Juan Carlos I, “monarca constitucional republicano”

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Los españoles ‘pasan’ de la Tercera República, salvo la extrema izquierda por nostalgia y la derecha franquista por revanchismo hacia el traidor a Francisco Franco y único rey europeo de sangre azul, merced a su adicción al Viagra de Estados Unidos y al PPG de Cuba para enfrentarse a las tetas de Bárbara Rey, la ‘Reina’ de la Transición Democrática de España…

 

La forma de Estado en España, cuestión tan debatida desde el último tercio del siglo XIX, ha perdido vigencia. Pese a los temores, sin duda fundados, que a la muerte del dictador Francisco Franco ensombrecían el futuro de la Monarquía -incluso se ironizaba con el sobrenombre de Juan Carlos ‘El Breve’- para sorpresa de muchos, una buena parte de los españoles acabaron por transigir, al considerarla el camino menos traumático de avanzar hacia la democracia, aceptando la Corona sin mayores problemas, como hicieron con otros aspectos de una tan peculiar ‘Transición’, de la que hoy muchos son críticos acérrimos. La monarquía constitucional fue recogida y aceptada en la Constitución de 1978 por la gran mayoría de los españoles. La tempestad desatada en este verano del coronavirus no tiene visos de se alargue en demasía. El tiempo pone las cosas en su sitio, como siempre. Siempre sale el sol después de la tormenta como dicen los héroes de los comics europeos, Asterix y Obélix. Máxime cuando es orquestada en torno a los amoríos del rey emérito con una princesa alemana; sus chanchullos con dinero recibido desde la familia real saudí, depositados en unas cuentas en Suiza y no declarados a la Hacienda pública; y su viaje fuera de España, presentada como una huida, un autoexilio o destierro, un simple viaje temporal… para calmar la campaña promovida en el seno de la sociedad española contra el “monarca constitucional republicano”, como lo definiera el histórico socialista eibarrés, Benigno Bascaran, tras estrechar su mano y hablar con el monarca durante una recepción habida en las Junta Generales de Guipuzcoa -el órgano legislativo de cada uno de los territorios históricos del País Vasco-, en San Sebastián, a principios de la década de los ochenta.

El golpe de estado protagonizado por el teniente coronel Antonio Tejero y varios cientos de guardias civiles, el 23 de febrero de 1981, sirvió para fortalecer la institución de la Corona. Juan Carlos salió de madrugada en Televisión Española, vestido con uniforme de capitán general, y apostó por el modelo democrático frente a quienes apostaban por  el franquista, ‘una ‘democracia orgánica’, ordenando al general Jaime Milán del Boch que regresaran a sus cuarteles los tanques que invadían las calles y plaza de la ciudad de Valencia. En los libros de Derecho Constitucional de Maurice Duverger, en su edición española, aparecía, un suplemento con todas las instituciones franquistas. En el primer curso de carrera las tuvimos que aprender. No sirvió de mucho pues al año siguiente tuvimos que hacer catarsis -olvido- y estudiar el modelo de democracia burguesa o inorgánica, que es la que sigue vigente en la Unión Europea. En la larga noche de 23-F, los ciudadanos temíamos ‘La noche de los cuchillos largos’, similar a la Operación Colibrí una purga que tuvo lugar en Alemania entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1934, cuando el régimen nazi, dirigido por Adolf Hitler, llevó a cabo una serie de asesinatos políticos. Circulaban en las principales ciudades españolas listados de personas a detener por ‘rojos’.

