El President de la Generalitat de Catalunya declara la ‘Guerra Civil Catalana’, similar a la de 1462-1472, “¿Está el enemigo? Que se ponga”, preguntaba por teléfono Miguel Gila

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Joaquim ‘Quim’ Torra Pla es un abogado, editor, escritor y político español de ideología independentista catalana. Desde 2018 es, en castellano, Presidente de la Generalidad de Cataluña y diputado de la XII legislatura del Parlamento de Cataluña en el grupo parlamentario de Junts per Catalunya.​  En catalán, President de la Generalitat de Catalunya y en occitano, President dera Generalitat de Catalonha, pidió en el primer aniversario de la consulta por la secesión de España de esta comunidad autónoma a los CDR (Comités de Defensa de la República) -antisistemas independentistas, cuyo nombre evoca a las Cédulas de Defensa de la Revolución Cuba- que “presionen” para hacer efectiva la república catalana. La bandera independentista, la ‘estelada’, recuerda a la bandera de Cuba. La ‘senyera’ nacionalista, reconocida por la Constitución del país ibérico, desde hace décadas, es rechazada por los partidarios del ‘Procés’, que no superan la mitad de la población actual de Cataluña. Sin embargo, los CDR apuestan por la ‘unilateralidad’ de ‘Quim’ Torra, sin importarles la opinión del resto de los ciudadanos catalanes, quienes apuestan por seguir en España y en la Unión Europea.

 

Los buenos políticos nos simplifican la vida. Pero los malos hacen peligrar la paz social a base de miedo e inestabilidad. Tomen como ejemplo a Carles Puigdemont y su ‘Designated Survivor’, ‘Quim’ Torra. ‘Superviviente Designado’ es una serie de televisión dramática estadounidense sobre política, creada por David Guggenheim y protagonizada por Kiefer Sutherland, emitida en ABC. Netflix terminó una tercera temporada, emitida en el 2019. En cierto sentido un buen escritor es lo contrario de un buen político, comentaba estos días el escritor extremeño Javier Cercas. Un buen político es aquel que, al afrontar un problema complejo, lo reduce a sus líneas esenciales y lo resuelve por la vía más rápida posible; en cambio, un buen escritor es aquel que, en la misma tesitura, en vez de resolver el complejo problema lo vuelve más complejo todavía (y un escritor genial es aquel que crea un problema donde no existía ninguno). Un buen político fue Adolfo Suárez, que en menos de un año resolvió contra pronóstico el problema en teoría irresoluble de desmontar una dictadura y montar una democracia, o los fundamentos de una democracia, sin mediar una revolución o una violencia ingobernable. Un escritor genial fue Miguel de Cervantes y su obra universal ‘Don Quijote de la Mancha’, antes del cual la diferencia entre cordura y locura no era un problema, porque no era difícil distinguirlas y porque la cordura era preferible a la locura; pero, al inventar a un loco cuerdo, Cervantes nos obligó a preguntarnos qué son la locura y la cordura y si una es preferible a la otra, y de ese modo creó un problema tan complejo que todavía hemos sido incapaces de resolverlo, porque de hecho es irresoluble. Así que los buenos políticos nos simplifican la vida y los malos nos la complican (y complicándola nos la empobrecen), mientras que los malos escritores nos simplifican la vida y los buenos nos la complican (y complicándola nos la enriquecen): por eso los políticos suelen ser tan malos escritores y los escritores tan malos políticos. Dicho esto, se entenderá que la peor clase de político sea una suerte de escritor metido a político; es decir: un creador de problemas; es decir: un creador de caos.

Este tipo de político funciona según el método del escritor: enfrentado a un problema pequeño y sencillo, lo convierte en un problema más grande y más complejo; luego, en un problema más grande y más complejo todavía; y así sucesivamente, hasta que el problema es tan descomunal y tan enrevesado que deja de ser un problema propio para convertirse en un problema ajeno, del mismo modo que, si usted le debe 6.000 euros a un banco, tiene usted un problema, mientras que, si le debe 60 millones, el problema lo tiene el banco. Ese es el objetivo del creador de caos: como dijo con prodigiosa exactitud Carles Puigdemont, “muntar un pollastre de collons”, frase que se entiende a la perfección sin necesidad de ser traducida. Puigdemont es de hecho, como saben quiénes mejor lo conocen, un formidable creador de caos; su brevísima trayectoria política lo avala. En enero de 2016, cuando llegó a la presidencia de la Generalitat, Cataluña era una sociedad próspera, cohesionada y pacífica, pero en menos de año y medio, antes de fugarse de la justicia, este hombre la partió por la mitad, provocó la fuga de casi 5.000 empresas y creó durante dos meses de pesadilla una atmósfera de enfrentamiento civil. He dicho que el caos es su principal objetivo; añado que también es su mérito principal: gracias al caos, este hombre surgido de la nada, sin apenas apoyos ni experiencia política, ha conseguido no sólo convertirse en el jefe sin discusión de su partido sino también en el caudillo y líder carismático del separatismo. Que esto haya sido así -que el hombre que puso pies en polvorosa después de provocar el desastre haya sido premiado por los mismos catalanes que han despreciado a quienes, a pesar de ser corresponsables del desaguisado, han asumido dignamente su responsabilidad y la están pagando con la cárcel- es un enigma que, me temo, no puede descifrarse sin el concurso de la psiquiatría. Una cosa es segura: el creador de caos se mueve como nadie en el caos, que es su hábitat casi innato y en el cual es imbatible. Y otra: el creador de caos necesita, siempre, más caos…

En enero de 2016, cuando Carles Puigdemont llegó a la presidencia de la Generalitat, Cataluña era una sociedad próspera, cohesionada y pacífica, pero en menos de año y medio, antes de fugarse de la justicia, este hombre la partió por la mitad, provocó la fuga de casi 5.000 empresas y creó durante dos meses de pesadilla una atmósfera de enfrentamiento civil. He dicho que el caos es su principal objetivo; añado que también es su mérito principal: gracias al caos, este hombre surgido de la nada, sin apenas apoyos ni experiencia política, ha conseguido no sólo convertirse en el jefe sin discusión de su partido sino también en el caudillo y líder carismático del separatismo. Que esto haya sido así -que el hombre que puso pies en polvorosa después de provocar el desastre haya sido premiado por los mismos catalanes que han despreciado a quienes, a pesar de ser corresponsables del desaguisado, han asumido dignamente su responsabilidad y la están pagando con la cárcel- es un enigma que, me temo, no puede descifrarse sin el concurso de la psiquiatría. Una cosa es segura: el creador de caos se mueve como nadie en el caos, que es su hábitat casi innato y en el cual es imbatible. Y otra: el creador de caos necesita, siempre, más caos…

La parte más política de la conmemoración del referéndum ilegal del 1 de octubre suele concentrarse en Sant Julià de Ramis (Girona). Desde el pueblo en el que tenía que votar el expresidente Carles Puigdemont, su sucesor al frente de la Generalitat, ‘Quim’ Torra, ha hecho una y otra vez llamamientos para ser fieles “al claro mandato a favor de la independencia”, ha exigido la liberación de los políticos presos y ha pedido a los autodenominados Comités en Defensa de la República (CDR), los grupos independentistas más radicales, que mantengan el pulso de la reivindicación republicana en la calle: “Presionad, hacéis bien en presionar”. Pese a todo, el CDR de Barcelona insiste de vez en cuando en pedir la renuncia al ‘president’, tras las cargas de la policía autonómica, ‘Mossos d’Escuadra’, contra los radicales independentistas, cuando éstos atacan otras movilizaciones constitucionalistas en las calles de Barcelona.

Pareciera un conflicto guerra surrealista que nos narraba por teléfono el humorista madrileño Miguel Gila, fallecido en Barcelona años atrás. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!”. ¿Quién no recuerda a Miguel Gila (1919-2001), con su casco y su teléfono, mofándose en sus desternillantes monólogos de la sociedad de su tiempo y de las penurias pasadas en la Guerra Civil? Gila fue un humorista, actor,  dibujante de historietas y autor de cientos de monólogos. Gracias a la caricatura y a la exageración, a un teléfono y un lenguaje sencillo y divertido, Gila exploraba la realidad de la sociedad española de su tiempo.

