La ‘Batalla de Culiacán’ desmitifica el relato romántico del bandido bueno que El Chapo se construyó, su hijo Ovidio desprecia la ‘Pax’

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, pasará el resto de su vida en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos. El capo del cártel de Sinaloa, de 62 años, fue sentenciado, el 17 de julio del 2019, por una corte de Brooklyn a cadena perpetua. A esta condena se le sumaron 30 años de prisión por violencia armada y otros 20 por lavado de dinero. Medio siglo que se añade a la vida en reclusión que el juez Brian Cogan decidió dar al narcotraficante mexicano más conocido, uno de los delincuentes más violentos de los años recientes. Como daño colateral, por sabido no menos doloroso, figura la desautorización al sistema judicial mexicano y sus instituciones. La condena es un castigo ejemplar para un escurridizo criminal que se fugó de dos prisiones de máxima seguridad en su país, se entrevistó en la clandestinidad con el actor Sean Penn con la esperanza de ver su historia llevada a la pantalla, y figuró en la lista Forbes de las mayores fortunas del mundo. Su segunda detención en México provocó marchas de repudio en su tierra natal, Sinaloa. El proceso judicial, que concluyó con la sentencia condenatoria, reveló detalles del poder corruptor de una de las organizaciones criminales más grandes del mundo y desmitificó el relato romántico del bandido bueno que El Chapo Guzmán se construyó.


El fin del proceso es un duro recordatorio para México. Nuevamente, como pasó con Osiel Cárdenas, el líder de Los Zetas, o con Juan García Abrego, del Cártel del Golfo, un capo mexicano conoce la justicia fuera del territorio donde creó su emporio criminal. La sentencia que acaba con la vida pública de Guzmán ilustra el fracaso del sistema judicial mexicano para castigar a aquellos que se han beneficiado de la debilidad del Estado. El éxito conseguido por el Departamento de Justicia de EE UU, que obtuvo una pena superior a la que propuso, debería agitar el estado de las cosas al sur de la frontera. México suma un tercer Gobierno consecutivo sumergido en una crisis de violencia, iniciada hace 12 años por el combate al narcotráfico decidido por el ejecutivo de Felipe Calderón. La violencia homicida alargó su racha en el periodo de Enrique Peña Nieto, y amenaza con instalarse en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. El debate sobre legalización de las drogas y la reforma del sistema de justicia no aparece por ningún lado, en una nación obsesionada con formar un nuevo cuerpo de policía y profundizar en un modelo militar para reducir la inseguridad. Ni el Gobierno de López Obrador ni la oposición han propuesto herramientas para acabar con la impunidad que permitió a personajes como El Chapo, con una trayectoria criminal de más de 30 años, vivir sin castigo. Sin mensajes ni instrumentos ni ideas claras, México está condenado a ser testigo de cómo los tribunales de su vecino del norte le expropian la justicia.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, lamentó la condena a cadena perpetua impuesta en Estados Unidos a Joaquín El Chapo Guzmán, antiguo líder del cartel de Sinaloa. “No le deseo mal a nadie, no me gusta hacer leña del árbol caído. Es por cierto un principio bíblico”, dijo en la conferencia de prensa diaria, conocida como La Mañanera. El mandatario evitó posicionarse sobre lo que supone el cierre del histórico proceso judicial contra uno de los narcotraficantes más poderosos de México y sobre el legado que dejó el capo en el tráfico ilícito de drogas. López Obrador concentró su mensaje en la vida que El Chapo tendrá que enfrentar en prisión de por vida. “A mí me gustaría que no hubiese gente en las cárceles, yo soy idealista”, manifestó. “Es una vida también ingrata el tener una familia y no poderla ver, el andar a salto de mata, a lo mejor eso no es vida. Y cuando todas estas cosas que suceden terminan en condenas como esta: una condena estar en la cárcel de por vida, en una cárcel hostil, dura, inhumana, pues sí conmueve”, dijo.

México, según el presidente, no pedirá que se modifiquen las reglas para la extradición con Estados Unidos. López Obrador propuso la creación de la Guardia Nacional, un cuerpo de seguridad supuestamente civil pero con una importante base militar para combatir el narcotráfico. “Lo que queremos es que se modifiquen las causas que originan estos hechos, el narcotráfico, que México ya no sea territorio para que se expresen, surjan estos hechos”, explicó. Guzmán Loera fue enviado a Estados Unidos por el Gobierno de Enrique Peña Nieto después de que se escapara dos veces de las cárceles mexicanas con la ayuda de altos cargos. Sobre el destino de los bienes del narcotraficante, López Obrador señaló que la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) analizará la posibilidad de pedir a Estados Unidos la recuperación de algunos de esos recursos obtenidos en México. “Estoy de acuerdo con lo que dijo el abogado de Guzmán Loera, lo vamos a revisar, pero él sostiene que en todo caso esos bienes pertenecen a México”, dijo. Hasta ahora, no se conoce una cifra exacta sobre el monto de la fortuna que Guzmán Loera acumuló durante los años que lideró el cartel de Sinaloa. En 2012, la revista Forbes estimó que su riqueza rebasaba los 1.000 millones de dólares, tras calcular los decomisos que la agencia antidrogas había realizado de los cargamentos de droga del cartel. El Chapo llegó a decirle al actor Sean Penn, en una entrevista en 2015 para la revista Rolling Stone, que él suministraba “más heroína, metanfetamina, cocaína y marihuana que nadie en el mundo. Tengo flotas de submarinos, aviones, barcos y camiones”. López Obrador desestimó los cálculos sobre el valor del imperio de El Chapo y aseguró que las publicaciones que lo muestran lo hacen por “razones políticas o publicitarias”.

