La Policía Nacional de España homenajea a Franz Kafka tras resolver el caso de una madre y una hija que contratan un asesinato, el sicario no cumple y le denuncian

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Encargaron un asesinato a un sicario y han sido detenidas al denunciar que este las estafó. Agentes de la Policía Nacional de la comisaría de Centro (Madrid) han arrestado a tres personas, dos mujeres y un hombre, todos de nacionalidad española y sin antecedentes previos, por su supuesta implicación en un delito de proposición para cometer asesinato. Esta historia comienza meses atrás, cuando una vecina de Madrid de 52 años y su hija de 20 supuestamente sufrieron una estafa por un montante de 60.000 euros. El engaño lo realizó la pareja de la madre y la hija se lo comentó a su actual pareja sentimental, de 29 años. Este le dijo que era jefe de los servicios secretos y que urdiría un plan para resarcirlas de la estafa. Primero localizarían al timador, lo asesinarían y le extraerían los órganos. Con su venta recuperarían los 60.000 euros que les habían sido defraudados. Las víctimas de la estafa y el supuesto jefe de los servicios secretos firmaron un contrato que, bajo el título de “resolución en vista ordinaria”, establecía “con prioridad la búsqueda de [nombre el supuesto estafador]”. Los pasos consistían en buscar al sujeto; interrogar a familiares, amigos y personas de su entorno; posteriormente, la “sustracción de identidades, descalificaciones y sumisiones”, enlazar con la empresa ‘fantasma’ y “extraerle siete órganos”. El punto seis del contrato recoge que se compensaría a la mujer con la venta de esos órganos.

“En caso de la negativa del sujeto a donar sus órganos voluntariamente, se le obligará de las maneras establecidas en el código 341 del Reino de España”, afirma el documento, que fijaba un plazo de ejecución de entre 60 y 180 días. “Para la finalización de la operación, el sujeto principal será llevado ante un tribunal antiterrorista encabezado por el general de división”, afirma el documento. Los anexos se acompañan de la supuesta trayectoria profesional del jefe de los servicios secretos. Entre ellos, destacan 1.897 objetivos abatidos, 524 capturados, 352 misiones efectuadas o 46 medallas obtenidas. Además, hablaba numerosos idiomas de lo más variado. Para empezar a trabajar y poder localizar el objetivo, el falso espía pidió una especie de fianza de 7.000 euros. Era el dinero necesario para pagar a sus confidentes y localizar a los sicarios que ejecutaran la operación. Pero el tiempo pasaba sin que se cumpliera el objetivo del contrato (matar al primer estafador). Ante este engaño, las mujeres decidieron ir a la comisaría de Centro y denunciar que habían sido estafadas por el novio de la hija. Lo que no sabían es que ellas mismas habían cometido, supuestamente, otro delito, el de proposición para el asesinato. Ambas fueron detenidas de inmediato. Después localizaron al novio de la hija, que también fue arrestado. Los tres han sido puestos a disposición judicial. La policía no descarta que el detenido haya estafado a otras personas. Han quedado en libertad con cargos, pendientes de ser citados por el juez que instruya el caso. Los investigadores se cercioraron de que el individuo objeto del plan se encontraba en perfectas condiciones. Tampoco se descarta que sea arrestado como supuesto autor de un delito de estafa.

La Policía Nacional, que da por resuelta esta cadena de delitos, ha bautizado el operativo como Operación Kafka. Los agentes decomisaron varios cheques por distintos importes. En muchas tertulias literarias suele hacerse el comentario de que la realidad de la vida supera la ficción. Yo creo que siempre es así. No sé por qué nuestros escritores de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal… repiten este tipo de añejas sandeces. Lo insólito del caso madrileño no es la estafa con tintes necrológicos, sino el ‘destape’ de los policías nacionales, al parecer lectores asiduos de Franz Kafka. Creo que esta es la noticia a destacar, más que el crimen chapucero, que bien pareciera una historieta de ‘Mortadelo y Filemón’. Esta es una serie de historieta humorística creada y desarrollada por el autor español Francisco Ibáñez a partir de 1958, la más popular de las suyas, y probablemente de todo el cómic en España. Adscrita habitualmente a la escuela Bruguera, ha gozado además de multitud de adaptaciones a otros medios. Como dato anecdótico, la reina de España, Leticia fue fotografiada con su esposo , el rey Felipe VI, y sus hijas, disfrutando del verano, luciendo una camiseta en homenaje a Franz Kafka. Sin más…

 

“En caso de la negativa del sujeto a donar sus órganos voluntariamente, se le obligará de las maneras establecidas en el código 341 del Reino de España”, afirma el documento, que fijaba un plazo de ejecución de entre 60 y 180 días. “Para la finalización de la operación, el sujeto principal será llevado ante un tribunal antiterrorista encabezado por el general de división”, afirma el documento. Los anexos se acompañan de la supuesta trayectoria profesional del jefe de los servicios secretos. Entre ellos, destacan 1.897 objetivos abatidos, 524 capturados, 352 misiones efectuadas o 46 medallas obtenidas. Además, hablaba numerosos idiomas de lo más variado. Para empezar a trabajar y poder localizar el objetivo, el falso espía pidió una especie de fianza de 7.000 euros. Era el dinero necesario para pagar a sus confidentes y localizar a los sicarios que ejecutaran la operación. Pero el tiempo pasaba sin que se cumpliera el objetivo del contrato (matar al primer estafador). Ante este engaño, las mujeres decidieron ir a la comisaría de Centro y denunciar que habían sido estafadas por el novio de la hija. Lo que no sabían es que ellas mismas habían cometido, supuestamente, otro delito, el de proposición para el asesinato. Ambas fueron detenidas de inmediato. Después localizaron al novio de la hija, que también fue arrestado. Los tres han sido puestos a disposición judicial. La policía no descarta que el detenido haya estafado a otras personas. Han quedado en libertad con cargos, pendientes de ser citados por el juez que instruya el caso. Los investigadores se cercioraron de que el individuo objeto del plan se encontraba en perfectas condiciones. Tampoco se descarta que sea arrestado como supuesto autor de un delito de estafa.