 

“No es por chulearme yo, pero ¡cómo mato! Un día en un combate le pegué un tiro a uno y dijo que me has dao, pues no seas mi enemigo”

Estas son algunas de las frases célebres del ‘miliciano del humor’, Miguel Gila:  “El humor es el espejo donde se refleja lo estúpido del ser humano”; “Si la mente funciona bien no hay viejos”; “Yo tenía que nacer en invierno, pero como éramos pobres y no teníamos calefacción, me esperé a nacer en mayo”; “Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí”; “Cuando un hombre se muestra indiferente hacia una mujer supone un desafío para ella”; “Los mayores tienen un futuro, que es su pasado”; “La vida toda es un chiste. Nacer, morir… ¡Menuda broma!”; “El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño”; “¿Está el enemigo? Que se ponga”; “No es por chulearme yo, pero ¡cómo mato! Un día en un combate le pegué un tiro a uno y dijo que me has dao, pues no seas mi enemigo”; “Ay, es que me has hecho un agujero. Pues ponte un corcho”…

Miguel Gil nació en el distrito de Tetuán de Madrid y posteriormente se crió con sus abuelos en el barrio de Chamberí. Huérfano de padre —falleció antes de que él naciera— y con dificultades económicas en su hogar, abandonó los estudios a los 13 años. Su primer trabajo fue de empaquetador de café y chocolate, y después, de aprendiz de pintor de coches; de allí, pasó a trabajar a los Talleres Boetticher y Navarro, en donde alcanzó el cuarto grado de aprendiz. Compatibilizó sus trabajos con estudios de dibujo lineal en la escuela nocturna de artes y oficios. Al estallar la Guerra Civil, como militante de las Juventudes Socialistas Unificadas, se alistó como voluntario republicano en julio de 1936 en el Quinto Regimiento de Líster. En El Viso de los Pedroches, Córdoba, fue puesto frente a un pelotón de ejecución y logró salvar la vida. El fusilamiento se produjo al anochecer de un día lluvioso y los integrantes del piquete estaban borrachos, por lo que no le acertaron los disparos. Gila se hizo el muerto y logró sobrevivir.

 

“Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal. El piquete de ejecución lo componían un grupo de moros con el estómago lleno de vino…”

En su libro de memorias ‘Y entonces nací yo: Memorias para desmemoriados’ (1995) relata así aquel episodio: “Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal. El piquete de ejecución lo componían un grupo de moros con el estómago lleno de vino, la boca llena de gritos de júbilo y carcajadas, las manos apretando el cuello de las gallinas robadas con el ya mencionado ‘Ábrete Sésamo’ de los vencedores de batallas. El frío y la lluvia calaba los huesos. Y allí mismo, delante de un pequeño terraplén y sin la formalidad de un fusilamiento, sin esa voz de mando que grita: ‘¡Apunten!, ¡fuego!’, apretaron el gatillo de sus fusiles y caímos unos sobre otros. Catorce saltos grotescos en aquel frío atardecer del mes de diciembre. Las gallinas tuvieron poco tiempo para respirar, el que emplearon los del piquete de ejecución en apretar sus gatillos. Y sobre la tierra empapada por la lluvia, nuestros cuerpos agotados de luchar día a día…”.

Posteriormente fue hecho prisionero y trasladado a un campo de concentración en la localidad cordobesa de Valsequillo.​ Poco después, en diciembre de 1938, fue hecho prisionero en Extremadura. “Creo —es decir, estoy seguro— que mi identidad política terminó en diciembre del año 1938, en el frente de Extremadura, cuando, unos instantes antes de caer prisionero en manos de los moros de la 13 División del general Yagüe, tuve que romper mi carné de las Juventudes Socialistas; pero la ideología que mamé en mi niñez, en mi casa de gente humilde y en las fábricas o talleres donde trabajé, sigue latente en mí. Lo que van a leer es el testimonio de un hombre que fue joven en una generación en la que el hambre, las humillaciones y los miedos eran los alimentos que nos nutrían…”.

Fue internado hasta mayo de 1939 en el campo de prisioneros de Valsequillo. Pasó después por la cárcel de Yeserías, Santa Rita en Carabanchel, desde donde llevaban a los reclusos a construir la que fue la cárcel de Carabanchel en la capital de España y, finalmente, estuvo preso en la cárcel de Torrijos,​ donde coincidió con el poeta Miguel Hernández; a continuación, cumplió un servicio militar de cuatro años. Después de la guerra, al salir de la cárcel, fue fresador en Construcciones Aeronáuticas S. A. (CASA), en Getafe. Empezó su trabajo como humorista gráfico en la revista universitaria salmantina llamada, en honor a la obra de Hesíodo, ‘Trabajos y día’. Relata la genealogía de los dioses de la mitología griega. Poeta de la Antigua Grecia, se le considera el primer filósofo. Miguel Gila, publicó  años después en La Codorniz y en Hermano Lobo.

 

Se “exilió, por un empacho de dictadura” en Buenos Aires, creando una compañía de teatro y en México la revista satírica La gallina

Según su autobiografía, el éxito en los escenarios le llegó en 1951, cuando actuó en Madrid como espontáneo en el teatro de Fontalba, donde contó un improvisado monólogo sobre su experiencia como voluntario en una guerra.​ En la década de 1950, actuó en la radio. En1962, se “exilió” según sus palabras “por un empacho de dictadura” y fijó su residencia en la ciudad argentina de Buenos Aires. Allí puso en marcha una compañía de teatro y en México la revista satírica La gallina y también se destacó por sus actuaciones unipersonales en el programa Sábados Circulares. Realizó varias giras por toda Latinoamérica; en Venezuela, participó en el programa de humor Radio Rochela en Radio Caracas Televisión, invitado por Tito Martínez del Box, y desde 1977, actuó también por España, a donde regresó definitivamente en 1985. Además de trabajar en los guiones de El Ceniciento y El hombre que viajaba despacito, Gila tomó parte en el de la película de animación de 1979 ‘Historias de Amor y Masacre’, dirigida por Jordi Amorós, con guion de Gila, Chumy Chúmez, Ivà y Jaume Perich, y con dibujos de todos ellos.

El modo más frecuente de expresar su humor era mediante diálogos figurados —en realidad, monólogos— al teléfono, cuyo costumbrismo ingenuo tocaba a veces con el surrealismo. Cabe destacar que no utilizaba palabras malsonantes o polémicas. En sus fingidos diálogos telefónicos, tenía una muletilla que se ha hecho famosa: “¡Que se ponga!”. Falleció en 2001 en Barcelona, a causa de una insuficiencia respiratoria debida a una enfermedad pulmonar crónica que sufría.

 

‘Quim’ Torra y sus ribetes supremacistas en Twiter que se sitúan al borde de la xenofobia por el rechazo a todo lo que huela a español

Joaquim Torra i Pla nació en Blanes (Girona) el día de los Santos Inocentes de 1962 y en mayo del 2018 pasó a convertirse en presidente de la Generalitat, después de que Carles Puigdemont le ungiera como su sucesor “provisional”. Es uno de los diputados de Junts per Catalunya que mejor encaja en la línea más dura del independentismo -liderada por el expresidente desde Waterloo, Bélgica, ciudad ubicad a veinte kilómetros de Bruselas, donde permanece fugado de la justicia española- y seguramente el parlamentario más integrista del secesionismo. En este escenario belga tuvo lugar la batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, entre el ejército francés, comandado por el emperador Napoleón Bonaparte, contra las tropas británicas, holandesas y alemanas, dirigidas por el duque de Wellington, y el ejército prusiano del mariscal de campo Gebhard von Blücher. Tras la vuelta del emperador galo de su exilio en la isla de Elba, dando inicio al periodo conocido como los ‘Cien Días’, al reunirse la Séptima Coalición contra él, Napoleón decidió invadir los Países Bajos, lugar de reunión de las tropas de la nueva alianza. La batalla significó el final definitivo de las guerras napoleónicas. Los artículos, conferencias, comentarios en Twitter y participación en actos políticos del ‘president’ autonómico dibujan un perfil de ribetes supremacistas que se sitúan en ocasiones al borde de la xenofobia por el rechazo a todo lo que huela a español: desde la utilización de ese idioma hasta la consideración que le merece el expresidente de la Generalitat José Montilla o los militantes socialistas y del PP. Torra también participa habitualmente en el homenaje a las figuras más rancias del independentismo del siglo XX. El pasado 9 de marzo, por ejemplo, acudió a Sant Just Desvern para honrar la memoria de Daniel Cardona, exalcalde de esa población barcelonesa y fundador de Estat Català o Nosaltres Sols, una organización defensora de la superioridad de la raza catalana frente a lo que consideraban españoles “africanos”.

