The Washington Post nombró a la generación millennial como “la más desafortunada en la historia norteamericana”

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

La primera generación que vivió con computadoras personales, teléfonos inteligentes, internet y el flujo global de información desde una edad temprana tenía grandes expectativas para sí misma: con más años de educación que sus padres y con una composición más diversa socialmente, los millennials soñaron con más prosperidad e impacto global que muchas generaciones anteriores. Sin embargo, las encuestas internacionales muestran que los millennials, cuya edad actualmente oscila entre los 26 y los 40, más o menos, tienen más probabilidades de endeudarse que sus antepasados y tardan más, en promedio, en dejar la casa de sus padres o en alcanzar los hitos tradicionales de la vida adulta, como comprar una propiedad o un automóvil. “Esta desconexión entre la expectativa y la realidad ha convertido a los millennials en el blanco de memes o comentarios despectivos en internet sobre su aparente “fracaso”, «pereza» o mayor dependencia de sus padres.

Y para empeorar las cosas, la generación millennial ahora recibe las miradas desdeñosas de la generación Z, la que le sigue, y para quienes gran parte de lo que se asocia con millennials es visto como vergonzoso. Entonces, ¿qué fue lo que salió mal para los millennials? Y ¿realmente fracasaron? La respuesta de muchos investigadores es, ante todo, que la culpa no es exactamente de los millennials: es principalmente el estado de la economía. “La generación millennial se convirtió en adulta en los primeros días de los teléfonos inteligentes y la conectividad. Entonces, de alguna manera, estaban en el lugar correcto en el momento adecuado para desarrollar grandes ideas sobre su papel en el mundo”, explica Jason Dorsey, experto en perfiles de millennials y presidente de la empresa estadounidense Centro de Cinética Generacional, que analiza los hábitos globales de los millennials y la generación Z. “Sus padres les dijeron que tendrían éxito, que tenían un amplio acceso a la educación en comparación con las generaciones anteriores, y había una gran sensación de conexión y de impacto”. Pero esta generación enfrentó grandes recesiones, como la que arrastró al mundo luego de la crisis financiera de 2008 a 2009. “En muchos sentidos, los millennials estaban posicionados para tener mucho éxito, o eso se les dijo. Y la realidad es que muchos millennials han atravesado algún tipo de gran recesión, con despidos masivos, inflación, estancamiento de los salarios y aumento del costo de vida”, continúa Dorsey. En Estados Unidos un informe de junio de 2020 de The Washington Post nombró a la generación millennial como “la más desafortunada en la historia norteamericana”.Cada generación tiene sus “momentos de definición”. “Teniendo en cuenta la crisis actual (la pandemia de covid-19), los millennials, en promedio, han experimentado un crecimiento económico más lento desde que ingresaron al mercado laboral que cualquier otra generación en la historia del país”, dice el informe. “Los millennials llevarán estas cicatrices económicas por el resto de sus vidas, en forma de ingresos más bajos, menor prosperidad e hitos de vida retrasados, como la adquisición de una vivienda”. Ahora en la pandemia, aunque la generación más afectada por la falta de trabajo es la más joven, las tasas de desempleo también son altas entre los millennials. Y este grupo de personas también coincide con un grupo de edad que ya había sido muy golpeado por la crisis económica de 2015.

Para colmo, los millennials enfrentan una inseguridad laboral más acentuada que la que siente la generación de sus padres en general

Por supuesto, cada generación enfrenta desafíos propios y lo que Dorsey llama “momentos decisivos”: eventos que marcan a una generación de manera que influyen en sus miedos, opciones educativas y de vida, valores y percepciones del futuro. La generación “silenciosa” (nacida entre 1928 y 1945), por ejemplo, estuvo profundamente marcada por la Segunda Guerra Mundial. Luego, los baby boomers (1946-64) vivieron eventos globales como la Guerra de Vietnam o la llegada del hombre a la Luna.La generación X (1965-1980), que vino después, vio el final de la Guerra Fría y el avance del sida. La actual generación Z (nacida entre mediados y finales de la década de 1990), a su vez, seguramente estará fuertemente influenciada por su experiencia en la pandemia actual. Además, generaciones enteras pueden verse afectadas por eventos de magnitud local, como terremotos, epidemias o eventos políticos traumáticos. Entonces, ¿qué distingue a la generación millennial? Los puntos clave, dice Jason Dorsey, son el aumento considerable en el costo de vida (particularmente en la educación y, en muchas ciudades del mundo, la vivienda) y el alcance cada vez más global de eventos que podrían no haber tenido tanto impacto si no vivéramos en un mundo tan interconectado. “Hasta la llegada de GenZ, los millennials eran la generación más similar (entre sí) en el mundo. ¿Significa que las personas son iguales? No. Pero sí significa que tienen muchas similitudes en su forma de pensar sobre la comunicación, entretenimiento, cultura, participación en la política”, dice el especialista.