La Policía Nacional, que da por resuelta esta cadena de delitos, ha bautizado el operativo como Operación Kafka. Los agentes decomisaron varios cheques por distintos importes. En muchas tertulias literarias suele hacerse el comentario de que la realidad de la vida supera la ficción. Yo creo que siempre es así. No sé por qué nuestros escritores de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal… repiten este tipo de añejas sandeces. Lo insólito del caso madrileño no es la estafa con tintes necrológicos, sino el ‘destape’ de los policías nacionales, al parecer lectores asiduos de Franz Kafka. Creo que esta es la noticia a destacar, más que el crimen chapucero, que bien pareciera una historieta de ‘Mortadelo y Filemón’. Esta es una serie de historieta humorística creada y desarrollada por el autor español Francisco Ibáñez a partir de 1958, la más popular de las suyas, y probablemente de todo el cómic en España. Adscrita habitualmente a la escuela Bruguera, ha gozado además de multitud de adaptaciones a otros medios. Como dato anecdótico, la reina de España, Leticia fue fotografiada con su esposo , el rey Felipe VI, y sus hijas, disfrutando del verano, luciendo una camiseta en homenaje a Franz Kafka. Sin más…

La serie de Francisco Ibáñez nació con el nombre de ‘Mortadelo y Filemón, agencia de información’, tomando como base cómica la ficción de detectives y con historietas de 1 a 4 páginas. Desde el principio los personajes protagonistas estaban definidos: Filemón es un hombre colérico de dos pelos y es el jefe, y Mortadelo es un hombre alto y calvo, con nulo sentido común y la capacidad de disfrazarse de cualquier cosa. En 1969 ingresan en las filas de la T.I.A., una desastrosa agencia secreta que les permite parodiar las historias de espías y se incorporan a la nómina de personajes fijos el despótico superintendente (o ‘Súper’) de la organización, el catastrófico científico profesor Bacterio, o la oronda Secretaria Ofelia. Además empezaron a aparecer aventuras largas de 44 páginas. En cualquiera de sus épocas la serie destaca por su humor extremadamente ‘slapstick’, por lo que los personajes sufren constantemente percances como caídas desde grandes alturas, explosiones, aplastamientos por todo tipo de objetos pesados (pianos, cajas fuertes, etcétera) sin que las consecuencias de los mismos suelan durar más de una o dos viñetas. Toda una sátira de todas las policías y sus servicios de inteligencia y contrainteligencia en el mundo, incluidos los de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal… y los del resto de los municipios de Quintana Roo. Nunca habíamos leído que un caso resuelto por fin conllevara un claro a homenaje a la figura de un escritor universal como Franz Kafka. ‘Spain is different!’, el eslogan que cambió para siempre la imagen de España.

El ministerio de la dictadura del general gallego Francisco Franco, dirigido por otro diplomático de carrera gallego Manuel Fraga Iribarne, ideó una campaña turística en los años sesenta que sacaba ventaja de la fama española de país aislado y de costumbres bárbaras. España no era peor, era diferente. Cuando la mayoría de los países de Europa seguía considerando a España un lugar remoto y aislado de sus vecinos –los más ofensivos llegaron a decir que “África empezaba en los Pirineos”–, el ministro Fraga promovió en 1960 un lema enfocado a los turistas extranjeros que sacaba ventaja de la mala fama española: ‘Spain is different!’. Ni mejor ni peor, ‘Spain’ era un destino exótico…

 

Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez se encuentran entre los escritores influidos por la obra de Kafka

Franz Kafka (Praga, Imperio austrohúngaro, 3 de julio de 1883-Kierling, Austria, 3 de junio de 1924) fue un escritor bohemio de origen judío que escribió en alemán. Su obra está considerada una de las más influyentes de la literatura universal​ y está llena de temas y arquetipos sobre la alienación, la brutalidad física y psicológica, los conflictos entre padres e hijos, personajes en aventuras terroríficas, laberintos de burocracia y transformaciones místicas. Fue autor de las novelas ‘El proceso’, ‘El castillo’  y ‘El desaparecido’, la novela corta La metamorfosis y un gran número de relatos cortos. Además, dejó una abundante correspondencia y escritos autobiográficos. Su peculiar estilo literario ha sido comúnmente asociado con la filosofía artística del existencialismo —al que influyó— y el expresionismo. Estudiosos de Kafka discuten sobre cómo interpretar al autor, algunos hablan de la posible influencia de alguna ideología política antiburocrática, de una religiosidad mística o de una reivindicación de su minoría etnocultural, mientras otros se fijan en el contenido psicológico de sus obras. Sus relaciones personales también tuvieron gran impacto en su escritura, particularmente su padre (Carta al padre), su prometida Felice Bauer (Cartas a Felice) y su hermana (Cartas a Ottla).

Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez se encuentran entre los escritores influidos por la obra de Kafka. El término kafkiano se usa en el idioma español para describir situaciones insólitas, por lo absurdas y angustiosas,​ como las que se encuentran en sus libros y tiene sus equivalentes en otros idiomas. Solo unas pocas de sus obras fueron publicadas durante su vida. La mayor parte, incluyendo trabajos incompletos, fueron publicados por su amigo Max Brod, quien ignoró los deseos del autor de que los manuscritos fueran destruidos.

