‘La América del odio’, didáctico documental de Jon Sistiaga, tras la masacre de El Paso, “una respuesta a la invasión hispana de Texas”

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

La película del periodista vasco escribe la senda más ‘conspiranoica’, racista e integrista de Estados Unidos en tiempos del yihadismo del Estado Islámico y del populismo de Donald Trump y su asesor Steven Bannon. Día a día del Ku Klux Klan, de los extremistas cristianos que preparan una guerra santa racial y de los grupos neonazis que quieren limpiar el país de homosexuales y judíos. “Adán y Eva, insiste, tuvieron solo un hijo, Abel, el primero del linaje de los blancos como él. Eva, sin embargo, tuvo ayuntamiento carnal con el diablo, con la serpiente bíblica, y de ahí salió Caín, el hermano malo del cual descienden los judíos, negros y el resto de razas. Está todo muy bien documentado”, justifica Paul Mullet de Naciones Arias, la más violenta, integrista y radical de las ‘sectas’. “Hacer una América grande otra vez”, el slogan de Donald Trump se transforma: ‘Haz que América odie otra vez’. ‘La América del odio’. Este es el título de interesante documental del periodista vasco Jon Sistiaga. Este filme de casi una hora de duración puede verlo en Google, en www.elbestiariocancun.mx en su sección de filmoteca o en Google, en http://www.dailymotion.com/video/x2xpdc0

 

Un total de 20 personas han muerto y 26 han resultado heridas en un tiroteo ocurrido este primer sábado de agosto del 2019, por la mañana (hora local) en un complejo comercial, según confirmaba a última hora de la tarde el gobernador Greg Abbot, que ha hablado de “uno de los días más sangrientos” de la historia texana. Se trata del ataque con armas de fuego más letal en lo que va de año en Estados Unidos. De madrugada, se registró otro tiroteo en la ciudad estadounidense de Dayton (Ohio) con al menos nueve víctimas mortales y 16 heridos. Muchos de los heridos, al igual que ocurre con los de El Paso, pudieran endosar la lista de fallecidos. Hay al menos una persona detenida, que ha sido identificada por la policía como el pistolero. Se trata de un varón blanco de 21 años. La policía ha explicado que el asesino había escrito antes de actuar un manifiesto de cuatro páginas titulado ‘Probablemente voy a morir hoy’, un texto que no ha hecho público y que todavía está confirmando que efectivamente haya sido escrito por el atacante, pero que sitúa el tiroteo como “un potencial crimen de odio”. El manifiesto habría sido publicado en un foro ultraderechista de Internet poco antes de la masacre. El texto, según The New York Times, expresa posturas racistas y habla del ataque como “una respuesta a la invasión hispana de Texas”. “Los hispanos tomarán el control del Gobierno local y estatal de mi amado Texas”, dice el manifiesto, según el diario estadounidense. “La abundante población hispana en Texas”, prosigue, “nos convertirá en un bastión de los demócratas”. El atacante fue arrestado “sin incidentes”, según las fuerzas policiales, lo que indica que no ofreció mucha resistencia. Los agentes no tuvieron que realizar ningún disparo. La policía no ha confirmado su identidad. Pero, según ha informado el gobernador adjunto del Estado, Dan Patrick, a la cadena Fox News, el sospechoso ha sido identificado como Patrick Wood Crusius, residente en las afueras de Dallas. El asesino habría conducido cerca de nueve horas en dirección a la frontera para cometer su matanza. Era una mañana soleada en el complejo de tiendas y restaurantes, muy concurrido los fines de semana, donde se encuentra el popular centro comercial Cielo Vista, uno de los más grandes de la zona. De pronto, un hombre armado irrumpió en la gran superficie Walmart, que está muy cerca del centro comercial, minutos antes de las once de la mañana, provocando un baño de sangre.

Entre 1.000 y 3.000 personas se encontraban en el interior del establecimiento, según las fuerzas de seguridad. Diversos vídeos distribuidos por redes sociales muestran el pánico que se ha extendido por el Walmart y por el centro comercial, con decenas de clientes corriendo a refugiarse en el interior de los locales. El relato de algunos testigos describe que en el momento del ataque numerosos padres aprovechaban la mañana del sábado para realizar compras con sus hijos para el inicio del curso escolar, que en El Paso arranca a mediados de agosto. Enseguida, tras recibir los primeros avisos, la policía y los servicios médicos de emergencia protagonizaron un masivo despliegue. Un vídeo difundido por la cadena de noticias local KTSM 9 muestra a un hombre entrando en  Walmart, donde comenzó el tiroteo, armado con un rifle semiautomático y equipado con gafas y cascos para proteger los ojos y los oídos. En Texas, la tenencia de este tipo de armas es legal y, para adquirirlas, no se requiere una verificación de antecedentes penales. Fuentes policiales citadas por Fox News aseguran que se trataba de un AK-47 y que el individuo estuvo disparando durante 20 minutos. Algunos testigos aseguran que el pistolero abría fuego de manera aleatoria. Seis horas después del inicio del ataque, la policía aseguró que la situación, que obligó a cerrar numerosos comercios en la zona, se encontraba controlada y dio por terminada la amenaza.