“Las economías están mucho más conectadas, al igual que los sistemas bancarios y las cadenas de suministro. Y, si nos fijamos en los empleos, muchos de los grandes empleadores son multinacionales. Así que la generación tiene una sensación de interconexión que antes no existía”, agrega “Los millennials se han vuelto más conscientes de los eventos globales porque el flujo de información y la interconexión han significado que algún evento que no era necesariamente global terminó volviéndose global”. “No me refiero a la categoría de eventos como las guerras mundiales, sino a la idea de que una crisis bancaria en un país tiene un efecto tan grande en otros y se extiende por todo el mundo. Eso es muy significativo”, indica Dorsey. Para colmo, los millennials enfrentan una inseguridad laboral más acentuada que la que siente la generación de sus padres en general. Los ajustes fiscales, la flexibilización de las normas laborales, la competitividad en el mercado laboral y el avance de la economía compartida -con sus beneficios y problemas- son algunas de las circunstancias que hacen que los millennials tengan una vida profesional en ocasiones más flexible y abierta a la creatividad; otras veces veces más incierta y precaria.

Obligados a posponer muchos logros, retrasar su carrera, su matrimonio, tener hijos, comprarse una casa, ahorrar para la jubilación…

Los millennials enfrentan más inseguridad y trabajos precarios. “Los millennials se han convertido en adultos con un tipo de contrato empleado-empleador muy diferente al de la generación anterior”, explica Dorsey. “Nuestras encuestas muestran que no esperaban trabajar en una sola empresa durante toda su vida, o tener el mismo empleador por el resto de sus vidas. (…) Así que hay una sensación de entusiasmo y libertad, la idea de que ‘puedo crear mi propia carrera’, pero al mismo tiempo existe la desventaja: los empleadores pueden no ofrecer los mismos beneficios que antes en seguros, seguros de salud, etc.”. “La responsabilidad de esto termina pasando del empleador al millennial. En algunos casos esto funciona bien, en otros, no”, dice. “Lo mismo ocurre con la economía colaborativa. La idea de que ‘puedo usar mi automóvil cuando quiera transportar personas’ me da una gran flexibilidad, pero ¿este trabajo no me impedirá tener un trabajo más formal? ¿terminará esto eliminando los empleos más formales?”. “No tengo respuestas, pero son innovaciones que tienen lados positivos y negativos, y los negativos impactan desproporcionadamente a una generación más que a otra”, expresa Dorsey.Esto también se refleja en fenómenos como el de las “personas físicas”, y la informalidad de los trabajadores. “Son los reveses en este conjunto de circunstancias los que hacen que los millennials se sientan frustrados”, dice Jason Dorsey.

“Se enfrentaron con estos desafíos que los obligaban a posponer muchas cosas (logros): retrasar su carrera, su matrimonio, tener hijos, comprarse una casa, ahorrar para la jubilación… Comenzaron a sentir que muchas metas u objetivos que se habían marcado ellos mismos fueron reprimidos”. “E incluso los más afortunados que seguían trabajando y avanzando tenían la sensación de que había muchas fuerzas en su contra”, prosigue Dorsey. “Se puede argumentar que esta generación, debido a elementos fuera de su control, siente que las cosas están más lejos de su alcance que en generaciones anteriores”. Pero no todo es malo para esta generación, ni mucho menos: están más abiertos a la diversidad y más conscientes del impacto de sus hábitos de consumo que las generaciones anteriores, por ejemplo. También es la primera generación que comienza a tomar medidas contra la desigualdad salarial y laboral de género, aunque Dorsey cree que es probable que los cambios más profundos quedaron a cargo de la generación Z. Los millennials también valoran mucho el espíritu empresarial, en promedio, más que sus padres o abuelos. “Fue la (primera) generación que vio a los emprendedores como mentores o inspiración. En otras generaciones, (la inspiración) podría haber venido de los directores ejecutivos de grandes empresas, jefes de gobierno u ocupantes de otros roles”. “Pero los millennials se convirtieron en adultos en un momento en que internet colocaba a los emprendedores en pedestales”, explica Dorsey. “Además, los millennials pueden iniciar negocios en internet de forma mucho más barata. Sin embargo, lo que hemos visto es que muchos millennials abren negocios en paralelo con otros trabajos (como un suplemento de ingresos)”.

