España ya no tendrá dos reyes con uno solo trono, como el Vaticano dos papas, en “convivencia”, pero con un solo anillo del pescador

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Juan Carlos I ha comunicado este lunes, 7 de mayo del 2019, a su hijo, el rey Felipe VI, su voluntad y deseo de dejar de desarrollar actividades institucionales y completar su retirada de la vida pública a partir del día 2 de junio, fecha en la que se cumplen cinco años desde el anuncio de su abdicación de la Corona de España tras el escándalo del caso Nóos. Aunque su participación en la agenda oficial de La Zarzuela no era intensa, el padre del Rey tenía algunos actos representativos en actos culturales y entregas de premios. Su protagonismo se acrecentó a lo largo del año pasado en una serie de iniciativas y actividades públicas coincidiendo con el 40 aniversario de la Constitución y su 80 cumpleaños. Su intervención en la llegada de la democracia en España fue decisiva y su tiempo en el trono coincide con el período de mayor prosperidad democrática y económica española. Para muchos franquistas, ‘renacidos’ hoy en torno al partido de extrema derecha, Vox, fundado a finales de 2013, y cuyo presidente es Santiago Abascal​, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias fue un “traidor”…

 

En una carta, que ha facilitado La Zarzuela, el rey emérito dice a Felipe VI que, transcurridos cinco años desde entonces, considera que ha llegado el momento de retirarse de la vida pública, dejando las actividades institucionales que ha venido realizando. Don Juan Carlos, según refiere en la carta, ha estado considerando esta retirada desde que cumplió 80 años el pasado 5 de enero de 2018. La celebración del 40 aniversario de la Constitución, en cuyo acto celebrado en el Congreso ocupó una posición relevante, acabó de decantar su decisión. “Fue un acto solemne lleno de emoción para mí, que me hizo evocar, con orgullo y admiración, el recuerdo de tantas personas que contribuyeron a hacer posible la Transición política y renovar mi sentimiento de permanente gratitud hacia el pueblo español, verdadero artífice y principal protagonista de aquella trascendental etapa de nuestra historia reciente”, afirma el rey emérito. Juan Carlos I termina la carta dirigida a Felipe VI subrayando su “firme y meditada convicción”: “Hoy te expreso mi voluntad y deseo de dar este paso y dejar de desarrollar actividades institucionales, a partir del próximo 2 de junio. Tomo esta decisión desde el gran cariño y orgullo de padre que por ti siento, con mi lealtad siempre. Un grandísimo abrazo de tu padre”.

El padre del rey se vio forzado a abdicar el 2 de junio de 2014 en un momento agónico de su trayectoria, rodeado de contrariedades físicas y espoleado por el escándalo del caso Nóos, que salpicó a la infanta Cristina. Sin embargo, los 38 años que duró su reinado fueron mucho más que esa foto final que debilitó a la Corona. Su intervención en la llegada de la democracia en España fue decisiva y su tiempo en el trono coincide con el período de mayor prosperidad democrática y económica de España. Después de los escándalos que propiciaron su abdicación en 2014, como el caso Nóos y sus desaciertos cinegéticos en medio de una profunda crisis, la Casa del Rey redujo su presencia en la agenda oficial para preservar a la Corona de los supuestos efectos negativos relacionados con su figura. A partir de 2017, tras la sentencia que exculpó a la infanta Cristina en la causa de los negocios que su marido, Iñaki Urdangarin, hizo a la sombra de la Casa del Rey, Juan Carlos I empezó a recuperar protagonismo en los actos oficiales.

 

Presente en el Acuerdo de Paz en Colombia con las FARC, la inauguración del Canal de Panamá y los funerales de su amigo Fidel

A pesar de haber dejado de ser jefe del Estado, y con unas facultades físicas en notable retroceso, Juan Carlos I siempre tuvo hueco en la agenda de actividades de la Casa del Rey, aunque también siempre desde la discreción y con intensidades que han sido fluctuantes. En estos años ha protagonizado unos 120 actos, ha pronunciado 30 discursos y realizado nueve viajes oficiales, la mayoría de carácter cultural, aunque en el último tramo (y coincidiendo con la etapa de interinidad política de España que limitó la actividad del Rey) también de significativa presencia política. Fue el caso de la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC, la inauguración del Canal de Panamá, los funerales de Fidel Castro o varias tomas de posesión de presidentes iberoamericanos. El pasado 28 de noviembre, en la inauguración de la exposición fotográfica 40 años de democracia española, una historia de éxito, Felipe VI reivindicó el papel de su padre como “testigo y partícipe directo de la profunda y determinante transformación de España” tras la recuperación de la democracia, al igual que hizo un mes después en el acto solemne de la conmemoración de la Ley Fundamental en el Congreso de los Diputados.

La comunicación de la decisión de apartarse de la vida oficial coincide con un momento de rehabilitación de su imagen, aunque, pese a todo, la figura del rey emérito no ha podido librarse de la controversia política. Con oportunidad política y judicial, las denominadas cloacas del Estado han bombeado supuestas grabaciones que trataban de erosionar su reputación y que no han sido desaprovechadas por los partidos republicanos para amplificar las sospechas en el Congreso de los Diputados. Las últimas apariciones del rey Juan Carlos I, con su inseparable bastón, se han producido en la plaza de toros de Las Ventas con motivo de la Feria de San Isidro. Pese a su retirada, el rey emérito sigue formando parte de la familia real. Este alejamiento de la actividad oficial, sin embargo, no afecta a la reina Sofía, que seguirá manteniendo sus actividades en la agenda de la Casa del Rey.

 

Emprender el camino de Ratzinger en el Vaticano, donde “desapareció”, se abstuvo de desempeñar un papel de pontífice ausente-presente

‘Juan Carlos I ha vuelto a abdicar’, escribe el periodista español Rubén Amón. Renunció a la jefatura de Estado en beneficio de su hijo el 2 de junio de 2014, pero la retirada definitiva, anunciada estos días, implica despojarse de cualquier responsabilidad subsidiaria, atmosférica, o de cualquier papel institucional, más o menos como si hubiera decidido emprender el camino de Ratzinger en el Vaticano. Benedicto XVI “desapareció”, se abstuvo de desempeñar un papel incómodo de pontífice ausente-presente. La solemnidad de la decisión se reconoce tanto en la retórica de la carta remitida su hijo como en la fecha. Coincidirá la renuncia con el día de la “primera” abdicación. Y se produce cinco años después, a semejanza de un ciclo perfecto que ha predispuesto la transición hacia la retirada. Juan Carlos I era el padre del rey, del mismo modo que era el rey padre, una figura de la mitología constitucional cuya misión termina cuando el heredero ha demostrado volar sin que proceda temerse el desenlace de Ícaro en la emulación de Dédalo. Se retira el patriarca porque puede y debe hacerlo. Y porque las obligaciones protocolarias agotaban la expectativa de una jubilación en embarcaciones de recreo, celebraciones taurinas y cuadrillas de viejos amigos. Incluidas las excursiones a las satrapías del Golfo que tanto indignan a Pablo Iglesias.