La Casa Blanca confirmó que Donald Trump estaba siendo informado y que había hablado con el fiscal general William Barr y el gobernador Greg Abbot. “Terrible tiroteo en El Paso, Texas. Las noticias son muy malas, muchos muertos. Trabajando con las autoridades locales y estatales y con las fuerzas de seguridad. Hablé con el gobernador para prometerle apoyo total del Gobierno federal. ¡Dios esté con todos vosotros!”, ha tuiteado desde Nueva Jersey el presidente estadounidense, a las 16.10, hora de Washington. El candidato de las primarias del Partido Demócrata, Beto O’Rourke, nacido en El Paso y excongresista por la ciudad, ha dicho, entre lágrimas, que se encuentra “increíblemente triste” y que el tiroteo rompe “cualquier ilusión de progreso en la lucha contra las armas de fuego”. Ha cancelado sus actos de campaña y ha viajado este sábado a la ciudad. “Es necesario tomar acciones para terminar finalmente con la violencia armada”, ha tuiteado la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes. El Paso, de 680.000 habitantes, muchos de ellos hispanos, se encuentra en la frontera con México, al otro lado de Ciudad Juárez. En los últimos meses, la ciudad texana ha estado en el centro del debate  político nacional, ya que a ella han llegado miles de familias migrantes procedentes de Centroamérica. Las víctimas fueron trasladadas a hospitales de la zona. El Centro Médico Universitario de El Paso confirmó a Fox News que había recibido 13 personas, que iban de los dos años a la edad de jubilación, y que una de ellas había muerto. El Centro Médico Del Sol aseguró a la misma cadena que habían sido ingresadas 11 personas, de entre 35 y 82 años, y que nueve de ellas se encontraban en estado crítico y dos en estado estable. En lo que va de año, se han producido alrededor de 250 tiroteos múltiples en Estados Unidos, con casi un millar de víctimas, cerca de 250 de ellas mortales. El más grave tuvo lugar en Virginia Beach, localidad costera en el Estado de Virginia, en el este del país, cuando un pistolero mató a 12 personas e hirió a otras cuatro en un edificio de oficinas municipales.

Mientras Patrick Wood Crusius disparaba su AK-47, contra los clientes de Walmart, en Texas, en California se registraba un altercado de fin de semana, cada vez más usuales, por diferencias raciales entre supuestos miembros del Ku Klux Klan y otro grupo que trataba de impedir que se manifestaran. Siete personas fueron detenidas tras la trifulca, se registraron varios heridos, uno se encuentra en estado grave. Un grupo identificado como el Ku Klux Klan había anunciado una protesta en la localidad al sur de Los Ángeles Desde al menos una hora antes había un pequeño grupo de manifestantes contrarios al KKK cuyo objetivo era impedir la protesta. Cuando llegaron los miembros del KKK al lugar fueron contestados y rodeados inmediatamente por los manifestantes. Los datos son confusos. Uno de ellos llevaba en su ropa una insignia que decía Gran Dragón y asegura que se pudo ver a manifestantes dándole patadas. Otro miembro del KKK, esposado, decía que había apuñalado a alguien “en defensa propia”. No está claro aún a qué grupo pertenecen los heridos, los relatos indican que a los dos. Los testigos coinciden en que los miembros del KKK utilizaron la punta de lanza del mástil de una bandera para defenderse. El grupo que opera en esas tierras californianas se llama The Loyal White Knights of the Ku Klux Klan. El KKK tiene arraigo en el sur de California y llegó a ser la fuerza política predominante en los años 20. En este siglo, sus apariciones son muy raras. Los vecinos se quejaron de que no había presencia policial cuando llegaron los miembros del KKK.

 

La llegada de Barack Obama, un presidente negro, de apellido extranjero y padre musulmán, les hizo crecer en número

“¿Me estás diciendo que también os entrenáis para una posible invasión de zombis?”, pregunto con cara de estupor a Mike Lackomar, portavoz y uno de los líderes de la Milicia de Michigan. “Desde luego, y da igual que sea un zombi o un reptiliano”, responde con severidad. “Hay que buscar el cuerpo a cuerpo y meterle dos tiros en el pecho y otro en la cabeza, como en Vietnam”. Y se ríe a carcajadas. Pero no se ríe porque me esté reconociendo, con toda seriedad, que sus chicos se preparan en los bosques de Michigan para detener hordas de muertos vivientes, sino de la supuesta gracia que acaba de hacer. ¿Que no la han cogido? Yo tampoco, así que Lackomar la aclara: “Como en Vietnam –sonríe–, donde había que ganarse los corazones y las mentes de la población. ¡Pues eso, dos tiros en el corazón y uno en la mente! Si un zombi sangra es que se le puede matar”. Estamos en un parque natural a unos cien kilómetros al sur de Detroit. Es sábado. Alrededor hay ciclistas, gente haciendo footing, aprendices de ornitólogos con sus prismáticos y familias enteras preparándose para pasar un día de campo. Unos 20 milicianos vestidos con traje de camuflaje y armados hasta los dientes comienzan, a su lado, una incursión en supuesto territorio enemigo. Bubba, el alias de Tom, un ingeniero agrónomo que hoy hace las veces de jefe de equipo, les da las últimas instrucciones: si escuchan un drone, les dice, el motor de un avión espía, deben esconderse entre los árboles. Estamos en el aparcamiento del parque, junto a varios corredores que estiran sus músculos preparándose para salir a hacer deporte, pero Bubba acaba su charla de motivación mirándoles con expresión dura y les suelta: “Si alguno es capturado o herido, que no espere rescate”.

