El problema no es Huawei sino 5G, la quinta generación del móvil, arma de destrucción masiva en la guerra declarada por Donald Trump a China

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Los teléfonos inteligentes no tienen corazón, por el maldito coltán, el actual residente en el Despacho Oval de la Casa Blanca de Washington ‘liberaliza’ su explotación en África. La presencia en un país de abundantes reservas de estas materias primas constituye un poderoso incentivo para la corrupción de las élites o la acción de grupos armados, que pueden ganar enormes fortunas chanchulleando con estos recursos. Así, los beneficios de su venta a menudo salen hacia el exterior o se pierden por el camino, mientras que para las comunidades locales sólo quedan los daños de la contaminación medioambiental, la amenaza del desplazamiento forzoso o el silencio impuesto por los asesinatos selectivos y la represión. Operadores y fabricantes ensayaban el ‘5G’: la alta definición de la telefonía móvil, en la Mobile World Congress (MWC) que se celebró en Barcelona, España. Multiplicará por diez la velocidad de las redes celulares y permitirá conectar 100.000 millones de dispositivos. ‘La guerra sin fin en el Congo, Pour Quoi?’ es el título de una película de Ouka Leele, la fotógrafa de la ‘Movida madrileña’ de los 80. Una mujer secuestrada y violada es alimentada con la carne de sus cinco hijos asesinados. Todo por el ‘mineral’ estratégico, que provee a las multinacionales de columbita y tantalita. Los fusiles Kaláshnikov ‘vigilan’ su extracción artesanal en la cuenca del río Congo…

 

“El 5G no es una bomba atómica; es algo que beneficia a la sociedad. No deberíamos ser el objetivo de Estados Unidos solo porque estemos por delante de ellos en 5G”. Con estas solemnes palabras, Ren Zhengfei, fundador y presidente de Huawei, advertía días atrás al mundo de que la quinta generación de telefonía móvil, llamada a revolucionar la industria y la vida cotidiana de los ciudadanos del planeta, no puede convertirse en un arma de destrucción masiva como, a su entender, pretende la Administración de Donald Trump, al incluir en una lista negra la firma china. El veto del Gobierno estadounidense primero a las redes y ahora a los móviles del fabricante asiático es una declaración de guerra que va mucho más allá de las hostilidades arancelarias. El anuncio de Google de que dejará de dar soporte a los smartphones de Huawei ha sido un golpe de efecto mundial. Millones de usuarios se levantaban azorados al enterarse de que su móvil podía convertirse en un cascarón vacío porque Android, el sistema operativo con el que funcionan, ya no dispondría de actualizaciones del sistema de Google. Siendo gravísimo el hecho de que una decisión gubernamental condene a la obsolescencia a millones de dispositivos, en realidad, es solo el primer aviso del volcán. La mayor erupción, la definitiva, está por venir bajo las siglas 5G. Esta tecnología no es solo un avance más.

Gracias a la quinta generación del móvil funcionarán los coches autónomos y los robots industriales podrán procesar en tiempo real cualquier orden, lo que les convertirá en máquinas eficientes y casi humanas, capaces no solo de sustituir a operarios de una fábrica sino a un cirujano en un quirófano para realizar una operación a distancia. “El 5G marcará el comienzo de lo que llamamos la era de la invención. Es mucho más profundo que lo que vimos antes con el paso al 4G o cualquier avance anterior. Y no es una exageración. El 5G y la inteligencia artificial significarán miles de millones de elementos conectados, enormes cantidades de datos y todos ellos en la nube. Cambiará la forma de compartir archivos, las compras online o la reproducción de contenidos”, según dijo Cristiano Amon, presidente de Qualcomm en la Ciudad Condal, Barcelona. El 5G dará paso a la cuarta revolución industrial gracias a saltos de innovación, que suponen una disrupción tecnológica total. Las conexiones 5G son 10 veces más rápidas (aunque en laboratorios se han alcanzado velocidades 250 veces superiores) que las 4G actuales. Gracias a esa inmediatez se podrá ver contenidos con calidades inimaginables en realidad virtual o en la televisión en 8K. “La tecnología 5G de Huawei es la versión siglo XXI del mitológico Caballo de Troya”, advertía el general estadounidense en la reserva James L. Jones…

Esta tecnología 5G multiplica por 100 el número de dispositivos conectados con el mismo número de antenas. Se resuelve así el problema de la cobertura en grandes aglomeraciones, como estadios de fútbol y conciertos. Además, reduce también a una décima parte el consumo de batería de los dispositivos (alarmas, células o chips), lo que les da mucha más autonomía. No obstante, el mayor avance del 5G será la reducción de la latencia, el tiempo de respuesta que tarda un dispositivo en ejecutar una orden desde que se le manda la señal. Cuanto más baja, más rápida será la reacción del aparato que accionemos a distancia. El 5G reduce ese retardo a un milisegundo. Esa repuesta instantánea es la que permite que la conducción autónoma sea segura, pero también dirigir a distancia los sistemas de comunicación, seguridad o defensa. De ahí que Trump haya centrado toda su artillería en Huawei, porque domina la construcción de redes 5G.

Lo que subyace en el pulso tecnológico entre EE UU y China tiene que ver con la más honda preocupación estadounidense por una primacía china en la carrera militar y el 5G figura en el centro de esa inquietud. El Pentágono advierte de ello en un informe al Congreso, en el que destaca el desarrollo de firmas como Huawei y ZTE y señala que el esfuerzo de Pekín por “construir grandes grupos empresariales que logren un rápido dominio del mercado con un amplio abanico de tecnologías complementa directamente los esfuerzos de modernización del Ejército y trae consigo implicaciones militares serias”. En un lenguaje mucho más crudo se expresaba el general retirado James L. Jones: “La tecnología 5G de Huawei es la versión siglo XXI del mitológico Caballo de Troya”, advertía en un documento de recomendaciones publicado el pasado febrero por el Atlantic Council, uno de los grandes laboratorios de ideas de Washington. “Si China controla la infraestructura digital del siglo XXI –razonaba- explotará su posición para sus propósitos de seguridad nacional y tendrá una influencia coercitiva en EE UU y sus aliados, ya que estas redes procesarán todo tipo de datos, y China desde luego las usará para llevar a cabo espionaje”. Y agregó: “la expansión del 5G chino amenazará la interoperabilidad de la OTAN, ya que EE UU no podrá integrar su red 5G segura con ningún elemento de los sistemas chinos”.

