Kim Jong-un lanza sus misiles contra el Covid-19

EL BESTIARIO

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Su socio de alopecia, Donald Trump, carcajea exhibiendo una ‘Colt’ contra el coronavirus, ente invisible, que ha hecho que el director de la OTAN huya despavorido ante un simple estornudo, que los generales del Pentágono se queden encerrados en casa alarmados por una tos seca…

 

Corea del Norte lanzó esta semana al menos dos misiles balísticos, según un funcionario de Estados Unidos. Se trata de la cuarta o quinta prueba en los ya coronavirales días de marzo. De acuerdo con las autoridades de Corea del Sur, los proyectiles cayeron en las aguas entre la península de Corea y Japón tras recorrer una distancia de 200 kilómetros y alcanzar una altitud de 35 kilómetros. Corea del Norte: desinfectan una estación de tren como medida de prevención contra la pandemia. En medio de la propagación del coronavirus a varios países, los trabajadores de una estación ferroviaria en Pyongyang, la capital, desinfectan los trenes. Un médico del Centro de Higiene y Antiepidemia asegura, con una gran capacidad istriónica similar a la de un primer bailarín de ballet exsoviétivo, que el coronavirus no ha invadido la sagrada nación. Sin embargo, las autoridades anunciaron que pondrían en cuarentena a quienes regresen a la patria y presenten síntomas. El país de los Kim endurece la “caza” de los sospechosos de portadores del coronavirus. Implementan las medidas más radicales del mundo contra esa enfermedad. Incluso siguen circulando versiones sobre el presunto fusilamiento de un funcionario por violar la cuarentena. Kim Jong-un, el líder supremo, quien comparte problemas de alopecia con Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, está atravesando unos momentos de depresión endógena reactiva, con tendencia a lanzar de manera convulsiva misiles por doquier, para acabar con el coronavirus. “Lo que he ha irritado, sobremanera, en las últimas horas es que, a pesar de quedarse sin arsenal, nadie ha sido capaz de dedicarle siquiera un mensaje en Twitter de sus ‘misilazos’. El régimen de Kim Jong-un dispuso la prohibición de ingreso a los turistas extranjeros, suspendió la llegada de trenes y de vuelos internacionales, estableciendo además una durísima cuarentena a cientos de extranjeros en el país. Continuamente se transmiten mensajes de promoción de la higiene, los embajadores están confinados y los medios de comunicación estatales insisten en la necesidad de una “sumisión estricta” a las órdenes que llegan desde el Gobierno. Agentes de los servicios de inteligencias internacionales creen que estamos ante medidas “sin precedentes”, blindadas por un nuevo ‘Telón de Acero’, una frontera política, ideológica, y también física, como la que hubo entre la Europa Occidental Europa Oriental, tras la Segunda Guerra Mundial. En ese marco oscurantista, Pyongyang asegura que han logrado “caso único sobre la Tierra”, no tener casos de Covid-2019.

Científicos nacionales apuntan a que sí hubo un positivo en coronavirus en el país norcoreano. La persona que fue detectada con la enfermedad habría sido fusilada, aunque el tema es de imposible certificación ante el hermetismo que rodea habitualmente muchas de las insólitas decisiones de Kim. Corea del Norte es un estado aislado, cuyo sistema de salud sufre de falta de equipamiento y está obsoleto. Por eso, la decisión de cerrar sus fronteras para evitar el contagio apunta a impedir que lleguen personas contagiadas desde los dos vecinos más afectados del mundo: China (donde se inició el brote) y Corea del Sur. KCNA informó del despido de dos vicepresidentes, Ri Man Gon y Pak Thae Dok, y de la disolución de una célula del partido, debido a sospechas de corrupción que podrían haber puesto en peligro las medidas preventivas contra la epidemia. Kim está paranoico dicen varios de sus miles de agentes secretos repartidos por el mundo. El presidente norcoreano es un tipo vivo, sabe que a los paranoicos también les persiguen. Alejandro Cao de Benós es el único occidental en el Gobierno de Corea del Norte. Y es catalán, de origen aristocrático. Defiende a capa y espada el sistema político de este país asiático -juche-, un no va más del marxismo leninismo, una doctrina colectivista y nacionalista, donde la gente se juega el cuello si le surgen dudas sobre quien fue conocido como el ‘Querido Líder’, el ‘Amado Líder’ o el ‘Gran Dirigente’​ y en la Constitución como el ‘Líder Supremo’. El ‘label’ del nacionalismo acercó a Kim Jong-un y Quim Torra, este último, presidente de la Generalitat de Cataluña, y acérrimo defensor de la secesión unilateral de su comunidad autónoma de España. El nombre del embajador en Occidente de los Kim y Quim, Alejandro Cao de Benós, es Chon Sŏn-il, en coreano, que puede traducirse como ‘Corea es una’. Me evoca la consigna de la extrema derecha franquista de una época, agrupada en torno a Fuerza Nueva, de Blas Piñar, y CEDADE, de Pedro Varela Geiss. El Círculo Español de Amigos de Europa fue un grupo neonazi​​​ creado en Barcelona en 1966 y disuelto en 1993. CEDADE constituyó a la postre una red internacional de difusión de propaganda neonazi. “La Generalitat de Quim Torra quiso ganarse el apoyo de Corea del Norte de Kim Jong-un”, reconoce Alejandro Cao de Benós. Pura Celtiberia Show.