Tiene ya 81 años el Rey, aunque el motivo de la capitulación de la vida pública no obedece a los especulativos motivos de salud. La prueba está en la asiduidad con que ha acudido estos días a la feria de San Isidro. Un hábitat propicio a sus aficiones pasivas que le han permitido reconocerse en la devoción de los toreros y en las ovaciones cariñosas del público. Cada tarde le han brindado la faena los matadores. O le han vitoreado el público vivas a la Corona y a España, más o menos como si Juan Carlos I representara un aliado de la tauromaquia, ahora que la exacerbación de la política ha convertido la corrida de toros en un fenómeno militante o en una transgresión al decorado de las correcciones. Seguirá acudiendo el Rey a la feria. Y se le podrá reconocer en otras escenas privadas que se contrastan en la vida social, pero la segunda abdicación resuelve al mismo tiempo las incomodidades que suscitaban los conflictos de sobre representación monárquica. Le disgustó a su majestad, por ejemplo, que no se le hubiera invitado a los actos oficiales que conmemoraron hace ahora dos años el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas. Le irritó al monarca asistir por televisión a la proeza que él mismo había protagonizado, del mismo modo que se produjeron otros episodios de colisión protocolaria, no por despecho hacia el Rey emérito sino por la misma peculiaridad que se localizaba en el Vaticano: dos papas en convivencia y coexistencia, pero solo un anillo del pescador.

 

España estaba orgullosa de los desmanes sexuales de su ‘Borbón’, gracias al silencio cómplice de los ‘mass media’, eran ‘secretos de Estado’

Ha sido tan la intensa vida amorosa del ‘Don Juan Tenorio’ de la globalización y todavía marido infiel de la sufrida Sofía de Grecia, que es una ‘Misión Imposible’ el diferenciar el rumor de la realidad. Durante muchos años, gracias al silencio cómplice de los ‘mass media’ eran ‘secretos de Estado’ los romances extramatrimoniales con protagonistas de la farándula cultural como la actriz alemana Nadiuska, secundera en ‘Conan el Bárbaro’, con Arnold Schwarzenegger, la italiana presentadora y cantautora de ‘Fiesta’ Raffaella Carrá, la ‘Evita’ madrileña y Premio Granmy Latino Paloma San Basilio o hasta la manchega ‘violetera’ Sara Montiel. En la larga ‘Lista Schindler’ del romántico José Zorrilla, aparece la mismísima Diana de Gales, esposa entonces del eterno jubilado aspirante a la Corona Británica hasta que su madre Isabel II del Reino Unido lo quiera, Carlos de Gales. Las relaciones ‘reales’ fueron con la diseñadora balear Marta Gayá, la princesa de origen danés Corinna zu Sayn-Wittgenstein, y la vedette y ex esposa del domador de tigres Ángel Cristo, la locuaz y cruel Bárbara Rey: “Estas son dos tetas y no las de la Reina”

‘De Botsuana a Bárbara Rey’ es el título de la genial chirigota, que con sus coplas humorísticas, se animaron  pasados Carnavales de Cádiz. No hay mayor satisfacción para la plebe que carcajearse de la realeza de sangre azul en España. La chirigota es una agrupación músico coral de carácter carnavalesco que canta principalmente por las calles ofreciendo coplas humorísticas al pueblo. También se denomina genéricamente chirigotas a las canciones interpretadas por estas formaciones corales. Las chirigotas son coplillas recitativas y monólogas y poseen unas formas musicales muy simples procedentes del pasodoble, la rumba, la sevillana, el tanguillo, la seguidilla, la jota, la isa canaria etc. Las letrillas inventadas ad-hoc se acoplan a esta música y tratan de muy diversos temas, centrándose sobre todo en la actualidad, tanto política como de la prensa del corazón. En muchos carnavales del mundo se celebran concursos donde los grupos compiten por diversos premios, valorándose principalmente tres aspectos: el vestuario o presentación, la calidad de las voces y la agudeza de las letras. El objetivo principal de la chirigota es hacer reír al público a través de la crítica satírico-humorística.

‘De Botsuana a Bárbara Rey’ retrató los desmanes de Juan Carlos I. “Carnaval, carnaval. Carnaval, te quiero”, que dice la mítica canción. Situación sentimental no siempre compartida cuando se aproximan los meses de enero y febrero -o marzo, dependiendo del año- y percibimos que el acontecimiento en el que toca disfrazarse y bailar hasta que el cuerpo aguante tardará un tiempo en llegar. El morenista Andrés Mnauel López Obrador y el priista Enrique Peña Nieto se ‘salvaron’ de residir lejos de Cádiz. Claro que no todos vivimos en esta ciudad, sita en Andalucía, en el Sur de España, próxima al Marruecos del cannabis de Ketama, madre proclamadora de constituciones progresistas españolas y latinoamericanas, ni disfrutamos de los geniales concursos de comparsas y chirigotas.

De carácter ácido y corrosivo, el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas que se celebra en el Gran Teatro Falla ilustra con grandes dosis de humor la actualidad de la España de nuestros días. Y claro, después de las últimas noticias que vuelven un día sí y otro también a salir a la luz alrededor de los escarceos de su rey emérito, Juan Carlos I sigue siendo uno de los grandes protagonistas. La actuación es pura hilaridad. Un Juan Carlos I que entra cojeando al teatro al ritmo del himno de España, con una escopeta que se convierte en metralleta, puesto de rodilleras y coderas por lo que pueda pasar y una riñonera en la que lleva ‘Trombocid’ para calmar los dolores. Por supuesto, arrancan con una versión de ‘Soy un truhán’, de Julio Iglesias: “Ya por fin me he jubilado, / esto es un flipe. / Ahora si tenéis problemas, llamad a Felipe. Hace ya tres años que cambié la corona / por echarle pan duro a las palomas. […] Y es que yo tengo la suerte de ser Borbón, / soy un truhán, soy un señor / y casi fiel en el amor… si no que le pregunten a Sofía…”, arranca la actuación.

