciudad Juárez. Su novela es testimonio de horrores y se lee como voz en coro de todos los habitantes de un abajo, nivel desde donde alguien arriba siempre anda engañando con la maldad de hacernos creer que hace el Bien. Los de abajo siempre sufren, se quejan e incluso, se levantan y se rebelan, pero también se confunden y en el marasmo de su desamparo pueden llegar a convencerse de los discursos disfrazados de los diablos. Por primera vez en la historia, el gobierno de México tomará acción legal no solo en contra del homicida múltiple, sino también contra quien resulte responsable de haberle vendido el arma (de curso supuesta y exclusivamente militar), pues las propias autoridades norteamericanas no han dudado en declarar que se trata de un acto de terrorismo. Se entiende que la postura y encomiable acción del gobierno de México se debe no solamente a la muerte de nueve ciudadanos mexicanos, sino al clima mismo de intolerancia y xenofobia que se ha filtrado en contra de todo mexicano y latinoamericano en el desquiciado y demencial discurso político y económico norteamericano.

El canciller mexicano, Marcelo Ebrard ha subrayado que entendemos -a contrapelo del maniqueísmo rubio- que estos hechos también provocan un hondo dolor y luto obligado para el pueblo de los Estados Unidos y es de desearse que la firme postura de México contribuya a que las mejores voces, mentes lúcidas y convencido humanismo de la mayoría de norteamericanos, los del voto popular que no eligieron a Trump en las urnas y los legisladores de todo credo y etnia que han intentado limitar su delirio racista, así como la ancha mayoría de jóvenes del mundo entero que se opone a su oleaje nocivo logren, por lo menos, una rectificación en la nefanda política armamentista de quienes creen que el Odio con mayúsculas y la Agresión como credo son pilares de una supuesta grandeza recuperada de la nada”.

 

No deja de ser irónico que la matanza en contra de hispanos este fin de semana en El Paso, Texas, haya tenido lugar en un Walmart

Jorge Zepeda Patterson, periodista y escritor, publicó este miércoles una columna en EL PAÍS, titulada, ‘El genocidio blanco o la otra venganza de Moctzuma’… No deja de ser irónico que la matanza en contra de hispanos este fin de semana en El Paso, Texas, haya tenido lugar en un Walmart. La firma estadounidense se ha convertido en la empresa que genera más empleos en México y en general en América Latina. Globalización por donde se le mire, el mismo fenómeno que hace imparable la migración que quita el sueño a Trump y a los supremacistas blancos… “Desde su perspectiva, tienen razones para preocuparse. Según el U.S. Census Bureau antes del 2050 la suma de las minorías se convertirá en una mayoría demográfica. En otras palabras, Estados Unidos dejará de ser un país mayoritariamente blanco. Para muchos norteamericanos eso simplemente significa que su cultura será más diversificada, pero muchos otros (46% de los blancos, según el Pew Research Center) creen que con el predominio de las minorías se habrá perdido para siempre el núcleo del American way of life. Los más radicales hablan incluso de ser víctimas de un genocidio silencioso, lo cual justifica cualquier tipo de medidas de defensa en contra de la extinción de su raza y su cultura”.

Estas posiciones políticas se nutren, desde luego, del uso que los políticos le han dado a estos temores convirtiéndolos en bandera electoral. En realidad los dos factores son simbióticos: la elección de Trump se explica en parte por el extendido temor de la población blanca ante el ascenso de las minorías y estos temores, a su vez, resultan expandidos por el discurso de odio impulsado por el presidente. Las dos puntas del fenómeno se alimentan mutuamente. Cometeríamos un error asumiendo que se trata simplemente del daño que provoca un individuo desequilibrado en la Casa Blanca. La aprobación del presidente entre los votantes republicanos subió 5%, para alcanzar 72%, tras haber flagelado a cuatro legisladoras de origen “étnico” pidiéndole que regresaran a los lugares infestados de crimen de donde venían. Los tuits de Trump fueron unánimemente considerados de corte racista y, no obstante, resultaron aplaudidos por una parte importante de la población (entre votantes demócratas e independientes, en cambio, sus expresiones provocaron una caída en su aprobación). Es decir, el racismo, convertido en ideología de defensa, ha comenzado a adquirir etiqueta de legitimidad en círculos cada vez más amplios. Hace 20 los supremacistas hablaban de superioridad de la raza blanca, dice el investigador Haidi Beirich, ahora hablan de supervivencia, de la imparable invasión de personas de color.