 

En Europa, Huawei tiene una cuota de mercado del 35%, que en España se dispara hasta el 60% en las redes de nueva generación

El presidente estadounidense cree que Huawei puede instalar en las redes una capa oculta (lo que se conoce como puerta trasera) con la que el Gobierno chino controlará las comunicaciones de todo el mundo, incluyendo EE UU. Huawei insistió una y otra vez esta semana en que esa acusación es falsa y ofrece a cualquier autoridad el acceso a sus redes para que puedan comprobarlo por sí mismas. En Europa, Huawei tiene una cuota de mercado del 35%, que en España se dispara hasta el 60% en las redes de nueva generación. Más de 2.500 patentes relativas al 5G llevan su nombre y tiene contratos con unos 40 operadores. Si estos, incluyendo los españoles (Telefónica, Vodafone y Orange), secundan el bloqueo a Huawei, les sería imposible desplegar a tiempo una red 5G. De hecho, Europa ya va con retraso respecto a países como EE UU, Japón, China o Corea. Solo Nokia y Ericsson le hacen sombra, pero la tecnología y despliegue de la firma china son más avanzados y menos costosos. “Nuestras tecnologías 5G van al menos dos años por delante y serán líderes mundiales durante mucho tiempo. Nuestras estaciones base de 5G se pueden instalar a mano. No hace falta torres ni grúas ni cortar carreteras para construirlas, ya que tienen el tamaño de un maletín. Por eso es precisamente el departamento de 5G el que ha sido objeto de los ataques de los EE UU”, dijo Zhengfei en declaraciones recogidas por medios chinos. El fundador de Huawei, cuya biografía arranca como militar del ejército rojo, calmó a una audiencia enfervorecida, y les pidió que no recurrieran al nacionalismo ni al populismo en respuesta al bloqueo estadounidense.

China tiene muchas armas tecnológicas y comerciales en su arsenal para responder al desafío. La primera es que es el primer inversor mundial en innovación y su retirada de los países occidentales causaría daños considerables. También puede cortar el grifo de las exportaciones de los metales raros, imprescindibles para los teléfonos móviles. Pero sin duda, la más temible es que aplique los planes de contingencia que dice tener para esquivar el aislamiento estadounidense (el plan b del que habla Huawei) y desarrolle un sistema operativo que reemplace a Android y acabe con el cuasimonopolio de Google, con una cuota de mercado del 85%. El plan pasa por avanzar también en el desarrollo de sus propios chips de procesamiento y de memoria, rompiendo el cerco que le han impuesto los fabricantes como Intel, Qualcomm, Xilinx, Broadcom, Micron Technology y Western Digital o la británica ARM. Los conglomerados industriales chinos como Huawei pasarían una larga travesía del desierto pero al final estarían en disposición de destronar a los gigantes norteamericanos como Google, Cisco, Microsoft o Qualcomm, cuyo dominio nadie discute ahora.

Está en juego algo más que la desilusión de millones de usuarios de Huawei. El 5G representará el 15% de las conexiones móviles globales en 2025, cerca del 30% en mercados como China y Europa y del 50% en EE UU, según la GSMA. En ese año, la cantidad de conexiones globales del Internet de las cosas se triplicará hasta los 25.000 millones. Ahora toca decidir si quien controla esas redes inteligentes y maneja a distancia los dispositivos tendrá su despacho en Pekín o en Washington.

 

El problema no es el móvil, ni el 5G a secas, sino todo lo que Pekín pueda llegar a desarrollar con esa red más allá de los usos civiles

El temor a que China controle las comunicaciones y los datos en el futuro es lo que convierte lo que parecía una guerra comercial en una liza trascendental en la industrial tecnológica y, en el fondo, en la génesis de una posible carrera armamentística. Es decir, que el problema no es el móvil, ni el 5G a secas, sino todo lo que Pekín pueda llegar a desarrollar con esa red más allá de los usos civiles. Por eso, Washington también se plantea vetar a la compañía china de video vigilancia Hikvision. La tensión no nace con la Administración republicana de Trump. Sin embargo ha sido esta, nutrida de halcones en materia comercial la que ha apretado las tuercas a Pekín de un modo que el demócrata Barack Obama, pese a compartir el diagnóstico, no se atrevió. Eso sí, se trata de una presión contradictoria, marca de la casa en el estilo negociador de Trump, que pese a la escalada de las últimos días pugna por sellar un gran acuerdo comercial con China. Las proporciones de una guerra económica entre Estados Unidos y China son mayúsculas. El flujo comercial entre ambas potencias mueve unos 2.000 millones de dólares diarios y el actual grado de interconexión entre producción, suministro y finanzas provoca que el pulso, en realidad, afecte a medio planeta. Para Washington, la complicidad de la Unión Europea y el resto aliados en la presión contra Pekín resulta básica, pero la respuesta es mucho más fría de lo que la Casa Blanca querría.

Conceptos como guerra fría, imperialismo, telón de acero son los más utilizados ahora para describir el estado de animosidad permanente que se ha instalado entre una potencia emergente, China, y la superpotencia mundial, EE UU. Recuérdese que la ‘Guerra Fría’ fue el enfrentamiento entre EE UU y la Unión Soviética, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, en ámbitos como el económico, político, social y hasta militar; que el imperialismo era la fase superior del capitalismo y se manifestaba en ideas como la superioridad y dominación entre países; o que el telón de acero trataba de la frontera ideológica y política entre Europa occidental y Europa oriental.

 

Huawei es una de las sociedades más agresivas en el desarrollo de la tecnología 5G, que va a cambiar la visión económica del planeta

¿Qué ha ocurrido? Que a la guerra comercial, considerada hasta ahora de baja intensidad, entre Washington y Pekín, con subidas mutuas de aranceles, se le ha añadido un conflicto tecnológico de gran significación mundial: la firma china Huawei ha sido incluida en una lista negra por Donald Trump, por lo que a partir de hacer efectiva esa decisión ninguna empresa norteamericana podrá venderle ni soft­ware nihardware sin licencia estatal. Huawei es una de las sociedades más agresivas en el desarrollo de la tecnología 5G, que, según los expertos, va a cambiar la visión económica del planeta en poco tiempo. La primera incógnita es si China establecerá una reciprocidad con Apple u otra gran empresa tecnológica americana. Y más allá, si esta confrontación se extenderá a otros sectores, incluido el de la deuda pública (China es el gran comprador de bonos americanos). Al final de la reflexión está la lucha por la hegemonía tecnológica -y a través de ella, política- de los dos grandes países. Se demuestra así que Trump está dispuesto a utilizar todas las armas de la política para contener la rivalidad de un país que se incorporó a principios de siglo a las reglas de la Organización Mundial de Comercio, aprovechándose de ellas en lo que le interesaba, pero sin cumplir con el resto de las normas de la competencia internacional (entre ellas, aplicando el dumping social y una mínima protección social a sus ciudadanos).