En su destierro obligado por el resultado en las urnas, Alfonso XIII, el bisabuelo de Felipe VI, se trasladó con toda su familia y corte a Italia. En su capital, Roma, nació Juan Carlos I, un 5 de enero de 1938, tiene ahora 82 años. Reinó pero no gobernó España desde el 22 de noviembre de 1975 hasta el 19 de junio de 2014, fecha de su abdicación y del acceso a la Jefatura del Estado de su hijo Felipe. La Constitución de 1978, restrictiva con las atribuciones del rey, no obstante le reconoce como ‘jefe’ de las Fuerzas Armadas, aunque éstas están subordinadas al Gobierno de la nación y su ministro de Defensa. En la ‘madrugada de la radio’ -la televisión pública estaba tomada por los golpistas así como algunas emisoras- los españoles seguían informados a través de este medio y los transitores. “El medio es el mensaje” es una frase acuñada por el canadiense, investigador de la Teoría de los Medios, Marshall McLuhan que significa que la forma de un medio se incrusta en cualquier mensaje que transmita o transporte, creando una relación simbiótica en la que el medio influye en cómo se percibe el mensaje. Uno de sus libros lleva el título de ‘El medio es el masaje’.

Eran tiempos de los inicios cinéfilos del director manchego Pedro Almodóvar y sus frescos y rupturistas filmes como ‘Mujeres al borde de una ataque de nervios’, ‘Tacones lejanos’, ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’, ‘La ley del deseo’…; de la también manchega, la ex cabaretera y violetera en tiempos de la dictadura de Francisco Franco, Sarita Montiel, reconvertida en amante de los ministros liberales de Adolfo Suárez y de los socialistas, ex antiguos marxistas leninistas, de Felipe González; y de la ‘reina del destape’, tras décadas de represión sexual en las artes escénicas donde era imposible ver un pecho o torso femenino o masculino en un teatro o en una película, Bárbara Rey, esposa de un domador de leones, Ángel Cristo, convertido en el prototipo del hombre consentidor democrático -no le quedaba otro remedio pues le ponían los cuernos con el mismísimo esposo de la sufrida, asexuada, pero con un gran nivel cultural, la  reina Sofía-. Pareciera que Juan Carlos I había logrado ‘resucitar’ al personaje de Don Juan Tenorio y sus novicias como Doña Inés, en el drama religioso-fantástico y romántico, dividido en dos partes, publicado en 1844 por José Zorrilla, donde no falta una subida al Cielo entre una apoteosis de ángeles y cantos celestiales. Juan Carlos I era el orgullo de la Celtiberia Show. Todos los españoles querían ligar  con Bárbara Rey y acceder a sus dos tetas, de usos exclusivos de cristos y reyes.

Las ‘cacerías reales’ se transformaron con el paso del tiempo en aristocráticas, donde se asesinaban elefantes en África, tras pagarse sumas no distantes a los cien mil euros -todo incluido-. Tuvo la mala pata de caerse y dañarse la cadera. De regreso a Madrid fue ingresado en una clínica de manera urgente. Los ‘mass media’ comenzaron a investigar y se descubrió que el Borbón había estado de cacería con Corinna Larsen, una empresaria Alemania de antepasados aristocráticos en el rompecabezas que era entre guerras mundiales la Europa ‘vikinga’. De “princesa serenísima” ha pasado a pesadilla real, reavivando la crítica a las instituciones establecidas y a muchas de sus élites políticas. Juan Carlos no tiene a la Interpol detrás, buscándole, ni hay una causa fiscal o judicial abierta contra su persona, al menos hasta este agosto del Covid-19. Si hubiera cometido algún delito debe ser sometido al peso de la ley, pero no de ‘La venganza de Don Mendo’ de Podemos y Vox y de otras organizaciones afines a las extremas izquierda y derecha. ‘La venganza de Don Mendo’, obra teatral de Pedro Muñoz Seca, fue estrenada en el Teatro de la Comedia de Madrid en 1918. Su éxito fue tan grande que, hoy en día es la cuarta obra más representada de todos los tiempos en España junto con ‘Don Juan Tenorio’, ‘Fuenteovejuna’ y ‘La vida es sueño’. La obra pertenece al género, creado por el autor, del astracán. El astracán es un género cómico menor que sólo pretende hacer reír a toda costa: la acción, las situaciones, los personajes incluso el decorado buscan única y exclusivamente el chiste, que suele ser de retruécano y de deformación cómica del lenguaje. Los principales partidos del mundo político de España y México han tenido entre sus dirigentes a personas ligadas con la corrupción y otros delitos. No por ello se ha pedido la liquidación del PP, PSOE, IU…, en España o el PAN, PRI, PRD…, en México. No va a desaparecer ahora una institución democrática porque uno de sus integrantes se haya portado mal. Si aplicáramos esa regla pudiéramos llegar a una democracia distópica sin Ayuntamientos, Gobiernos estatales o autonómicos, Palacios de Justicia, Cuarteles de la Policía…