La Milicia de Michigan es uno de los más de 1.300 grupos patrióticos monitorizados en Estados Unidos por diferentes asociaciones de derechos civiles. Algunos de estos grupos son considerados muy peligrosos e impredecibles por la retórica irracional, emocional y hasta conspiranoica que manejan. Por eso se les conoce como Grupos de Odio. La crisis económica, el aumento del paro y la elección y reelección de Barack Obama, un presidente negro, de apellido extranjero y padre musulmán, les ha hecho crecer en número… Ahora tienen a un ‘presidente amigo’, Donald Trump, asesorado por Steve Bannon.

 

Esta América racista, integrista, supremacista y llena de odio es el ecosistema perfecto para la aparición de lobos solitarios

“Las milicias más peligrosas son aquellas que profesan un odio extremo contra el Gobierno de Estados Unidos, que se dedican constantemente a hacer acopio de armas, que tienen enormes arsenales y que secretamente planean posibles acciones contra el Gobierno federal. Dicho esto, la mayor parte de las milicias son ciudadanos normales, que les gusta la milicia y que son partidarios de llevar armas y de las libertades de la segunda enmienda”, dice Jack Kay, antiguo rector de la Universidad de Michigan y que lleva años estudiando el fenómeno de las milicias. Desde su cátedra de Teoría de la Comunicación, ha analizado las estrategias de captación y propaganda de decenas de grupos radicales y está convencido de que muchos individuos violentos encuentran aquí el lugar donde socializar todas sus ocultas pulsiones de odio. Esta América racista, integrista, supremacista y llena de odio es el ecosistema perfecto para la aparición de lobos solitarios.

Lackomar, el portavoz de los milicianos de Michigan, parece un tipo muy normal. Casado, con dos hijos y con un buen empleo como camionero. Cuando enseña el maletero de su furgoneta todo el equipo del director Jon Sistiaga se queda boquiabierto: “Siempre llevo mi rifle de combate, un Kaláshnikov, un arma muy buena… y llevo 10 cargadores de 30 balas cada uno… 300 disparos… Bueno, esto es lo que llevo habitualmente en el coche para cosas de emergencia, pero siempre que salgo de casa, aunque sea a la compra, llevo mi pistola y algún cargador de más, así que tengo 60 balas siempre encima”. Las leyes de Michigan prohíben llevar armas escondidas bajo la chaqueta o el pantalón, así que Michael y muchos de sus colegas llevan sus pistolas a la cintura, a la vista de todo el mundo, como en el salvaje Oeste. Lackomar me insiste en que no son ultraderechistas, sino libertarios. Que no son racistas, ¡que incluso alguno tiene una esposa de origen filipino!, aunque me confirma que no hay ningún miembro negro, judío, hispano u homosexual. Pero sobre todo, insiste, está harto de que el Gobierno les considere chiflados. Ellos se consideran constitucionalistas, patriotas, defensores a ultranza de esa segunda enmienda que les garantiza el derecho a llevar armas y a formar milicias. Una enmienda a la Constitución de hace 200 años, en tiempos de guerra contra los británicos y los indios nativos.

Las teorías de la conspiración que manejan estas milicias son de todo tipo: desde que la Agencia Federal de Emergencias (FEMA) está preparando campos de concentración en las Montañas Rocosas hasta que la Casa Blanca quiere imponer la ley marcial en todo el país. Desde que Barack Obama iba a requisar sus armas hasta que la Agenda 21 de la ONU, sobre la sostenibilidad del planeta, pretende robar los recursos naturales de Estados Unidos. La Milicia de Michigan nos confirma que ha rebajado su nivel de alerta a Defcon 3, nivel amarillo, amenaza media, aunque hasta hace poco estaba en Defcon 4, estado de alerta, casi de preguerra. ¿Pero contra qué o contra quién?, ¿quién es el enemigo?… Según Lackomar, todas las milicias deberían entrenarse en cinco áreas diferentes, cinco escenarios en los que todos sus hombres deberían activarse al momento: “En la lucha contra el crimen, haciendo patrullas vecinales, algo para lo que estamos muy capacitados; en respuesta ante desastres naturales, como los recientes tornados de Oklahoma o las inundaciones provocadas por el Katrina; en terrorismo, como lo de Boston; ante cualquier tipo de invasión, ya sea de Cuba, Corea del Norte o de zombis, y en luchar contra la tiranía de un Gobierno que se extralimite en sus funciones”.

 

Hay más de 1.300 grupos patrióticos monitorizados en Estados Unidos por diferentes asociaciones civiles, “estamos ante una distopía”

Las milicias creen de verdad que Estados Unidos está al borde de una especie de distopía, una sociedad indeseable en sí misma, una pesadilla vital. Están convencidos de que viene un nuevo orden mundial que les esclavizará, por eso insisten tanto en entrenarse contra eso que Alexis de Toqueville llamó la “tiranía de la mayoría”. Por eso viven en una cultura de la autodefensa y cultivan una retórica partisana. Por eso se ven a sí mismos como la resistencia, la fuerza de choque. Los que defenderán Estados Unidos contra todo aquello que les ataque. “Algo no funciona en América, en este país, cuando no podemos decir la palabra ‘patriota’ porque seremos considerados terroristas, donde no podemos decir ‘constitucionalistas’ porque somos tachados de terroristas”, se queja el coronel Robert Cross, el líder de los Ohio Minutemen, otra conocida milicia. Desde la ventana de su casa, en pleno campo, se puede ver la humeante vasija de la central nuclear de David-Besse, junto al lago Erie. Cross insiste en que no es un radical, sino alguien muy preocupado por la deriva liberal del Gobierno de Washington, pero Cross es un claro ejemplo de pensamiento cautivo y victimista. Como muchos milicianos, se cree elegido para una misión muy sacrificada y muy poco reconocida: defender a los demás, es decir, a su gente, de las tropas federales, de los cascos azules de la ONU, de los mercenarios de Blackwater o de los sicarios de los cárteles mexicanos. Todos esos supuestos enemigos están en la página web del supuestamente pacífico Cross, que en Internet explica cómo actuar si nos vemos envueltos en un tiroteo: “Lo primero, tráete un arma; lo segundo, tráete un amigo con armas, y en tercer lugar, tráete a todos tus amigos con armas…”.