La pandemia, que tiene a muchos millennials pensando en el equilibrio entre el trabajo y la vida personal y el propósito de su vida

Otra curiosidad: Dorsey ha visto en su investigación un número cada vez más grande de millennials mayores, aquellos en sus cuarenta y tantos, que reconsideran sus opciones profesionales y buscan nuevas direcciones en sus carreras, algo que muchos de sus padres podrían no haber considerado cuando tenían esa misma edad. “Parte de esta (reevaluación profesional) se debe a la etapa de la vida, y muchos millennials que se sienten desilusionados con sus caminos ahora están considerando otras opciones para la segunda mitad de su carrera”, señala Dorsey. “Otra parte de esto se debe a la pandemia, que tiene a muchos millennials pensando profundamente sobre lo que es importante para ellos y cómo pasan su tiempo, incluido el equilibrio entre el trabajo y la vida personal y el propósito de su vida”. “Esto se traduce en buscar otras carreras u otros estilos de trabajo”. En general, dice Dorsey, él y otros investigadores generacionales son “muy optimistas sobre los millennials”. “Los millennials tienen grandes habilidades, son relativamente jóvenes, se beneficiarán de cualquier recuperación económica que se presente en los próximos años y tienen mucho tiempo por delante para tomar decisiones y encontrar su propósito”, señala.

“Por un lado, tuvieron mala suerte, pero por otro lado, todavía tienen tiempo para sacar provecho”. “Y en muchos países los millennials representan la mayoría de la fuerza laboral actualmente activa y la generación más grande en puestos gerenciales. Están contribuyendo activamente a la economía”, agrega. Las divisiones entre generaciones, de la “silenciosa” a la Z. Finalmente, puede ser que las nomenclaturas generacionales suenen a broma o a mera curiosidad. Pero para los investigadores, estas divisiones son muy importantes… “Son una herramienta para analizar los cambios en las opiniones a lo largo del tiempo”, explica en un texto Michael Dimoch, presidente del Pew, un importante instituto de investigación estadounidense. “Estos recortes son una forma de que entendamos cómo las diferentes experiencias formativas (como eventos globales y cambios tecnológicos, económicos y sociales) interactúan con el ciclo de vida y el envejecimiento para dar forma a la visión que las personas tienen del mundo”. El Pew define a los millennials como aquellos que nacieron entre 1981 y 1996. En el caso del Centro de Cinética Generacional de Jason Dorsey, este intervalo es ligeramente diferente: entre 1977 y 1995. Más que el año inicial en sí, la generación está determinada “por su contacto inicial con la tecnología, que vivan en áreas urbanas o suburbanas, el nivel de ingresos y educación de sus padres, porque (debido a esto) cada persona puede ser introducida a la tecnología más tarde o más temprano”, explica. “Pero concluimos (la generación del milenio) en 1995 debido al 11 de septiembre, que fue muy impactante en muchas partes del mundo. Y los que nacieron después de 1995 no recuerdan el 11 de septiembre”

“El protagonista de la serie de HBO ‘High maintenance’ es un millennial viejo que es camello de marihuana y se traslada en bici por Nueva York

Los gurús de la sociología moderna anuncian el fracaso de la generación más visualizada de los últimos tiempos. “El protagonista de la serie de HBO ‘High maintenance’ es un millennial viejo que es camello de marihuana y se traslada en bici por Nueva York. Estamos tan fastidiados que su trabajo parece hasta medio atractivo…”, escribe la periodista Anne Helen Petersen en el más enrollado ‘online’ de los Estados Unidos de Donal Trump, buzzfeednews.com