 

Sofía, rota por el ‘Caso Bárbara Rey’, así se lo confesó a una persona muy próxima y no de total confianza: “Lo estoy pasando muy mal”

Pero uno de los momentos más épicos de la actuación llega con la versión de ‘La Bicicleta’ de Shakira y Carlos Vives. “Y aquí me tienen, ya jubilado, / con mi muleta que me lleva a todos lados, pa no pegarme tol día sentado, / me vengo al parque por la tarde y me paseo así, / Sofía me ha hecho hasta una riñonera, / y si me caigo no sufras por mí, / porque tengo aquí el ‘Trombocid’. / Pero qué bien me va de jubileta, / oye Juan Carlos qué bien va de jubileta, ya jubilado tengo que doblar el lomo / más o menos igual que estando en el trono. / Y qué bien me va de jubileta, esta muleta se convierte en escopeta”, dice la genial letra de Pablo de la Prida y Jesús Benárquez.

Ya en la ‘versión chirigotesca’ de ‘La Bicicleta’ se hace mención a la afición de Don Juan Carlos por la caza y a su mediático “incidente” -por no decir “caza furtiva”- en Botsuana. Pero las siguientes letras hacen alusión a otra vertiente de la cinegética a la que nos tiene acostumbrados el ex monarca: la de mujeres. “Mi colección de cuernos es una virguería, / no he conocido a nadie con más cuernos que yo… / Sin contar con Sofía” o la alusión directa a la más rabiante actualidad rosa cuando narra que la que más le costó fue “cuando me estuve cazando a Bárbara Rey”, son algunos de los guiños al ya tildado de truhán, patriarca de los Borbones.

Y es que si hay una imagen recurrente de Don Juan Carlos en los medios de comunicación, esa suele ser junto a su familia y numerosos nietos. Tampoco faltan en la épica parodia: “Si le gustan las armas a Donald Trump, más le gustan a mi Froilán” al que siguen unos versos dedicados al “chiquipark” en el que se ha convertido Zarzuela con tantos nietos por allí rondando. “Si sus padres dicen noos, tiene que ser noos”, jugando con la negativa a los caprichos infantiles y la relación de los progenitores de los descendientes de cabellos más rubios en la trama de corrupción políticas, o “los padres en la crianza son muy ‘dejaos’, menos el Marichalar que está doblao”, son algunas de las lindezas que dedica a sus hijos y ‘nueros’. Acontecimientos históricos como el 23 F narrado a través de la versión del tema de Chayanne ‘Torero’ que pasa a llamarse ‘Tejero’ y se fusiona con otro exitazo veraniego como el ‘Yo quiero bailar’ de Sonia y Selena; alusiones a MasterChef y otros programas televisivos de moda o el momento David Bisbal con el “soy esclavo de tus yesos” recordando algunas de los achaques físicos del ex monarca, cierran la artistada.

 

“Te pido, desde nuestra amistad, que dejes de publicar sobre el Rey y Marta Gayá, es lo único que podemos hacer por la Reina como mujer”

Finales de agosto de 1992. Recién acabados los Juegos Olímpicos de Barcelona y con la Expo de Sevilla todavía en su esplendor. El entonces jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, llama por teléfono al periodista Jaime Campmany. La revista Época, que él dirigía, acababa de sacar al mercado su número 392 con el título ‘La dama del rumor: Atribuyen al Rey una relación sentimental con Marta Gayá, con foto en portada de esta última y firmada por mí’. Sabino le cuenta a Campmany que le llama desde el punto de vista personal, no como jefe de la Casa del Rey: “Mira, Jaime, te llamo desde el punto de vista humano; la reina está rota, no para de llorar, no hay persona que pueda consolarla. Te pido, desde nuestra amistad, que dejes de publicar más cosas sobre el rey y Marta Gayá, es lo único que podemos hacer por la reina como mujer”.

Más de un cuarto de siglo después, la historia se repite. La reina emérita, doña Sofía, presidía junto a don Juan Carlos y los reyes Felipe y Letizia el acto de entrega de los Premios Nacionales del Deportes y que se celebró en el Palacio de El Pardo. Ese mismo día, la periodista Pilar Urbano contaba a través de sus ‘Cuadernos Cerrados’ la historia de cómo un diamante de dos millones sirvió de prenda entre Bárbara Rey y Juan Carlos. Tanto en los prolegómenos como después del acto de entrega de los deportivos galardones, se podía atisbar a una reina Sofía triste, abatida y apagada. Un pequeño círculo de personas próximas comentaba en privado que estaba desolada. Y así, incluso, lo comentó ella en audiencia privada: “Lo estoy pasando muy mal”. Se refería a la aparición de nuevo en los medios de comunicación de los amoríos del rey Juan Carlos. Hoy, la reina se refugia cada vez más en su propia familia, siempre tan unida y ahora protectora de doña Sofía: su hermano Constantino, su hermana Irene y su prima Tatiana. Reside sola en España e intenta llevar con el mayor temple posible el revuelo mediático, aunque no siempre lo consigue.

 

Empezó a perder la cabeza por la catalana Marta Gayá, una mujer alta y esbelta, de ojos verdes, una profesional seria, una señora respetable

No tiene confidentes en Madrid, no se la ve nunca con la infanta doña Pilar. Y apenas va ya a Londres. Sus hermanos Irene y Constantino no residen ya en la capital británica. Ahora sus pequeñas escapadas, que le sirven para sobrellevar la situación, las realiza a Atenas. Allí dicen que el millonario armador Domikos le reserva una suite en el hotel Grande Bretagne, el más lujoso hotel de la capital helena en la plaza Syntagma. También viaja discretamente a Suiza, donde además de poder ver a sus nietos y a su hija, la infanta Cristina, reside su prima Tatiana, su gran apoyo. No es la primera vez, afirman quienes la conocen, que ha sufrido tanto, “está acostumbrada a estos escándalos”.

Pero en la intensa vida amorosa de don Juan Carlos lo más difícil es diferenciar el rumor de la realidad, habida cuenta de los infinitos rumores que han circulado durante años apuntando nombres tan variopintos como Nadiuska, Raffaella Carrá, Paloma San Basilio o hasta Sara Montiel, sin olvidar algo tan absolutamente improbable como un posible flirteo con Diana de Gales; sin duda, fruto de fantasías muy fértiles. Pero las relaciones con Marta Gayá, Barbara Rey y la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein han sido más que suposiciones. Durante muchos años, la decoradora Marta Gayá formó parte del núcleo duro de amistades que rodeaban al rey don Juan Carlos en Mallorca, junto al príncipe Tchokotua y su entonces mujer Marieta Salas o el aristócrata-escritor José Luis de Villalonga. Un grupo en el que el primer requisito era la discreción, y en el que entraban y salían “otros amigos” dependiendo de su “prudencia”. Cualquier filtración o rumor era suficiente para que se le “expulsara” del mismo.