Detroit, ciudad en ruinas. Hace ya muchos años que no llega ningún viajero a la Estación Central de Detroit, en Michigan. Hace décadas se concibió como el edificio ferroviario más alto del mundo, pero un día los trenes dejaron de salir. La ciudad del motor, que llegó a ser cuarta urbe de Estados Unidos, entró en crisis y empezó a perder población. Sus edificios se vaciaron, sus barrios se abandonaron, sus calles se pudrieron y acabó declarándose en quiebra ante la imposibilidad de pagar sus deudas. Esta ciudad se ha convertido en el epicentro de esa teología del odio que defienden muchos grupos extremistas. Una ciudad fallida, en quiebra, que ha perdido el 25% de su población en 30 años. Detroit ha pasado de dos millones de habitantes a apenas 700.000, tiene una tasa de paro insufrible de más del 20% y es la segunda ciudad más violenta de Estados Unidos (la primera está también en Michigan, a 100 kilómetros). Es una urbe abandonada a su suerte por el Ayuntamiento, que ha cortado la luz, el agua, la recogida de basuras o las patrullas policiales en muchos barrios porque, simplemente, apenas vive gente y ya no hay capacidad recaudatoria. Una ciudad que es un enorme bodegón del fracaso. La primera, como propone algún intelectual, acrópolis estadounidense. En este entorno, ¡cómo no van a surgir apóstoles del odio que galvanizan todo el resentimiento y la frustración de aquellos que sienten sus vidas desperdiciadas!

 

“Estamos preparados para la lucha contra el crimen y ante cualquier invasión, ya sean cubanos o zombis, la esvástica acojona”

“Los crímenes de odio, aquí en Michigan, han aumentado. Cuando la economía falla, hay una tendencia de determinada gente a simpatizar con estos grupos de odio porque necesitan a alguien a quien echar la culpa. Y ese chivo expiatorio son o los judíos, o las minorías, o los inmigrantes”. Heidi Budaj es la directora de la Liga Antidifamación, una organización que lleva más de cien años denunciando conductas xenófobas y racistas. En la actualidad monitorizan a más de mil grupos de los llamados de odio, rastreando constantemente sus webs, sus chats, sus mensajes o los discursos de sus líderes. Uno de ellos, el Movimiento Nacional Socialista (NSM), la mayor organización neonazi de Estados Unidos, tiene su base en Detroit. Le pregunto a Heidi, judía de origen húngaro que perdió a parte de su familia en los campos de concentración de la Alemania nazi, qué le diría al líder del NSM, Jeff Schoep: “A mí me fascina que alguien dedique toda su vida a difundir odio. Yo le preguntaría qué es lo que le convirtió en una máquina de odiar a minorías étnicas, a judíos, a afroamericanos, a gente que es diferente a él”. Schoep nos cita en la recepción de mi propio hotel porque su partido, confiesa, no tiene sede. Traslado la pregunta de Heidi al dirigente neonazi, que, sin perder su media sonrisa, contesta: “No se trata de odio, se trata de amor. Puedes considerarnos un grupo de amor, de amor a nuestra gente. Queremos tanto a esta nación que queremos separarnos de toda esa gente.”

“La esvástica acojona…”. Schoep tiene cara de niño bueno y una atildada presencia. Habla pausado y escogiendo sus palabras. Su discurso es afable, medido, hasta contenido. Jeff está convencido de que la raza blanca en Estados Unidos se está convirtiendo en una minoría. Su apellido es de origen alemán. Lo dice sin preguntarle, como orgulloso de su supuesta ascendencia aria. No quiere decir cuántos miembros son, pero en sus propios vídeos se adivina que a las manifestaciones apenas acude medio centenar. Según las estimaciones hechas por Jack Kay, el exrector de la Universidad de Michigan, “por cada miembro real de un grupo radical hay unos cien simpatizantes”.

Jeff ha escrito en la página web del NSM el ideario de su partido. Punto tres: “Demandamos territorios y colonias para alimentar a nuestra gente y enviar al exceso de población”. Un discurso que huele al famoso “espacio vital” de los nazis que desencadenó la II Guerra Mundial, aunque en persona lo suaviza y dicen que solo son ideas sueltas. Para posar para las fotos, Jeff se coloca delante de la bandera de su partido. ¿Por qué la esvástica? Primero cuenta una larga perorata sobre el significado esotérico de las runas y las cruces gamadas, pero al final reconoce: “La esvástica sugiere a nuestro enemigos que no hay trato. Cuando nuestros enemigos ven este símbolo, se acojonan. Si nos desafían, ya saben lo que significa: justicia rápida y despiadada.”