¿Cuándo te decides a ir a recoger un correo certificado este ya ha sido siempre devuelto? ¿Te resulta titánica la tarea de cocinar un martes por la noche? ¿Ves poco factible llegar a tiempo mañana a la oficina del padrón municipal antes de que cierre? ¿Se te ha dañado la tarjeta de débito y aún no has sido capaz de pedir una nueva? ¿Sigues sin tarjeta de residente para poder aparcar tu vehículo en el barrio? ¿Pagas el alquiler siempre días tarde, no por no tener fondos, sino por… lo que sea? Si la respuesta a todas estas preguntas es sí, eres un vago, o un despistado, o un tímido administrativo. O todo lo anterior. Eso sí, en el caso de que la respuesta sea sí y te identifiques como millennial, estás de suerte: un ensayo publicado en Buzzfeed News da un nombre bastante más sexi a tu patología: perteneces a la ‘Generación Quemada’. En un viaje que realicé a Nueva Orleans en vísperas de Navidad y Año Nuevo, viejas amistades me ayudaron a descubrir frescas colaboraciones de Anne Helen Petersen, quien recibió su doctorado en estudios de medios de la Universidad de Texas, donde estudió la historia de la industria de los chismes. Hoy, escribe sobre cultura, celebridades, feminismo y Occidente para BuzzFeed News. Ella vive en Missoula, Montana.

Iniciado en 2012, BuzzFeed News ha crecido de una pequeña noticia social a una organización de noticias internacional para una generación de consumidores de noticias que buscan algo nuevo. “Nuestra misión es informarle: cubrimos lo que a usted le importa, contamos historias importantes que responsabilizan a las principales instituciones por sus acciones y exponemos las injusticias que cambian la vida de las personas. Una noticia de BuzzFeed liberó a un hombre de la prisión. Hemos expuesto los intentos de ocultar la cifra de muertos en Puerto Rico después del huracán María, el contenido explotador en las plataformas de Internet y los secretos de los funcionarios gubernamentales desde Londres hasta São Paulo. Nos centramos en informar las noticias de última hora de forma rápida y precisa y en analizar de qué se trata Internet, desde los nuevos memes hasta las nuevas formas de engaño digital, en el propio lenguaje de Internet…”, explican en su web. Tienen 250 reporteros y editores en Nueva York, Los Ángeles, Washington, DC, San Francisco, Londres, Berlín, Ciudad de México, Toronto, São Paulo, Sydney y Tokio, y corresponsales extranjeros con sede en Estambul, Berlín, Bruselas, Ciudad de México, Beijing, Mumbai, Dakar y Nairobi.

Los millennials están cansados, estresados, agobiados, sobrepasados. Han sido entrenados para optimizarlo todo menos su vida personal

El texto de Millennials, llámalos ‘Generación Quemada’ se ha convertido en una de las piezas más comentadas, compartidas y analizadas de lo que va de año. El periódico británico The Guardian lo ha bendecido. El estadounidense Slate lo ha crucificado. En una pirueta más que meritoria, Anne Helen Petersen explica cómo ella y sus coetáneos no es que sean despistados como lo fuimos (y somos) los de antes y los de después, sino que, como sucede en casi todos los análisis que tienen como objeto de estudio a los millennials, lo suyo, aunque difiera en bien poco con respecto a los que otros han hecho y harán, surge de una realidad a la que solo ellos han sido expuestos. “Un poco del “todo fluye” de Heráclito para llegar al “todo se queda igual” de Parménides…” comenta el periodista español Xavi Sancho. Los millennials están cansados, estresados, agobiados, sobrepasados. Como casi todos. La diferencia es que lo suyo parece no tener remedio, pues han sido entrenados para optimizarlo todo… menos ellos mismos y su vida personal. Según la autora, la obsesión con el éxito profesional, la volátil del mercado laboral, la presión paterna, el autoempleo, la ambición, la necesidad de estar siempre conectado con el mundo y siempre a disposición del cliente o el empleador, de hacer de sí mismo una marca, la imposibilidad de ahorrar y demás males asociados al mercado laboral en la penúltima reinvención del sistema capitalista, ha provocado que toda una generación cuya franja más adulta apenas acaba de cumplir los 35 se haya ya desgastado hasta el punto de no diferenciar lo urgente de lo importante. Todo lo es.