En ninguna ciudad del planeta habrá este año desfiles de las Fuerzas Armadas. En la Plaza Roja de Moscú, en el Cañón de los Héroes de Nueva York, en los Campos Elíseos de París, en la plaza de Tiananmén de Pekín, en el paseo de la Castellana de Madrid no se realizará esta vez la ritual parada militar en la que el Ejército de cada país despliega la propia cola de pavo real exhibiendo un armamento último modelo, listo para matar de mil maneras. Entre el orgullo de un pasado supuestamente glorioso y el miedo de un futuro seguramente catastrófico, al son de tambores y cornetas desfilan formaciones de soldados marcando el paso; discurren carros de combate y misiles inhiestos sobre los armones como colas de alacrán; rayan el cielo aviones de combate dejando un rastro de humo con los colores de cada bandera nacional. Y el público aplaude. Pero este año no habrá desfiles de las Fuerzas Armadas, sencillamente porque esas armas tan sofisticadas, enormemente caras, han sido derrotadas y puestas en ridículo por un enemigo diminuto, que ha demostrado ser más fuerte que toda la industria del armamento entera. Este ente invisible ha hecho que el director de la OTAN huya despavorido ante un simple estornudo, que los generales del Pentágono se queden encerrados en casa alarmados por una tos seca. Pero esta batalla contra la Covid-19, sin duda, se ganará, y ese será el momento de montar un nuevo desfile de la victoria. En ese caso deberán desfilar los científicos, los médicos, las enfermeras, los celadores, los farmacéuticos, los transportistas de víveres, las cajeras de supermercado, los empleados de la limpieza y también una parte del Ejército, que ha salido desarmado en ayuda civil en una guerra tan dramática. “A la sombra de las acacias el público llenará de vítores a esta tropa heroica, que ha cumplido con su deber sencillamente porque era su deber…”, recalcaba el escritor español Manuel Vicent. La Covid-19 no es el nombre en clave de un Ejército extranjero. Carece de armas y aviones. No tiene banderas ni ideología; tampoco habla idiomas. El virus desconoce el significado de una frontera, solo sabe que el cuerpo humano es un buen lugar para sobrevivir y propagarse. Es absurdo iniciar una rueda de prensa con un “sin novedad en el frente” porque no existe ese frente. Nada avanza sobre nuestras posiciones. No hay trincheras, ni primera línea. Ni siquiera, enemigo. Solo es un virus. El abuso del lenguaje militar desvía la atención sobre dos asuntos clave: nuestra responsabilidad en el estallido y la gestión de la pandemia. “Estamos ante una crisis monumental que desnuda las miserias de un sistema que se creía intocable. Las desgracias sucedían al otro lado de los muros y las concertinas, del Noticiero y de nuestra conciencia. En toda situación extrema, y esta lo es, hay héroes y miserables. Es la condición humana…