 

“Estamos seguros de que hay un genocidio programado contra la raza blanca a nivel mundial, y que somos el chivo expiatorio”

KKK, el imperio invisible. Muchos de estos grupos comparten ideologías, fines e incluso hasta los símbolos. La esvástica, por ejemplo, y el saludo nazi del brazo en alto son utilizados con frecuencia por muchos de los capítulos o hermandades del Ku Klux Klan. La sede de los Caballeros Tradicionalistas del KKK está en un pequeño pueblo de Misuri, a unos cien kilómetros al sur de San Luis. Las oficinas de esta cofradía del autodenominado “Imperio Invisible” es un pequeño despacho dentro del domicilio de su máximo líder, Frank Ancona, gran mago imperial. Ahí recibe a los periodistas españoles, entre gatos, perros y hasta un cerdo que su esposa les impide fotografiar por pudor. “Entre todos los capítulos del Klan seremos unos 7.000 miembros”, dice Ancona. “Por seguridad, no guardamos ningún archivo con los nombres de nuestra gente. Cada uno de los líderes locales sabe quiénes son. Y cada gran dragón conoce a sus líderes locales”.

Frank Ancona, hijo de un klansman y padre de futuros miembros de esta cofradía racista, se dibuja a sí mismo como un activista por los derechos civiles de los blancos. Su organización es la más antigua e infame de todos los movimientos supremacistas de Estados Unidos y en su larga historia tiene centenares de asesinatos rituales de afroamericanos. “Eran otras épocas”, sentencia Ancona, que asegura que ahora ya no son violentos: “Somos una organización cristiana, blanca y patriótica que se ocupa de los intereses de la raza blanca en América. La gente dice que cuando hablas de supremacismo blanco significa odio, pero lo que nosotros creemos cuando hablamos de supremacismo es simplemente que la raza blanca es superior a otras”.

Casi todas las órdenes del KKK tienen una receta social para implementar sus teorías racistas. Obviamente, en estos tiempos no pueden defender ni ideas violentas ni soluciones finales, pero sí que insisten en lo que ellos llaman el separatismo blanco. Rachel Pendergraft, líder de los Cruzados del KKK en Arkansas y presentadora en Internet de un informativo racista llamado Orgullo Blanco, se muestra categórica: “Estamos seguros de que hay un genocidio programado contra la raza blanca a nivel mundial, y que somos el chivo expiatorio para todo lo que está funcionando mal en nuestro planeta”. Por eso, insiste, la única solución es el separatismo. El segregacionismo. La separación de las razas. Evitar la mezcla. La contaminación. Rachel vive en una zona, las montañas de Harrison, que desde un punto de vista racial es químicamente pura. Solo hay blancos. En la sede del KKK se reúnen los domingos los racistas locales para oír misa, socializar entre ellos y hacer una barbacoa. Es como un club de campo que emana odio. Aquí se defiende el apartheid, los guetos para otras razas, o una nueva política de bantustanes donde encerrar a negros, judíos o hispanos.

 

“La esvástica sugiere a nuestros enemigos que no hay trato, ellos saben lo que significa: justicia despiadada”

“Es difícil encontrar una organización supremacista blanca cuyos miembros no hayan cometido algún delito o pasado por la cárcel. En Naciones Arias, el 95% de los miembros hemos estado en prisión”. Paul Mullet nos cita en la caravana en la que vive y que le sirve de cuartel general de la que probablemente sea la más violenta, integrista y radical de todas las organizaciones extremistas. Naciones Arias ha tenido un pasado turbulento, y el propio Mullet se define como un tipo violento. Lleva un uniforme que recuerda bastante al de los camisas pardas del partido nazi de Hitler, y nos pide que hablemos bajo porque su hija de cuatro meses está recién dormida. Desde su ordenador ha escrito el manual del cruzado de Dios, el decálogo del buen racista y todas esas mamarrachadas de que los arios, como el propio Mullet, son una raza de dioses. Los descendientes, asegura, de las doce tribus de Israel. Adán y Eva, insiste, tuvieron solo un hijo, Abel, el primero del linaje de los blancos como él. Eva, sin embargo, tuvo ayuntamiento carnal con el diablo, con la serpiente bíblica, y de ahí salió Caín, el hermano malo del cual descienden los judíos, negros y el resto de razas. Paul dice que está todo muy bien documentado. La guarida del odio, la sede de Naciones Arias, esa organización ultracristiana y extrema, resulta ser la habitación de Mullet.

“Claro que soy racista. Yo, como blanco, me creo superior a las otras razas. Por supuesto”. Mullet no tiene pelos en la lengua. No es un racista políticamente correcto. El gurú de tantos supremacistas es un hombre lleno de odio. Alguien cuya capacidad de amar ha sido desactivada. Un paranoico que se cree elegido por su dios para depurar el mundo. Tipos como él son los que incendian de ira a lobos solitarios que acaban poniendo en práctica todo lo que estos sujetos vomitan en Internet. Gracias a la Red, Mullet se ha convertido en el referente de una ideología alimentada por el rencor. Antes de irnos de su casa, le pregunto si se siente a gusto viviendo en el odio. Y me responde: “Sí. Me siento bien. Es lo que soy. Un tipo que odia.”