También ha acudido muchos años al homenaje a Miquel y Josep Badia, dirigentes de Estat Català y defensores también del independentismo más excluyente en la década de 1930 frente a la línea del presidente de la Generalitat de la época, Lluís Companys. Los dos hermanos fueron asesinados en 1936 supuestamente por militantes anarquistas. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, fue la primera en reclamar a Torra que pidiera perdón  por sus tuits en cuanto supo de su elección, y se sumaron a esa petición el ex líder del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, y la de Ciudadanos, Inés Arrimadas, quien dijo que algunos comentarios le producían “asco”. El PSC calificó a Torra de “sectario”. En una entrevista a TV3 Torra pidió disculpas por frases como “los españoles solo saben expoliar”, “evidentemente, vivimos ocupados por los españoles desde 1714” o “fuera bromas, señores, si seguimos aquí algunos años más corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles”.

Tampoco es la mejor carta de presentación haber escrito en enero de 2012 un artículo en el que aseguraba: “No, no es nada natural hablar español en Cataluña. No querer hablar la lengua propia del país es el desarraigo, la provincialización, la voluntad persistente de no querer asumir las señales de identidad de donde se vive (…) Cuando se decide no hablar en catalán se está decidiendo dar la espalda a Cataluña”. Según las estadísticas de la Generalitat, el 73,2% de los ciudadanos habla el catalán, aunque solo el 36,3% lo usa como lengua habitual, frente al 50,7% en el caso del castellano. El 6,8% utiliza por igual ambos idiomas.

 

Barcelona, a partir del siglo XVI, no continuaría siendo la potencia decisoria que había sido durante buena parte del periodo medieval

La ‘Guerra Civil Catalana’ (1462–1472) es el enfrentamiento armado entre el rey Juan II de Aragón, conde de Barcelona, y la Diputación del General por el control político del Principado. La muerte del príncipe Carlos de Viana -protegido de Barcelona y enfrentado con su padre Juan II- será la excusa para formalizar el inicio de una contienda que, de hecho, se venía esperando desde tiempos de su predecesor, Alfonso el Magnánimo. Con todo, la guerra es el resultado de una controversia política que enfrenta dos modelos opuestos: la monarquía y la oligarquía, el estilo absolutista y el pactismo. También está sobre el tablero la capacidad política de la Generalidad para asumir la soberanía y gobernar. Empieza el siglo XV en medio de una profunda crisis que afectaba a toda Europa occidental y, especialmente, a Cataluña. Las causas fueron diversas: crisis de subsistencia de la población, la crisis demográfica que afectó especialmente al campo debido a las grandes epidemias, la crisis financiera, con el endeudamiento excesivo de las instituciones públicas, la reducción del volumen y de las ganancias del comercio internacional…

La Generalidad sufrió un fuerte desprestigio al acabar la guerra, no tan solo por haber sido el bando perdedor, sino porque concentró las críticas de todos los sectores: los pactistas la acusaban de haber mantenido las revueltas agrarias y de la reorientación de los mercados hacia otras latitudes; las clases bajas, empobrecidas por la guerra, acusaban las medidas fiscales necesarias para recuperar la hacienda. Económicamente, la Generalidad estaba exhausta y no pudo devolver los préstamos que le habían concedido el Consejo de Ciento y también particulares. Además de la precaria situación económica dejada por la guerra, hace falta considerar también que la expansión del Imperio otomano por la Península Balcánica, Palestina y el norte de África limitó las rutas desde Occidente hacia los puertos comerciales de Oriente, contribuyendo a la decadencia del comercio mediterráneo. Además, el Mediterráneo había perdido dimensión como mercado. El desarrollo de las ciudades y puertos del norte de Europa configuraba un área comercial atlántica que sumada a las navegaciones en América, a finales del siglo, y hacia la India bordeando África, dejaron en un segundo término al comercio mediterráneo.

La tremenda carnicería prácticamente en todos los diferentes linajes nobiliarios de la región provocó la extinción de muchas de las antiguas casas, así como la ruina de la mayoría de las supervivientes, independientemente del bando donde hubiesen militado. Este hecho, junto con la política de la monarquía de fusionar la alta nobleza castellana y barcelonesa, o -como mínimo- vincular las principales heredades ‘huérfanas’ hacia estos últimos o los propios familiares de la Casa Real, privan a la región durante mucho tiempo de auténticos cuadros dirigentes capaces de plantear algún tipo de disidencia o proponer otra orientación. Barcelona, con una estructura social malograda, con unas instituciones que no podía competir con otras potencias europeas y con la potenciación de Castilla por la conquista y comercio en América, sufrió las consecuencias de una situación estratégica desventajosa. A partir del siglo XVI Barcelona no continuaría siendo una ciudad grande e importante en el nuevo marco político y comercial, ni la potencia decisoria que había sido durante buena parte del periodo medieval.

 

La Constitución Española tras morir Franco no fue impuesta, aunque el pacto tenga siempre menos épica que la victoria de unos sobre otros

La conversación política en España va degradándose. Todos los días hay testimonios de ello. Ha vuelto la estrategia de la crispación. Cuando aquella se deteriora tanto, surge en la sociedad la espiral del silencio, como la denomina la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann: se aísla a los ciudadanos que expresan posiciones contrarias a las asumidas como mayoritarias, de tal forma que el comportamiento de la gente está influido por la percepción que se tiene del clima de opinión dominante… “Por ello, lo más importante del diálogo público que mantuvieron la semana pasada los expresidentes del Gobierno de España Felipe González y José María Aznar -escribe Joaquín Estefanía- fue la conversación misma: el continente, no los contenidos. Con posiciones diferentes (o no tanto) sobre la reforma de la Constitución, recuperaron el mejor espíritu de los años de la Transición que describió la directora de EL PAÍS, Soledad Gallego-Díaz, con una escena que para nada es una anécdota: el 13 de junio de 1977, el día en que se constituía el primer Congreso democrático desde la Guerra Civil, Adolfo Suárez (presidente del Gobierno, de 43 años, proveniente del régimen franquista) acudió a las puertas del Parlamento para recibir a Pasionaria (de 82 años, totalmente vestida de negro, presidenta del Partido Comunista y el mayor símbolo vivo de la II República). Suárez -que necesariamente quiso que le fotografiaran y que todo el mundo lo viera- tendió la mano a Dolores Ibárruri y le dijo: ‘Bienvenida al Congreso, señora Ibárruri’. Y Pasionaria, dándole un fuerte apretón de manos, con una sonrisa escueta, murmuró: ‘Que tenga suerte, presidente’. Aquella sesión parlamentaria fue presidida por los dos diputados de mayor edad: Pasionaria y Rafael Alberti. Cuando la primera, apoyada en el poeta, bajaba trabajosamente la escalera para incorporarse a la presidencia, era observada por Leopoldo Calvo Sotelo, sobrino de José Calvo Sotelo, el ‘protomártir’ de la dictadura asesinado a tiros 41 años antes. La familia Calvo Sotelo había acusado en su momento a Ibárruri de ser la autora intelectual del asesinato, al pronunciar unas horas antes las siguientes palabras: ‘Este es el último discurso que pronuncia usted en esta Cámara’. Pasionaria lo negó siempre…”.