Son tiempos de recluirse en casa y soportar ‘amorosamente’ a tu pareja, a tus hijos, a tus nietos, a tus abuelos, a tus vecinos, a tus amigos… Antes que tarde debemos vencer a la coronavirus y volver a los vitales abrazos y besos, sin distancias. Asimismo debemos con observar y fomentar esas imágenes de solidaridad que se han dado en millones de balcones de Italia y España donde la gente ha salido, a pesar del frío de estos días, para vitorear a sus médicos, enfermeros, auxiliares de nuestros centros de salud, a esos trabajadores que están al pie de cañón manteniendo el suministro alimentario, farmacéutico, a esos 5.000 integrantes de nuestra Secretaría de Seguridad, a los militares, a los bomberos, a las políticos ye integrantes de las secretarías de la Gubernatura de Quintana Roo, con Carlos Joaquín al frente…, a la que cuida nuestras finanzas, la Secretaria Yohante Torres Muñoz, a nuestros garantes del Turismo del Caribe Mexicano, Marisol Vanegas y Darío Flota, y a todos los ciudadanos de Cancún, Playa del Carmen, Chetumal… y del resto de los municipios quintarroenses. Está muy cerca el día que hagamos nuestro ‘Desfile de la Victoria’ en la primera referencia mundial del Turismo del Caribe, Cancún. Milicianos de batas blancas serán principales protagonistas. También los millones de mexicanos que han respetado ese ‘arresto domiciliario’ obligados por la solidaridad. Será todo un homenaje de los sobrevivientes a los que cayeron en combate. Estos nunca morirán, pues estará siempre muy presentes en nuestros corazones. Estamos ante un ‘Cisne Negro’ que vuela sobre nuestro México, Quintana Roo y Cancún. ¡Cuídate, Cuídales, Cuídense! El Covid-19 es inmune a los misiles de Kim Jong-un y a ‘Por mis pistolas’ de Donald Trump, que nos hace recordar a nuestro Mario Moreno Cantinflas, pero sabe que perderá ante los guerreros de las batas blancas, impregnadas de solidaridad.

Los ciudadanos han dejado de comprar miles, millones, de rollos de papel higiénico. La explicación psicológica a la lista estrella de la compra en cuarentena: cerveza, aceitunas y patatas. “Estas compras reflejan el confinamiento de la sociedad española”, según la asociación española de supermercados. Estos tres productos, más las obligadas botellas de vino de La Riojo y Ribera del Duero, han desbancado al papel higiénico. La primera y segunda semana del confinamiento ha dado un giro en los hogares de entre 5 y 40 grados… alcohólicos. La compra de cerveza se ha disparado un 77,65% con respecto a la semana anterior, seguida del vino con un 62,7% y de un 36,58% de otras bebidas alcohólicas, según un estudio de la empresa Gelt. Es la respuesta a cómo están llevando la tercera semana de confinamiento. Dicen que han vivido momentos de estrés y de ansiedad, que ahora hacen la compra una vez a la semana en Eroski. Tras el 11-S y el 11-M se elaboraron numerosos estudios sobre el estrés postraumático que vivieron los neoyorquinos y los madrileños aquellos días, tras los ataques yihadistas contra las Torres Gemelas y el Metro de Atocha. Unos hechos que tienen una cierta semejanza con los actuales. Pese al pensamiento generalizado de que todo va a ir mal, el ciudadano de a pie es extraordinariamente resiliente. En aquellos días los estudios nos reflejaron un estrés postraumático que no llegó al 7%. Ahora hay mucha alarma preparatoria, pero la gente está haciéndolo muy bien. Una de estas fases es precisamente esta: beber cervezas, alcohol o tomar patatas fritas. Esto tiene un efecto terapéutico con un aumento de las endorfinas. Estas son unas sustancias químicas -péptidos opioides endógenos- que produce el organismo y que cumplen la función de estimular las zonas del cerebro donde se generan las emociones placenteras. De esta forma, actúan como si se tratara de una droga natural e inocua, que no provoca adicción y es una fuente de bienestar. Gracias a las endorfinas -cuya producción regula la glándula hipófisis- podemos sentir placer y disfrutar de la vida y por eso se las conoce como hormonas de la felicidad, pero además contribuyen a mitigar la sensación de dolor (son un analgésico natural), a liberar hormonas que intervienen en la respuesta sexual, a regular el apetito y a fortalecer nuestro sistema inmune. Vamos a ganar la batalla al coronavirus, unidos, alardeando solidaridad por doquier, sin misiles ni pistolas como Kim Jong-un y Donald Trump. El Caribe Mexicano nos espera, antes que tarde.

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