 

La ilusión y el deseo de una ‘Paz Mexicana’, al estilo de la Pax Romana, por parte de una sociedad hastiada de tanta violencia, se vino abajo

Apenas han transcurrido unos meses desde la sentencia. El Chapo no ha cejado en su obsesión por reclamar para sí los Derechos Humanos una vez instalado en una cárcel de alta seguridad en los Estados Unidos. Paralelamente su madre y otros familiares han venido solicitando del actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, su mediación para mejorar las condiciones de vida del capo en prisión. La ilusión y el deseo de una ‘Paz Mexicana’, al estilo de la Pax Romana, por parte de una sociedad hastiada de tanta violencia, se vino abajo. La ‘Batalla de Culiacán’ con la detención y la posterior puesta en libertad de Ovidio, uno de los hijos de El Chapo, acabó con el derecho de los mexicanos a soñar con un país donde se deje de dar más vivas a la muerte que a la vida.

El Gobierno de México ha revelado los detalles del operativo fracasado que buscó la captura de Ovidio Guzmán López, uno de los líderes del cartel de Sinaloa e hijo de Joaquín El Chapo Guzmán. En un ejercicio de transparencia sin precedentes en los tiempos de la guerra contra el narcotráfico, el secretario de la Defensa, el general Crescencio Sandoval, relató el minuto a minuto que llevó al Estado mexicano a encajar una dolorosa derrota propinada por una de las bandas criminales más poderosas del país. El operativo fue calificado como un “tropiezo táctico” y una “acción precipitada” por Alfonso Durazo, el secretario de Seguridad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Una de las revelaciones ha sido el vídeo del momento de la captura de Guzmán -que después fue liberado- en el que se le ve hablando por teléfono pidiendo que cesen los ataques contra las fuerzas armadas: “Ya paren todo, no quiero más desmadre”.

En el largo informe, salieron a la luz detalles ocurridos en las cerca de siete horas de infierno. Nueve soldados y dos oficiales fueron secuestrados por los narcotraficantes en diferentes puntos de la ciudad para ser utilizados como moneda de cambio. Los sicarios entraron a cuatro departamentos habitados por familiares de los militares en Sinaloa. 20 civiles fueron afectados y recibieron atención psicológica. El cartel intentó sobornar con tres millones de dólares a uno de los comandantes responsables del operativo, quien se negó, y se hicieron amenazas de expandir la violencia a Estados como Sonora, Chihuahua y Durango.

 

El hijo de El Chapo, Ovidio, tras su detención en Culiacán: “Ya paren todo, ya me entregué, no quiero más desmadre”

“Habría sido fácil un combate de exterminio. Habríamos ganado, pero ¿a qué costo?”, ha asegurado Durazo en la peculiar autocrítica de uno de los funcionarios más cuestionados tras el fracaso militar en Sinaloa. El general Sandoval, apoyado con mapas y vídeos tomados por soldados en medio de la refriega, detalló la reconstrucción de los hechos de ese jueves 17 de octubre. Las ruedas de la Justicia en Washington habían comenzado a moverse de tiempo atrás, desde abril de 2018, cuando el distrito de Columbia emitió la orden de captura de uno de los herederos de El Chapo por el tráfico a Estados Unidos de metanfetaminas y fentanilo, una droga que ha disparado la crisis de opiáceos en el país norteamericano. El Ejército mexicano recibió el 8 de octubre de 2019 una petición de colaboración de la Guardia Nacional, un cuerpo creado por la Administración de López Obrador, para capturar al delincuente de alta peligrosidad.

El operativo del día 17 de octubre comenzó a tomar forma a las 12 de Culiacán, una menos que en Ciudad de México. Elementos de la Guardia Nacional acudieron ante la Fiscalía en la capital mexicana a presentar un informe sobre la orden de cateo de un domicilio que registrarían en Culiacán, la casa de Ovidio Guzmán. A esa misma hora comenzaron los trabajos de operación en la ciudad y la vigilancia de la residencia. El operativo fue planeado por el Grupo de Análisis e Información del Narcotráfico (GAIN), quien ha sido responsable de la detención de 663 miembros de la delincuencia organizada desde su creación a mediados de los años noventa, 46 criminales han sido capturados por este grupo desde diciembre de 2018, el inicio de la Administración López Obrador. A las 14.00, Ovidio Guzmán arribó a su casa ubicada en la calle José Muro Pico, del fraccionamiento Tres Ríos, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Allí, este heredero de El Chapo estaba acompañado solo por su familia. La residencia, de altas paredes blancas, fue rodeada 30 minutos más tarde por 38 soldados especializados en asalto y reforzados por 8 elementos de la Guardia Nacional. La intención era, tras la captura, trasladar al hijo del capo 12.5 kilómetros hasta el aeropuerto de Culiacán. El trayecto tardaría 25 minutos. Pero les esperaba algo muy distinto.

Pocos minutos después, a las 14.50, las fuerzas armadas comienzan a reportar agresiones de armas de fuego. El cartel había comenzado a desplegar su fuerza por todo el Estado para frenar la captura de Ovidio. Sus hermanos mayores, Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, fueron los operadores de la defensa. Los 145 soldados, repartidos en un grupo táctico apoyado por cuatro equipos que iban a reforzar el círculo de seguridad, comenzaron a enfrentarse con el poderoso fuego del cartel. “La seguridad externa no se logró”, relató Sandoval. El asedio al operativo se hizo por varios frentes durante más de cinco horas. Desde las 14.50 y hasta las 20.00. En muchas ocasiones, el número de hombres armados superó a las autoridades. Los cuatro equipos encargados del refuerzo perimetral de la operación y de apoyar la retaguardia de los elementos de la Guardia Nacional se toparon con numerosos sicarios. El Equipo A, con 24 soldados se encaró con 30 sicarios en 6 vehículos. Los equipos C y D, con 55 soldados, se enfrentaron minutos después de las tres de la tarde en el cruce de las calles Universitarios Oriente y el bulevar Sánchez Alonso con 40 hombres armados repartidos en 8 vehículos, dos de ellos blindados. Estos tiroteos dejaron un elemento de la Guardia Nacional muerto, 14 militares heridos, tres policías locales lesionados y otros 5 sicarios fallecidos. El grupo táctico quedó al desnudo tras la anulación de los refuerzos.