En otro momento de la historia, con gobernantes distintos a estos, el resto de los países occidentales no hubieran tenido dudas del lado en el que se situarían; hoy esto está mucho más difuso, como muestra la recepción de la tecnología china 5G en muchos países europeos, así como la buena acogida a las inversiones multimillonarias relacionadas con la red de infraestructuras chinas conocidas como Ruta de la Seda. Trump asusta. El investigador Federico Steinberg ha sido de los más incisivos (‘La guerra tecnológica y el nuevo imperialismo’, diario Expansión). Describe lo que sucede como un neoimperialismo en el que tanto EE UU como China utilizarán su poder para debilitar al otro (lo que Joan Robinson denominaba “políticas de perjuicio al vecino”), obligando a los demás países a tomar partido y someterse a las normas del imperio al que se adhieran, y siendo las amenazas estadounidenses a las empresas europeas que hagan negocios con Irán o Cuba parte de esa clave neoimperialista. Recuerda Steinberg que los actuales líderes imperiales, Trump, Xi Jinping y Putin, “no son precisamente admiradores de la democracia liberal”.

El profesor Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, ha tratado de matizar en sus últimos textos la idea de que todo libre intercambio de bienes y servicios trae beneficios al conjunto de las partes. En uno de sus libros (Hablemos claro sobre el comercio mundial, editorial Deusto) pone numerosos ejemplos de una globalización mal gestionada en la que no se logra un equilibrio entre la apertura económica y el derecho a la gestión del espacio político de los Estados. En todos ellos los protagonistas actúan como representantes del “capitalismo de Estado”. Ahora, el temor es que la tensión acabe en dos sistemas tecnológicos incompatibles entre sí, lo que obligaría al resto del mundo a elegir. Ello supondría una fase de desglobalización que podría semejarse a la que se desarrolló en el periodo de entreguerras, con el resultado padecido por todos.

 

“Minerales de sangre” para encorbatados en ciudades sin volcanes ni guerra ni polvo, punteras en telefonía y nuevas tecnologías

Claudine Ombeni y sus amigas encauzan la carretera sin asfaltar hacia el bosque. Sus madres necesitan leña para cocinar. Las jóvenes amas de casa juegan, corren a ratos, como pequeñas siluetas de una acuarela viva marcada por la imponente figura humeante del volcán. El cielo empuja nubes veloces y atiborradas de lluvia tropical, los refugiados luchan y los soldados mendigan. Algún ataque detrás de las montañas, seguro, nada que inquiete extraordinariamente a los inquilinos de Goma, la capital de Kivu Norte, en Congo. Las niñas que buscan leña son parte de la escandalosa naturaleza y del castigado paisaje humano de la cuenca del magnificente río Congo. Es en su húmeda selva tropical, en la parte oriental de un país que perfiló un astuto y codicioso rey belga, donde Claudine recoge ramas no demasiado grandes para calentar su humilde supervivencia.

Sortean patinetes cargados de carbón vegetal y se adentran en el parque Virunga. Claudine y sus amigas son ajenas a la fascinación que generan los célebres gorilas de montaña que allí se esconden. Como desconocen el atractivo económico de la madera de su bosque -el segundo más grande del mundo y pulmón de África- y de su tierra rellena de estaño, tántalo, tungsteno y oro, todos ellos “minerales de sangre” tan necesarios en oficinas de encorbatados en ciudades sin volcanes ni guerra ni polvo, punteras en telefonía y nuevas tecnologías.

Con el fajo en la cabeza vuelven más lentamente de lo que han ido. Pero no han salido aún del bosque cuando un grupo de soldados les rodea. “Nos preguntaron si preferíamos, perder la vida o que nos la destrozaran”. Una de ellas pidió morir. Una bala la desplomó de inmediato. “A nosotras nos llevaron selva adentro. Estuvimos secuestradas durante un mes antes de lograr escapar. Nos violaron cada día distintos hombres”. Tan crónicas como la guerra son las violaciones al este del Congo.

 

Una decena o más de hombres pueden violar a una sola mujer y si muere siguen ultrajando incluso su cadáver, es ‘la velocidad de la guerra’

En la 8ª Región Militar de Goma ha empezado una función sobredimensionada. El tribunal marcial improvisado bajo una carpa en el patio del cuartel juzga el caso de la violación de una niña de dos años. En el banco de los acusados un soldado de bajo rango pagará, sea o no culpable, por todos sus compañeros, que jamás serán cuestionados. El fiscal grita, gesticula e insulta exageradamente al sargento. Quiere convencer de que la impunidad, una palabra que repite enfáticamente, se ha acabado. Pero la realidad es demasiado evidente para que unos pocos juicios la escondan. Desde septiembre de 2008 hasta principios de 2016 el Tribunal Militar para las zonas operacionales de Kivu Norte solo trató 41 casos de violencia sexual y solo siete se cerraron con condenas. Uno de los culpables, sentenciado a perpetuidad por violación masiva, se evadió de la cárcel.

Las cifras más cautas (las de Naciones Unidas) dicen que más de 15.000 mujeres pueden ser violadas en un año. Pero la revista American Journal of Public Health dispara las víctimas a 400.000 anuales, lo que significaría que cada hora son agredidas 48 mujeres. “La mayoría de los violadores son soldados del Ejército o de algún grupo armado”, deplora la incansable luchadora Justine Buhimba, amenazada de muerte y obligada a exiliarse en varias ocasiones. Pero el fenómeno ha empezado a calar también entre los civiles.

Pero ¿por qué violan? “Hay quienes lo utilizan para humillar y exterminar a un grupo étnico; para otros es un acto de venganza; mientras que la tercera razón suele ser el fruto de los largos periodos de los soldados sin ver una mujer”, cuenta otro prodigio de la voluntad, Vinciane Sibkasibka, responsable de una red de asociaciones locales de Beni que se pasea por el territorio dejando semillas de apoyo y sensibilización. “Tras meses enteros en la selva, escondiéndose y luchando, cuando encuentran una oportunidad se abalanzan a ella. Una decena o más de hombres pueden violar a una sola mujer y si muere siguen ultrajando incluso su cadáver”, relata.