El autor de la nueva masacre muestra su apoyo al pistolero islamófobo que mató a 51 personas en Nueva Zelanda el pasado mes de marzo

Patrick Crusius, un joven solitario de 21 años, condujo durante más de nueve horas desde Allen, una ciudad en los suburbios del norte de Dallas, dispuesto a morir matando. Su destino era El Paso. La ciudad de 682.000 habitantes, el 85% de ellos hispanos, que encarna la frontera. El foco desde hace meses del debate político nacional sobre inmigración, que ha recibido olas de familias centroamericanas en busca de asilo. Eligió un Walmart, una gran superficie abarrotada un sábado por la mañana, destino habitual de mexicanos que cruzan la frontera desde Ciudad Juárez para comprar. A las 10.20, veinte minutos antes de que los servicios de emergencia recibieran la primera llamada alertando de que un hombre había irrumpido en la gran superficie y se había puesto a disparar con un arma semiautomática contra la multitud, se publicaba un manifiesto, en un foro de Internet de ultraderecha, en el que se anunciaba un ataque en respuesta a “la invasión hispana de Texas”. Poco después Crusius se entregaba a la policía, aparentemente sin resistencia, después de liquidar a 20 personas y herir a otras 26, en el más letal de los 250 tiroteos múltiples con armas de fuego que se han producido en Estados Unidos en lo que va de año.

“Ahora mismo, tenemos un manifiesto de este individuo”, declaraba el jefe de la policía de El Paso, Greg Allen. Después, las autoridades advertirían de que aún no han verificado que Crusius sea el autor del texto publicado de manera anónima. Pero fue suficiente para que el gobernador Greg Abbot hablara de nexos con “un potencial crimen de odio”. Crusius, ahora en una cárcel de El Paso, está colaborando con la policía. De confirmarse su autoría del manifiesto racista, el crimen podría ser tratado como un delito de odio. Los fiscales que llevan las pesquisas anunciaron en una rueda de prensa este domingo al mediodía que están investigando el tiroteo como un acto terrorista y que buscarán la pena de muerte para Crusius. Las autoridades federales están «considerando seriamente» presentar cargos por delitos de odio, según adelantó John F. Bash, fiscal federal del Distrito Oeste de Texas. “Lo estamos tratando como un caso de terrorismo interno y vamos a hacer lo que hacemos con los terroristas en este país”, amenazó Bash.

“Probablemente voy a morir hoy”, decía el manifiesto, que declara el apoyo del autor al pistolero que mató a 51 personas en un ataque islamófobo en Christchurch, Nueva Zelanda, que también publicó un manifiesto supremacista online antes de actuar. El texto supuestamente escrito por Crusius expresa el temor a que los hispanos se hagan con el poder en Estados Unidos. Se trata de un panfleto de 2.300 palabras, titulado ‘Una verdad incómoda’, lleno de odio hacia los inmigrantes y los hispanos. “Los hispanos tomarán el control de los gobiernos local y estatal de mi amado Texas”, dice el manifiesto. “Si podemos librarnos de la suficiente cantidad de gente”, prosigue, “nuestro modo de vida será más sostenible”. “Estoy sencillamente defendiendo a mi país del reemplazo cultural y étnico producto de la invasión”, explica el autor, haciéndose eco de la llamada teoría del gran reemplazo, popular entre los supremacistas blancos. El texto tiene también referencias directas a la política nacional estadounidense. Sugiere una retorcida teoría conspiratoria, según la cual el Partido Demócrata tendría una estrategia para dominar el país gracias a la creciente población hispana, que se ha vuelto popular en foros de la ultraderecha. “La abundante población hispana en Texas”, dice el texto, “nos convertirá en un bastión de los demócratas”. Y asegura el autor que sus opiniones sobre la inmigración “son anteriores a Donald Trump y a su campaña por la presidencia”.

Las autoridades no han hecho pública aún la identidad de las víctimas. Se desconoce si Crusius disparó de manera indiscriminada. Sí se sabe que estuvo disparando durante muchos minutos, tantos como veinte, según algunos testigos. Disparar indiscriminadamente con un arma semiautomática durante tanto tiempo en un establecimiento abarrotado de gente podría haber producido una matanza aún mayor. Las víctimas van de los dos a los 82 de edad. Entre los heridos hay ciudadanos mexicanos, incluida una niña de 10 años. Algunas continúan en estado crítico. Los vecinos de El Paso han secundado masivamente las llamadas de las autoridades a donar sangre para las víctimas. Crusius, según relata la prensa local, vivía con sus abuelos en Allen, un suburbio mayoritariamente blanco de Dallas. En 2017 se matriculó en la universidad. Los vecinos le describen como un joven extremadamente solitario y un tanto inadaptado. La policía ha registrado la vivienda y examina su ordenador y su rastro en Internet en busca de vínculos con grupos o individuos radicales.

 

Los candidatos demócratas acusan al presidente Dondl Trump, “un nacionalista blanco” de inspirar la masacre

La perversa idea detrás de la matanza de El Paso, de confirmarse oficialmente la autoría del manifiesto racista supuestamente publicado por Patrick Crusius antes de actuar, es de una devastadora simpleza: matar a hispanos para detener una supuesta invasión del país. En medio del duelo por las 20 víctimas mortales, hay quienes no han querido ocultar su furia hacia el presidente Donald Trump, que lleva azuzando el miedo a la inmigración desde que llegó a la Casa Blanca hace dos años y medio y que ha utilizado él mismo la palabra “invasión” para referirse a la ola de familias centroamericanas solicitantes de asilo que llegan masivamente a ciudades fronterizas como El Paso. Un reportero preguntó el sábado a Beto O’Rourke, candidato en las primarias del Partido Demócrata, oriundo de El Paso y excongresista por la ciudad, si la matanza podría tener que ver con el presidente Donald Trump, “sus tuits supuestamente racistas y su retórica”. “Sí”, respondió O’Rourke. También afirmó que consideraba que el presidente de Estados Unidos es un “nacionalista blanco”.