“Los supremacistas tienen incluso un corpus intelectual al cual recurrir para justificar sus posiciones y, en última instancia, sus acciones. El más distinguido de los autores lleva por nombre, por qué no, Camus. El francés Renaud Camus publicó en inglés en 2018 ‘No nos reemplazarán’ (You Will Not Replace Us), una especie de síntesis de sus trabajos en francés, el más famoso de los cuales ‘Le Grand Replacement’ (2012) se ha convertido en biblia de cabecera de la derecha xenófoba europea desde hace años. Ese fue el título del manifiesto publicado por el asesino para justificar la tragedia de la mezquita en Chrischurch, Nueva Zelanda que dejó 51 víctimas: The Great Replacement. La tesis central de Camus, plagada de referencias filosóficas, históricas y estadísticas, describe el genocidio de la población blanca producto de la lenta pero creciente invasión por parte de otras razas de color y la necesidad de hacer algo al respecto. Patrick Crusius el perpetrador de la masacre de El Paso, posteó minutos antes de acometerla, que su ataque era una respuesta a la Hispanic invasion of Texas…”.

No resulta claro aún el efecto político electoral que tendrá la matanza en el WalMart. La reacción inmediata ha sido de repulsa al discurso de odio y discriminación impulsado por Donald Trump desde la Casa Blanca. Sus adversarios argumentan que sus tuits se han convertido en el combustible que pone en movimiento a terroristas como Crusius. Muchos votantes de derecha pueden justificar descalificaciones racistas en contra de legisladoras de color, pero no les gustaría ver sus centros comerciales convertidos en mataderos. El hecho de que unas horas más tarde un joven al parecer desequilibrado, y siguiendo motivos aún inciertos, asesinara a diez personas, entre ellas su hermana, en Dayton, Ohio, ha permitido a Trump desviar el tema de la agenda racial y convertirlo en un asunto de control de armas. Si bien esta es una bandera crucial para la derecha norteamericana, el presidente preferiría ceder en algunos puntos menores y en todo caso emprender una polémica mediática respecto a las armas, que reconocer alguna responsabilidad personal en la ola de odio racial que ha resurgido. No es casual que este miércoles programara una visita a los dos sitios, Dayton y El Paso, para enlazarlos con el elemento que tienen en común: el acceso de jóvenes desequilibrados a rifles automáticos. Cualquier cosa para impedir que se le acuse de porrista del terrorismo. No obstante, habría que hacer apuestas: ¿Cuánto tiempo se tardará Trump en publicar el siguiente tuit en contra de sus villanos favoritos?

 

El de Trump es un racismo negacionista con dos movimientos, primero lanza la piedra y luego esconde la mano, cuando hay una matanza

No hay nada extraño ni excepcional en el racismo de Trump. El suyo es un racismo profundamente americano, enraizado en la historia de una democracia de origen esclavista, que discriminaba por razón de raza todavía hasta los años sesenta del siglo pasado. Tampoco hay nada extraño en su negacionismo. El racista raramente se considera racista a sí mismo. Su naturalización supremacista y discriminatoria de las diferencias le impide separar su percepción subjetiva, su racismo, de las cosas tal como son. No se considera racista porque siempre encuentra un buen y simpático vecino de color a quien amarrarse para justificar su inocencia. Ni siquiera Adolf Eichmann se consideraba antisemita. “No hay novedad, pues, en un presidente racista. La novedad está en la forma en que Trump exhibe su racismo y a continuación lo niega…”, declara Lluís Basset, el periodista que no tienen miedo en su Cataluña en posicionarse en contra de los independentistas, quienes se autoconsideran los únicos ciudadanos de esta comunidad autónoma española, a pesar de que más de la mitad de sus vecinos no están por el proceso de secesión de España y de la Unión Europea, de una manera unilateral.

El de Trump es un racismo negacionista con dos movimientos: primero lanza la piedra y luego esconde la mano. Lanzó el eslogan contra las cuatro congresistas de color, a las que quiso mandar de vuelta a sus países de origen, que solo en el caso de una de ellas no era Estados Unidos, pero luego condenó su repetición a coro en los mítines trumpistas. A su repugnante descalificación de la ciudad de Baltimore, de mayoría afroamericana, le siguió un impecable discurso -leído entero- en la ciudad de Jamestown, donde se conmemora el 400 aniversario de la llegada de los primeros africanos esclavizados y a la vez de la primera asamblea democrática, todo un símbolo de la ambivalente historia estadounidense. Trump agita y exhibe las negras aguas de sus ideas y sentimientos racistas, pero no sabemos con qué propósito, si es una manifestación espontánea o un guiño electoral. El odio y el resentimiento le han sido rentables hasta ahora, pero no es seguro que lo sean en el futuro. Complace a los suyos, pero moviliza a los adversarios, con la ventaja de que desvía la atención de las cuestiones esenciales donde se juega el futuro y el bienestar de los ciudadanos.

Pronto se verá si Trump se ha salido de madre o por el contrario acaba de dibujar la cancha de juego para la partida electoral de 2020. Como en la supuesta colusión con Rusia, no está claro que los demócratas saquen rendimientos electorales de las campañas antirracistas. Para vencer no basta con denunciarle por mentiroso, por machista y por racista, sino que se precisa un candidato alternativo elegible, un buen programa y, sobre todo, capacidad para movilizar y aglutinar el voto demócrata.

@BestiarioCancun

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