 

La inestabilidad en el este de Congo empezó con el tsunami humanitario y militar que dejó el genocidio ruandés, en 1994

Y detrás de todos los porqués: la guerra. “Nuestra cultura es machista y patriarcal, pero la violación jamás había sido aceptada. Cuando yo era pequeña los violadores eran expulsados de sus comunidades. Rechazados por su familia tenían que abandonar el pueblo y se veían abocados al vagabundeo y a los insultos. Es la guerra quien masificó la violencia sexual”, explica Vinciane. La inestabilidad en el este de Congo empezó con el tsunami humanitario y militar que dejó el genocidio ruandés, en 1994, y no ha cesado desde entonces. En este momento, Congo es escenario del peor conflicto del planeta, en el que participan grupos armados e intereses extranjeros. Y la vecina Ruanda sigue poseyendo los ases de la baraja de la desestabilización. La provincia más vejada: Kivu Norte. Actualmente no son los agresores sino las víctimas las que son impugnadas por la comunidad.

El oro abunda en Beni. Su explotación y comercio sella las actividades de la región. La tierra es una de rojez intensa y las pinturas presuntamente sensibilizadoras que en muchas paredes conminan a “respetar a la mujer” con letras coloridas y simpáticos dibujos parecen burlarse de todas las mujeres, ancianas y niñas que mantienen en sus andares una dignidad que les arrebatan a diario. Huele a húmedo. Los “cuarteles generales” de Beni no son ninguna base militar. Los batallones son de chicas con falda corta, maquillaje barato y labios malversados que aún no han cumplido los 18. Beben mbandule -un licor fermentado de banana- y reciben a los clientes con los brazos abiertos. Los burdeles son humildes casitas de madera añeja y techo de chapa, sin habitaciones. Trapos raídos separan los dormitorios sin intimidad. En cada uno convive media docena de niñas sirviendo a los hombres pobres que pagan miseria o a los hombres armados que pagan si lo desean. Los primeros clientes llegan a media tarde.

Kesomeko viene a desahogarse por dos dólares. Su amigo Rasta, también excombatiente mai mai, tiene la cabeza grande y la expresión matizada por alguna hierba inhalada hace poco rato. Tiene menos cerebro y más verborrea que Kesomeko. Pero es mayor y más fuerte. Le asignaron el grado de capitán por su valentía, dice él, una categoría ganada con la formación exprés que le ha dado salir directamente al combate. Kesemeko era su guardaespaldas. Delgado, discreto, anda arrastrando una adolescencia de 15 años y recuerdos punzantes. El pequeño tiene más experiencia. Con 10 años ya era mai mai y es él quien animó a Rasta a ser parte de la milicia más desordenada de la zona, surgida de la ira de lo vivido y envuelta por las creencias en fuerzas sobrenaturales. “En la milicia se pasa hambre, se hace la guerra, pero quería vengar a mi madre asesinada”, cuenta Rasta mascullando. Ahora, los dos adolescentes solo quieren unos tragos de mbandule y un polvo por dos dólares en los cuarteles generales de Beni.

 

“A veces no le quiero. Es como un espejo del pasado. Pienso en abandonarlo o, si la ira me invade, deseo su muerte”

En una sala de la clínica privada Heal Africa, Claudine cuenta cómo logró escapar de su cautiverio sexual mientras sostiene un bebé de ojos saltones. La criatura no llora. Ella tampoco. Pero la tristeza pesa en cada una de sus palabras más que cien mil sollozos. “A veces, cuando le miro, toda la secuencia me viene a la cabeza”. Moisés fue concebido por Claudine y uno de sus profanadores. Sin maldad, con la frágil voz que le autoriza a soltar el miedo, se expresa sinceramente. “A veces no le quiero. Es como un espejo del pasado. Pienso en abandonarlo o, si la ira me invade, deseo su muerte. A veces he querido matarle. Sé que no está bien, que tengo que cuidarle y amarle. Y lo hago. Pero me resulta muy difícil”.

Más allá de los expatriados oenegeros y los cascos azules multiculturales, que disparan los precios locales y colapsan el tráfico de todoterrenos, se esconde la verdadera jet set de Kivu. La conforman una trama de congoleses con puestos de mando, libaneses con negocios e influencias, chinos con buenas conexiones y amos de las casas de compraventa de mineral, sudafricanos con concesiones y mestizas bien enlazadas. Hablar de Heal Africa supone para ellos el estallido de una sarta de anécdotas varias que van desde apendicitis no detectadas a inyecciones equivocadas. Una rotunda no opción para su salud.

Las mujeres violadas que son aquí cosidas y operadas no pagan. Como tampoco eligen. El simple hecho de acceder a un médico es para ellas un milagro en un lugar donde la estructura sanitaria es mínima. A Claudine la “convencieron” para tener el niño. El aborto es ilegal y la clínica americana, cristiana. De abusos indeseados a hijos indeseados. Niños cuyo corazón late marcando el tictac de una bomba de relojería.

 

Mientras haya financiación, habrá guerra; y mientras el conflicto continúe, seguirá la espiral de denigración de la mujer

Una amistad agoniza entre bocado y bocado. El candidato a diputado provincial y el cura han sido enemigos encubiertos durante años. Por conveniencia o por pragmatismo han mantenido un equilibrio antinatural basado en su origen: Walikale. Es en su tierra natal que se esconde la codiciada y remota Bisie, la mina de estaño más grande del país, única en el mundo por el alto grado del metal. También una de las más militarizadas y corruptas. Siempre controlada por grupos armados, que sacan un alto rédito de su explotación artesanal y abusiva, da también dividendos al Gobierno provincial, al de la lejana capital, Kinshasa, que cobra tributos no oficiales por “dejar hacer”, y sobre todo a Ruanda. Los llamados “minerales de sangre” de Congo son aquellos vinculados al mercado ilícito y a la financiación de grupos armados. El estaño es uno de ellos, junto con el oro, el tantalio y el tungsteno, todos ellos fundamentales para la producción de los teléfonos inteligentes, ordenadores y para el mercado de las nuevas tecnologías. Se calcula que en Bisie se encuentra el 70% del estaño del país.

En el territorio de Walikale una brutal saga de violaciones masivas en 2010 vejó a 300 personas, la mayoría mujeres, en cuatro días. Los atacantes: soldados de una coalición contranatura entre tres grupos habitualmente enemigos, todos ellos vinculados al control de Bisie. El cura y el candidato se amenazan con indirectas mientras se desvanece la cena sin postre. El candidato está furioso porque es la hermana del cura quien ha obtenido el escaño. De repente, entre queja y lamento, el derrotado espeta: “La ola masiva de violaciones es una mentira, una mera estrategia de las ONG para obtener fondos”.