 

Después de horas bajo fuego y la amenaza de expandir la violencia a los Estados de Sonora, Durango y Chihuahua, llegó la capitulación

El momento determinante llegaría a las 15.15. Ovidio Guzmán, el hombre buscado para ser extraditado a Estados Unidos, sale al estacionamiento de su casa. La puerta se abre y sale una señora a pedir a los soldados que no disparen, que hay niños dentro. “No se preocupe, señora, no somos delincuentes”, responde un militar. En el instante, dos hombres más abandonan la casa. Son arrodillados y cacheados en busca de armas. “Ya dile a tu gente que pare todo”, dice un hombre con el rostro cubierto a Guzmán López. Un integrante del grupo táctico le da un móvil al narcotraficante. Son las 15.17. “Ya paren todo, oiga. Ya paren todo. Ya me entregué. Ya paren todo, por favor. Ya tranquilos, ya ni modo… Ya no quiero que haya desmadres”, dice Ovidio en el teléfono. El general Sandoval asegura que al otro lado de la línea se encontraba Iván Archivaldo Guzmán Salazar, quien se negó a callar las armas.

Las imágenes de esa breve negociación se filtraron a los medios de comunicación el mismo 17 de octubre. Ese momento se convertiría en el punto de inflexión de una tarde infernal. A pesar del llamado de Ovidio a su hermano, las agresiones no disminuyeron. Todo lo contrario. La presión sobre los elementos incrementó. “No va a cesar”, fue la respuesta de Iván Archivaldo según el secretario de la Defensa. Minutos después, comenzarían a registrarse en las calles los primeros heridos del bando militar. Sandoval mostró el vídeo de un soldado de tropa tendido sobre una camioneta, quien perdió la pierna izquierda por el impacto de una bala calibre 0.50 disparada por una ametralladora Barrett de alto poder. El encargado de Defensa informa al presidente López Obrador del tenso operativo en Culiacán. Son las 15.45. A las 15.47 los soldados comienzan a verse superados en número por sicarios del cartel en “actitud hostil”. Tres minutos después, se informa que las bases militares de operaciones en las localidades de Costa Rica y El Fuerte, a las afueras de la ciudad, están siendo rodeadas por civiles armados. La base militar en Culiacán fue atacada por 20 sicarios, que dejaron un soldado herido. El conjunto habitacional donde viven los familiares de los uniformados destacados en Sinaloa también fue agredido. Granadas de mano fueron lanzadas a las zonas comunes, que no explotaron, y los narcos irrumpieron en cuatro apartamentos en busca de gente para raptar. Sandoval dice que personal del Ejército saltó por las ventanas y se escondió en los clósets. Al final, los delincuentes se llevaron de allí a un sargento que minutos antes pudo poner a salvo a 20 niños.

Además de los enfrentamientos, los narcotraficantes montaron retenes en las carreteras de la región para impedir el refuerzo de militares. En una localidad al norte de Culiacán llamada Limón de los Ramos, 15 hombres armados retuvieron a dos soldados que estaban de día libre tras la revisión de un vehículo. El despliegue más impresionante fue la llegada de 150 sicarios en 30 vehículos al peaje de la comunidad de Costa Rica, una zona de influencia de Ismael El Mayo Zambada, otro de los líderes históricos del cartel. Allí, los narcotraficantes toparon a las 16.20 con 24 soldados y dos oficiales que escoltaban tanques de combustible. Los delincuentes se llevaron a cuatro soldados y a uno de sus mandos para ser intercambiados por Ovidio. Algunos medios de comunicación dieron por hecho que la imagen filtrada de uno de estos soldados secuestrados se trataba en realidad del capo disfrazado con uniforme.

A las 17.04 se registra una fuga masiva del penal de Aguaruto. Medio centenar de prisioneros escaparon de la cárcel local para sumarse al caos en las calles. Muchos de los delincuentes son acusados de delitos federales como posesión de armas y narcotráfico, crímenes relacionados a la delincuencia organizada. Los sicarios queman vehículos arrebatados a la población civil. Después de horas bajo fuero y la amenaza de expandir la violencia a los Estados de Sonora, Durango y Chihuahua, llegó el amargo momento de la capitulación. El reloj marcaba las 18.49. “Se determinó retirar a las fuerzas”, ha dicho Sandoval en lo que consideró una decisión colegiada del gabinete de seguridad. 31 minutos más tarde, el cartel de Sinaloa libera a los militares secuestrados de la caseta de Costa Rica. La violencia seguiría en algunos puntos de la región por una hora más. El saldo de aquella jornada infernal se cerró con 8 muertos (un civil, un agente de la Guardia Nacional, un prisionero fugado del penal de Aguaruto y cinco sicarios) y 19 militares lesionados. La lista de fallecidos aumentaría en días posteriores a 14. La herida en la memoria de Sinaloa sigue marcada con fuego.