La Transición no tuvo mapa previo, sino que su evolución dependió de la correlación de las fuerzas políticas. España y Portugal, los dos países vecinos cuyos regímenes fascistas tenían muchas similitudes, se transformaron más o menos al mismo tiempo y elaboraron transiciones a la democracia muy distintas. En sus exposiciones, González y Aznar hicieron suyo lo que había escrito Javier Pradera (‘La transición española y la democracia’ en el Fondo de Cultura Económica): transformó la cultura política “desde el enfrentamiento violento hacia el diálogo tolerante, la voluntad de acuerdo, la negativa a transformar al adversario en enemigo, la capacidad de abstraer del presente las ofensas recibidas del pasado -en forma de años de cárcel, de torturas o de pérdida de seres queridos-, el estudio de la historia para no repetir los errores y la orientación hacia el futuro”. La Constitución fue pactada, no impuesta, y esa fue su gran virtud, aunque el pacto tenga siempre menos épica que la victoria de unos sobre otros. Decía Santayana que un país que desconoce su historia está condenado a repetirla. La Constitución y la Transición fueron la respuesta de la sociedad española a la muerte de Franco. En su balance, el dictador dejó, además de tres décadas y media de cruel dictadura, las consecuencias directas de la Guerra Civil: al menos 150.000 muertos en combate, 100.000 víctimas de ejecuciones y asesinatos en la retaguardia entre los años 1936 y 1939, 23.000 republicanos fusilados en la posguerra, 500.000 exiliados y 270.000 reclusos políticos en 1939. Recuperar la mejor conversación política fue la mayor virtud del debate de los expresidentes. Aunque quizá el principal problema de España sea la situación de sus jóvenes, y no Cataluña. Y sobre ellos no hicieron ninguna reflexión.

 

“Las convulsiones de la naturaleza y sus daños, no son nada con los que causan el cerebro de algunos líderes”, escribe Manuel Vicent

El periodista y escritor nacido en Castellón, junto al Mediterráneo, no muy lejos de Cataluña, en el año del inicio de la Guerra Civil Española, tras el golpe de estado de Francisco Franco, Manuel Vicent, octogenario, deleitaba y tranquilizaba los espíritus preocupados por los delirios del ‘president’ Torra y su otra ‘Guerra Civil Catalana’, con estas frases, bajo el título de ‘Borrascas’… “La rueda dentada del tiempo, que empieza a rodar en septiembre, une el destino de las personas y animales al ciclo agrario de las semillas, los frutos y las cosechas. Aunque el otoño es una estación melancólica llena de colores delicados, no obstante, suele regalar al planeta una cadena de tifones, huracanes y otros cataclismos, pero estas convulsiones de la naturaleza, a la hora de producir terribles daños, no son nada si se comparan con las que causan las borrascas desencadenadas en el cerebro de algunos líderes mundiales. Las tormentas más peligrosas no son las que produce la atmósfera, sino las que se generan dentro del cráneo de Donald Trump, de Kim Jong-un o de Vladímir Putin, puesto que sus nefastas consecuencias pueden ser planetarias e irreversibles. A veces este meteoro cerebral también se da en políticos de poca monta. Ahí están ‘Quim’ Torra y Carles Puigdemont, líderes de tercera regional, cuyo cerebro inane, precisamente por su mediocridad, es capaz de desencadenar una gran tragedia en su pequeño país debido a la emoción incontrolada de un ideal que bulle bajo su cuero cabelludo…”.

“El otoño -nos recuerda Manuel Vicent- también es una estación en la que junto al ciclo agrario comienza el curso político y cultural. En plena vendimia se producirá la Diada de Cataluña y, sobre su multitudinaria manifestación de estilo coreano exigiendo la independencia, pasarán las bandadas de tordos, garzas y torcaces hacia el sur cuyos gritos en el aire se sumarán al que producen los alumnos en los patios de los colegios e institutos con el reencuentro después de las vacaciones. Los años se miden por cosechas. A las uvas doradas de la vendimia seguirá la sementera; luego germinará el trigo, que se segará en verano, pero el ciclo de la naturaleza entre el vino y el pan podría quedar arrasado por la borrasca cerebral de algunos políticos inestables”.

 

Los ciudadanos de España han sufrido sus tres nacionalismos, el castellano, el vasco y el catalán, supremacismo ‘Celtiberia Show’

Han intentado sucesivamente imponer sus identidades y excluir a los disidentes. Su fracaso, víctima de sus excesos, permite vislumbrar un país más abierto a la vez que plural… Unos años atrás comenzó un nuevo fracaso, el del ‘Procés’ independentista catalán en los escenarios próximos a las Ramblas de Barcelona, tomados por los terroristas yihadistas, un 17 de agosto del 2017… “Ellos no son los enemigos, los culpables de los males de Cataluña son los españoles…”. El nacional-catolicismo, convertido en ideología oficial del franquismo, intentó la asimilación cultural, lingüística e ideológica de los españoles. Para ello se valió de un relato histórico-imperial sobre la grandeza de la nación; de una identidad primordial, la castellana, que asimiló a la española, expulsando a otras posibles identificaciones; unas instituciones políticas y culturales autoritarias y represivas; y de una lengua, el castellano, que intentó imponer como única. En su apogeo, suprimió las instituciones históricas de vascos y catalanes, prohibió y persiguió sus lenguas y consideró como inferiores a los que ostentaban otras identidades. “Los españoles han sufrido tres nacionalismos. Dos de ellos, el castellano y el vasco, ya han fracasado. El tercero, el catalán, lo está haciendo a la vista de todos. A pesar de que sus portadores consideren sus diferencias irreconciliables, lo cierto es que los tres han cometido errores y excesos muy similares: aupados en relatos históricos artificiales o deformados, en manos de sus elementos más fanatizados, ante la inexistencia de frenos eficaces en la sociedad civil y valiéndose de la instrumentalización de las instituciones en apoyo de sus fines, han construido proyectos supremacistas basados en una pretendida superioridad cultural y moral. El resultado ha sido intolerancia con la diversidad, acoso a la pluralidad, exclusión de los diferentes y, en distintos grados, coacción y violencia contra los disidentes…”, escribe el columnista español José Ignacio Torreblanca. Es Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, donde enseña Fundamentos de Ciencia Política, Sistema Político de la Unión Europea y Democracia y legitimidad en la Unión Europea. También es Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones. Ha sido becario del Programa Fulbright, Profesor en la George Washington University en Washington D.C., así como investigador en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Sus últimos libros en español son Asaltar los cielos (2015), ¿Quién gobierna en Europa?: reconstruir la democracia, recuperar a la ciudadanía (2014) y La fragmentación del poder europeo (2011). En inglés, ha sido coautor de The Eurosceptic surge and how to respond to it (con Mark Leonard, ECFR 2014) y What is political union? (con Sebastian Dullien, ECFR 2012).

El primero de los nacionalismos al que hace mención José Ignacio Torreblanca es un viejo conocido. Por fortuna, el empeño de construir España desde el nacionalismo castellano fracasó. Y aunque los rescoldos de ese nacionalismo se aviven ocasionalmente y se hagan sentir en la negación que la extrema derecha y sus seguidores mediáticos hacen de la pluralidad de lenguas e identificaciones que constituye España, la mayoría de los castellanoparlantes parecen estar vacunados contra el nacional-catolicismo, han abrazado la nación política democrática y descentralizada consagrada en la Constitución del 78 y sustituido o diluido el etnicismo castellano por un sano europeísmo con el cual también se sienten identificados tanto política como culturalmente.

 

El vasco justificó el terrorismo que la izquierda abertzale derivó de la fusión de nacionalismo y marxismo-leninismo revolucionario

El segundo de los nacionalismos españoles, el vasco, también se encuentra en fase de sano repliegue. Aunque su demanda de recuperación de los derechos, instituciones, autogobierno y lengua suprimidos por el franquismo estaba más que legitimada histórica, cultural y políticamente, el nacionalismo vasco fue usurpado por la confluencia de dos fuerzas que lo hicieron degenerar hasta convertirlo en una ideología excluyente y chovinista. Por un lado, su legitimidad se vio erosionada por el supremacismo racista subyacente en los postulados de Sabino Arana, del que emanaba un desprecio hacia los otros pueblos de España y un complejo de superioridad moral y cultural que en poco se diferenciaba del nacional-catolicismo franquista. Por otro, y de forma más grave, el nacionalismo vasco quedó tocado moralmente por la justificación del terrorismo que la izquierda abertzale derivó de la fusión de nacionalismo y marxismo-leninismo revolucionario. Convertido en un pretendido movimiento de liberación nacional que se valía de la violencia terrorista y el asesinato político, esa degeneración nacionalista, por suerte superada hoy, logró la cruel paradoja de convertir esa versión extrema del nacionalismo vasco en una amenaza para la democracia, vida y libertades de los españoles. De ahí el repliegue hacia posiciones que, hoy, sin renunciar a la independencia como objetivo político, rechazan la violencia como medio para la consecución de un Estado vasco y aceptan el método democrático como única fuente legitimadora de la acción política.

