Béisbol y telenovelas, ‘sagrados’ en La Habana

PINCELADAS

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prohibe fichar cubanos, “si quieren jugar en el MLB en nuestro país que se escapen de la isla”. Solo le faltaría interrumpir una reposición de ‘Mujeres de arena’ de Ruth y Raquel…

 

La Habana y Washington negociaron un acuerdo durante tres años, firmándolo el pasado mes de diciembre de 2018. El Gobierno republicano lo revierte porque “supone una vía de ingresos para el régimen”. La Casa Blanca decidió el lunes, 8 de abril de 2019, frenar un acuerdo entre la liga profesional de béisbol de Estados Unidos (MLB) y la Federación Cubana de Béisbol por el cual los equipos estadounidenses podían fichar jugadores cubanos. El acuerdo, calificado en su día de histórico, había sido iniciado por el Gobierno de Barack Obama y después de treinta meses de reuniones se había firmado el pasado diciembre. Varias de las mayores estrellas del béisbol en Estados Unidos, como Yasiel Puig, Yoenis Céspedes o José Dariel Abreu, son cubanos que huyeron de Cuba. Con las relaciones diplomáticas rotas hasta 2015, la deserción era la única forma que tenían de jugar en la liga más importante del mundo. Una de las consecuencias del acercamiento diplomático a Cuba por parte del presidente Barack Obama fue buscar una fórmula para dar cauce legal al interés de los equipos norteamericanos por las estrellas cubanas…

En un cambio de criterio radical, el Departamento del Tesoro ha decidido que la Federación de Béisbol forma parte del Gobierno cubano, y por tanto es ilegal hacer negocios con ella, explica un cargo anónimo de ese departamento a Reuters. Según el acuerdo, los jugadores pueden ser fichados directamente desde Cuba, sin pasar por un tercer país, a cambio de una comisión para la Federación Cubana. Cuba tiene un acuerdo parecido con la liga japonesa. La semana pasada, Cuba hizo pública la primera lista de jugadores que tenían permiso para fichar por la MLB. Eran 34 jugadores de entre 17 y 25 años. La liga MLB de este año comenzó el pasado 20 de marzo y algunos de esos jugadores iban a ser fichados para esta misma temporada. La Federación Cubana de Béisbol reaccionó con un mensaje en Twitter en el que dijo que el acuerdo solo busca “frenar el tráfico de seres humanos, fomentar la cooperación y elevar el nivel del béisbol”. Tanto la liga como las autoridades cubanas han insistido durante estos años en que el principal objetivo del acuerdo era evitar el tráfico ilegal de jugadores. “Los ataques con motivación política”, dice la Federación, “perjudican a los atletas, sus familias y a la afición”. El domingo, el asesor de Seguridad Nacional de EE UU, John Bolton, tuiteó que “Cuba quiere usar a los jugadores de béisbol como peones económicos, vendiendo sus derechos” a la MLB. “El pasatiempo nacional de América no debería favorecer el apoyo del régimen cubano a Maduro en Venezuela”. Bolton es el arquitecto de la nueva política de Estados Unidos que considera a Cuba, Venezuela y Nicaragua una “troika de la tiranía”.

‘Béisbol, diplomacia y tragedia’ era el título de una columna periodística del escritor cubano Leonardo Padura, escrita en marzo de 2016, días después de que Barack Obama y Raúl Castro, máximos mandatarios estadounidense y cubano, respectivamente, presenciaran un partido de beisbol con deportistas de sus respectivos países. Sin el béisbol —esa forma compartida de ser y estar en el mundo— no se podría contar la historia de Cuba ni la de EE UU. La presencia de Obama en su viaje iniciado un Domingo de Ramos, consideramos que era clave para normalizar la relación tan visceral entre los dos países. La Casa Blanca descartó una reunión entre el líder de la revolución cubana, Fidel Castro y el presidente Barack Obama, quien cumplía una visita de tres días en La Habana. Obama y Castro no se vieron las caras. Los rumores sobre un posible encuentro entre ambos se reavivaron luego de una entrevista de Obama en la que no excluyó entrevistarse con el “comandante” en algún momento. “Si está bien de salud como para reunirse conmigo, me sentiría feliz de verlo”. El mandatario norteamericano explicó que una reunión de ambos “sería un símbolo del fin de la Guerra Fría”. Posteriormente, Ben Rhodes, asesor de Obama, aseguró que el presidente hablaba “de manera general”. “No contemplamos una reunión con Fidel Castro en este viaje”, aclaró Rhodes, al agregar que ni Washington ni La Habana habían asomado tal posibilidad en la preparación de esta visita histórica, la primera en 88 años de un presidente estadounidense a “la isla comunista”. “Se puede explicar Cuba sin escritores ni pintores, pero no sin jugadores de béisbol”, recalcaba Leonardo Padura.