 

El monarca empezó a descuidar las obligaciones familiares e, incluso, las oficiales. En un principio sus encuentros eran protegidos con gran cautela

En este punto Marta Gayá siempre lo ha cumplido a rajatabla. Siempre ha sido muy difícil captarla en cualquier acto público junto al monarca. Hija de una acaudalada familia mallorquina con recursos económicos propios, se casó muy joven con un ingeniero de renombre, de quien tiene una hija y del que se divorció al poco tiempo. Conoció a don Juan Carlos en 1978 y su relación más íntima comenzaría más tarde, a finales de los años 80, aunque su nombre no saltaría a la prensa hasta 1990, tras un cúmulo de circunstancias. El primer medio en publicar algo sobre el amor mallorquín del rey fue la revista Tribuna, dirigida por el fallecido periodista Julián Lago, aunque muy solapadamente. El rey empezó a perder la cabeza por la catalana Marta Gayá, una mujer alta y esbelta, de ojos verdes, una profesional seria, una señora respetable, siete años más joven que el rey y residente en la isla de Mallorca todo el año, en un lujoso chalé en La Mola. Por entonces don Juan Carlos acababa de entrar en la cincuentena. Tras más de 25 años de matrimonio con la reina Sofía, y una lista de amantes a la cual nadie se aventura ya a poner cifras, empezó a pasar muchos fines de semana con ella y otros periodos no vacacionales.

“El monarca empezó a descuidar las obligaciones familiares e, incluso, las oficiales. En un principio sus encuentros eran protegidos con gran cautela, los periodistas que cubrían la información en Mallorca siempre estaban atentos a cualquier salida de don Juan Carlos, pero públicamente nunca se le vio con Marta…”, recuerda el periodista Juan Luis Galiacho, en El Español, un magazine online dirigido por el ex director de El Mundo, Pedro J. Ramírez. Fue la atracción que tenía el uno por el otro lo que hizo que el secreto durara poco. Fue el viernes 29 de junio de 1990, con ocasión de las regatas de la Copa del Rey, cuando don Juan Carlos ofreció en el Beach Club de Mallorca una cena en honor de Karim Aga Khan y de Alberto de Mónaco. Allí saltó la sorpresa. La reina Sofía fue una las primeras personas en enterarse. Asistían al convite unos 200 comensales, y cuando todos estaban ya sentados, llegaron el rey, la reina y sus invitados ilustres.

 

Los encuentros tenían lugar en Mallorca, en Gstaad (Suiza) o en París, donde ella se instalaba en casa de José Luis de Vilallonga

Sin embargo, todavía había una mesa vacía. Ya casi en los postres, se presentaron José Luis de Villalonga, Marta Gayá y el príncipe Tchokotua con su mujer, Marieta Salas. Y en lugar de enfadarse, el rey se levantó de la silla y fue a saludarles efusivamente, gesto que denigró a la reina. Los presentes comentaron que aquello era hacer más o menos pública la relación de don Juan Carlos con Marta Gayá. En círculos monárquicos se consideró que no había otra explicación a la falta de tacto que había mostrado con la reina. Desde entonces doña Sofía siempre sospechó. Pero la aventura con Marta Gayá se convirtió en un problema meses más tarde. En primer lugar, porque las relaciones del monarca siempre habían sido más breves e intermitentes, y ésta empezaba a tener más intensidad y duración. La relación parecía más seria de lo normal, y podía hacer temblar hasta la estabilidad del matrimonio real. Marta, señora adscrita a la burguesía mallorquina, llevó aquello muy discretamente a pesar de ser un secreto a voces del que siempre se habló en los círculos monárquicos. Hasta se habló de una hija nacida de esos amores en Suiza el año en que el rey desapareció. La propia Marta Gayá siempre intentó evitar dañar lo más mínimo posible a doña Sofía. Los encuentros tenían lugar preferentemente en Mallorca, en Gstaad (Suiza) o en París, donde ella se instalaba en casa de José Luis de Vilallonga y de su segunda esposa Silyanne a la espera de ser llamada por Su Majestad.

Pero la relación empezó a tener consecuencias políticas y se convirtió en un serio conflicto cuando el rey desapareció del mapa. Fue el expresidente socialista Felipe González, quien el 18 de junio de 1992 a la pregunta de un periodista sobre el nombramiento del ministro que sustituiría en Asuntos Exteriores a Francisco Fernández Ordóñez, tras la renuncia de este el 2 de junio de 1992, apenas dos meses antes de su fallecimiento, quien levantó las sospechas: “No he podido hacerlo porque el rey no está”. Pero don Juan Carlos no tenía ningún viaje previsto en la agenda oficial.

 

“Bueno, lo que yo creo y lo que se me ha dicho es que está descansando, un pequeño descanso, descanso de montaña que le viene muy bien”

La excusa fue que el monarca estaba en Suiza para someterse a un chequeo rutinario. Sin embargo, Fernández Campo desmintió la noticia al día siguiente en la radio, y dijo literalmente sobre el viaje: “Bueno, lo que yo creo y lo que se me ha dicho es que está descansando, un pequeño descanso, descanso de montaña que le viene muy bien” La opinión pública ya dudaba y se produjeron todo tipo de suspicacias. Otra vez Sabino Fernández Campo entró en escena y recomendó a don Juan Carlos que volviera rápidamente a España. El rey se encontraba en Suiza, en una localidad próxima a Saint-Moritz, junto a Marta Gayá y su amigo el príncipe Txokotua, para animar a la decoradora catalana que había sufrido una crisis de ansiedad tras vivir en directo la muerte en accidente de coche de los amigos de ambos, el propietario de la compañía Spantax, Rudy Bay, y de su compañera Marta Girod.