 

Los miembros mortíferos de las bandas en México son más bien “sicarios viejos”, gente mayor de 30 y 40 año, según Héctor Aguilar Camín

Salvo ciertas élites políticas de México la violencia y el protagonismo de los que la ejercen, los sicarios, no dejan dormir a la ciudadanía, que tiene miedo, en algunos casos, y terror, en otros, a salir a las calles de nuestra ciudad de Cancún cuando anochece. Son muchos los empresarios y sus familias que han optado por trasladar sus lugares de residencia fuera del Caribe Mexicano. La ciudad de Miami, en La Florida de Estados Unidos, es una referencia que se repite. Estos días he podido releer una perturbadora columna del periodista, novelista e historiador chetumaleño, Héctor Aguilar Camín, ‘País de sicarios viejos’…

“Es posible que los reclutados para las tareas más simples del crimen organizado, como servir de halcones, sean jóvenes muy jóvenes, que ni estudian ni trabajan: los famosos ‘ninis’ a los que está dedicado el más ambicioso de los programas sociales del nuevo gobierno ‘Jóvenes construyendo futuro’, para mexicanos de entre 18 y 29 años. Pero un estudio reciente revela que los miembros verdaderamente mortíferos de las bandas, los desalmados personeros que explican gran parte de la estadística homicida del país, son más bien ‘sicarios viejos’, gente mayor de 30 y 40 años. Los sicarios propiamente dichos, los que matan y son muertos todos los días, escribe Roberto Valladares, investigador de Lantia.Consultores, en el último número de ‘Nexos’, fueron responsables de 60 por ciento de los homicidios que se cometieron en 2017. Estos sicarios son una variable relativamente independiente en el entorno de la inseguridad y la delincuencia, y la inseguridad que padecemos.

Puede haber guerras mortales entre bandas y muy alta frecuencia de homicidios en lugares donde los demás delitos son de muy baja incidencia, como en Colima y Baja California Sur, en el mismo 2017. Y puede haber lugares tranquilos a los que una espiral de violencia sacude súbitamente por la aparición de sicarios en pugna, como Guanajuato. La edad de los muertos que dejan en el terreno los enfrentamientos de sicarios organizados es reveladora: 44.6 por ciento de las víctimas tiene entre 30 y 49 años. Es una cifra muy superior a la que se observa en otros países, como Estados Unidos (34.7%) o Brasil (34.3%).

El perfil de los sicarios presos en distintas cárceles arroja también un alto porcentaje de adultos jóvenes que tienen familia e hijos. Muchos son ex policías o desertores del Ejército que llegan al sicariato como adultos, no como adolescentes. Si se quiere incidir en la reducción del reclutamiento de esta zona mortífera del crimen organizado, hay que inventar algo distinto a lo propuesto hasta ahora. ‘Pretender frenar al crimen organizado’, dice Valladares, ‘con una estrategia de becas y capacitación para el trabajo y apoyos de hasta 3 mil 600 pesos mensuales es como intentar prevenir el contagio de VIH con dietas y ejercicio’.

Héctor Aguilar Camín publicó su primer libro de ficción en 1983: la recopilación de cuentos ‘La decadencia del dragón’, la que tuvo una gran repercusión en la crítica y, dos años después, después de mantener en secreto otros borradores, sale su primera novela: ‘Morir en el golfo’, que sería llevada al cine con el mismo nombre en 1990 por Alejandro Pelayo. Esta novela, ambientada en el mundo de la producción petrolera, fue muy debatida y le valió la primera acusación nunca probada de escribir por encargo del poder. Daniel Salinas Basave escribe que “si alguien quiere profundizar en el auge petrolero de los 70 e impregnarse de la atmósfera que rodeó al sexenio de José López Portillo, leer ‘Morir en el golfo’ es una opción más que recomendable. Una época huérfana de creaciones rescatables en todos los ámbitos artísticos, tiene una novela que la retrata a la perfección. Vaya, casi me atrevería a decir, guardando toda obvia proporción, que si ‘La región más transparente’ de Carlos Fuentes es la novela que retrató la época de Miguel Alemán y el aburguesamiento de la Revolución, ‘Morir en el golfo’ es la obra del lópezportillismo”.

En 1985 apareció su segunda novela, ‘La guerra de Galio’, la más conocida por el público latinoamericano entre las que ha escrito. Desde entonces ha seguido publicando con regularidad libros de ficción, entre los que destacan su premiada novela ‘Un soplo en el río’. El escritor se define así: “Creo en los amigos y los conservo de todas las épocas. Creo en la familia y en los hijos. Creo en la conversación de los espíritus a través de los libros. Creo en el buen alcohol y la buena mesa, y en el goce de los bienes terrenales. Creo en el trabajo y el esfuerzo”, al tiempo que se confiesa ateo: “Y no me han sido otorgadas la fe, ni la resignación cristiana”. Como historiador ha escrito principalmente sobre México y sus problemas.

 

La inseguridad, la erosión del tejido social y la impunidad han creado una espiral de violencia que ha hundido a la capital mexicana

Más de 5.000 personas han sido asesinadas en Ciudad de México entre 2013 y lo que va del año, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP). Al ritmo de una muerte violenta cada ocho horas. Tres asesinatos por día. Como Paola, Martín o Jerzy. Como el caso que llena de morbo las portadas de los periódicos de nota roja. Como el cuerpo cubierto por la “sábana negra” y que no saldrá esta tarde en las noticias. Como lo que empezó en una riña y acabó archivado en el cajón de una fiscalía. Así hasta llegar a un aumento del 40% en los homicidios de los últimos seis años, como documenta México Evalúa, en el estudio ‘5,013 homicidios en la CDMX’. Las probabilidades de que un crimen se denuncie y se esclarezca en la capital mexicana son menores al 1% y ocho de cada 10 homicidios no se resuelven, de acuerdo a la organización Impunidad Cero. No hay respuestas rápidas ni atajos para salir de la crisis. Mientras Ciudad de México se mira en el espejo del momento más sangriento de su historia reciente, aparece el reflejo del crimen organizado, del fracaso de las políticas de seguridad y del sistema de justicia, pero también de las carencias sociales, la falta de oportunidades y los estigmas. También hay destellos permanentes de corrupción e impunidad. La suma de los factores es una espiral de violencia cada vez más normalizada en todo el país. Hay otros ocho Estados con más asesinatos que la capital y otros 22 tienen más homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes, según datos del SNSP.