Quizás es por su desfachatez que no sumó suficientes votos. Y con su comentario ahoga un poco más la dignidad de su pueblo. “Es imposible disociar el conflicto del Congo y su violencia sexual del negocio ilícito de minerales”, asegura Fidel Bafilema, investigador de Enough Project. Mientras haya financiación, habrá guerra; y mientras el conflicto continúe, seguirá la espiral de denigración de la mujer. Se estima que los grupos armados ganan unos 65 millones de euros anuales solo con el comercio del estaño.

Telefónica reconocía su “preocupación” por si el suministro de los metales usados en la fabricación de artículos electrónicos de consumo “está contribuyendo a la violación de los derechos humanos por grupos armados en la región en conflicto del este del Congo”. Pero añadía acto seguido que “no existe ningún método fiable que permita rastrear los metales hasta sus minas de origen ni verificar que se trata de minerales que no proceden de zonas en conflicto”. La industria sigue su ritmo, el juicio de Walikale sigue pendiente y, mientras tanto, nuevos casos siguen ocurriendo. “El gran problema es que las violaciones masivas ocurren casi a diario”, suspiraba Justine semanas antes de tener que volver a huir tras el recrudecimiento de los combates y nuevas amenazas.

 

“Moisés murió. Me levanté por la mañana y no respiraba. Lo enterramos cerca del lago, sin tumba. No pudimos pagar un sarcófago”

El año 2015 arrancó sin más ni menos esperanzas que cualquier año anterior. El conflicto dormía, como el volcán, hirviendo sin escupir lava. Solo harían falta unas semanas para que Bosco Ntaganda, Terminator, lo recrudeciera. Un tal Kambale se esmeraba en sacarse Derecho, Sami asfaltaba para su patrón chino la carretera principal y Jean Dédé lograba ganarse la vida con su negocio de cristales con Ntaganda como uno de sus mejores clientes. Aunque acarreaba una orden de arresto internacional, Ntaganda fue bienvenido cinco ños atrás al Ejército con cargo de general y hasta hace unos meses comía tranquilamente en los mejores hoteles de la ciudad protegido por su harén de fieles y comerciaba con minerales ilegalmente sin causar mayor revuelo. Ahora ha vuelto a la rebelión y se ha vigorizado de nuevo la guerra.

Cuatro años después, Claudine sigue viviendo a las puertas del campo de refugiados de Mugunga, en una raquítica alcoba de madera decorada por unas pegatinas borradas, dos bancos inestables y cuatro fajos de ramas, que habrá ido a recoger al bosque. Claudine continúa viva, está triste, a pesar de ser muy joven. Acaba de cumplir los 19. “Moisés murió hace unos meses. Me levanté por la mañana y no respiraba. No sé la razón. Quizás el hambre. Lo enterramos cerca del lago, sin tumba. No pudimos pagar un sarcófago”. Y se desmorona.

 

Adam Hochschild y su libro “El Fantasma del rey Leopoldo”, historia de un brutal saqueo que redujo la población congolesa en cinco millones

Hace poco más de un siglo el empleado de una naviera destinado en el puerto de Amberes observó que los buques de la línea de Congo llegaban cargados de marfil y caucho hasta las escotillas, pero que cuando soltaban amarras dirección a Congo transportan solo oficiales del Ejército, armamento y munición, cuenta Adam Hochschild en “El Fantasma del rey Leopoldo”. Aquel desconcierto llevó a descubrir que la benevolencia del comercio solidario del que se jactaba el propietario de la colonia, el rey belga Leopoldo II, y del que había convencido al mundo, no era tal, sino que detrás de la cortina de humo se escondía un salvaje crimen y un brutal saqueo que redujo la población congolesa en más de cinco millones de personas. Además de destruir sus estructuras sociales.

Cien años más tarde, el Congo cuenta con la segunda misión de paz (MONUSCO) más extensa del mundo y cientos de ONG trabajan sobre el terreno. Aun así, ya han perecido más de cinco millones de personas en el conflicto más mortífero después de la Segunda Guerra Mundial. Y la guerra está lejos de extinguirse. Salen toneladas de minerales y entran soldados, armamento y munición.

 

¿Por qué? Le preguntaba la mujer a los soldados. “Has estado comiendo carne todo este tiempo, no pensarías que íbamos a cazar para ti”

Una familia está cenando en su casa. Irrumpe un grupo de hombres armados, viola a la mujer en presencia de su marido y sus cinco hijos, le introducen armas y objetos cortantes en la vagina, obligan a los menores a tener relaciones sexuales con ella y descuartizan al padre delante de todos cuando intenta evitarlo. La escena es real, un ejemplo que se ha repetido miles de veces en la República Democrática del Congo (RDC) en una guerra atroz donde el cuerpo de la mujer es el campo de batalla.

 

El relato anterior lo cuenta la periodista Caddy Adzuba en un vídeo de la artista madrileña Ouka Leele. Y no acaba ahí. La mujer y los niños fueron trasladados al bosque, donde permanecieron semanas. Ella, tras días sin verlos, preguntó por sus hijos. Los soldados le lanzaron una bolsa con cinco cráneos a modo de respuesta. “¿Por qué?”. Es lo que se preguntó esta víctima y también el título de la obra de Leele (PourQuoi?), que pretende concienciar de las atrocidades que se han sucedido en el este del país desde hace dos décadas a cuenta de la explotación de los minerales.

En la RDC hay quien dice que cuando Dios estaba haciendo el mundo dejó esta zona para el final y lo sembró de todo lo que le sobraba: oro, diamantes, madera, petróleo y el apreciado coltán, indispensable para toda la tecnología que usamos (móviles, ordenadores, tabletas). Es la explicación que daba la abuela de Papy Sylvain Nsala para argumentar la enorme riqueza natural del país, tal y como cuenta este sociólogo congoleño. Hace unas semanas compartió mesa con Leele en una charla sobre el conflicto de la RDC en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde ha estado expuesta la obra de la artista hasta hace unos días.