 

La ‘Pax Sinica’ de Asia se sumó a la ‘Pax Romana’ y favoreció el comercio y los viajes de larga distancia entre China y Roma

‘Pax Romana’ es una expresión en latín utilizada para referirse al largo periodo de estabilidad que vivió el Imperio romano, caracterizado tanto por su calma interior como por su seguridad exterior, lo que le permitió alcanzar su máximo desarrollo económico y expansión territorial. Este periodo se desarrolló aproximadamente entre la cuarta guerra civil y la crisis del siglo III, al respecto, la Enciclopedia Británica fija su duración en 206 años, entre el año 27 antes de Cristo y el año 180 después de Cristo. En la antigüedad se la denominaba Pax Augusta, nombre también utilizado en la actualidad, debido a que este periodo comenzó inmediatamente después de empezar a gobernar César Augusto. Al contrario que en los periodos precedentes de relativa calma en la Antigua Roma, los efectos de la Pax Romana fueron determinantes y duraderos, pues aseguró el desarrollo de la civilización que Roma había establecido alrededor del Mediterráneo, al tiempo que consiguió la asimilación de los territorios y poblaciones ‘bárbaras’ conquistadas y con ello la expansión y aceptación de su administración, el derecho romano y sus valores morales y materiales.

La expresión proviene del hecho de que la administración y el sistema legal romanos pacificaron las regiones que anteriormente habían sufrido disputas entre jefes, tribus, reyes o ciudades rivales (por ejemplo, los interminables conflictos entre las ciudades-Estado griegas o tribus galas). Por supuesto, el estado de paz general se refería solo a las regiones interiores del Imperio, mientras se continuó luchando en las fronteras de éste contra los pueblos asentados en dichas zonas como los germanos y los partos. Fue un período de relativa calma, durante el cual no hubo que hacer frente ni a guerras civiles, ni a grandes conflictos con potencias extranjeras, como en las guerras púnicas… El primer emperador, Augusto, cerró las puertas del templo de Jano, las cuales solo se abrían en tiempos de guerra, cuando creyó haber vencido a cántabros y astures en el año 24 antes de Cristo. Realmente, esta guerra se prolongaría hasta el 19 antes de Cristo, pero se suele aceptar como fecha de inicio de la Paz Romana el 29, cuando Augusto proclama oficialmente el final de las guerras civiles, y se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 después de Cristo…

Se considera que la Paz Romana alcanzó su apogeo durante la dinastía de los Antoninos (96-192), y marca una edad dorada que sería recordada de manera nostálgica en los turbulentos siglos posteriores en Occidente. El Imperio alcanzó su máxima extensión en el siglo II: abarcaba desde el océano Atlántico en el oeste hasta el río Tigris en el este. El comercio se vio favorecido por las cada vez más seguras rutas de comunicación, lo que motivó el bienestar económico imperial. Esta prosperidad se vio reflejada en las ciudades, que se embellecieron y asentaron en detrimento del campo como centros de romanización y de cultura. Históricamente, la Paz Romana coincidió en el tiempo con la denominada Pax Sinica que estaba teniendo lugar en el este de Asia. Esta estabilidad que disfrutaron China y el Imperio Romano favoreció el comercio y los viajes de larga distancia entre las dos esferas de poder.​ Este periodo se considera finalizado con el inicio de los grandes disturbios y guerras del siglo III, el cual se caracterizó por una interminable serie de guerras civiles entre varios aspirantes al trono imperial, mientras empeoraba la presión germana y persa en la periferia, que llegaba a desbordarse periódicamente sobre el Imperio Romano.

 

‘Las metamorfosis’ es una obra de Publio Ovidio Nasón, Ovidio el poeta romano, nada que ver con Ovidio Guzmán López

Publio Ovidio Nasón fue un poeta romano. Nada que ver con Ovidio Guzmán López. Sus obras más conocidas son ‘Arte de amar’ y ‘Las metamorfosis’, ambas en verso; la segunda recoge relatos mitológicos procedentes del mundo griego adaptados a la cultura latina de su época; también gozaron de cierta fama las ‘Heroidas’, cartas de grandes enamoradas, y sus ‘Tristia’, poemas elegíacos en que lamenta su destierro. Ovidio nació el 20 de marzo del año 43 antes de Cristo en Sulmona, como él mismo decía, en el país de los pelignos. Era caballero de rancia estirpe, de cuya antigüedad se sentía orgulloso. Los pelignos fueron un pueblo de Italia central que vivía en el corazón de los Apeninos. Tenían al oeste a los marsos, al sur a los samnitas, al este a los frentanos, y al norte a los vestinos. Aparecen mencionados el 343 antes de Cristo cuando entraron en guerra los latinos, pero no se saben ni las causas ni el resultado de ésta. El 308 antes de Cristo los marsos y pelignos se separaron de la alianza romana, y los dos pueblos fueron derrotados por Quinto Fabio Máximo Ruliano; en el 304 pidieron la paz y la obtuvieron en términos favorables.​ Desde entonces fueron aliados fieles.

El padre de Ovidio era propietario de fincas, y murió a los noventa años, poco antes que la madre. El hermano del poeta había nacido exactamente un año antes que él, y fue su compañero en los estudios que realizaba en Roma sobre retórica, en un principio para dedicarse al derecho, pero Ovidio fue dando muestras de sensibilidad poética en detrimento de la elocuencia prosaica requerida en el foro. Su padre le reprochaba inclinarse a unos estudios que no daban ningún provecho, puesto que el mismo Homero había muerto en la pobreza. Ovidio le contestaba procurando enmendarse. Aunque se esforzaba por escribir en prosa por satisfacer a su padre, las palabras le venían siempre con ritmo y cadencia de verso “y era verso al final cuanto intentaba escribir”: Quidquid tentabam dicere, versus erat. Compartió con su hermano la vida política hasta los veinte años, edad a la que este falleció. A la muerte de su padre, Ovidio se convirtió en heredero de todas las posesiones, por lo que pudo vivir sin preocupaciones y viajar a diferentes lugares como Atenas, Asia Menor y Sicilia, donde completó sus estudios, dedicándose ya plenamente a la poesía.