“Hemos visto un aumento en los crímenes de odio cada uno de los tres últimos años, durante una Administración en la que tienes a un presidente que llama a los mexicanos violadores y criminales. Aunque los inmigrantes mexicanos cometen delitos en un porcentaje menor que aquellos nacidos en el país, ha tratado de hacer que tengamos miedo de ellos”, aseguró. “Es un racista y aviva el racismo en este país. Y eso no solo ofende nuestras sensibilidades. Cambia fundamentalmente el carácter de este país y lleva a la violencia”. El senador de Nueva Jersey y también precandidato a la presidencia, Cory Booker, fue más lejos y afirmó que Trump era “el responsable” de lo sucedido. “Cuando tienes al presidente de la oficina moral más alta de nuestra tierra hablando de ‘invasiones’ e ‘infestaciones’ y ‘países de mierda’. Ese tipo de cosas que salen de su boca dañan el tejido moral de nuestro país. Él es responsable”, sostuvo el demócrata y agregó: “Es responsable porque no ha tomado medidas para condenar la supremacía blanca”. El autor del manifiesto, que utiliza el concepto de invasión, frecuente en la retórica trumpista, parece anticipar que los dedos acusadores se dirigirían al presidente una vez cometida la masacre. Trump no ha valorado hasta ahora los posibles motivos racistas del asesino de El Paso, ni ha respondido a las críticas de los demócratas, en los seis tuits que ha dedicado a una matanza a la que se refiere como “no solo trágica, sino un acto de cobardía”. El jefe de gabinete interino de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, defendió al mandatario, asegurando que los tiroteos no tienen que ver con razones de origen político. “Me parece inapropiado hacer esa conexión. Estas son personas enfermas”, afirmó Mulvaney en una entrevista en ABC.

 

Los demócratas llevan tiempo denunciando la agresiva retórica hacia los inmigrantes que cruzan la frontera de México y congresistas de color

Más candidatos demócratas se sumaron a las críticas al presidente por alimentar el odio. “El nacionalismo blanco es el mal, está inspirando a la gente para cometer asesinatos y está siendo consentido en los más altos niveles por el Gobierno estadounidense. Eso tiene que terminar”, declaró el candidato demócrata Pete Buttigieg. Otra contendiente del mismo partido, Amy Klobuchar, aseguró que “Trump alimenta mucho el odio en este país”. Los candidatos han realizado también llamadas a imponer urgentemente un control a la venta de armas de fuego. Los demócratas llevan tiempo denunciando la agresiva retórica del presidente hacia los inmigrantes que cruzan la frontera de México y sus recientes comentarios despectivos sobre congresistas de color. “No me incumbe, porque mucha gente está de acuerdo conmigo”, respondió el presidente cuando le preguntaron, hace unas semanas, si le preocupaba que sus ataques a cuatro legisladoras demócratas negras pudieran dar argumentos a los nacionalistas blancos.

El hecho de que el asesino haya elegido El Paso -a mil kilómetros de su hogar en las afueras de Dallas, Patrick Crusius condujo cerca de nueve horas para cometer su matanza- la ciudad fronteriza por antonomasia, con un 85% de población hispana, tiene un dramático poder simbólico. El Paso constituye junto a Ciudad Juárez (México), de la que apenas le separa una valla fronteriza, una vibrante gran población en el desierto de dos millones de habitantes. Los hispanos están en este lugar desde el siglo XVII, mucho antes que los antecesores de otros ciudadanos que ahora se dicen guardianes que la genuina identidad estadounidense. La llegada a la ciudad de miles de familias centroamericanas en busca de asilo en los últimos meses ha desbordado a la guardia fronteriza y a los servicios de acogida, y ha colocado este lugar en el centro del debate político. La Administración Trump la ha tratado de utilizar como símbolo de esa supuesta invasión que incluye a peligrosos criminales y violadores, y los demócratas denuncian la incapacidad del presidente para responder a una crisis humanitaria.

 

La Fiscalía solicitará la pena de muerte para Patrick Wood Crusius, colgó en Internet un texto que hablaba de una “invasión hispana de Texas”

El joven que sembró este sábado el pánico en el centro comercial Walmart de El Paso (Texas), en la mayor la masacre de los últimos dos años en Estados Unidos, supuestamente dejó un manifiesto racista antes de matar a 20 personas y herir a otras 26. Las autoridades están investigando aún la autoría, pero apuntan a que Patrick Wood Crusius, un joven blanco de 21 años, identificado como el autor de la matanza, colgó en Internet un texto que hablaba de una «invasión hispana de Texas» y planteaba: “Si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”. Si las autoridades confirman que fue Crusius quien escribió el manifiesto sin firmar de 2.300 palabras que promueve la teoría supremacista blanca llamada ‘El gran reemplazo’, el tiroteo puede ser considerado además un delito de odio. El texto arrancaba apoyando al autor de los atentados contra las mezquitas de Christchurch (Nueva Zelanda), que dejaron 51 muertos el pasado marzo. “Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas”, proseguía el documento racista y antinmigrante. “Tenemos un manifiesto de este individuo que indica en cierto grado una conexión con un posible delito de odio”, afirmó el jefe de policía de El Paso, Greg Allen.