¿Por qué? Se cuestiona Leele. ¿Por qué? Le preguntaba la mujer a los soldados. La explicación es tan bárbara como el resto de la historia: “Has estado comiendo carne todo este tiempo, no pensarías que íbamos a cazar para ti”. Cuando pidió que la matasen para acabar con el sufrimiento se negaron. “Sería demasiado fácil para ella”, reflexiona Adzuba. Pero si la pregunta es por qué ese ensañamiento contra alguien que estaba tranquilamente en su casa con su familia, que no había participado en conflicto alguno ni conocía de nada a aquellos hombres que irrumpieron en su hogar, la respuesta es otra. Se estima que más de medio millón de mujeres han sido violadas en la RDC en los últimos 20 años (el 70% en sus domicilios), una cifra que convive con otras igualmente trágicas: más de seis millones de muertos y tres millones de desplazados. Desde el genocidio en Ruanda en 1994, el país vecino vive en un estado de conflicto prácticamente permanente, alentado según la ONU por la propia Ruanda, que se beneficia de un barato expolio de sus recursos naturales: la zona está sembrada de suculentos intereses para empresas y países de todo el mundo. El pasado noviembre, los rebeldes del M23, la principal guerrilla, proclamó el alto el fuego, pero existen decenas de grupos menores que continúan luchando.

 

Las guerrillas saben que si quieren destruir a un pueblo tienen que destruir a la mujer primero, es la responsable de la familia y la economía

Esto sigue sin explicar por qué son ellas las que pagan el pato. Según Nsala, desde la crisis de los noventa, es ella la que comenzó a sacar adelante la sociedad. Era responsable de la familia y de la economía. “Las guerrillas saben que si quieren destruir a un pueblo tienen que destruir a la mujer primero”, relata. El sufrimiento no acaba en la violación. Ni siquiera en las secuelas físicas que deja de por vida, ya que introducen en la vagina cuchillos, trapos sucios, objetos infectados, piedras… Sigue después porque una violación es un tabú para la sociedad, que le da la espalda a quien la ha sufrido, incluido su marido, que no suele soportar tal ‘mancha’ ni se arriesga a contagiarse de las probables enfermedades de transmisión sexual que su pareja ha contraído.

El fenómeno no es nuevo. El conflicto de Ruanda ya dejó entre 250.000 y 500.000 mujeres violadas. Anteriormente a esta guerra, las agresiones sexuales se consideraban prácticamente un daño colateral, según explicó Alicia Cebada, profesora titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Carlos III, que participó en la mesa redonda junto a Nsala y Leele. Pero esta sangría sirvió para concienciar a la comunidad internacional. En el año 2000, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó su resolución 1.325, que insta a la protección de las mujeres y niñas en los conflictos y a la inclusión de una perspectiva de género en los mecanismos de prevención, gestión y resolución de los mismos. Pero como se constata en el caso del Congo, no siempre se cumple. Por eso, la activista Caddy Adzuba está recogiendo firmas para instar a la comunidad internacional a que se cumpla.

Ouka Leele es el nombre artístico de Bárbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 29 de junio de 1957), una artista, pintora, poeta y fotógrafa española. Fue una de los protagonistas principales de la ‘Movida madrileña’ de comienzos de la década de 1980. De formación autodidacta, destacan sus características fotografías en blanco y negro coloreadas y sus grabados. Mezcla las tradiciones españolas con un gran colorido típico de esta artista. Su obra se ha expuesto en ciudades como París, Londres, Tokio, São Paulo, Tel Aviv, Shanghái, Beijing, Roma, Buenos Aires, Colonia o Nueva York, entre otras. En 2005, le fue concedido el Premio Nacional de Fotografía.

Su nombre artístico tiene su origen en una obra del pintor ‘El Hortelano’, un mapa de estrellas inventado completamente por él, en el cual aparecía la constelación llamada ‘Ouka Lele’. Bárbara quedó maravillada por este cuadro y decidió que quería firmar sus obras así. Reforzada en esta decisión por su primer galerista, Albert Guspi, expuso desde entonces su obra bajo este pseudónimo, ligeramente variado en 1999 a Ouka Leele. José Alfonso Morera Ortiz es un pintor español conocido por su nombre artístico de ‘El Hortelano’. Es uno de los principales protagonistas también de la Movida madrileña. Es autor de una extensa y variada obra que le ha valido el reconocimiento internacional y ha realizado exposiciones, catálogos, portadas de libros y discos, ilustraciones, obra gráfica y publicaciones en todo el mundo. De una inicial etapa de figurativismo distorsionado pasa a una época naranja teñida de romanticismo, y de ahí a una etapa plena de lirismo en los 90.

 

Ouka Leele nombrada Embajadora de la Candidatura de Segovia a Capital Europea de la Cultura en 2016

Ouka Leele entiende la fotografía como “poesía visual, una forma de hablar sin usar palabras”. Compañera de fatigas de artistas como Javier Mariscal, Ceesepe, Alberto García-Alix o Pedro Almodóvar, residió en Barcelona, Madrid o Nueva York desde su juventud. Superó un cáncer. Detuvo el tráfico de la Plaza de la Cibeles, en Madrid, con el fin de realizar la reconocida fotografía Rapelle-toi Bárbara, que representaba el mito de Atalanta e Hipómenes, tras concluir la serie Peluquería. Su obra ha sido reproducida en multitud de revistas como Diorama, Photo Magazine, Telos, Dezine, o Reviste Actuel. Ouka Leele fue nombrada Embajadora de la Candidatura de Segovia a Capital Europea de la Cultura en 2016.

Resulta curioso lo que está ocurriendo con un ‘mineral’ denominado coltán, del que se extraen niobio y tántalo, y que en los últimos 10 años ha sido blanco estratégico de las compañías de exploración minera, tema de controversia social y medioambiental e incluso objeto de debate en las propias Naciones Unidas. El coltán no es realmente ningún mineral establecido. Es un término que no se utiliza en el lenguaje científico y que responde a la contracción de dos minerales bien conocidos: la columbita, óxido de niobio con hierro y manganeso (Fe, Mn), Nb2O6 y la tantalita, óxido de tántalo con hierro y manganeso (Fe, Mn), Ta2O6. Estos óxidos constituyen una solución sólida completa entre ambos minerales; son escasos en la naturaleza y un claro ejemplo de cómo el avance tecnológico contribuye a que materiales considerados simples curiosidades mineralógicas sean cruciales debido a sus nuevas aplicaciones.

El coltán es fundamental para el desarrollo de nuevas tecnologías: telefonía móvil, fabricación de ordenadores, videojuegos, armas inteligentes, medicina (implantes), industria aeroespacial, levitación magnética, etcétera. Esto es debido a sus singulares propiedades, tales como superconductividad, carácter ultrarrefractario (minerales capaces de soportar temperaturas muy elevadas), ser un capacitor (almacena carga eléctrica temporal y la libera cuando se necesita), alta resistencia a la corrosión y a la alteración en general, que incluso le hacen idóneo como material privilegiado para su uso extraterrestre en la Estación Espacial Internacional y en futuras plataformas y bases espaciales.