Nuestro tercer nacionalismo español, el catalán, tampoco es ajeno a esta dinámica de auge y caída. Forjado sobre un relato histórico que ensalza la trayectoria de un pueblo noble y sabio a la vez que trabajador y honrado, dotado de una supuesta tradición democrática anclada en el medioevo pero suprimida a sangre y fuego, y amante de la libertad y el autogobierno, el nacionalismo catalán ha estado a punto de construir el nacionalismo perfecto. Y no solo por razones sentimentales, sino de eficacia: el éxito económico catalán se ha sumado a la generosa y ejemplar labor de integración cultural y lingüística de los inmigrantes, que lejos de diluir la identidad catalana la ha reforzado. Pocas identidades nacionales han sido tan abiertas e incluyentes y a la vez tan exitosas a la hora de construir un modelo de integración.

Ese éxito sin paliativos ha desencadenado una tentación ruinosa: la de, víctima de la soberbia, jugarse la convivencia y el éxito económico para dotarse de un Estado propio sobre el que construir, por fin, una nación política. Y ahí es donde el nacionalismo catalán se ha resquebrajado. Como ocurrió con los otros dos nacionalismos, algunos han concluido que el fin superior de culminar el proyecto nacional justificaba retorcer los medios para lograrlo. Y pertrechados de la certeza de la superioridad moral de su causa están destruyendo o dispuestos a destruir todo lo bueno y sano que ese nacionalismo había alumbrado, poniendo en entredicho una convivencia ejemplar, sembrando la división entre catalanes buenos y malos y de primera y de segunda, instrumentalizando las instituciones, convirtiendo la lengua de todos en una lengua nacional, subvirtiendo la pluralidad de los medios públicos y aceptando como natural un discurso supremacista de tintes etnicistas y racistas (los españoles, vagos, atrasados y fascistas, nos roban y oprimen).

 

Anteponer independencia a democracia y pensar que el fin, moralmente superior, justifica medios ilegales y antidemocráticos

Pareciera que del ruido y furia del desafío secesionista se dedujera la inminencia del triunfo de su proyecto. Pero el fracaso del nacionalismo catalán es ya evidente. Igual que sus predecesores castellano y vasco, se han situado en una coyuntura en la que el deseo de culminar el proyecto nacional con un Estado propio lleva a anteponer independencia a democracia y pensar que el fin, moralmente superior, justifica medios ilegales y antidemocráticos. Como los otros nacionalismos, ni vencerá ni convencerá. Y una vez constate su fracaso, se replegará –esperemos- hacia posiciones compatibles con la democracia y la convivencia. Concluyamos con optimismo que este triple fracaso, forjado sobre los excesos de cada nacionalismo, es una buena noticia, ya que permite vislumbrar la resolución de un problema histórico -la pugna entre diferentes proyectos nacionales dentro del país- y la consecución, por fin, de una nación política plenamente compatible con la diversidad de identidades. Quizá no hayamos caído en la posibilidad de que el triunfo del proyecto de construir una España plural en la que quepamos todos con nuestras identidades, lenguas y tradiciones culturales requiera del fracaso sucesivo de los tres nacionalismos españoles. Una España resultado de la domesticación de tres nacionalismos seguramente será más habitable que la que hemos conocido históricamente, incluso puede que refleje de forma más sincera y verdadera la auténtica identidad de España como un país plural. Demos pues la bienvenida a nuestros amigos al grupo de los nacionalismos fracasados. Si la Europa comunitaria se ha creado sobre el fracaso de sus nacionalismos, ¿por qué España no?

Uno de los lugares de mayor atractivo y concurrencia de Barcelona son Las Ramblas (en catalán Les Rambles), paseo situado entre la plaza de Cataluña, centro de la ciudad, y el puerto antiguo… Allí se encuentran kioscos de prensa, de flores, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios. Cerca del puerto acostumbran a instalarse mercadillos, así como pintores y dibujantes de todo género, destacando la zona por su índole artística y cosmopolita. Paseando por Les Rambles pueden admirarse varios edificios de interés, como el Palacio de la Virreina, el mercado de La Boquería y el famoso teatro Gran Teatro del Liceo, en el que se representan óperas y ballets. Una calle lateral de pocos metros de longitud, conduce a la plaza Real (Plaça Reial), una plaza con palmeras y edificios con porches que albergan cervecerías y restaurantes, y en la que se reúnen los fines de semana los coleccionistas de sellos y de monedas. El paseo de Las Ramblas termina junto al puerto antiguo, donde la estatua de Cristóbal Colón señala hacia el mar. A dos pasos se encuentra el Museo Marítimo (Museu Maritim), dedicado sobre todo a la historia naval en el Mediterráneo. En el centro histórico, muy cerca de Las Ramblas, destaca la Catedral de Barcelona, la plaza de San Jaime, que acoge los edificios de la Generalidad de Cataluña y del Ayuntamiento de Barcelona, y las callejuelas tanto del barrio gótico como del Arrabal y del Borne…

Les Rambles y sus aledaños sufrieron aquel no tan lejano agosto del 2017 un brutal atentado de los yihadistas del ISIS, una furgoneta embistió contra los transeúntes -en su mayoría turistas de todo el mundo- provocando 16 muertos y decenas de heridos. Las víctimas eran originarias de más de una treintena de países. Sus autores fueron abatidos por las fuerzas policiales autónomas de Cataluña, los Mossos d’Esquadra, cuya actuación fue aplaudida y cuestionada por su contundencia. No mediaron disparos para herir y neutralizar a los asesinos, sino se tiró a matar. La ausencia de pérgolas en este paseo público de la Ciudad Condal no pasó desapercibida. La actual alcaldesa, Ada Colau, justificó las críticas: “No se puede lograr la seguridad al ciento por ciento”. Los terroristas islamistas radicales han sembrado de cadáveres lugares turísticos estratégicos de la Unión Europea, mediante atropellos indiscriminados. Esto ha provocado la toma de medidas en todas las ciudades del Viejo Continente e incluso de Estados Unidos, es el caso de Miami. Entre estas medidas destaca la colocación de defensas que impide la circulación por las vías peatonales.

Días después, la desidia de los poderes públicos catalanes afectaba al mismísimo ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, político, periodista y ex alcalde de Gerona, y principal protagonista del movimiento secesionista para sacar a esta comunidad autónoma de España: la CIA de Estados Unidos le hicieron llegar un documento secreto instándoles a tomar medida en Las Ramblas, pues en agosto pudiera darse un ataque yihadista, como así ha ocurrido. Carles Puigdemont lo ha venido negando en los últimos días. Ante la publicación del documento en el Periódico de Cataluña y otros medios españoles y extranjeros, el independentista sigue en sus trece. Su Govern de Catalunya ha tenido que reconocer que recibieron este ‘warning’ desde Washington.

 

Pancartas iluminaban un mal mucho más extendido que la marginal islamofobia: la xenofobia contra lo español, la gasolina del ‘Procés’

Barcelona va a seguir siendo noticia internacional. Es nuestro deseo que no lo sea por nuevos ataques de la Yihad o Guerra Santa. Esto lo destacábamos en otra columna de EL BESTIARIO, escrita meses atrás… “Lo va a ser, pues apenas resta un mes para que Carles Puigdemont y diversos partidos independentistas, ejerciten su ‘derecho a decidir’ en un referéndum que es rechazado por más de la mitad de la población que vive en Cataluña. Sea cual fuere el resultado, los populistas independentistas, anuncian que romperán con España. La Constitución española, avalada por la Unión Europea, considera que todos los españoles tienen derecho a ser consultados ante una situación que cuestiona la unidad territorial del país. En la política española la operación independentista de Cataluña empieza a parecerse a las cuestiones nefandas que aparecen a veces en las familias o entre amigos. Cuesta tanto verbalizarlas que sólo se tratan a partir de eufemismos que impiden afrontarlas adecuadamente. Nadie se atreve a decir lo que cualquier polítólogo, historiador o jurista llamaría por su nombre, esto es, un golpe de Estado”.