A pesar de dar escasas satisfacciones y menos dinero, trabajar con el fin de realizarse es lo único que importa, lo único a lo que vale la pena entregar el cuerpo, el alma y las horas que haga falta. Los millennials están cansados, estresados, agobiados, sobrepasados. Como casi todos. La diferencia es que lo suyo parece no tener remedio, pues han sido entrenados para optimizarlo todo… menos ellos mismos y su vida personal. Entonces, cuenta Petersen, cada vez que son más eficaces en sus trabajos, lo son menos en sus vidas privadas. Y cada vez que son más eficaces, sus jefes se vienen más arriba y les piden más sin darles nada extra. Este círculo vicioso ha propulsado toda una industria destinada a aliviar esta condición de persona quemada. Desde los libros de autoayuda hasta el yoga, pasando por gente tan indeseable como Marie Kondo, el colmo de la perversión de esta maquinaria que ofrece curar el estrés fuera del trabajo con una sonrisa y soluciones estéticas a problemas estructurales. Kondo es la cara maléfica de esta patología: ordena y serás feliz; tira cosas y serás feliz; céntrate y serás feliz. Vete a paseo Marie Kondo. El caso es que hace solo 10 años, cuando explotó la crisis, empezaron a surgir como champiñones historias de brokers, abogados y empresarios varios que habían decidido dejarlo todo para dedicarse a hacer zapatos a mano, bicicletas a mano o sombreros a mano. Todos podíamos salir de la espiral consumista, de la adicción al trabajo, de la maldad del sistema para cumplir nuestros sueños más íntimos, o incluso los que jamás habíamos sabido que teníamos. El lugar común de la reinvención sincera y bondadosa es una trampa ridícula.

Una ‘cuarta transformación morenista’ para el taller de zapatería de un exbroker no es una salida sexi, es la aceptación de una derrota

Solo el que ha estado ganando suficiente con el sistema puede salirse de él para entrar otra vez por una puerta más pequeña pero más bonita, con su narrativa y sus cosas de anuncio protagonizado por un barbudo. Esta generación no va a tener esta posibilidad porque sus trabajos cada vez están peor pagados, piden más dedicación y, mucho peor, en demasiadas ocasiones se parecen demasiado al trabajo que se había soñado. Uno se hace broker para ganar dinero, o porque, simplemente, le gusta ganar. Las dos adicciones son reversibles. Uno se hace periodista en una web porque le gusta esto y si termina trabajando en una web de periodista, dejarlo porque llega una reconversión o una ‘cuarta transformación morenista’ para ponerse de aprendiz en el taller de zapatería artesana de un exbroker no es una salida sexi, es la aceptación de una derrota.

Los dos protagonistas de la serie ‘Love’ (Netflix) tocan todos los botones de la disfuncionalidad generacional que tan habitualmente se achaca a los millennials. No tienen dinero para un Mercedes, pero pueden fumar y comer basura sobre él. Total, nunca podrán jubilarse. “Nuestra capacidad para quemarnos y seguir trabajando es nuestro mayor valor -para las empresas claro está-”, escribe Petersen hacia el final de su ensayo. Así, la autora no halla posible salida a esta condición en el marco capitalista actual. Debe cambiarse la legislación, debe aumentar el activismo, si no, todo seguirá igual, argumenta. Las empresas no van a cambiar esto, porque ellas lo han provocado, primero creando la idea de que el trabajo desregulado es libertad, que las horas extra son el camino hacia la realización completa, que la vida privada es una extensión de la vida profesional, que si no lo haces tú por 20 euros, afuera hay 200 personas dispuestas a hacerlo por 10… Llevo en mi bolsa un papel del SAT para la cita ‘posdecembrina’ de la actualización de la firma electrónica en la calle Bonampak de Cancún. Hace una semana debía haber entregado el documento pendiente. Pertenezco a la ‘Generación Yuppie’ de la Transición Democrática en la España de 1978. ¿Y por qué, entonces, lo de los millennials debe ser distinto de mi holgazanería terminal, aprendida de las viñetas de Mafalda y de su mejor amigo Felipe del genial argentino Quino? Desde adolescente me impactó Felipe, que no se apellidaba González, como el presidente español de entonces. Recuerdo que en el dibujo, Felipe ‘El Paletas’, en plan militante, colocaba una pancarta en su habitación donde se leía ‘No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy’.