¿Sabes qué fue lo que me impactó? Se pregunta aún Leticia Ponce, la madre de Jerzy Ortiz. Después, guarda silencio. Era junio de 2013. Su hijo y otros 12 jóvenes de entre 16 y 34 años habían sido secuestrados hacía tres meses en la discoteca Heavens, en pleno eje financiero de la capital. La madre de otra de las víctimas le dijo que los habían encontrado, que comprara el periódico. “Veo el encabezado: ‘Descuartizados’ y abajo la foto de mi hijo Jerzy en primera plana, no se tientan el corazón, no saben lo que lastiman a la gente”. Se le quiebra la voz. Hay todavía mucho dolor y muchas dudas: “Mañana puedes ser tú, puede ser cualquiera. Por la inseguridad, por todo lo que está arrastrando esto”. Veo puros huesos, pedazos. Me dijeron: “Esto es su hijo”. Los jóvenes fueron vapuleados por los medios, criminalizados como narcomenudistas, pero nunca lo comprobaron. Les llamaban “tepiteños” de forma despectiva, porque la mayoría eran del barrio bravo más famoso de la capital de México. Era un silogismo perverso, como si se merecieran haber sido desaparecidos, torturados y asesinados por el barrio en el que vivían, porque eran de Tepito. Pero no los mataron ahí. “La inseguridad la tenemos en todo el país… no nada más en Tepito, en todos lados te roban, en todos lados te secuestran”, dice Ponce, de 53 años, sobre el estigma y las etiquetas de todos los días, mientras el bullicio se cuela en uno de los negocios de su familia, en el corazón del barrio.

¿Cómo lo aceptó? “Lo tenía que aceptar, si no iban a decir que estaba loca… Quien ha perdido un hijo, ¿cómo va a aceptarlo? No lo vas a aceptar en tu vida, hasta que te mueras. Han pasado seis años, hay 26 detenidos, pero aún no se sabe por qué se los llevaron y los asesinaron. Tres palabras salen en la conversación. “¿Verdad? Hay miles de preguntas en el aire, las autoridades te hacen un cuento como ellos quieren y más en México”, reclama Ponce: “¿Justicia? No hay justicia, tenemos gente en el reclusorio, ¿y?”. Por último, memoria: “¿Cuándo han dignificado a mi hijo, cuándo han dicho nos equivocamos? Porque era un niño, un niño de 16 años”.

 

Una estrategia fallida en seguridad pública de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto pero también de Miguel Ángel Mancera

El 11 de diciembre de 2006, 10 días después de asumir el cargo, el expresidente panista Felipe Calderón declaró lo que se conoce como guerra contra el narcotráfico. México registró casi 175.000 homicidios en la primera década de conflicto, según datos oficiales. En 2012 hubo un cambio del partido en el poder, hubo otra estrategia de comunicación, la priista. Las cifras repuntaron a finales de 2015. Se alcanzaron niveles preocupantes en 2016. En 2017, el país batió todos los récords de homicidios dolosos desde que empezaron los registros públicos en 1997, hubo 25.339 muertos. Hasta ese año, la capital había vivido en su propia burbuja, ajena al terror, en “otro país” sin asesinatos a traición, balaceras ni grandes decomisos. Ciudad de México seguía su propia dinámica delictiva, sobre todo porque los criminales enfrentaban una presencia del Estado mucho más potente y su capacidad de realizar actos de impunidad cínica era menor”, explica el analista en seguridad Alejandro Hope.

Pero el auge de la violencia ya no se explica por la explosión de los enfrentamientos en dos o tres puntos del país, señala Lisa Sánchez, directora de México Unido contra la Delincuencia. “Esta vez es diferente, el cierre de 2017 apuntó a un alza generalizada y en todo el país, preocupante en sí misma”, comenta Sánchez. Hay inercias nacionales y locales. “El modelo de seguridad pública de los últimos 12 años es disfuncional, es una estrategia fallida”, apunta Eunice Rendón, especialista en prevención del delito: “Hay que hablar de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, pero también de Miguel Ángel Mancera”.

Los focos rojos se mantuvieron en delegaciones (distritos) como Cuauhtémoc (en el centro de la ciudad), Gustavo A. Madero (norte) e Iztapalapa y Venustiano Carranza (oriente), pero también se afianzaron nuevos puntos conflictivos como algunas zonas de Álvaro Obregón, Coyoacán y Tláhuac (en el sur), según se desprende del estudio de México Evalúa. Mancera, jefe de Gobierno desde diciembre de 2012 hasta marzo de 2018 y antes procurador (fiscal) de la ciudad, entregó en 2017 sus peores cuentas en homicidios dolosos: hubo 1.085. También fue el año con más delitos durante su Administración: se abrieron más de 204.000 carpetas de investigación y más de 27.000 por crímenes de alto impacto, según datos oficiales. Más violencia, en más zonas y ligada a más delitos.

“Todos los consejos de los que están alrededor son: “No te desgastes’, ‘da vuelta a la página’, ‘es irremediable”, cuenta desconsolado Jorge, de 72 años, el padre de Martín: “Pero eso es imposible… no les ha pasado, no saben lo que se siente”. Martín fue asesinado en octubre de 2014 y su cuerpo, abandonado a unos 700 metros de la fiscalía que levantó el informe, en la delegación Gustavo A. Madero (GAM), en el norte de la ciudad. “Mi hijo era un joven como usted, en plenitud de su vida, integrado en la sociedad”, recuerda su padre, que ha pedido el anonimato para él y su hijo. El caso está empantanado. No hay detenidos. Las cámaras de seguridad, como las 15.000 que vigilan la ciudad, estaban “descompuestas” cuando sucedió el crimen. Eso le dijeron durante las indagatorias. Los policías se quejaban de “que no tienen recursos ni viáticos” para averiguar lo que pasó. La investigación se inició “por homicidio con arma de fuego”, pero ningún arma se disparó según la autopsia. Jorge asegura que tuvo que dar dinero para que le devolvieran las pertenencias de su hijo. “Mi vida está por terminar y sigo con una gran frustración, seguiré con un nudo en la garganta hasta el último día, pero será más terrible si me voy y no se hace justicia”, lamenta y dice de cara al dolor: “Yo quiero justicia, quiero cumplir con la memoria de mi hijo, demostrarle que su padre no se cruzó de brazos”. Martín tenía 34 años.