Tuvo tres esposas. Con la primera se casó muy joven, pero finalmente fue tachada de nec digna nec utilis (‘ni digna ni útil’), lo que hace pensar que no pertenecía a su mismo rango social y que no le dio hijos en su corto matrimonio. No se sabe a ciencia cierta a cuál de sus dos primeras esposas se refiere como natural del país de los faliscos. Su segundo matrimonio fue corto también, pero en este tuvo una hija de la que tuvo dos nietos. Las noticias sobre su tercera esposa, Fabia, son mucho mayores. Con ella tuvo otra hija, y por ella Ovidio sintió gran cariño. Fue con ella una mezcla entre padre y maestro literario. En esta época de su vida escribió ‘Las metamorfosis’, epopeya en quince volúmenes que recoge gran parte de la mitología grecorromana, poniendo énfasis en las transformaciones sufridas por al menos uno de los personajes de cada historia, desde el origen del cosmos hasta la muerte y apoteosis de Cayo Julio César. La obra, que se conserva casi íntegra, no solo fue una gran fuente de inspiración para autores posteriores, sino que dio a los estudiosos un material único sobre mitología clásica.

No obstante su gran fama en la época, un enfrentamiento con el emperador César Augusto en el año 8 después de Cristo lo llevó a un exilio obligado a Tomis (hoy la ciudad de Constanza, en la actual Rumanía), una ciudad ubicada en la costa oeste del Mar Negro, donde pasó el resto de sus días. No se sabe a ciencia cierta por qué lo exilió. Unos dicen que porque estaba presente en ceremonias de adivinación donde se hablaba del destino del emperador; otros, que por el tono erótico de sus poemas; la última explicación, y tal vez la más ajustada a la realidad, es que Ovidio tenía conocimiento de los devaneos amorosos de la hija del emperador, Julia. Los múltiples intentos del poeta para que le perdonasen la pena fueron en vano, y murió en Tomis a la edad de sesenta años.

 

Tras el encarcelamiento de su padre, la importancia de Joaquín y Ovidio en el cartel de Sinaloa ha crecido junto con el Mayo Zambada

Ovidio Guzmán López, alias ‘El Ratón’, está acusado en Estados Unidos de conspiración para traficar con drogas. El pasado 21 de febrero, el Departamento de Justicia estadounidense publicó una acusación contra Ovidio y su hermano Joaquín Guzmán López, alias ‘El Güero’, por delitos de conspiración para distribuir cocaína, metanfetamina y marihuana para exportar. Son dos de la decena de hijos que tiene El Chapo, recluido en una prisión de alta seguridad estadounidense tras ser condenado a cadena perpetua en Nueva York el pasado mes de julio, por su papel como líder del sanguinario cartel de Sinaloa. Joaquín y Ovidio, de 34 y 29 años, respectivamente, tendrían que ser extraditados a Estados Unidos, como lo fue su padre en febrero de 2017, para ser juzgados por dichos cargos de los que les acusa un gran jurado. “Desde aproximadamente abril de 2008” y en “México, Estados Unidos y otros países”, dice la acusación, de cuatro páginas, los acusados “intencionadamente, a sabiendas y obstinadamente” conspiraron para distribuir cinco kilogramos o más de cocaína, 500 gramos o más de metanfetamina y 1.000 kilogramos o más de marihuana. El caso está asignado al juez Rudolph Contreras del distrito de Columbia, en Washington DC.

Los fiscales encargados del caso son Anthony Aminoff, uno de los firmantes del escrito de acusación, y Anthony Nardozzi, ambos de la división de Narcóticos y Drogas Peligrosas. Los fiscales han pedido, a través del Departamento de Estado, la extradición de Joaquín y Ovidio Guzmán López el mes pasado. El presidente López Obrador ha confirmado que la orden de aprehensión de Ovidio Guzmán tenía como fin el extraditarlo a Estados Unidos. Durante el juicio de El Chapo, en la corte federal de Brooklyn, los fiscales aseguraron que los hijos del narco desempeñaron un papel de facilitadores de la fuga de su padre de una prisión de máxima seguridad en Juárez, México, en 2015. Tras el encarcelamiento de su padre, la importancia de Joaquín y Ovidio en el cartel de Sinaloa ha crecido pero sigue menor que la de otros dos hijos de El Chapo, Iván y Jesús, que dirigen la aún activa organización criminal, según los investigadores, junto con El Mayo Zambada.

 

Las últimas palabras de El Chapo antes de quedar en el olvido, acusan a Estados Unidos de ser un país corrupto y denuncia torturas

El capítulo final en la prolija historia de Joaquín El Chapo Guzmán empezó con un saludo desde la distancia a su mujer, Emma Coronel. Le lanzó un beso y se llevó la mano derecha al pecho. Se le veía entero, pulcro, de buen ánimo, pese a las estrictas condiciones de reclusión tras la extradición. El pelo lo tenía teñido, sin una cana, bien peinado, y de nuevo con bigote. “Ya que el Gobierno de Estados Unidos va a enviarme a una prisión donde jamás van a escuchar mi nombre”, dijo, “tomé esta oportunidad para decir aquí que no hubo justicia”. Guzmán, de 62 años, habló antes de que el juez dictara la sentencia con la que le condena a cadena perpetua. Lo hizo él mismo, sin mediación de su abogado, durante casi 15 minutos sumando las interrupciones del intérprete. Empezó agradeciendo a su madre, a su esposa, a sus dos gemelas y a sus hijos “el apoyo incondicional” que le dieron durante el proceso. Y lo extendió de ahí a todas las personas que, dijo, rezaron por él para darle apoyo.