Don Juan Carlos regresó un sábado por la mañana, despachó con el entonces presidente socialista Felipe González antes del mediodía y comió en privado con el presidente de Sudáfrica, Fredierik De Klerk, que estaba en Madrid de visita oficial. Por la noche ya estaba de nuevo en Suiza. Dejó plantada, sola, a doña Sofía, entre lloros, en la celebración familiar del último aniversario de don Juan, que cumplía 69, y que se celebró en el Club Financiero de la calle Génova de Madrid, junto a la Plaza de Colón. La reina, al día siguiente, presidió, sustituyendo al monarca, la apertura de la Cumbre Iberoamericana. La desaparición del rey desde un 15 al 23 de junio, víspera de su santo, levantó por primera vez en España todo tipo de especulaciones sobre una supuesta relación extramatrimonial. Y la polémica ya no se detuvo.

Días después, el diario El Mundo, dirigido entonces por Pedro J. Ramírez, publicaba que, como consecuencia de la escapada, se había incurrido en un presunto delito de falsificación de documento público. Según se reflejó en el BOE el Rey había firmado una ley en Madrid (la sanción real de la ley de creación de la Universidad de La Rioja) el día que estuvo en Suiza (el 18 de junio). “O el lugar es falso, o la fecha es falsa o la firma es falsa”, señalaba El Mundo. Y además advertía de que, aunque el rey no está sujeto a responsabilidad según la Constitución, el presunto delito se correspondía, atendiendo al Código Penal, con una pena de entre 6 y 12 años de prisión mayor.

 

Los servicios secretos españoles acusaron al exbanquero Mario Conde de la filtración, con Bárbara Rey también estuvo de por medio

El escándalo continuó, y cuando parecía que ya todo se había calmado, a primeros de agosto el semanario parisino Point de Vue abrió una nueva brecha entrando en las intimidades de la familia real española, entre ellas las supuestas relaciones de don Juan Carlos. Point de Vue había telefoneado a la clínica en la que el Rey había estado supuestamente descansando en Suiza y les colgaron el teléfono apresuradamente. Días más tarde, el 18 de agosto de 1992, la revista italiana Oggi publicaba un reportaje sobre las relaciones del Rey con Marta Gayá. Al día siguiente, lo reproducía El Mundo en una nota de portada, ampliada con más información en el interior. El reportaje de El Mundo provocó las iras del rey Juan Carlos. Pero escasos días después salía publicado en la revista Época, en portada, la foto de Marta Gayá con un titular contundente: ‘Atribuyen al Rey una relación sentimental con Marta Gayá’. La confirmación pública de esta supuesta amistad provocó un terrible abatimiento en la reina doña Sofía, algo similar a lo que ha ocurrido actualmente tras la aparición de nuevo en la prensa de su relación con la vedette Bárbara Rey.

Los servicios secretos españoles acusaron al exbanquero Mario Conde de la filtración, que en el caso de Bárbara Rey también estuvo de por medio. Sin embargo, el expresidente de Banesto culpó a Sabino Fernández Campo del desaguisado, cosa que después sirvió a Conde para recomendar al rey que lo cesara del cargo, algo que ocurriría un año después, y situar en el puesto a su fiel acólito Fernando Almansa. Después de ese verano tumultuoso, Marta Gayá dejó de aparecer en las primeras planas de la prensa española. Marta vive actualmente a medio camino entre su piso en un barrio céntrico de Madrid y su apartamento en Palma. Viaja a menudo a Miami con su amigo el galerista mallorquín Joan Guaita. Parte del verano se aleja de Mallorca y suele pasarlo con el matrimonio Bergareche en las Islas Griegas.

 

Con Francisco Franco, fueron años sin duda más sobrios pues el dictador, que tenía al príncipe controlado, no permitía devaneos de ese tipo

En las relaciones personales del hoy rey emérito cabe diferenciar tres épocas claramente marcadas. La primera, los años de su vida entre Estoril y Madrid previos a su matrimonio. Años que incluyen desde los primeros devaneos de la adolescencia con jóvenes de su entorno, como una de las hijas de la familia Posser de Andrade, hasta con la bella, avanzada y moderna aristócrata belga Chantal Stucky de Quay, hija del conde Stucky de Quay, luego casada y divorciada del español Alberto Coronel y ahora dueña de una tienda de tono en Estéril. O su sonadísimo romance, de fuerte carga sexual, con Olghina Nicolis de Robilant. De él anduvieron enamoriscadas las princesas Isabelle y Hélène de Orleans, hijas de los condes de París, pero aquello, como el romance real y continuado en el tiempo con la princesa Maria Gabriela de Saboya, fueron seguramente relaciones más platónicas y dentro del orden de lo conveniente en los circuitos regios que otra cosa. La relación con la “frívola” Olghina Nicolis de Robilant duró hasta su boda con doña Sofía en 1962. Según los especialistas en Casa Real, “ninguno de aquellos amoríos debió de ser exclusivo sino simultaneado”. También se habló por entonces de la bella Charo Palacios, luego condesa de Montarco y musa de Elio Berhanyer, de quien se dice que durante años tuvo una gran influencia sobre él, aunque sus amoríos fueron en los tiempos de Estoril.

La segunda época es la que va desde su matrimonio con la reina hasta la muerte de Francisco Franco. Fueron años sin duda más sobrios pues el dictador, que tenía al príncipe sometido a un estricto control, no hubiera permitido devaneos de ese tipo. Dicen que lo que pudiera haber por entonces habría tenido lugar con más probabilidad en viajes fuera de España. A eso hay que añadir la parca economía de los príncipes en aquellos años. La tercera época es la que comienza con el reinado y la libertad de acción que eso le permitió en base a su código moral. La primera gran quiebra de la pareja tuvo lugar en enero de 1976 cuando doña Sofía, aparentemente enterada de una sonada infidelidad, se marchó a la India llevándose con ella a sus tres hijos permiso explícito del Gobierno. Aquello dio lugar a una gran rumorología, y se cubrió bajo la pantalla de un viaje de la reina y sus hijos a la ciudad de Madrás para visitar allí a su madre la reina Federica de Grecia. Parece que aquella marcha de la reina se debió a una relación del rey con una folclórica, que podría haber sido Sara Montiel.