 

El 95% de los reos en la capital son hombres, la mitad de ellos tiene entre 18 y 34 años, y están ligados al 90% de los delitos según datos del INEGI

Hombre, 34 años en promedio. Eso es lo primero que salta a la vista al ver las estadísticas de homicidios, según los datos que ha recopilado México Evalúa entre 2009 y 2016 sobre las víctimas. La mayoría se cometieron en Iztapalapa, donde vivía Martín, y en la GAM, donde lo mataron. En 2017 hubo 1.315 muertes por homicidio en la capital, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Nueve de cada 10 eran hombres. Es la principal causa de muerte entre varones de 25 a 34 años y la segunda entre los que tienen de 15 a 24 años. La tendencia se replica para el resto del país. “Los hombres se están muriendo en proporciones absurdas”, lamenta Rendón. El nexo se agudiza cuando se habla de muertes violentas ligadas al crimen organizado. El 95% de los reos en la capital son hombres, la mitad de ellos tiene entre 18 y 34 años, y los varones están ligados al 90% de los delitos que se cometen en Ciudad de México, según datos del INEGI. Las sentencias reducidas para menores y un cúmulo de vulnerabilidades sociales hacen que los jóvenes se conviertan en “carne de cañón”. “Estamos viendo a chavos desde los nueve a los 12 años en los grupos delictivos y a los 15 ya están en las grandes ligas del crimen”, advierte Saskia Niño de Rivera, directora de Reinserta. “Hay una falta de políticas públicas y de oportunidades para los jóvenes mexicanos”, añade.

Cuenta Gustavo, de 22 años. Se toma su tiempo, tiene los ojos bien abiertos. “Fue un ajuste de cuentas, nos estábamos peleando el punto de venta de la droga y lo tuve que hacer”. Se le cierra la garganta, hace una larga pausa y sigue: “Era de noche, lo levantamos en un coche, lo llevamos a una casa en el Estado de México y le metimos unos balazos en la cabeza”. Ambos tenían unos 15 años cuando pasó todo, vivían en el mismo barrio, vendían droga en Tepito. Pero uno era de una pandilla y el otro, de otra. “No quería hacerlo, pero sabía que me la tenía que jugar porque había amenazado a mi familia”. “Empecé por necesidad, a veces no teníamos ni para comer, otras veces veías que los demás tenían cosas y tú no”, recuerda Gustavo. Fue reclutado a los 14 años. Era bueno para la escuela, pero eran muchas las presiones. Todo estaba muy normalizado: los robos, la droga, la violencia, los problemas en casa. Su madre murió de una enfermedad terminal cuando era niño, su padre es alcohólico. Después de tres años en la comunidad para adolescentes de San Fernando regresó al barrio y la presión no ha cedido: “Todavía me invitan a robar y a matar por dinero, despegarme de todo ha tomado tiempo”. Su pandilla llegó a pagar 200.000 pesos (10.000 dólares) por asesinato. Más de 2.200 salarios mínimos.

 

El mantra gubernamental es que el narcotráfico no opera a gran escala, permitiendo que los grupos criminales crecieran y se fortalecieran

¿Alguna vez mató por dinero? No. Fue solo esa vez. Un ajuste de cuentas es personal. “Cada vez están más chavos los que van a robar, los que van a matar, no hay nadie que te dé un consejo, que te oriente, que te dé una oportunidad”, dice frustrado y confiesa: “Es muy duro, a veces me pongo a llorar por la impotencia”. La violencia en el barrio ha empeorado y la discriminación fuera de él, también. Ser padre de dos niños cambia todo. Ellos son su motivación para hacer trabajo comunitario, para acabar sus estudios, para salir adelante. “Fui victimario cuando cometí el delito, pero también víctima de todo un sistema y si las cosas no cambian, al final los jóvenes seguiremos pagando todo esto”, lamenta. Las muertes violentas alimentan las estadísticas igual si se produjeron tras una riña en un bar que se salió de las manos o en un enfrentamiento entre sicarios. Por eso, no hay fórmulas al hablar de homicidios, un fenómeno sumamente complejo y multifactorial, ya sea como un crimen aislado o como el último eslabón de una larga cadena de delitos.

La hipótesis de la cartelización de la capital ha cobrado fuerza recientemente, al implicar que grupos del crimen organizado han penetrado y expandido sus operaciones en los últimos años. Esto ha provocado, según esta lógica, enfrentamientos entre bandas, pandillas y cárteles por controlar territorio y puntos estratégicos. Informes de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la Procuraduría General de la República (el equivalente a la Fiscalía nacional) indican que al menos 11 grupos del narcotráfico tienen presencia en Ciudad de México. El abatimiento de Felipe de Jesús Pérez ‘El Ojos’, líder del cártel de Tláhuac, tras un operativo del Ejército y la captura de Roberto Mollado ‘El Betito’, cabecilla de la Unión de Tepito, refuerzan esta teoría. “Son un grupo violento de narcomenudistas, pero no es crimen organizado”, dijo Mancera tras la caída de ‘El Ojos’. El mantra que ha repetido el Gobierno es que el narcotráfico no opera a gran escala en la ciudad. “La negación de Mancera ha sido irreal y esa negación ha permitido que los grupos criminales crecieran y se fortalecieran”, dilapida Rendón.

 

“El tema es que antes si el muerto era narco, la orden era no investigar más a fondo”, agregaba un periodista, que pide no ser identificado

“El crimen organizado siempre ha existido en Ciudad de México, lo que ha cambiado es que se comporta de forma más agresiva, con el crecimiento de la venta de drogas al menudeo y delitos como la extorsión”, apunta Hope. “Antes te tocaba un encajuelado, un encobijado, ha habido narcofosas desde hace tiempo, pero ahora hay tres o cuatro o cinco casos porque hay más gente metida en eso”, comenta un reportero de nota roja con más de 35 años de experiencia. “El tema es que antes si el muerto era narco, la orden era no investigar más a fondo”, agrega el periodista, que pide no ser identificado. El narcotráfico es un tabú. Y aún quedan muchas dudas sobre el funcionamiento y el alcance de los grupos delictivos. La narrativa de la guerra de cárteles ha servido como un atajo analítico, promovido por las propias autoridades, para explicar una realidad mucho más compleja, cuestiona Hope. “Nadie trae un gafete o un código de barras, se pueden asignar identidades o pertenencias a ciertos grupos, pero de ahí a pensar que existen jerarquías y papeles definidos de cada célula criminal es muy distinto”, agrega y concluye: “No sabemos cuál es el motor del alza en homicidios”.