El atentado yihadista y el autogolpe del 1 de octubre son las crónicas de unas muertes anunciadas. “Crónica de una muerte anunciada” es una novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez, publicada por primera vez en 1981. Recuerdo que en aquellos años de la Transición Democrática al ‘Gabo’ comprando su periódico matutino en Les Rambles, paseando, riéndose, con varios amigos escritores como el barcelonés Manuel Vázquez Montalbán, autor del libro ‘Historia de la Comunicación Social’, obra de obligada lectura en todas las facultades de periodismo de España. En el kiosko sonaban los versos del poeta andaluz Antonio Machado cantados por el catalán universal Joan Manuel Serrat, quien visitó años atrás nuestra ciudad de Cancún. En Sabadell, con otro alcalde independentista, quieren quitarle una plaza a Antonio Machado por ‘anticatalanista’ y ‘españolista’. Echo de menos una columna sobre este ‘Celtiberia Show’ que no cesa a pesar de la amenaza yihadista.

El primer teórico del golpe de Estado, el francés Gabriel Naudé (‘Science des Princes, ou Considérations sur les coups-d’état’), explicó en 1639 que los soberanos dan golpes de Estado para reforzarse políticamente y esta visión coincide con lo que ahora denominados autogolpe. El autogolpe (que han dado desde Napoleón III hasta Fujimori) se caracteriza por ejecutarlo las mismas autoridades que ocupan legalmente el poder quienes, al amparo de su posición, rompen inconstitucionalmente el ordenamiento vigente e implantan un nuevo orden político fundado en la fuerza o en un Derecho nuevo elaborado de forma ilegal e ilegítima. Si el ‘Procés’, como hemos visto, un golpe de Estado que quieren ejecutar el Gobierno catalán y una parte del Parlamento (dos órganos estatutarios), hemos de concluir que estamos ante un autogolpe, tal como lo describió Naudé (con la única diferencia de que los órganos estatutarios no son soberanos). Desde el punto de vista de la técnica jurídica, estaremos ante un fiel remedo de la Ley Habilitante de 1933, mediante la que los nazis acabaron con la República de Weimar, por la vía de la superposición al orden constitucional de una legalidad sobrevenida. Son días para recordar el Putsch de la Cervecería de 1923, cuando Adolfo Hitler y sus compinches trataron de hacerse con el poder en Baviera mediante un levantamiento de la extrema derecha y fueron detenidos y encarcelados, tras dejar un saldo de catorce nazis y cuatro policías muertos… “No debemos olvidar que si se crea un nuevo Estado mediante un golpe, es muy difícil que ese Estado sea democrático pues la minoría golpista tenderá a gobernar sin contar con la mayoría de la población, como bien explicó Juan J. Linz al analizar la quiebra de las democracias.

Las pancartas de ‘No a la islamofobia’ que se vieron en la triste manifestación de Barcelona decían mucho más de lo que parecía. Supuestamente, aquel era un acto de unidad tras las matanzas de unos días antes, por lo que lo lógico hubiera sido decir no al terrorismo. En el contexto en que se mostraron -el de una manifestación manipulada por los secesionistas para convertirla en una muestra de rechazo a España-, aquellas pancartas iluminaban un mal mucho más extendido que la marginal islamofobia: la xenofobia contra lo español, que es la auténtica gasolina que alimenta el llamado ‘Procés’, este golpe de Estado contra la democracia española que está sucediendo ante nuestros ojos.

 

El ‘seny’, el sentido común catalán esperemos se imponga en la Barcelona multicultural…, pensaba en La Habana hace un año

Los secesionistas insultan a España, a lo español y a los españoles de forma constante. En el subtexto de absolutamente todo lo que dicen está una repugnante pretensión de superioridad moral, cultural, económica y social. Creo que parte de la desmoralización a la que nos enfrentamos los españoles viene de que nuestros líderes políticos han hecho lo posible por no escuchar estos insultos constantemente sugeridos. La realidad es que cada vez que un Junqueras, un Puigdemont o un Mas fantasea con la secesión lo que se escucha, a poco que se afine el oído es: “Somos mejores que vosotros y por eso queremos y podemos irnos”. Pero no todo es sugerido. Hace un par de semanas visité La Habana para preparar la presentación de un libro de cuentos sobre la capital cubana, en tiempos del ‘Período Especial’, cuando “Cuba era el único país del mundo donde los ciudadanos soñaban con ser gordos”. La reunión, en los jardines del Hotel Nacional, en pleno Vedado.

Cuando nos dirigíamos a cenar al ‘Gato Tuerto’ y verle actuar a la eterna vedette Juan Bacallao, nos topamos con una bandera independentista catalana, colocada en una oficina de algún empresario supremacista. Éste delira con haber abierto el primer ‘consulado’ de la Cataluña independiente en La Habana, Cuba. Este desconoce que en Miami, los únicos que recibieron a Carles Puigdemont y a sus acólitos, monaguillos, fueron tres congresistas republicanos anticastristas, de la línea dura del Partido Republicano, partidarios de reforzar al ejército norteamericano. Se trata de los congresistas por Florida, Mario Diaz-Balart, Lleana Ros-Lehtinen y Carlos Curbelo. La agenda de Puigdemont en su viaje a Estados Unidos persiguió el objetivo del independentismo liberal de derecha, que considera que la independencia de Cataluña tendrá viabilidad si logra apoyos en el país de Abraham Lincoln, en la comunidad judía internacional, apostando por un modelo socio-económico netamente liberal para atraer inversiones.

Las noticias de la ‘Celtiberia Show’ se quedan en la mera anécdota de lo cutre, para regocijo de la plebe, sin superar la barrera mental de lo ‘friki’ y sin el análisis que nos proponía el periodista Luis Carandell en la revista ‘Triunfo’ que perturbaba a personajes del anterior régimen de Francisco Franco, no diferentes de Carles Puigdemont. El ‘seny’, el sentido común catalán esperemos se imponga en la Barcelona multicultural… “Murió el poeta lejos del hogar. Le cubre el polvo de un país vecino. Al alejarse le vieron llorar. Caminante no hay camino, se hace camino al andar…, golpe a golpe, verso a verso…”, recuerda estos días Joan Manuel Serrat al que acusan de ‘españolista’ y ‘anticatalanista’ Antonio Machado.

Me preocupa el tema de Cataluña y su repercusión en la convivencia entre los ciudadanos que viven en esta comunidad autónoma. También la fobia contra lo español y lo catalán. Aunque el tema se logre encauzar esta bronca estamos ante una tormenta de décadas que va a marcar nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos Yo estoy hasta las narices de tantos nacionalismos que me han tocado vivir: la castellana -la franquista y fascista que afortunadamente concluyó con la aceptación de Transición Democrática y la Constitución de 1978-; la vasca -lucha de liberación nacional con los tintes marxistas leninistas, una vez más, muertos y daños colaterales, y un mesurado lendakari, Iñaki Urkullu encauzando el final definitivo, menos mal-; y ahora, el ‘autogolpe’ nacionalista catalán, urnas, broncas, negociaciones, daños físicos y psíquicos, miserias humanas, ‘Terras Lliures’, final de aquí al 2050… Deseo no tener que vivir más fiebres de supremacías castellanas, vascas, catalanas. Estas trágicas historias supremacistas no tienen ‘label’ exclusivo de los Estados Unidos y su Donald Trump.