 

Se hizo amigo de Bárbara Rey por medio de Adolfo Suárez, otro ‘amante’ de la entonces vedette cuando apoyaba al líder de UCD

Pero las tres relaciones importantes de las que se tiene constancia, por ser las que se mantuvieron por más largo tiempo, son las conocidas: Bárbara Rey, Marta Gayá y Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Algunos han hablado de la periodista inglesa Selina Scott, pero para los especialistas en la Casa Real aquello fue más un tonteo que algo serio. El encuentro tuvo lugar cuando ella vino a España para filmar un documental sobre la vida de los reyes. Selina venía recomendada por el rey Constantino de Grecia, que es quien le abrió las puertas de Zarzuela pues, se dice, era él quien había tenido algún affaire con ella. Cuando Scott consiguió el permiso de la Casa Real para realizar la entrevista de la que resultaría un documental sobre el rey, nunca imaginó que llegaría a mantener una relación tan cercana con don Juan Carlos. El que fuera jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, había desaprobado el citado documental de Scott para la televisión británica. De hecho, llegó a decir: “Sin duda el vídeo es un gran éxito para la reportera Selina Scott, pero no lo es para la Familia Real”. Sin embargo, por entonces Fernando Almansa era ya el jefe de la Casa Real en sustitución de Fernández Campo y no hubo problema. Lo cierto es que la atractiva e inteligente periodista mostró a un Rey, que coqueteaba con la periodista, lo que desató todo tipo de rumorologías.

La primera relación seria del monarca fue con Bárbara Rey, antes que con Marta Gayá. Comenzó a principios de la Transición Democrática. Se hicieron amigos por medio de Adolfo Suárez, otro amigo de la entonces vedette en una etapa en la que ella apoyaba al líder de UCD. La relación, iniciada a comienzo de los años ochenta, continuó de manera intermitente a lo largo de muchos años, hasta que un buen día, en el mes de junio de 1994, don Juan Carlos, con frases amables, le hizo saber que la historia había acabado. Pero Bárbara no estaba dispuesta a pasar página tan fácilmente, y más de dos décadas después siguen saliendo más detalles a la luz.

 

La princesa alemana (de soltera Corinna Larsen) y don Juan Carlos se conocieron en una cacería en Ciudad Real

Mientras que la relación del monarca con Bárbara Rey fue intermitente, la unión con Marta Gayá fue una relación casi matrimonial que se alargó en el tiempo hasta la aparición de la ínclita Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la “amiga entrañable”. La princesa alemana (de soltera Corinna Larsen) y don Juan Carlos se conocieron en una cacería en Ciudad Real, en el año 2004. Ella, aunque aún no se había divorciado de su segundo marido, hacía ya vida separada. Desde entonces mantendría una larga relación con el rey Emérito no exenta de altibajos. Don Juan Carlos la introdujo en los círculos de la buena sociedad madrileña presentándola en cenas, acudiendo a monterías e incluso formando parte de la comitiva real en viajes de Estado. Tras estudiar Relaciones Internacionales en Ginebra, marchó a París con 21 años para trabajar. Tres años después contrajo matrimonio con Philips Adkins, padre de su primera hija y hombre de confianza del rey en la actualidad. De hecho, estaba en la cacería de Botsuana junto al monarca y Corinna.

En el año 2000, Corinna se convirtió en princesa consorte al contraer matrimonio con Johann Casimir zu Sayn-Wittgenstein. El acuerdo de divorcio permitió a la aristócrata utilizar el título de princesa y el apellido de la familia de su ex de manera vitalicia, algo que ha utilizado para sus negocios. El campo de acción de zu Sayn-Wittgenstein siempre ha estado principalmente en el Golfo Pérsico y los países de la extinta Unión Soviética. Hay que recordar que la princesa era una de las organizadoras de cacerías para estos magnates a través de la influyente armería británica, Boss, de la que era directora general.

 

El Rey ha estado considerado durante años en Europa como un ‘bon vivant’ su vida privada solo aparecía en revistas internacionales

Durante mucho tiempo la vida privada del monarca español sólo se publicó en revistas internacionales. Por ejemplo, el periódico inglés The Daily Telegraph no dudó en airear el gusto del Rey por las mujeres. Hoy, la prensa española ya acapara en sus portadas los supuestos escándalos sentimentales. Con el paso de los años parece que la relación con Marta Gayá ha sido una simple anécdota al lado de todo lo que ha venido. El rey Juan Carlos I ha estado considerado durante años en Europa como un ‘bon vivant’.

Como ya es de sobras sabido, Bárbara Rey fue la amante -o una de ellas- de Juan Carlos I durante años. Al otro lado, se encuentra la Reina Sofía, la engañada por su marido, y que hoy en día sigue pasándolo mal por aquellos hechos, todavía más cuando toca revivirlos sí o sí. Desconocemos si la Reina emérita y la vedette se han visto muchas veces en su vida, pero de las no demasiadas ocasiones en las que Bárbara Rey ha dicho algo sobre el tema, no lo ha hecho precisamente con compasión o respeto -a pesar de todo- con la Reina. En esta ocasión, quien ha levantado la voz ha sido Jorge Javier Vázquez, en su blog de la revista Lecturas. El presentador de Telecinco explica una anécdota de cuando trabajaba en la competencia, Antena 3. “Coincidí con Bárbara Rey en maquillaje y le dije: Hola reina”, explica, para después “jurar” habérselo dicho “sin doble sentido”, ya que esta expresión “se dice mucho en Catalunya”. A eso, continúa Vázquez, Bárbara Rey contestó: “Pues yo podría llevar mejor que otras este título”, en clara referencia a la mujer de Juan Carlos I. Era, aquella, la época fuerte del affaire entre el exmonarca y la vedette. La confesión de Vázquez llega después de que se publicase que había una frase que Bárbara Rey repetía sobre Sofía, y que tampoco era precisamente benévola: “Estas son dos tetas y no las de la Reina”, habría afirmado en más de una ocasión la vedette. En cualquier caso, y después de las noticias sobre el affaire aparecidas en las últimas semanas, Bárbara Rey se ha pronunciado sólo en voz de su abogada, la que ha negado acusaciones como el hecho que la vedette hubiera hecho grabaciones “con finalidad intimidatoria”, pero sin desmentir la relación de ésta con Juan Carlos I. La prensa rosa ha abierto la veda de ‘caza’ contra la Familia Real, uno de cuyos ex integrantes, Iñaki Urdangarín, es ya reo real, por corrupción de dinero público. Su esposa, la todavía Infanta de España, Cristina de Borbón, ha visitado la cárcel para ir a visitar al yerno más importante de la España post dictatorial.