Los choques y la pertenencia a grupos criminales solo cuentan una parte de la historia. Hay contextos y factores psicosociales que hacen más vulnerables a ciertas comunidades que a otras, coinciden los especialistas. “Hay que hablar de falta de oportunidades laborales, de condiciones de hacinamiento, de la imposibilidad de acceder a bienes y servicios de forma legal, de toda una generación biológica que ha crecido en un ambiente de violencia”, expone Sánchez. La GAM e Iztapalapa, las dos son zonas con más homicidios, tienen en proporción más hogares monoparentales y más conflictos familiares con agresiones físicas o verbales que la media nacional, según una encuesta oficial con más de 500.000 participantes para la prevención del delito. En la periferia norte de la ciudad hay más menores de 29 años que tienen que estudiar y trabajar, pero también más jóvenes que tuvieron que dejar la escuela por falta de recursos o porque los rechazaron y que no encuentran trabajo.

 

La criminalización y el estigma se ensañan con los habitantes de las zonas más vulnerables, ya sea desde solicitar un trabajo hasta tomar un taxi

Los jóvenes de Iztapalapa y Gustavo A. Madero tienen menores expectativas de crecer profesionalmente y de vivir seguros en sus barrios que el resto del país. El número de habitantes menores de 29 años que aseguran estar expuestos a robos duplica el promedio nacional, los que han sufrido extorsiones o han visto venta de drogas lo triplican y en Gustavo A. Madero el uso de armas de fuego con alta frecuencia es cuatro veces mayor al resto de México, alerta la encuesta. Más del 70% de los asesinatos se han cometido con un arma de fuego, según el SNSP. La suma provoca una bola de nieve en las percepciones de riesgo de los jóvenes maderenses: cinco de cada 10 se sienten inseguros en su barrio, seis de cada 10 en su delegación y siete de cada 10 en toda la capital. “Es importante hablar de esto, pero también no caer en el ‘determinismo de la miseria’, no podemos meter en la misma bolsa a todos los habitantes”, matiza Manuel Vélez, del Observatorio Nacional Ciudadano. La línea al hablar de factores de riesgo y criminalizar a los habitantes de estas zonas es delgada. “La violencia es algo con lo que hemos crecido toda la vida, pero muchas veces se nos estigmatiza y discrimina por ser de nuestro barrio”, dice un joven de 22 años que ha pedido el anonimato y que vive en la colonia (barrio) Ampliación Gabriel Hernández, identificada por las autoridades como uno de los focos rojos en la periferia norte. La criminalización y el estigma se ensañan con los habitantes de las zonas más vulnerables, ya sea desde solicitar un trabajo hasta tomar un taxi de regreso a casa.

“Hay problemas como en todos lados, pero para conocer la realidad y acabar con la discriminación hay que visitar el barrio”, afirma el joven. La Ampliación Gabriel Hernández es un laberinto de casas de colores, callejones estrechos y escaleras interminables que serpentean sobre el cerro del Guerrero, en la GAM. Es un barrio lleno de vida, con una comunidad que lucha por abrirse paso y que permanece fiel a su identidad, que hace olvidar por momentos que la tensión es permanente y que la violencia no ha dado tregua. En un lustro hubo 24 homicidios, según datos de México Evalúa. Cuatro personas fueron asesinadas en una fiesta. El cadáver de un hombre fue encontrado en una maleta. Otro hombre murió a tiros…

 

“Es que es trabajadora sexual, ¿para qué pelean tanto si nadie la va a reclamar?”, negligencia y discriminación del ministerio público

“El coche avanzó unos metros y Paola empezó a gritar, en ese momento corrí al auto y vi como la mataban a quemarropa”, recuerda Kenya Cuevas, su amiga. Tres balazos acabaron con la vida de Paola Sánchez, una trabajadora sexual de 25 años. “La mataron el 30 de septiembre de 2016 y desde ese día mi vida cambió por completo”, confiesa Cuevas, conteniendo las lágrimas. Esa noche todo sucedió muy rápido. Cuevas dice que el cliente, un exmilitar que estaba drogado, también quiso dispararle, pero la pistola se encasquilló. Poco después llegó la Policía y Cuevas empezó a grabar con su teléfono, acusando al supuesto agresor y pidiendo auxilio para Sánchez, que permanecía dentro del auto. “¡Todavía está viva, por favor! ¡Paola, aguanta!”, gritaba desesperada Cuevas en el vídeo, grabado en la céntrica calle de Puente de Alvarado. “Desde el principio hubo negligencia de parte del ministerio público y también discriminación, desde que llegamos nos dijeron ‘es que es trabajadora sexual, ¿para qué pelean tanto si nadie la va a reclamar?”, asegura Cuevas. El sospechoso estuvo detenido 48 horas y después lo dejaron libre por falta de pruebas.

“El juez argumentó que había solo dos versiones, la del inculpado y la de la víctima, pero como la víctima no dijo quién le había disparado en su lecho de muerte, entonces no había un testigo como tal y solo le dio credibilidad a la versión del imputado”, cuenta resignada. El vídeo no fue incluido en la carpeta de investigación y Cuevas fue identificada como “curiosa del lugar”, no como testigo. Después de que avanzó la investigación, se expidió una orden de aprehensión contra el exmilitar, que lleva casi dos años en busca y captura. Cuevas, la denunciante, ha recibido varias amenazas de muerte, mientras el imputado está libre. “Todos los días pienso en ella, todos los días se me viene a la mente dónde estará este sujeto y si otras compañeras están en peligro”, dice angustiada Cuevas.