 

‘Cataluña, España, Europa: Mejor unidos’, columna del presidente en funciones el socialista Pedro Sánchez, horas antes del 10-N

“Ningún demócrata puede entender que los líderes del separatismo emprendieran la vía unilateral…”, recalca el favorito en todas las encuestas de las elecciones previstas para el domingo, 10 de noviembre, el 10-N, Pedro Sánchez del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), en una columna periodística titulada ‘Cataluña, España, Europa: Mejor Unidos’…

“Europa es ante todo libertad, paz y progreso. Debemos caminar con esos valores y hacer de Europa el modelo más avanzado de integración y justicia social, que proteja a nuestros ciudadanos. La Europa a la que aspiramos, la Europa que necesitamos, la Europa que construimos, se basa en la estabilidad democrática de nuestros Estados y no puede aceptar la quiebra unilateral de su integridad. La Europa que admiramos se ha forjado frente a los nacionalismos excluyentes y los extremismos que superponen identidades al principio de igualdad de todos los ciudadanos. Por eso, hoy el desafío del separatismo en Cataluña, construido contra nuestro marco constitucional y silenciando a la mayoría de catalanes contrarios a la independencia, es también un desafío a Europa y a los europeos. Preservar esos valores en Cataluña hoy es proteger la Europa abierta y democrática que defendemos.

En 1978 España se dio a sí misma una Constitución plenamente democrática. Lo hizo con el apoyo de casi el 88% de los votos emitidos en una jornada histórica. En Cataluña el respaldo fue ejemplar e incluso mayor, tanto en términos de voto afirmativo, con un 90,5%, como en términos de participación. España superaba así la larga sombra de una terrible dictadura y se entregó a la tarea de consolidar los cimientos de un Estado Social y Democrático de Derecho hoy equiparable a los más avanzados de Europa Occidental. No sólo se recuperaban las libertades por las que habían luchado españoles de diferentes ideologías, muchos de ellos catalanes. También se daba una respuesta innovadora y avanzada a la diversidad territorial de España como un auténtico valor digno de ser reconocido”.

 

“España es hoy el segundo país más descentralizado de Europa, y Cataluña una de las regiones con mayor nivel de autogobierno”

Cuarenta años después, el Índice de la democracia, publicado por The Economist, consideraba a España una de las 20 democracias plenas en el mundo. España es hoy el segundo país más descentralizado de Europa, y Cataluña una de las regiones con mayor nivel de autogobierno del continente, con amplias potestades y ejecutivas sobre materias tan sensibles como los medios de comunicación públicos, sanidad, educación o instituciones penitenciarias. Quiero hoy recordar este camino recorrido y todos los logros alcanzados siempre que hemos avanzado unidos en la misma dirección. En estos momentos, sin embargo, la imagen de Cataluña no se asocia sólo al espíritu de iniciativa y creatividad que tantas veces han causado la admiración internacional, sino también a un contexto de crisis profunda, causada por la ruptura unilateral del orden constitucional que los políticos separatistas llevaron a cabo en otoño de 2017. Incumplieron todos los requerimientos y resoluciones del Tribunal Constitucional, aprobaron leyes de desconexión del Estado español declaradas inconstitucionales, convocaron ilegalmente un referéndum sin ninguna garantía democrática y proclamaron una supuesta república catalana.

Ningún Estado contempla la vía unilateral de la secesión de uno de sus territorios en su ordenamiento constitucional. Y ningún demócrata puede entender que los líderes del separatismo emprendieran ese camino y menos aún contando con un apoyo inferior al 48% de los votos emitidos en las elecciones autonómicas. Se exacerbaron los sentimientos, se hicieron circular noticias falsas y se alentó un espíritu de confrontación con el resto de España profundamente injusto. ¿Dónde quedaba la voz y el voto de los otros catalanes contrarios a la separación que eran y son mayoritarios? ¿Dónde la de los otros españoles que asistían perplejos a una quiebra directa de sus garantías constitucionales?

 

“El secesionismo se alimenta de mentiras y tiene conexiones con la ultraderecha. Es un reto para la Unión Europea y los ciudadanos”

“Mi Gobierno se ha distinguido por llevar a la primera línea de sus prioridades la ampliación de las libertades y derechos. Buena prueba de ello son los altos estándares reconocidos por las instancias internacionales en cuestiones como la igualdad de género. No consentiría, por tanto, que se limitara ni un ápice la libertad de expresión. El presidente de la Generalitat es un separatista radical, pero ello no le impide ni expresarse libremente ni defender públicamente sus postulados, por mucho daño que causen a la convivencia en Cataluña. Lo mismo ocurre en los Ayuntamientos separatistas, y en aquellas asociaciones que han hecho del separatismo su eslogan de movilización. Todos pueden opinar como quieran, siempre que, como ocurre en todos los países democráticos, no promuevan acciones que constituyan delitos. Todos los españoles somos iguales ante la ley, y la Constitución y la democracia son realidades inseparables.

En nuestro Estado Democrático de derecho, el Gobierno acata todas las sentencias judiciales. También la que ha emitido el Tribunal Supremo sobre los procesados por los actos realizados en otoño de 2017. El tribunal ha actuado con la mayor transparencia y todo el juicio ha sido transmitido en directo por televisión. Nuestro sistema judicial permite que las decisiones de los tribunales puedan ser revisadas ante instancias nacionales e internacionales. Por ello, no se puede cuestionar el funcionamiento de un Poder Judicial independiente en España, cuyo ordenamiento jurídico descansa en el principio de separación de poderes. En estos días que han seguido a la publicación de la sentencia, las reacciones a su contenido han sido muy diversas: desde quienes la consideran insuficiente en las penas hasta quienes desde el separatismo han convocado jornadas y acciones de protesta, en algunos casos pacíficas, en otros, extremadamente violentas.

Los derechos de manifestación y de huelga son pilares fundamentales del Estado de Derecho, y los ciudadanos que en Cataluña los han ejercido pacíficamente merecen todo mi respeto. Otra cosa muy distinta son los actos violentos que —de forma organizada e intencional— se han producido en Cataluña en estos días. Actos que en modo alguno representan a una tierra admirable, plural y acogedora como Cataluña”.

 

“Líderes independentismo han normalizado la violencia como recurso político y necesaria para que su causa adquiera mayor visibilidad”

El secesionismo en Cataluña ha trazado una hoja de ruta que nos es familiar en la Europa de nuestro tiempo. Se alimenta de una red de mentiras, en la que el uso de fake news y herramientas de viralización en el universo digital sirven a una causa no exenta de conexiones con grupos de ultraderecha y enemigos del ideal europeo. Es la misma senda ya transitada por quienes han alentado la polarización y el enfrentamiento para dividir a sociedades desde una retórica profundamente reaccionaria. Recientemente, líderes relevantes de este movimiento, como la propia presidenta de la principal asociación proseparatista, han manifestado públicamente que la violencia puede ser necesaria para que su causa adquiera una mayor visibilidad. Se trata, en definitiva, de la normalización de la violencia como recurso político. Si algo hemos aprendido con dolorosas lecciones en la historia de Europa es que ninguna pretensión política jamás puede legitimar el uso de violencia.

Mi Gobierno ha respondido a este desafío con proporcionalidad y control. Creo que la templanza es nuestra fortaleza. Actuamos con rapidez para devolver la tranquilidad a los ciudadanos de Cataluña, que sufren esta situación y que la rechazan muy mayoritariamente, pero actuamos con prudencia para mantener los incidentes en los niveles de tensión más bajos posibles. No olvidemos que en esta ocasión es la policía catalana la que interviene de forma ejemplar, con el apoyo de la policía nacional. Qué absurda paradoja la de ver a un presidente de la Generalitat que quita importancia a la violencia y que al mismo tiempo censura a su propia policía, que cumple con su obligación y está a sus órdenes. Qué absurda paradoja y qué tremendo error. Por ello le pido que condene la violencia sin paliativos y que hable con los otros catalanes, con los partidos no separatistas. Que ejerza, en definitiva, como el presidente de todos los catalanes”.