Todas las suegras soñaban con tener a un Iñaki en casa. Hoy no le quieren. Quereres compatibles en la España profunda de nuestro Federico García Lorca y ‘La casa de Bernarda Alba’, una obra teatral en tres actos de quien fuera asesinado por los falangistas de 1936, en pleno Golpe de Estado del Caudillo Franco. Tanto el estreno como la publicación, que contaron con la iniciativa y la mediación de Margarita Xirgu, en Buenos Aires, tuvieron que esperar a 1945. La obra cuenta la historia de Bernarda Alba, que tras haber enviudado por segunda vez a los 60 años, decide vivir los siguientes ocho años en el más riguroso luto. En la obra destacan rasgos de la España profunda’ de principios del siglo XX caracterizada por una sociedad tradicional muy violenta en la que el papel que la mujer juega es secundario. Otros rasgos destacados son el fanatismo religioso y el miedo a descubrir la intimidad. Con Bernarda viven sus cinco hijas (Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela), su madre y sus dos criadas. Entre estas últimas se encuentra Poncia, una criada que ha vivido muchos años al servicio de la anciana. Después de la muerte de su segundo marido, Bernarda Alba se recluye e impone un luto con una duración de ocho años prohibiendo que sus hijas salgan de casa. En el momento en que Angustias, la primogénita y la única hija del primer marido, hereda un caudal, se pone en pareja con Pepe el Romano. El mismo se compromete con Angustias, pero, al mismo tiempo enamora a Adela, a la cual no le importa ser su amante. Durante un encuentro clandestino de los amantes, María Josefa, la madre de Bernarda que mantienen encerrada por su locura, sale con una ovejita en los brazos y canta una canción absurda pero llena de verdades. Cuando Bernarda se percata de la relación que mantiene su hija menor con Pepe, estalla una discusión muy fuerte y Bernarda dispara a Pepe con la intención de matarlo, pero éste huye por su vida. Luego de haber escuchado el disparo, Adela piensa que su amante ha muerto y se suicida. Al final de la obra, Bernarda pone en manifiesto que Adela, su hija menor, murió virgen para guardar apariencias, y ordena silencio, como en el comienzo de la obra.

 

“Su definitivo adiós puede no deberse a la salud, sino a un proceso de judicialización contra el Emérito”, anuncia la ‘indeseada’ Pilar Urbano

El anuncio de Juan Carlos I no le ha sorprendido, a la ‘indeseada’ periodista Pilar Urbano, quien nunca pudo entrar en el listado de las ‘Borbonas’. La belleza nunca fue su fuerte. Su mala hostia hacia ‘Juanito’ pareciera la de una mujer despechada de una telenovela española, mexicana, colombiana, brasilea, cubana… “El emérito no ha encontrado su lugar en ese gran patio que es la corona española. Porque, en realidad, él piensa y siente que ‘o César o nada’. Y por eso no asistió a la proclamación de su hijo el 19 de junio de 2014 tras una retirada que debió haber hecho antes. Su abdicación, como es evidente, fue con fórceps”. Especializada en la publicación de libros sobre temas de actualidad, entre los asuntos sobre los que ha escrito se encuentra la trama criminal de los atentados del 11 de septiembre de 2001 o el intento de golpe de Estado del 23-F en España, del que fue testigo directo por encontrarse en ese momento en la tribuna de periodistas del Congreso de los Diputados. Además ha publicado sendas biografías “autorizadas” de la Reina Sofía y el juez Baltasar Garzón. ‘La Pilarica’ nació en Valencia, en 1940. Actualmente publica sus colaboraciones en medios ligados a la derecha más rancia del periodismo actual español. También es miembro numerario del Opus Dei. El interés de sus columnas ‘monárquicas’ y ‘antijuancarlistas’ estriba en que tiene acceso a datos íntimos de la Familia Real de España. En su día ‘La Urbano’ era la que ‘transportaba’ las penas de la reina engañada por el rey  la opinión pública, muy necesitada de ‘noticias reales’ y de ‘sangre azul’.

“Pero antes de nada conviene reparar en la manera en la que se ha producido ahora -recalca Pilar Urbano-, cinco años después de su abandono como rey, su renuncia a cualquier representación pública de la Casa Real. La clave está en la carta. Indudablemente esta forma de comunicación indica que su hijo, Felipe VI, le pidió que lo hiciera de esta manera. ¿Y qué podría significar esto, esta oficialización de su segundo y definitivo adiós? Quizás que se ha preferido poner la venda antes de que se conozca la herida. Y no me refiero a asuntos de salud, de piel, de carcinomas en la cara. Porque, tal vez, exista el riesgo de que pueda llegarse a un proceso de judicialización contra el rey emérito. ¿De qué tipo? Se me ocurren varios. ¿Por asuntos económicos relacionados con su fortuna fuera de España? En las famosas Cintas de Corinna, grabadas por el ex comisario Villarejo, se apuntan entramados económicos allende España. Cuando se tiene dinero fuera, recuperarlo no es fácil y puede incurrirse en delito de blanqueo si la fortuna se encuentra paraísos fiscales”.

 

“No olvidemos que hay tres demandas de paternidad, el caso de Albert Solá, el de Ingrid Sartiau y el de una administrativa catalana”

Pero los problemas judiciales también podrían proceder por asuntos de filiación. No olvidemos que hay tres demandas de paternidad contra Juan Carlos. Está el caso de Albert Solá, el de Ingrid Sartiau y el de una administrativa catalana. Los dos primeros, según pruebas que se han realizado, al 91% son hijos de la misma persona.  En cierto momento alguien del Tribunal Supremo dijo que la demanda de paternidad era frívola y torticera, pero fue admitida a trámite. Primero se rechazó por cuatro votos a tres y luego se admitió en enero de 2015. Luego, si tan frívola y tan torticera era, supuestamente, ¿a qué tanto debate y votación? ¿Y por qué ese cambio de posturas en la Sala? Reclamar un derecho de filiación puede no estar acreditado suficientemente, pero nadie debería caer en la ‘frivolidad’ de calificarlo de frívolo. Y atribuirle el calificativo de torticeria es juzgar intenciones. Sobre todo en estos casos -acto fecundante-, donde por su naturaleza no pudo haber testigos que lo afirmen ni que lo nieguen”.

“Además -aparte de esos hijos ilegítimos, que ninguno lleva el apellido de Urbano- está la posibilidad de delitos penales: si ha intentado recuperar o movilizar sus fondos en cuentas en el extranjero en estos cinco años. Una vez que no es inviolable entran en escena delitos como la evasión, el blanqueo y el fraude fiscal. O cabe la posibilidad de que se quiera investigar por parte de partidos republicanos la procedencia de esos fondos que Corinna cantó. O por qué no, que el yerno encarcelado y desterrado por la Casa Real tire de la manta. Todo un escenario de posibilidades que suponen riesgos demasiado preocupantes como para exigirle que renuncie por escrito a representar a la Corona y a España en actos públicos. El aforamiento exprés que tramitó con muy buena mano la entonces vicepresidenta del Gobierno Soraya Saénz de Santamaría -mano derecha de Mariano Rajoy, obligado a dimitir de la presidencia por la corrupción probada por la Justicia en las contabilidad oficial del Partido Popular, PP, organización política de la derecha española que acaba de perder las elecciones generales, en detrimento del PSOE y Pedro Sánchez-, llevándolo como una ley orgánica, no blinda a Juan Carlos ni le vuelve inviolable de hipotéticas demandas penales o civiles no prescribibles. Él no siempre ha sido rey. Su aforamiento le sirve para ser juzgado sólo en sede suprema”.