 

En Plaza Garibaldi habla el mariachi Jorge Méndez: “Se ha vuelto normal”. Luego, los ecos de la negación: “No es crimen organizado”

“Se ha vuelto normal”, cuenta agotado Jorge Méndez, de 69 años. Todavía vestido de mariachi, a unos veinte metros de la escena del crimen. Doce horas antes, cinco sicarios disfrazados de músicos acribillaron a 13 personas en Garibaldi, la plaza de la música mexicana, una de las más famosas y concurridas del país. En pleno centro de la capital, el viernes antes de la noche del grito de Independencia, la celebración más importante para los mariachis, para los vendedores de comida, para Garibaldi. “Se nota que venían a lo que venían”, dice convencida Aurora, una vecina de 47 años: “Esto fue un ajuste de cuentas”. El tiroteo duró apenas seis segundos. La sangre todavía está fresca afuera del pequeño local donde fue el ataque, un supuesto negocio fachada en el que se vendía droga. Dos plantas más arriba de donde estaba el negocio, tres niños se asoman tímidamente a través de una ventana amarillenta. En la calle, otro chavo patea una pelota, a solo unos pasos del cordón policial, y esquiva a una patrulla apostada para resguardar el lugar. Tres turistas rubios pasan sin comprender de qué se trata aquello, por qué tanta gente se queda parada uno, dos o tres minutos y después hace una foto con el celular. “Como si no pasara nada”. Normalizado.

Cuatro veladoras arden a un costado de la zona acordonada, una por cada muerte que se conocía hasta ese momento: tres habían fallecido en el momento y otro más en el hospital. Tres días después se supo que habían muerto seis personas, cuatro hombres y las dos mujeres que administraban el local. Una de ellas fue identificada como Araceli Ramírez, de 27 años, esposa de un capo que controlaba la venta de droga en Garibaldi, que lideraba el grupo Antiunión –una escisión de la Unión de Tepito- y que había sido asesinado en marzo pasado. La otra víctima era su hermana Cristina Ramírez, de 22 años. Esa noche no paró el mariachi, ni la fiesta ni los tragos en Garibaldi. “La noche apenas empezaba y teníamos que seguir tocando, teníamos que sacar el gasto”, justifica Méndez para explicar cómo había sido posible que el movimiento en la plaza hubiera seguido después de que tres motocicletas irrumpieran entre el mar de gente y detonaran 60 cartuchos con sus metralletas a todo el que se les cruzara por el frente.

La hipótesis principal, un enfrentamiento entre dos cárteles que se disputan el primer cuadro de Ciudad de México: la Unión de Tepito y los Antiunión. Las autoridades aseguran que los agresores han sido identificados, pero no han detallado quiénes eran ni si han sido detenidos. “Todo queda envuelto en este marco de ajustes de cuentas y bandas rivales sin entender que lo verdaderamente importante pasa por la detención de los presuntos responsables”, lamenta Sánchez. Sin consecuencias. Hasta ahora. Después retumban las palabras del mariachi Méndez: “Se ha vuelto normal”. Luego, los ecos de la negación: “No es crimen organizado”. Más tarde viene a la cabeza el consejo que Kenya Cuevas dio a Paola Sánchez para trabajar en una esquina de la calle Puente de Alvarado, donde fue asesinada a tiros: “Salte de Garibaldi, hay mucho alcohol y mucha droga, es peligroso”. Finalmente, el lamento de Leticia Ponce, sin respuestas tras muchos meses de perder a su hijo Jerzy: “En todos lados te roban, en todos lados te secuestran”. “Estamos en un momento en el que las personas parecen reemplazables, desechables, como si no importara que se les arrebate la vida así”, lamenta Sánchez. “Es una foto muy simbólica del estado de la nación… y justo en las fiestas patrias”, agrega Sánchez, sobre la ola de inseguridad que azota a México y su capital. Violencia normalizada, violencia que ocho de cada 10 veces no tiene consecuencias.

 

“Decir que la inseguridad ha aumentado con López Obrador es una verdad que esconde un uso político”, escribe Jorge Zepeda Patterson

“El problema es que mis adversarios y su prensa solo me buscan las que están podridas del huacal”, dijo López Obrador el miércoles, 3 de julio, en una de las muchas expresiones campiranas de las que gusta echar mano el presidente de México. Por su parte él, como buen marchante, solo presume la fruta sana, la que pone por encima, como lo hizo este lunes 1 de julio al dar a conocer los avances de su Gobierno. Mucho del balance de los primeros siete meses del sexenio es materia debatible entre la idílica versión oficial y la satanizada perspectiva de sus rivales. No es el caso de la inseguridad pública: esa es una “podrida” que no hace faltar buscar porque es ella la que está buscando al régimen.

“Decir que la inseguridad ha aumentado con López Obrador es una verdad que esconde un uso político…”, escribe Jorge Zepeda Patterson, en una columna periodística en el periódico EL PAÍS. “Se esgrime como si fuese responsabilidad explícita del régimen. En realidad el número de asesinados viene aumentando año a año desde mediados del sexenio de Peña Nieto y no ha parado con el arranque de la Administración. En 2014 se registraron 17.000 homicidios dolosos, mientras que en 2018 la cifra ascendió a poco más de 34.000, casi el doble. Cada año se ha roto el récord y 2019, el primero de la nueva Administración, lleva indicios de no ser la excepción. Tiene razón AMLO cuando afirma que el fenómeno es el resultado de condiciones heredadas del pasado; y sus críticos están en lo correcto al argumentar que la nueva Administración ha sido incapaz de afrontar el problema…”.