Ni ‘Los Soprano’, ni ‘The Wire’, ni ‘Juego de Tronos’. La serie de HBO preferida es una que no conoces, ‘High Maintenance’

Eso de que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio en ocasiones tamibén es cierto en el mundo de la televisión. Por eso hoy hablamos de ‘High Maintenance’, la serie de HBO preferida por los críticos que todavía no has visto. El caso paradigmático sobre el que se suele hablar en conversaciones como esta es ‘The Wire’. La ficción de David Simon para la prestigiosa cadena, una radiografía social de las injusticias de Norteamérica en torno al narcotráfico en Baltimore, no fue desde luego un fenómeno de audiencias, y tampoco la reconocieron los grandes premios. No fue hasta que se editó en DVD y la voz corrió de los columnistas a los seriéfilos de pro que empezó a hacer ruido y a reclamar su puesto en el Olimpo televisivo. Hoy no hay lista que no la incluya entre las mejores series de la historia. Algo similar ocurre con, entre muchísimas otras, ‘The Americans’, ‘The Leftovers’ y probablemente ‘Watchmen’. Estas dos últimas están creadas por Damon Lindelof, que salió escaldado de una de las teleficciones más famosas producidas nunca: ‘Perdidos’. ¿Qué queremos decir con esto? Que precisamente en la era de la sobreproducción televisiva, de la legitimación de la seriefilia, del impacto viral, es más necesario que nunca parar un momento y escuchar las voces más silenciosas. Y qué series nos dicen que veamos.

El pasado sábado, HBO estrenó la cuarta temporada de ‘High Maintenance’, una de esas pequeñas grandes series de las que no se habla pero que cuenta con el apoyo unánime de los críticos. Vale, sabemos lo que estás pensando: eso sucede con casi todas las series de HBO. Porque no es solo que ‘High Maintenance’ tenga buenas críticas, es que es la segunda serie de la cadena mejor puntuada en Rotten Tomatoes, la Biblia de las columnistas. Solo por detrás de Barry. ¿Pensabas que nos encontraríamos como títulos como ‘Los Soprano’, ‘The Wire’ o ‘Juego de Tronos’? Bueno, esto demuestra que los criterios de calidad no son tan estancos como pensamos. Pero bueno, vamos a lo importante. ¿Qué es ‘High Maintenance’? ¿De qué va? Es una de esas series especiales entre la comedia y el drama (algunos lo llaman dramedia, otros comedia millennial…) que aborda ciertas inquietudes existenciales y generacionales desde una perspectiva muy personalista. Gira en torno al mosaico de personajes y experiencia con los que se cruza un distribuidor de cannabis que se recorre los muy diferentes distritos de Nueva York en su bicicleta. No conocemos el nombre de este casual protagonista: el verdadero interés son los dramas y alegrías de sus clientes.

Pero lo curioso de todo esto es que muy pocos conocen la historia verdadera de ‘High Maintenance’. Si introduces el título en Google para empollarte algo más, verás que webs seriéfilas como IMDB o Filmaffinity recogen que se emitió por primera vez en 2016 y que tiene cuatro temporadas, pero esa solo es una parte de la verdad. Porque ‘High Maintenance’ nació como webserie en Vimeo. Fue una de las primeras series de ficción original apadrinada por esta plataforma en 2012, antes de la llegada de Netflix a nuestras vidas y mucho antes de que el consumo online fuera lo habitual. En 2016, HBO la incorporó a su catálogo de ficción propia. Los ideadores de este proyecto son los guionistas, productores y directores Katja Blichfeld y Ben Sinclair (él es, de hecho, el protagonista, el dealer de bicicleta), antes matrimonio y todavía pareja creativa al mando de la ficción. Incluso ya en un canal del prestigio, sigue manteniendo su espíritu: sus personajes, excepto el principal, son puntuales y muy esporádicos, y su planteamiento aún es el de capítulos como píldoras de breve duración que te aportan una experiencia muy partícula sobre lo que significa vivir en Nueva York. Con ‘High Maintenance’, HBO no solo reivindica la importancia de acoger series extrañas y diferentes que tienen algo nuevo que decir; también la de bucear en los márgenes de la industria para encontrar verdaderas joyas.

@SantiGurtubay

@BestiarioCancun

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