 

“Nunca me he negado al diálogo si se articula en el marco de la Constitución y la ley. No quiero ser el presidente de unos contra otros”

“No estoy dispuesto a que un rebrote de nacionalismo extremo en Cataluña cuestione, desde una falsa narrativa repleta de mentiras, los logros de la democracia española, alcanzados con el esfuerzo de nuestros ciudadanos y nuestras instituciones. El futuro de Cataluña no se juega hoy en el debate sobre la independencia, sino en la recuperación de la convivencia entre los catalanes. Este es el principal reto que tenemos: que se comprenda que la vía unilateral hacia la independencia es imposible y constituye una afrenta directa a los principios democráticos más elementales. En este momento es preciso actuar desde la templanza. Con firmeza para defender la convivencia, pero con inteligencia para entender que estamos ante la oportunidad de abrir una nueva etapa. Nunca me he negado al diálogo si se articula en el marco de la Constitución y la ley. No quiero ser el presidente de unos contra otros, sino el presidente de todos los españoles.

Existen ámbitos de diálogo a explorar si los líderes separatistas abandonan definitivamente la vía unilateral. Podemos hablar y escucharnos, sin amenazas y sin descalificaciones. Sé que hay heridas abiertas, que hay dolor, que hay frustración. A pesar de ello, hay una oportunidad para la esperanza y para el diálogo, reconociendo lo que hemos hecho juntos y pensando en todo lo que juntos podemos hacer para mejorar el bienestar de todos los ciudadanos… Pero, para eso, el separatismo catalán debe volver a la Constitución y respetar la ley. Mi Gobierno ha situado a España a la vanguardia en el proyecto de la construcción europea; de la lucha contra los grandes desafíos globales; del avance en derechos y libertades y de la lucha contra la desigualdad. Son objetivos que trascienden una visión nacionalista, que van más allá. Necesitamos a Cataluña y a la sociedad catalana en este empeño”.

 

‘Warcelona’, por eficaz que la violencia parezca para la movilización a corto plazo, a la larga resulta contraproducente para sus promotores

Ya llegó el Mambo anunciado por la CUP, bajo la efigie de una Barcelona en llamas rebautizada como Warcelona. La presidenta de la ANC encuentra efectos positivos en la violencia porque permite “hacer visible el conflicto”, revelando “la responsabilidad de Estado”. Pero ese relato se contradice a sí mismo, pues quien pega fuego a Warcelona no es Madrit sino los CDR. O el propio Torra como responsable intelectual con su “¡apreteu!”…”, declara estos días el escritor y catedrático de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Enrique Gil Calvo. Es autor de interesantes obra como ‘Lógica de la libertad’, ‘La lucha política a la española’ y el ‘Miedo es el mensaje’…

Que la violencia sirve para visibilizar conflictos es el abecé de la sociología política, pues los conflictos latentes sólo se convierten en conflictos abiertos, y por tanto en problemas políticos, cuando se consigue alarmar a la opinión pública, y la forma más eficaz de lograrlo es mediante la violencia. Tenemos muchos ejemplos recientes como los ‘Gilets jaunes’ (Chalecos amarillos), Hong Kong, Ecuador, Chile y tantos otros. De donde se deduce que la violencia pública permite poner al Gobierno contra las cuerdas, y de ahí la segunda parte de las declaraciones de Elisenda Paluzie, la burguesa de flequillo que justifica la violencia en Cataluña: ‘Madrit es culpable’. Pero esta segunda afirmación es evidentemente falsa (una ‘fake news’ que diría un papanatas): quien ha provocado la violencia warcelonista no ha sido la policía judicial sino la guerrilla urbana de los indepes. Y semejante contradicción secesionista, que porfía contra toda evidencia en culpar a los Mossos y a su jefe político, el botifler Miquel Buch – botifler es la palabra catalana utilizada como apodo contra los felipistas o borbónicos, los partidarios de Felipe V durante la Guerra de Sucesión Española-, revela que el incendio de Warcelona les ha salido por la culata, volviéndose contra la intención de sus promotores. En realidad, esa rosa de fuego televisada en directo ha actuado justo a la inversa que las cargas policiales contra el falso referendo del 1-O de 2017. Si entonces la violencia policial legitimó al secesionismo y deslegitimó a Madrid, ahora con la violencia warcelonista ha pasado al revés, deslegitimando al secesionismo y relegitimando a los Mossos, a Miquel Buch, a Fernando Grande-Marlaska -ministro del Interior- y a Madrid, que en esta ocasión han sabido parar, templar y mandar evitando que el conflicto se les vaya de las manos.

¿Por qué ha renunciado el secesionismo al lirismo pacifista para abrazar la violencia antisistema? Sin duda, porque la protesta lírica estaba dejando de ser eficaz para movilizar a sus adeptos cada vez más frustrados y retraídos. Y por eso el secesionismo ha cambiado de táctica, pasando a la acción directa para iniciar un nuevo ciclo de protesta violenta. Un proceso de radicalización que, según el neoyorquino Sidney Tarrow, profesor emérito de ciencia política y sociología, conocido por su investigación en política comparada, movimientos sociales, partidos políticos, acción colectiva y sociología política, es impulsado por la competencia entre los empresarios de la movilización que rivalizan entre sí por ver quién es más radical, cayendo en una escalada de acciones cada vez más violentas. Pero, como también demostró Tarrow analizando la Italia de los 70, el ciclo de la violencia se agota a sí mismo tras alcanzar su clímax, en cuanto la opinión pública se satura o se asusta y sus seguidores comienzan a retraerse y desertar. Por eso, por eficaz que la violencia parezca para la movilización a corto plazo, a la larga resulta contraproducente y perjudicial para sus promotores. Lo que no sabemos es si esa inversión de la correlación de fuerzas llegará a tiempo de surtir efectos el 10-N de estas horas…

Hay un hombre que se congratuló del intento de ocupación del aeropuerto de El Prat en Barcelona. Paradójicamente, al mismo tiempo defendió a los policías que reprimían a los manifestantes. Este hombre, en plena crisis de violencia en Cataluña, también participó en una marcha que cortaba una autopista y animó a la población a que se sumara al paro laboral. Esta persona no es uno de los miles de activistas movilizados contra la sentencia del Tribunal Supremo que condenó a los líderes independentistas: se trata de Quim Torra, el presidente de la Generalitat y oficialmente el máximo representante del Estado en Cataluña. ‘Quim’ Catalunya ha declarado la ‘Guerra Civil Catalana’, similar a la de 1462-1472, el futuro presidente España -Pedro Sánchez es el favorito- debe entender a Torra, la máxima autoridad del Estado en Cataluña, Comunidad Autonómica Española. “Medio es el mensaje” es una frase acuñada por Marshall McLuhan que significa que la forma de un medio se incrusta en cualquier mensaje que transmita o transporte, creando una relación simbiótica en la que el medio influye en cómo se percibe el mensaje. La ‘consigna’ del profesor canadiense de la Teoría de la Comunicación ha quedado obsoleta.

‘Miedo es el mensaje’ es el lema de quienes se presentan al mundo como ‘próceres’ del independentismo catalán, incendiando Barcelona y sembrando un odio visceral, antesala, de una nueva ‘Guerra Civil Catalana’ como delira ‘Quim’ Torra, recolector de setas en ‘sus’ montes. Esta afición preocupa seriamente a los servicios de inteligencia, ante la ingesta accidental de algunas especies alucinógenas o de la mortal Amanita phalloides, ‘exportada’ desde los bosques de España. También conocida en español como oronja verde, canaleja, hongo de la muerte, oronja mortal y cicuta verde, es una especie de hongo micorrizógeno venenosa muy parecida a algunas que son comestibles, por lo que se han dado casos de envenenamiento accidental.​ Es la seta más mortífera para los humanos, habiendo causado el fallecimiento de numerosas personas, ya que las toxinas actúan sobre el hígado y los riñones, dando lugar al fallo hepático. Además, el síndrome faloidiano es un síndrome de acción lenta que dificulta identificar el origen de la intoxicación. Por esta razón es importante no confundirla con otras setas comestibles. Entre las víctimas más ilustres se encuentran los emperadores Claudio y el Emperador de Alemania Carlos VI de Habsburgo. El nombre phalloides (del griego /phallos/, pene, y /eidos/, forma) significa con forma de falo, pero no está claro si se nombró así por semejanza de la forma de su basidiocarpo en sus primeros estadios de desarrollo con un falo masculino…

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