Los yacimientos más importantes de origen primario están asociados a granitos alcalinos y rocas relacionadas, como pegmatitas, asociado con cuarzo, feldespatos, micas, turmalina, microclima, monazita, casiterita, berilo, espodumena y wolframita, entre otros. Sin embargo, destacan también los depósitos de alteración y aluviales, como los de tipo placer, originados por la erosión, transporte y concentración de los primarios, por ser más fácilmente recuperables con técnicas de extracción menos costosas.

 

Su explotación en África ha estado, y está, ligada a conflictos bélicos para conseguir en condiciones de explotación en régimen de semiesclavitud

Los principales productores mundiales son Australia, Brasil, Canadá y algunos países africanos (República Popular del Congo, Ruanda y Etiopía), aunque sus reservas base son prácticamente desconocidas para todos ellos. El valor del niobio consumido a principios de la década fue de 118 millones de dólares americanos, y el de tántalo de 164 millones. España es deficitaria en niobio y tántalo, aunque es cierto que no existen estudios detallados de esta materia prima y los trabajos de exploración minera realizados hasta el momento son escasos y poco conocidos. Curiosamente sí es posible encontrar vendedores de coltán en nuestro país.

Su explotación en África ha estado, y está, ligada a conflictos bélicos para conseguir el control de este material, condiciones de explotación en régimen de semiesclavitud, desastres medioambientales con gravísimas repercusiones en la fauna local de especies protegidas (gorilas, elefantes), e incluso a graves problemas de salud asociados con los arcaicos e infrahumanos métodos de explotación.

Para comprender el papel decisivo del coltán en relación con estos problemas y conflictos hay que recurrir a informes especializados, como el elaborado por las prestigiosas International Alert y The Pole Institute y los que se vienen realizando desde junio de 2000 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Muy recientemente se ha puesto de manifiesto un problema adicional, que podría tener consecuencias graves, relacionado con la explotación artesanal del coltán en la República Popular del Congo y que está directamente relacionado con las paragénesis minerales típicas de estos yacimientos. Elementos como el uranio, el torio y el radio, entre otros, pueden aparecer formando fases minerales exóticas, asociadas al coltán, o estar incluso presentes en la propia estructura cristalina de la columbita y tantalita.

 

Tres cuartas partes de la población mundial tendrán un móvil en 2020, el número de suscriptores alcanzó los 4.700 millones en 2015

Casi tres cuartas partes de la población mundial estará conectada a una red móvil para el año 2020. En los próximos cinco años, otros mil millones de personas se sumarán a la conexión móvil hasta alcanzar los 5.600 millones de abonados, equivalente al 72% de la población mundial prevista para 2020, según el último estudio de GSMA, la patronal de las operadoras de telecomunicaciones, hecho público, en la inauguración del último Mobile World Congress de Barcelona.

GSMA calcula que había 4.700 millones de abonados móviles únicos en todo el mundo a finales de 2015, lo que equivale al 63%. La industria se ha beneficiado del rápido crecimiento de suscriptores durante los últimos cinco años, añadiendo 1.400 millones de nuevos abonados entre 2010 y 2015. Excluyendo las conexiones máquina a máquina (M2M) hay 7.300 millones de conexiones móviles a finales de 2015, lo que significa que cada abonado tenía de media 1,46 líneas (tarjetas SIM). Sin embargo, muchas regiones económicamente desarrolladas, especialmente Europa y los países avanzados de Asia y el Pacífico (por ejemplo, Corea del Sur, Japón, Australia) ya han alcanzado niveles extremadamente altos de penetración móvil y se encuentran ahora en un punto de saturación. Esto significa que la gran mayoría de los esperados 1.000 millones de nuevos suscriptores en los próximos cinco años provendrá de los países en desarrollo.

China e India, los dos mercados de telefonía móvil más grandes del mundo, serán los principales impulsores de este crecimiento y aumentarán un 45% el número de sus abonados. Pero el informe pronostica que incluso China junto a Brasil se acercarán también a un punto de saturación en 2020. Por eso, el reto ahora vendrá en gran medida de asegurar la conexión de pequeñas poblaciones, principalmente rurales de bajos ingresos, que pueden requerir la colaboración entre los operadores, los gobiernos y otros actores para salvar la brecha en este caso móvil. El informe de la GSMA estima que los operadores de los mercados desarrollados deberán compensar la desaceleración del crecimiento en abonados con nuevos modelos de negocio como las conexiones máquina a máquina (M2M) o el Internet de las Cosas, para lo que es preciso el desarrollo de redes más potentes como el 5G o quinta generación de telefonía móvil.

Según el GSMA, el número de tarjetas SIM por abonado ha disminuido ligeramente en los últimos años, y seguirá disminuyendo, después de haber aumentado de manera constante en las primeras etapas de la telefonía móvil. Esta tendencia se puede atribuir a varios factores: el aumento de la penetración de teléfonos inteligentes y la adopción de Internet móvil ha impulsado el uso de los servicios de comunicación online, que ha dispensado a los consumidores de para mantener varias tarjetas SIM con el fin de aprovechar las diferencias de precios entre los servicios rivales.

La mejora de la cobertura de la red también ha impulsado que los suscriptores sean menos propensos a requerir SIM diferentes para garantizar la conectividad cuando se mueve dentro de un país. Y muchas compañías impulsadas por los reguladores tienen ahora políticas para desconectar las tarjetas SIM que se consideran inactivas.

 

Donald Trump ‘tumba’ la Ley de Reforma de Wall Street, también conocida como la ley Dodd Frank, promovida por Barack Obama

El de las industrias extractivas ha sido tradicionalmente uno de los sectores menos transparentes que existen en esta economía globalizada, ya de por sí opaca para el común de los mortales. Entiéndase por industrias extractivas los negocios y las empresas dedicados a “la exploración, la extracción, la comercialización, el procesamiento y otras actividades importantes relacionadas con el gas, el petróleo o los minerales”. Muchas de las empresas dedicadas a estos menesteres son multinacionales, es decir, su actividad trasciende fronteras. Pueden tener la matriz en Estados Unidos, Inglaterra o Canadá, y operar (directa o indirectamente, a través de una subcontrata) en terceros países.

La presencia en un país de abundantes reservas de estas materias primas, por otra parte, constituye un poderoso incentivo para la corrupción de las élites o la acción de grupos armados, que pueden ganar enormes fortunas chanchulleando con estos recursos. Así, los beneficios de su venta a menudo salen hacia el exterior o se pierden por el camino, mientras que para las comunidades locales sólo quedan los daños de la contaminación medioambiental, la amenaza del desplazamiento forzoso o el silencio impuesto por los asesinatos selectivos y la represión. Allá por 2010, dos años después de que estallara la Gran Recesión, la misma que obligó al Gobierno estadounidense a rescatar a la banca a cargo del contribuyente, el entonces presidente Obama aprobó la Ley de Reforma de Wall Street, también conocida como la ley Dodd Frank. Su finalidad era proteger al consumidor de los desmanes del sector financiero, aportando mayores controles y fomentando la transparencia empresarial.