Y en ese momento empezó la carga. “Me dieron fuerza para soportar las torturas tan grandes que estoy sufriendo las 24 horas desde hace 30 meses”, denunció ante el juez Brian Cogan. “Me he visto obligado a beber agua no higiénica; se me negó la luz del sol y el aire fresco”, continuó. “Me duele la garganta, la nariz y la cabeza. Me tapo los oídos con papel higiénico por el ruido del aire”, añadió. La palabra tortura la repitió una decena de veces. El narcotraficante mexicano, conocido por ser un criminal despiadado y sanguinario, se dirigió al juez directamente en ese momento para afirmar que había sido “lo más inhumano» que había pasado en su vida. “Es una falta de respeto a la dignidad humana. En el siglo XXI no se puede permitir este tratamiento cruel”, sentenció.

Le llaman el Alcatraz de las Rocosas y será el hogar de Joaquín El Chapo Guzmán hasta su muerte. Nada más conocerse la sentencia a cadena perpetua, el narco mexicano desapareció. Pasadas unas horas, fue subido a un helicóptero en Wall Street y después a un avión, según explicó uno de los abogados de la defensa, rumbo al Centro Penitenciario y Administrativo de Máxima Seguridad de Florence (Colorado). La prisión, conocida como ADX o Supermax, está situado en un emplazamiento remoto y aislado al sur de Denver, en una antigua zona minera. El traslado cogió por sorpresa al equipo que defiende al narco. Aunque era más que probable desde hacía tiempo que El Chapo fuera destinado a la Supermax, la idea era que permaneciera 60 días más en Nueva York mientras se confirmaba el destino final por parte de la Oficina de prisiones —que no hizo un anuncio oficial— y sus abogados definían en paralelo el proceso de apelación de la sentencia. Guzmán fue condenado a cadena perpetua por liderar el cartel de Sinaloa.

El Departamento de Justicia utilizó este caso para demostrar hasta dónde está dispuesto a llegar en la lucha contra los carteles de la droga. “El mismo destino le espera a cualquiera que busque ocupar su lugar”, dijo en rueda de prensa tras conocerse la sentencia el fiscal neoyorquino Richard Donoghue. “Tengan cuidado” porque “no se ha acabado el trabajo” de las autoridades, agregó la fiscal de Florida Ariana Fajardo, dirigiéndose a otros criminales como Joaquín Guzmán. El Chapo abandonó la sala de la corte en Brooklyn pasados veinte minutos de las 10 de la mañana del miércoles. Los abogados se dieron cuenta de que no estaba ya en la prisión en el bajo Manhattan cuando fueron a visitarle por la tarde. Allí estuvo desde que fue extraditado antes de que Barack Obama cediera la presidencia a Donald Trump. Las autoridades se limitaron a decir que estaba en tránsito y no especificaron su localización

El ADX de Florence acoge a más de 400 reclusos entre los que se encuentran los criminales más peligrosos y violentos del país. Entre sus muros cumplen condena los terroristas Ted Kaczynski y Dzhokhar Tsarnaev, miembros de la Aryan Brotherhood y operativos de Al Qaeda. Otros temidos reos son José Padilla, conocido como el talibán boricua, y Mahmud Abouhalima, que participó en el operativo del primer ataque contra las Torres Gemelas. Por esta prisión pasó también Timothy McVeigh, autor del atentado en Oklahoma que en 1995 segó la vida de al menos 168 personas. La prisión de Florence se inauguró en 1994 a unos 185 kilómetros al sur de Denver, cerca de Pueblo. Se trata del centro penitenciario de más alta seguridad en el país. El Chapo protagonizó dos espectaculares fugas de las cárceles en México que contribuyeron a cimentar su leyenda. A esto se suma su largo historial de violencia y el temor de que logre comunicarse con el cartel, por lo que se busca que esté completamente aislado.

Nunca escapó nadie de Florence. El Chapo estará confinado en su celda 23 horas al día y tendrá permiso para hacer una hora de ejercicio en un espacio interior, solo custodiado por sus guardianes. La cama, la mesa y el asiento son de cemento. El sistema de cañerías así como las celdas están insonorizadas para evitar la comunicación con otros reclusos y el personal de la prisión. El narco tendrá una televisión, pero la imagen se emite en blanco y negro y la programación no es de actualidad. Guzmán aprovechó la vista de la sentencia para denunciar las condiciones de su reclusión desde que fue extraditado 30 meses atrás. “Me torturan las 24 horas”, protestó el condenado. Dictada la sentencia, sus abogados disponen de dos semanas para apelar aunque el traslado dificulta este proceso. “Pueden meter a Joaquín Guzmán bajo toneladas de acero en Colorado y hacerlo desaparecer, pero nunca podrán eliminar el hedor que emana de este veredicto”, dijo el letrado Jeffrey Lichtman. “Lo único que quería desde el primer día era un juicio justo”, acotó. El propio condenado pidió la palabra antes de caer en el olvido. La seguridad ha sido un factor clave durante todo el proceso y el rápido traslado a su nueva residencia en Florence apunta a que la decisión ya estaba tomada mucho antes de que se conociera la condena. Con 66 puntos, El Chapo rebasa ampliamente el máximo del barómetro (43 puntos) que utiliza el sistema judicial estadounidense para dictar sentencias en base a la gravedad de los crímenes cometidos, según explicó el juez Brian Cogan.

 

Andrés Manuel López Obrador ofreció ayuda a la familia de El Chapo para conseguir una visa humanitaria en Estados Unidos

Andrés Manuel López Obrador anunció semanas antes de conocerse el fallo judicial de cadena perpetua, en su conferencia matutina diaria, que ayudará a la familia de Joaquín El Chapo Guzmán. La madre del narcotraficante, declarado culpable en Estados Unidos por 10 cargos —liderar un grupo criminal, traficar con cocaína, torturar, sobornar y asesinar para defender su negocio, principalmente—, le había enviado una carta al presidente mexicano donde le imploraba apoyo para que su hijo pudiera cumplir su condena en su tierra (algo poco probable) o al menos recibir la visita de sus hermanas y de su madre. El mandatario mexicano aceptó brindar el apoyo legal para lo segundo. “Di instrucciones para que se den todas las facilidades y las hermanas puedan ir a visitarlo y ayudarles de acuerdo con las leyes y reglamentos que tienen en ese país”, ha declarado el presidente.