 

Una ‘metiche’ en el Palacio Real de Madrid, a quien su principal inquilino nunca le dedicó ni una sola siesta o noche pasionales

La obsesiva compulsiva Pilar Urbano, se regodea con el Borbón y Borbón-Dos Sicilias… “Por ejemplo, si ocurriera una demanda de algo tan imprescribible como el derecho a la filiación. Imaginémonos la instantánea de Juan Carlos compareciendo ante el Tribunal Supremo, que sería la sede a la que le conduciría su aforamiento. Sería patética. Más que patética, ruinosa. Con unos efectos muchísimo mayores que el de su hija Cristina compareciendo ante las juezas de Palma de Mallorca. Esa instantánea, insisto, sería ruinosa para la imagen de la Corona. Ha hecho muy bien en retirarse. Recordemos aquel artículo que salió en el diario ‘Madrid’ y que firmaba Rafael Calvo Serer titulado ‘Mi general -refiriéndose al Caudillo Francisco Franco-, retirarse a tiempo’. Juan Carlos, el hombre, no el rey, no tiene aficiones que le llenen la ausencia de los oropeles. No tiene aficiones intelectuales, culturales, sociales con las que conciliarse para llenar una vejez.  Eso sí: el jefe del Estado tiene una archifortuna que le permite divertirse donde quiera, como quiera y no sé si con quien quiera. Y no depender de los emolumentos, menos de 200.000 euros anuales, que por representación recibe de la Lista Civil y que, además, su hijo ha restringido de manera considerable. En términos económicos, incluso afectivos, recibe muy poco para tener que depender de las líneas rojas y las reglas de conducta marcadas por la Casa Real. La renuncia tiene más calado que el económico. Sencillamente, Juan Carlos no acepta ser peón de su hijo Felipe en actos marginales y de poca monta. Como, por ejemplo, entregar en El Escorial un premio de las órdenes militares a un autor gaditano”.

La tragicómica periodista valenciana delira al hablar de su Juan Carlos. Estamos ante una historia tragicómica de una ‘metiche’ en el Palacio Real de Madrid, a quien su principal inquilino nunca le dedicó ni una sola siesta o noche pasionales… “Su papel hubiera sido más aprovechable para el bien de España actuando de traspunte y consejero de su hijo cuando éste se lo pidiera. Es un desperdicio que alguien como él, con una experiencia acumulada durante 40 años, desde la muerte de Franco, haya quedado aparcado. Este hombre ha estado metido en las entrañas del poder siempre, desde que tenía 10 años. Conoce a todo el mundo, sigue teniendo una agenda incomparable, ha viajado muchísimo, posee dossieres internacionales, continúa informado sobre las grandes operaciones que se mueven por el mundo. Ayudar a su hijo habría sido un buen servicio a España. Pero un servicio sin el ‘yo, yo, yo’, sin ‘yoyismo’. Un servicio desinteresado, de padre, de Emérito”.

“En su precipitada salida de la agenda real hay un circunstancia temporal importante: en tres semanas, el evento de celebración del primer quinquenio en el reinado de su hijo. Porque tendría que estar, como ya dijo el 19 de junio de 2014, ‘en el gallinero, y a mí no me pongáis en el gallinero’. Ahora no estaba dispuesto a ello. Juan Carlos, el rey que pasó de la dictadura a la democracia, que protagonizó el llamado, mundialmente, milagro de la transición española, padece de un explicable ‘yoyismo’…”. Además de ser uno de los artífices dela restauración democrática en el país ibérico logró no caer en los brazos de Pilar Urbano, la periodista más idiota de la España de finales del siglo XX. Su personaje ‘marujiano’ y su avanzada locura en el presente siglo XXI nos hacen carcajear. “Habiendo sido tanto rey, le humilla no ser protagonista. Y, además, está el incordio de ser acompañado o acompañar a la reina en actos púbico. Demasiado para él”. Me imagino que no serán actos púbicos sino públicos. Alguna pequeña ‘bestia’ o ‘duende’ estuvo haciendo de las suyas en las teclas del viejo Lexicón 80 de Olivetti de Pilar Urbano.

Su rostro, pero para nada su filosofía de la vida, me evoca a una mujer mayor de la localidad riojana de Calahorra donde pasábamos algunas vacaciones escolares. Le llamábamos ‘La Barrada’. Vivía no lejos del Raso, en la denominada ‘Cuesta de la Catedral’. Era una de las numerosas viudas de la Guerra Civil Española, que vivían en el lugar. “En una guerra lo que prima son las mentiras. No importaban los muertos o los daños ocasionados en los bombardeos contra la población. La clave es que solo se conocieran las bajas del enemigo. En España se mató no solo por ideología sino mucho más por envidias y miserias humanas. Mi marido fue fusilado. Su delito, el ser sastre y un desastre a la hora de cobrar, y fiar a quien mandaba el pelotón. ‘¡Fuego!, gritó quien le debía dos o tres trajes. Le acusó de ser frentepopulista. Mi marido Eloy no sabía ni el nombre del alcalde. Treinta horas al día se pasaba trabajando. ‘Doña Barrada, el día tiene tan solo veinticuatro horas…’, le reprochamos”. “El tiempo es relativo y nosotros también. El tiempo es lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos…”. Era la primera vez que comencé a interesarme por la contienda fraticida habida en mi país, muchos antes que llegaran a las librerías de Hendaya, Biarritz, Baiona… en  el Sur de Francia, ciudades próximas a San Sebastián, en el País Vasco de España, los dos tomos de ‘La Guerra Civil Española’ de Hugh Tomas. Eran los años sesenta y setenta. Tuvimos que esperar  a que el dictador muriera en su Palacio del Pardo, bajo el manto de la Virgen del Pilar, traído desde la Basílica de Zaragoza, para poder ver en los escaparates de la Librería Laguna de Donostia, San Sebastián en euskera, los dos volúmenes del historiador e hispanista británico Hugh Tomas.

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