No obstante, aprovechando la idoneidad del momento para corregir las disfunciones del mercado y luchar contra la opacidad, se incorporaron dos cláusulas que afectan directamente a las industrias extractivas. La sección 1504, que obligaba a las industrias estadounidenses del gas, el petróleo o la minería a hacer públicos los pagos que realizan a Gobiernos extranjeros para acceder a estos recursos. Y la sección 1502, que exigía a las empresas que emplean de cuatro minerales concretos (oro, tungsteno, wolframio y tantalio, también conocidos como 3TG por sus siglas inglesas y altamente demandados por las industrias electrónicas) a investigar y tomar las medidas pertinentes si su procedencia se halla en las zonas en conflicto existentes en la República Democrática del Congo y los nueve países colindantes.

 

“Las leyes derogadas aseguraban información importante para la lucha contra la corrupción y la concienciación de los consumidores”

“Ambas reglamentaciones, aun con sus debilidades, supusieron un gran avance a nivel mundial. No sólo por dotar de carácter vinculante a las recomendaciones de la OCDE sobre la diligencia debida, contribuyendo así al desarrollo legislativo de los principios de Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos; sino porque su aplicación hizo posible conocer mejor cómo funcionan las cadenas de suministro global de estas industrias, proporcionando información importante tanto para la lucha contra la corrupción como para la concienciación de los consumidores. Por estas razones las dos secciones mencionadas más arriba han inspirado leyes similares en otros países…”, explica Guillermo Otano, técnico de incidencia de la campaña Tecnología Libre de Conflicto de la Fundación ALBOAN.

Esta ONG de la Compañía de Jesús en País Vasco y Navarra trabaja en cooperación para el desarrollo. Tiene más de 200 proyectos en trece países repartidos en los continentes más empobrecidos del planeta: Latinoamérica, África y Asia. “Desde una espiritualidad cristiana, sumamos voluntades y esfuerzos de personas y organizaciones, del Norte y del Sur, para generar una ciudadanía comprometida con un desarrollo humano, sostenible y accesible a todas las personas en condiciones de igualdad. La educación es la esencia de nuestra actividad para la consecución de un desarrollo más justo e igualitario. Nuestra aportación específica en esta tarea consiste en: Ofrecer educación y formación a personas y grupos, para favorecer su compromiso con la justicia; potenciar organizaciones en su trabajo de transformación social; e incidir, junto a otras organizaciones, en políticas públicas y privadas que afectan al desarrollo humano. Nuestro modo de actuar, en toda actividad, se caracteriza por el acompañamiento mutuo. Entendemos este como el camino compartido de escucha, diálogo y apoyo permanente, en el que ambas partes se enriquecen e interpelan mutuamente en lo que son y en lo que hacen”.

“La nueva administración Donald Trump, en su búsqueda de la grandeza perdida -subraya Guillermo Otano- , decidióacabar con este particular legado de Barack Obama y lo está hizo en tiempo récord. Lo había prometido en campaña, pero las dudas sobre si sería capaz de cumplir o no comenzaron a despejarse cuando nombró a Rex Tillerson, exdirector ejecutivo de la petrolera Exxon Mobile y un enemigo declarado de la Dodd Frank, como Secretario de Estado. El mensaje para las industrias extractivas era claro: los días de vino y rosas han vuelto, ¡Qué empiece la fiesta!”.

 

Los lobbies de las industrias alegan que publicar si sus productos contienen o no “minerales en conflicto” vulneraba la primera enmienda

El Congreso de los Estados Unidos logró tumbar la sección 1504, relativa a la transparencia de los pagos a Gobiernos extranjeros, y poco después se filtró la orden ejecutiva firmada por el propio Trump para hacer lo mismo con la 1502, que afecta al suministro de “minerales en conflicto” procedentes de los Grandes Lagos africanos. Ésta última ya fue atacada durante su implementación por los lobbies de las industrias afectadas que pidieron su derogación ante el Tribunal Supremo alegando que la obligación de publicar si sus productos contienen o no “minerales en conflicto” vulneraba la primera enmienda (es decir, su libertad de expresión o, mejor dicho, su derecho a “no declarar públicamente cómo hacen negocios” que es lo que buscaban realmente). Si aquella argumentación parecía rebuscada, la empleada ahora por la administración Trump puede calificarse directamente como una mentira fabricada mediante la selección de datos aleatorios y la exageración interesada de los costes de su implementación.

Es mucho más fácil entender las resistencias a esta legislación a partir de las palabras pronunciadas por Obama poco antes de aprobarla: “Los únicos que deberían temer el tipo de supervisión y transparencia que proponemos son aquellos cuya conducta no superaría este escrutinio”. Éstos son los mismos, me temo, que ahora están al mando.

 

Mientras EE UU da pasos atrás, acuerdo político en la Unión Europea para regular el suministro responsable de “minerales en conflicto”

“Así pues, mientras Estados Unidos parece empeñado en dar pasos atrás, la Unión Europea tiene una oportunidad única para retomar el liderazgo en este tipo de legislaciones. El pasado diciembre se llegó a un acuerdo político sobre la regulación europea del suministro responsable de “minerales en conflicto” y, salvo sorpresas de última hora, la ley se aprobará por votación hoy, 15 de marzo. Las ONG europeas hemos sido críticas con el contenido, pero, pese a sus limitaciones, creemos que es positivo contar con una legislación y seguiremos de cerca su implementación.

Porque si no exigimos esa transparencia y control a las empresas que comercian con los recursos naturales, los flujos de dinero seguirán siendo opacos, las élites de países en desarrollo seguirán corrompiéndose y las violaciones de derechos humanos en seguirán quedando impunes. Desde la Campaña Tecnología Libre de Conflicto, de ALBOAN, queremos formar una ciudadanía crítica con estas cuestiones, dispuesta a ayudar a quienes sufren la violencia de los conflictos mineros y a pelear en su nombre para exigir a nuestras autoridades que regulen las cadenas de suministro de estos minerales”. Los teléfonos inteligentes no tienen corazón, por el maldito coltán, Donald Trump ‘liberaliza’ su explotación en África.

@BestiarioCancun

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