La semana pasada, López Obrador visitó el municipio de Badiraguato, al que pertenece la localidad de La Tuna, donde nació Joaquín Guzmán Loera en 1957 y desde donde levantó su imperio de la droga y llegó a liderar el cártel más poderoso del mundo: el de Sinaloa. Allí recibió de un abogado del narco una carta de María Consuelo Loera Pérez —“madre afligida y desesperada”, se lee en el documento— que pedía la repatriación de su hijo y, como última opción, la mediación del mandatario en la tramitación de unas visas humanitarias para ella y sus otras hijas. “Como cualquier madre me lo pediría por su hijo”, ha señalado el presidente. Pero su hijo fue extraditado a Estados Unidos el 20 de enero de 2017 tras escaparse dos veces de prisión. La última, de un penal de máxima seguridad a través de un túnel de un kilómetro y medio, abordo de una motocicleta. Y el regreso a México después de la sentencia de los tribunales estadounidenses resulta poco probable. El presidente mexicano no ha querido responder sobre este asunto cuando ha sido cuestionado por la prensa.

Aunque ha anunciado que brindará el apoyo a la familia de Guzmán Loera en la tramitación de las visas humanitarias, la decisión sobre si serán otorgadas o no depende directamente de su vecino del norte. Y, según el Servicio de Migración de Estados Unidos, dicho permiso está reservado para personas con una emergencia imperiosa, aunque cualquiera puede solicitarlo. Aquellos que podrían considerarse aptos para conseguirlo deben acreditar una “razón humanitaria emergente o un beneficio público importante” para poder ingresar temporalmente a Estados Unidos. “En lo jurídico, corresponde en primera instancia a la Secretaría de Gobernación, a la Fiscalía General y al poder judicial. En esto vamos a mandar el escrito (con la petición de la madre) a la instancia correspondiente”, explicó López Obrador. La Secretaría de Gobernación no ha proporcionado ninguna información sobre el trámite; tampoco la embajada de Estados Unidos en México.

El anuncio del presidente mexicano coincidió con la acusación de narcotráfico a los hijos del narco por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos. “Joaquín Guzmán López y Ovidio Guzmán López han sido acusados alegando que desde abril de 2008 hasta 2018 conspiraron para distribuir cocaína, metanfetamina y marihuana desde México y otros lugares para su importación en Estados Unidos”, señaló en un comunicado. La acusación a estos hijos se une a la de otro, Jesús Alfredo Guzmán Salazar entre los 10 fugitivos más buscados por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (la DEA) desde el año pasado. Tras un juicio histórico, de tres meses, contra el mayor capo de la droga de los últimos años, un jurado popular concluyó que El Chapo era culpable de los 10 cargos que se le imputaban. Se trató del mayor juicio por narcotráfico que se haya vivido en Estados Unidos.

 

El señalamiento del coronel Juan José Verde Montes, jefe del operativo en Culiacán, evoca el caso de Melquisedet Angulo

Más que apagarse, las llamas del operativo Culiacán arrecian en México y amenazan con chamuscar la credibilidad del Gobierno. Tras el ejercicio de transparencia del miércoles, con datos, horas, videos e imágenes de la detención y liberación de Ovidio Guzmán, llegó el turno de las preguntas. Ante los cuestionamientos de los periodistas -¿Quién organizó el operativo para detener al hijo del Chapo en Culiacán? ¿Cuándo lo ordenó? ¿Desde cuándo lo supo el Gobierno? ¿Por qué fracasó?-, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha ordenado al secretario de la Defensa que dijera el nombre del responsable del operativo. El general Luis Cresencio Sandoval no ha tenido más remedio que darlo. Ese ha sido el inicio de una tormenta de críticas y acusaciones que se ha prolongado hasta el final de la conferencia de prensa matutina del presidente. De ahí ha saltado a las redes y más tarde a la Cámara de Diputados, donde ha comparecido el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo.

Poco se sabe del señalado. El general Sandoval ha informado de que se trata del coronel Juan José Verde Montes, comandante del Grupo de Análisis de Información del Narcotráfico, GAIN, un grupo de élite del Ejército. En los archivos de la Defensa figura su último ascenso, a finales del año pasado. Nada más. Quedan en el tintero preguntas sobre su implicación concreta en el operativo de Culiacán, si fue el funcionario de mayor rango pendiente del operativo o si, por el contrario, había otros. Pero ahí queda su nombre. Su soledad ilustra la arbitrariedad del Gobierno en la comunicación de la preparación del operativo, su ejecución y los fallos.

La mención del nombre del coronel ha desatado las críticas contra el presidente, incluso hasta el punto de señalar violaciones a códigos militares. Muchos se han acordado en México del caso de Melquisedet Angulo. En 2009, la Secretaría de Marina organizó un operativo en Cuernavaca para capturar a Arturo Beltrán Leyva, viejo aliado del cartel de Sinaloa. Beltrán Leyva murió durante la operación, igual que el marino. Ocurrió que el nombre de Angulo se filtró a la prensa y apenas unos días después un comando asesinó a su familia en Tabasco, a cientos de kilómetros de allí. El marino era personal de tropa y participó en el operativo, estuvo en campo. En cambio, Verde es coronel y ha sido señalado por Sandoval como el máximo responsable del GAIN. Catalina Pérez Correa, investigadora de la División de Estudios Jurídicos del CIDE, opina que “hay un riesgo en dar los nombres. Es verdad que él no estaba en campo, pero dar un nombre sí es peligroso para él y sus familiares, dado el nivel de inseguridad que hay en México y el nivel de reacción de los cárteles”. La prensa ha preguntado mucho estos días por la responsabilidad del operativo, quién sabía y quién decidió. Por eso ha extrañado el señalamiento a un mando medio. “Cuando los periodistas preguntaban quién es responsable, no era para saber solo este nombre, sino tratar de entender cómo se rompió la cadena de mando. Entender si un operativo de este tipo se pudo poner en marcha sin el conocimiento de los de arriba. Porque el nombre de él no lo resuelve. Hay un desfase entre lo que se pide y lo que se da”, añade Pérez Correa.