 

Los cárteles y sus mantas a la Guardia Nacional, “vienen con todo, pero haber (sic) cuántos salen vivos”, su puntería es más letal que su ortografía

Como para muchos otros temas, el presidente tiene una opción singular. La creación de una Guardia Nacional, un híbrido entre fuerza militar y policíaca, que obligó al poder legislativo a introducir cambios constitucionales en medio de un intenso debate sobre derechos humanos y riesgos de militarización del país. Esta semana comenzaron a desplegarse por el territorio nacional los primeros 70.000 elementos de la nueva corporación, que llegará a 150.000. La solución del presidente es de orden práctico. Asume que al introducir en 2006 al Ejército al combate a las drogas agotamos el último recurso. Las Fuerzas Armadas han servido para contener zonas puntuales, pero poco a poco han perdido esta guerra. Su número es insuficiente y carecen de formación en materia policiaca para hacer efectivo el desmantelamiento de los cárteles, por no hablar de la frecuente violación a los derechos humanos en la que incurren. Del otro lado, las fuerzas policíacas y los reiterados esfuerzos de los Gobiernos por reconstruirlas han fracasado. Carentes de disciplina y espíritu de cuerpo, terminan siendo infiltradas por la corrupción y se convierten en semillero de reclutamiento de la propia delincuencia. Con la Guardia Nacional AMLO busca lo mejor de los dos mundos, o mejor dicho, eliminar lo peor de ambos: una fuerza con disciplina y lealtad militar, sujeta a las restricciones legales y a los procedimientos profesionales de una policía moderna. Al menos esa es la idea.

Por lo pronto, ha sido recibida con sensaciones encontradas: muchas dudas de parte de los expertos y gran expectativa por parte de poblaciones flageladas por las extorsiones, asesinatos y secuestros. El propio presidente ha dicho que con la Guardia Nacional se está jugando la suerte de la 4T. Y probablemente tiene razón. A diferencia de otros objetivos sociales y económicos, la métrica de la nota roja es contundente. En materia de avances financieros o de bienestar unos pueden ver el vaso medio lleno o medio vacío, no en el caso de las cifras de muertos. En el intento de introducir un cambio de régimen AMLO está confrontando poco a poco a los poderes legales e ilegales constituidos. Sostiene un pulso abierto con la prensa adversa, con la iniciativa privada, con los gobernadores y partidos de oposición, con la sociedad civil, con los sindicatos (más soterrado). Es una confrontación en la que lleva ventaja. En esta lucha por ampliar sus márgenes de poder, el presidente había preferido mantener fuera a dos importantes frentes: Estados Unidos y los cárteles del crimen organizado (salvo el correspondiente al robo de combustible).

Con la Guardia Nacional encara ahora a los poderes salvajes. Necesita reducirlos no solo por su ambicioso combate a la corrupción, también por su proyecto político más amplio. No será posible la 4T (Cuarta Transformación) si no ejerce plenos poderes sobre el territorio y desmonta el estado paralelo de las bandas criminales. Por lo pronto, los cárteles han respondido al arribo de los miembros de la Guardia Nacional con un mensaje en mantas: “vienen con todo, pero haber (sic) cuántos salen vivos”. Y desde luego sabemos que su puntería es más letal que su ortografía. Lo dicho, de poder a poder.

 

El juez Brian Cogan tiene previsto dictar sentencia contra ‘El Chapo’ el próximo 17 de julio en Brooklyn, Nueva York

La defensa de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán fracasó en el intento para que se anulara el juicio y se celebrara uno nuevo desde cero, con un jurado diferente. El juez Brian Cogan negó en rotundo la solicitud, en la víspera del día de la Independencia. El magistrado tiene previsto dictar sentencia el próximo 17 de julio en Brooklyn, Nueva York. El narcotraficante mexicano se enfrenta a una condena mínima de cadena perpetua. Los abogados de El Chapo lograron dilatar el proceso tres semanas, pero no más. Pidieron al juez Cogan que se celebrara una audiencia probatoria para investigar la conducta del jurado, a raíz de las declaraciones hechas por uno de sus miembros en las que admitía que consultaron los medios de comunicación y las redes sociales. También hablaron entre ellos, cuando el magistrado lo prohibió. El magistrado considera, sin embargo, que esta declaración no representa en sí misma una evidencia de peso que justifique celebrar la vista y por eso decide negar la solicitud, como se puede leer en la última línea de un documento de 45 páginas, antes de estampar su firma. ‘El Chapo’ fue declarado culpable de 10 cargos penales el pasado febrero por liderar un grupo criminal y traficar con droga.

Brian Cogan justificó su decisión diciendo que la acusación presentó “una montaña” de evidencias para sostener su causa contra el líder del cartel de Sinaloa, que muestran que es culpable. En este sentido considera que la cobertura del juicio por parte de los medios no tuvo impacto en el veredicto final. Solo en el primer cargo, por liderar una empresa criminal, el jurado aceptó 25 de las 27 acusaciones. El juicio a ‘El Chapo’ duró 11 semanas. La fiscalía llamó a 56 testigos, incluidos 14 que cooperaron bajo protección. Sus testimonios fueron corroborados con una multitud de pruebas, incluidas varias grabaciones en las que el jurado pudo escuchar a Joaquín Guzmán negociando cargamentos de droga que iban a tener como destino final Estados Unidos o dando órdenes para protegerlos.

Al estrado subieron sus socios e incluso una de sus múltiples amantes. El juez insiste que las evidencias presentadas en contra de ‘El Chapo’ fueron “abrumadoras”. “No hubo escasez de pruebas de que el acusado era culpable de los delitos por los cuales fue condenado”, afirma Brian Cogan. Por eso, al referirse a la celebración de la audiencia probatoria, dice que hubiera sido “como ir de pesca al océano”. El abogado Jeffrey Lichtman respondió a la decisión del juez comparando el proceso con la “inquisición” y diciendo que el juicio fue un “espectáculo” más que un “ejercicio de la justicia”. “El jurado cometió un crimen mientras ellos mismos juzgaron a Guzmán”, añadió, cargando contra la fiscalía y contra el propio magistrado porque no se le reconoce a su cliente el derecho de tener una audiencia probatoria. Es esperanzador que los ‘capos’ y sus sicarios, a través de sus abogados reivindiquen la aplicación de los Derechos Humanos.

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