Juan Carlos I es igual el único rey europeo de verdadera sangre azul. Cuando se escapaba del Palacio de La Zarzuela por las noches, iba bien cargado de sildenafilo, vendido bajo la marca Viagra, Revatio y otros, un fármaco utilizado para tratar la disfunción eréctil y la hipertensión arterial pulmonar. Originalmente fue desarrollado por científicos británicos. Luego fue llevado al mercado por la compañía farmacéutica Pfizer. Pfizer, Inc. es una empresa farmacéutica estadounidense que después de diversas fusiones llevadas a cabo con Pharmacia and Upjohn y Parke Davis, es el laboratorio líder a nivel mundial en el sector farmacéutico. La sociedad tiene su sede central en Nueva York. Algunos cubanos le hicieron llegar a Juan Carlos I varias cajas de sus pastillas azules, PPG. Se trata del policosanol, elaborado por el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Cuba (CNIC). La materia básica del PPG se extrae de la caña de azúcar y, de acuerdo con los Laboratorios Dalmer de Cuba, es un medicamento natural que no provoca efectos colaterales nocivos.

Los reyes y los papas no son todos perfectos ni santos. Son personas de carne y hueso con sus virtudes y defectos. Todos sabíamos de las aventuras sexuales del hoy emérito y de sus trapicheos con los reyes saudíes y con sus pagos a Hacienda. En el fondo le envidiábamos y queríamos parecernos a él. ¿Quién no fantaseaba en su día con Bárbara Rey? Juan Carlos I regresará a España. Me parece bien que se oxigene un poco. La envidia da paso a las miserias humanas. Recuerdo que en Italia, otro país latino, con Silvio Berlusconi se desató toda una ‘guerra mediática’ también contra el propietario y presidente del equipo de fútbol AC Milan desde 1986 hasta el 2017… Apodado ‘Il Cavaliere’ (El Caballero) por tener la ‘Ordine al merito del lavoro’ (Orden del Mérito al Trabajo). ¿Julio César o Nerón? , se preguntaban muchos analistas políticos. El pueblo no lo veía ni como Julio César ni Nerón, en su mayoría los italianos querían ser como Silvio Berlusconi.

En las Españas de Pablo Iglesias de Podemos y de Santiago Abascal de Vox hablan de una actitud ‘indigna’ del padre de Felipe. No entienden a la Celtiberia Show de la que nos hablaba el cronista barcelonés quien protagonizó los primeros ‘Telediarios’ personalizados, utilizando en sus minutos de presentación hasta sonetos del mismísimo poeta andaluz Antonio Machado… En la denominada ‘La Bodeguilla’ del Palacio de la Moncloa, donde se aloja el presidente del Gobierno, su majestad, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, se reunió con los representantes de todos los partidos democráticos, secuestrados a punta pistola y metralleta en el Congreso de Diputados, en pleno centro de Madrid, en el ‘glorioso’ 23-F, según insisten 39 años después los golpistas, muchos de ellos militantes del nuevo partido de la extrema derecha, Vox, y les conminó a moderar el tono de sus debates políticos en los ‘mass media’, aplicando la mesura de la que hablaba el sociólogo alemán Max Weber, para evitar “llamas innecesarias”. “Los debates políticos no pueden canalizarse solo a través de los medios de comunicación obviando a las instituciones, pues provocan fuegos. Yo he logrado apagar el incendio desatado ahora, pero no puedo convertirme en el bombero de la Transición Democrática”.

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