A las 10.39 de la mañana de este sábado Crusius, de 1.82 de altura y casi 100 kilos de peso, entró al Walmart de El Paso luciendo unas gafas protectoras, unos cascos de tiro y un arma de gran calibre. En cosa de segundos se puso a disparar durante 20 minutos en el recinto especialmente abarrotado por familias que compraban equipamiento escolar en el fin de semana previo al regreso a clases. El pistolero no opuso resistencia cuando la policía se acercó para detenerlo. Desde entonces está en la cárcel del centro de El Paso y enfrenta cargos de asesinato en primer grado, que en Texas puede significar cadena perpetua o incluso pena de muerte. Según los fiscales, el sospechoso está cooperando en las pesquisas. El FBI está investigando la masacre como un acto de terrorismo.

Crusius estaba matriculado en la Universidad de Collin, cerca de su hogar en Allen, una pequeña localidad al norte de Texas, con una población de mayoría blanca y 11% de hispanos. Según The York Times vivía con sus abuelos, quienes no han querido hacer declaraciones sobre lo sucedido. La policía ha registrado la vivienda y examina su ordenador y su rastro en Internet en busca de vínculos con grupos o individuos radicales. Después del sangriento tiroteo, cerraron las cuentas del joven sospechoso en LinkedIn y en Facebook. Un mensaje que alcanzó a circular escrito en su perfil de Linkedin decía: “Realmente no estoy motivado para hacer nada más de lo necesario para sobrevivir. Trabajar en general apesta, pero supongo que una carrera relacionada con desarrollo de software me conviene. Paso aproximadamente ocho horas al día en el ordenador, así que eso cuenta como experiencia en tecnología, supongo”.

El sospechoso del acto terrorista, también conocido ‘Brown’, se graduó de la escuela secundaria Plano Senior en 2017, ubicada en Plano (Texas). En la foto del anuario aparece vistiendo un traje y una pajarita, con una expresión muy seria en el rostro. Tras acabar el colegio se matriculó en la Universidad de Collin, donde estudió hasta esta primavera, según información de NBC News. “Collin College está dispuesto a cooperar plenamente con las autoridades estatales y federales en su investigación de esta tragedia sin sentido. Nos unimos al gobernador y a todos los tejanos para expresar nuestra sincera preocupación por las víctimas del tiroteo y sus seres queridos”, informó la casa estudio a través de un comunicado. Crusius encaja en el perfil de autores de tiroteos masivos desde la masacre en la escuela secundaria Columbine en 1999. La masacre perpetrado por dos jóvenes de 19 años marcó un punto de quiebre en los autores de estos sucesos. Los episodios más sangrientos de los que ha sido testigo Estados Unidos desde entonces suelen estar protagonizados por hombres, jóvenes y blancos. ¿Emitirán México, Centroamérica y otros países latinos de América; España y la Unión Europea, a excepción de la Inglaterra del ‘Brexit’ Alexander Boris de Pfeffel Johnson; los ‘objetivos arancelarios’ China, Rusia, India…; los ‘ejes del mal’ Irán, Venezuela, Corea del Norte…; la vecina socialista Isla de Cuba; los ‘derrotados árabes’ de Irak, Afganistán, Siria…; y el resto del mundo, ‘warnings’ para viajar a Texas? Las utopías priman en el escenario internacional sobre las distopías de Steve Bannon.

El anuncio de Donald Trump de presentarse a la reelección obliga a volver la vista atrás y mirar a quien fue uno de los hombres clave de su victoria en 2016: Steve Bannon. El documental ‘El gran manipulador’, firmado por Alison Klayman, muestra los entresijos de las actividades del estratega jefe del presidente de EE UU tras su salida de la Casa Blanca. Situada en las antípodas ideológicas del gurú de la ultraderecha, la cineasta se planteó como objetivo retratar de manera realista a quien fuera asesor de inversiones en Goldman Sachs y director de la web de noticias Breitbart News, desde la que denigraba sin piedad a los rivales de Trump. Los responsables del documental desmitifican la figura de Bannon. Le consideran menos influyente y sofisticado de lo que parece. Una de sus grandes habilidades es su capacidad para embaucar a los políticos, como se ve en la estrecha y cordial relación que mantiene con el vicepresidente italiano Matteo Salvini, al que considera uno de los dos políticos más importantes del Viejo Continente. El otro es el presidente de Hungría, Viktor Orbán.

Tras abandonar a Trump se plantó en Europa con el proyecto Breitbart Roma y Breitbart Londres, un movimiento populista que apoya el Brexit y a La Liga y asesora a políticos antieuropeístas como el británico Nigel Farage. Bajo esta divisa ha impulsado el avance de la extrema derecha, xenófoba y nacionalpopulista en las elecciones de mayo al Parlamento Europeo. En ‘El gran manipulador’ Bannon es dibujado como una persona vanidosa y astuta, que sabe jugar con los temores de la gente para ofrecer recetas mágicas (no siempre susceptibles de ser cumplidas). Lo importante es decirle a los electores lo que quieren oír. Reforzar sus ideas. Crear un enemigo que sirva de amalgama entre una diversidad de colectivos heterogéneos y afinar técnicas comunicativas para aderezar la información (verdadera o falsa) a fin de ponerla al servicio de una causa o de un candidato. Lo suyo son los datos alternativos, la posverdad y la propaganda. Son las armas que Trump ha aprendido a manejar con gran destreza y a las que sacará brillo en la carrera hacia el segundo mandato presidencial, en 2020. El futuro aspirante ya no necesita a Bannon ni su condimento para desinformar. Se basta y se sobra con Twitter.

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