Para Ernesto López Portillo, coordinador del programa de seguridad ciudadana de la Universidad Iberoamericana, “es extraordinariamente grave que se haya nombrado al responsable de la operación. Una cosa es la rendición de cuentas que debe haber ante los errores, sin duda. Pero otra es la publicidad de los datos personales de las personas que lo están arriesgando todo para perseguir al crimen organizado”. En cualquier caso, la acusación de violar códigos militares parece más bien exagerada. EL PAÍS ha consultado a dos abogados, expertos en justicia castrense y ninguno aprecia responsabilidades de acuerdo al Código de Justicia Militar. Ramiro Ramírez explica por ejemplo que el único problema habría sido de Sandoval. “Se lo ordenó el presidente, que es su superior. Si se hubiera negado a dar el nombre, podría haber incurrido en un delito de desobediencia e incluso en otro de traición a la patria”.

Mientras tanto, el secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, ha acudido a la Cámara de Diputados a dar explicaciones por el operativo. Durazo es sin duda uno de los peor parados en esta crisis, sobre todo por la incoherencia entre las diferentes versiones que ha dado de lo ocurrido: cada vez que ha hablado los detalles eran distintos. Una de las diputadas más críticas ha sido Lucía Riojas, del movimiento Ahora. En su discurso, ha dicho: “Alguien rompió la cadena de mando el jueves 17 de octubre y es enteramente su responsabilidad. Si usted sabía del operativo y no lo detuvo, es usted responsable. Si no lo sabía, es usted responsable. Si le mintieron, es usted responsable, si le ocultaron información, es usted responsable”. Riojas apuntaba al corazón de las críticas, más allá del nombre del responsable operativo. A casi dos semanas del horror de Culiacán, aún no está claro cómo una petición de extradición que venía de Estados Unidos acabó en una batalla a tiros en la capital sinaloense. La cuestión trasciende al diseño del operativo y alude a los permisos, a quién lo avaló y a la coordinación entre las fuerzas militares y policiales.

López Portillo apunta a la Guardia Nacional, el cuerpo de seguridad creado por deseo de López Obrador, de espíritu híbrido, a medio camino entre lo civil y lo militar. La Guardia Nacional participó en la batalla de Culiacán. Incluso un influyente columnista, Raymundo Riva Palacio, escribía que el mando del operativo en campo estuvo en el comandante de la Guardia Nacional, el general en retiro Luis Rodríguez Bucio. “Todo esto tiene que ver con la cadena de mando de la Guardia. No alcanzamos a entender quién tiene el control político y operativo de la corporación. Estamos observando la posibilidad de que la Guardia esté representando el desorden organizativo”, dice el experto. “Nos preocupa especialmente que estemos mirando diferencias en la manera de hacer las cosas entre los civiles y las Fuerzas Armadas. La cantidad de información no confirmada que habla de posibles diferencias entre las formas de hacer y decidir en torno a todo esto…”.

No podemos olvidar, a pesar de la ‘Batalla de Culiacán’ y su ‘táctica derrota’, que México y su actual Gobierno y oposición, deben buscar soluciones multidisciplinares para lograr ese grito de ‘Viva la Vida’ y no ‘Viva la Muerte’, que la ciudadanía anhela. La historia nos ha demostrado que hay que ser valiente en la difícil tarea de lograr la paz. En todos esos procesos hay una mesa de negociación. Es importante que sea sin luz ni taquígrafos, para que los contendientes nos quieran poner más muertos encima de la mesa. La discrecionalidad es una de las claves. Lo sabemos muy bien en el País Vasco donde en su día unos mataban en nombre de la revolución y otros lo hacían en nombre de la constitución. La paz tardó décadas en llegar, pero se alcanzó, que es lo importante, ante la presión no solo de la inteligencia policial y la opinión pública internacional, sino de la propia sociedad vasca, española, europea…, que exigió a las partes una reconversión, una regeneración, una transformación… En México no va a ser diferente. La paz es una tarea de todos y va a tardar tiempo en lograrse, apenas doce meses como anunciaba hace unas horas Andrés Manuel López Obrador, desde un ingenuo optimismo, o años, desde un realista pesimismo.

Si somos capaces de unirnos en la ‘Victoria de Culiacán’ de acabar con la necrofilia, el presidente va a tener la razón, no se va a equivocar. En una ocasión, el Rey de España, Juan Carlos I, admitió que se había equivocado… Un periodista monárquico le desmintió. “Su Majestad, Usted no se equivoca nunca, pues es el Rey…”. Juan Carlos I no solo le desmintió al comunicador ‘chayotero’ de la Transición Democrática Española, sino que pidió perdón a los españoles -“sus súbditos” para el plumilla complaciente- y recalcó, una vez más, que solo se había equivocado sino que no iba a volver a disparar a un elefante en un safari africano. Esa imagen no es de recibo en una monarquia parlamentaria que se precie. Sería de agradecer, también, que nuestros actuales bandoleros del siglo XXI, corruptos saqueadores de las arcas públicas en España y México, pidieran siquiera perdón. Quizás sea una nueva utopía. La más importante, no lo olvidemos, es la de alcanzar una paz justa en nuestro país. Nos lo merecemos.

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