Los dos primeros países del mundo donde se jugó beisbol fueron Estados Unidos y Cuba y, desde el siglo XIX, el deporte que los cubanos llaman “el juego de pelota” forma parte intrincada de la espiritualidad e imaginarios de ambos países. Sin el beisbol no se podría contar la historia de ninguna de las dos naciones, porque el beisbol está en el alma y la identidad de estos países tan próximos y en ocasiones tan distantes. En Cuba, por ejemplo, se dice que según esté su pelota así está el país… Tras el anuncio de la visita del presidente Barack Obama a Cuba como parte del proceso de fortalecimiento de las retomadas relaciones diplomáticas bilaterales, todas las informaciones coincidían en asegurar que durante su estancia en La Habana el presidente participaría del juego de exhibición de los equipos de beisbol de los Rays de Tampa y la selección nacional cubana. Obama, dicen, tendría el honor de lanzar la primera bola de ese evento deportivo, que alcanzaría, de inmediato, proporciones históricas y alto valor simbólico dentro de la nueva diplomacia. Porque, definitivamente, el juego de pelota es algo muy serio para los que nacieron a uno y otro lado del Estrecho de La Florida. Y porque el béisbol ha sido una de las muchas manzanas discordantes en las relaciones entre los dos países en las últimas seis décadas. Durante mi estancia en La Habana, a finales del pasado siglo editamos la revista ‘Récord’ con el Inder y Cubadeportes. ‘La Pelota’ era un tema muy sensible pero era el que acaparaba siempre el máximo espacio en nuestra publicación.

La última vez —luego de una pausa de cuarenta años— que un equipo del circuito profesional de las Grandes Ligas norteamericanas visitó Cuba fue en 1999. En aquella ocasión, como en muchas otras a lo largo de estos años de tensión, los partidos celebrados se vivieron por los directivos y jugadores cubanos como batallas de una guerra. Porque todavía en ese momento la rivalidad política entre los sistemas se expresaba incluso a través de los conceptos de la práctica deportiva, encarnada en la existencia o no de profesionalismo y de mercado. A una victoria por bando se cerró aquella exhibición y para el sistema deportivo cubano el juego ganado fue una demostración de la estatura y competitividad de la fórmula socialista. Y es que desde la década de 1960, cuando el gobierno cubano decretó la eliminación del profesionalismo deportivo, cada desafío sostenido por los amateurs cubanos y los también amateurs norteamericanos, devenía una manifestación de rivalidad deportiva e ideológica. Los éxitos cubanos en campeonatos panamericanos, mundiales e incluso Juegos Olímpicos (Barcelona 92 y Atlanta 96), servían para reafirmar el éxito de un concepto deportivo, económico y social.

Sin embargo, con los cambios políticos globales que se suceden tras la caída del Muro de Berlín, también en el deporte cayeron murallas, como las que separaban a amateurs y profesionales en casi todas las disciplinas competitivas. Entonces a los cubanos les tocó enfrentar a jugadores de un nivel más alto que el confrontado hasta entonces… Y las habituales victorias comenzaron a ser más difíciles y, en los últimos años, incluso raras. Pero, casi al mismo tiempo, había comenzado un proceso interno en Cuba que hoy ha alcanzado proporciones de crisis: la salida de peloteros en busca de contratos en ligas profesionales. Si en las décadas de 1960 a 1980 la fuga de talentos prácticamente no existió, a finales del pasado siglo comenzó un goteo de jugadores, para llegar a convertirse en los tres últimos años en un torrente. Se calcula que en este lapso han sido más de doscientos beisbolistas de la isla los que han salido de Cuba por los medios más disímiles en busca de oportunidades en el beisbol profesional. Esta situación, que ha permitido a varios atletas cubanos alcanzar éxito deportivo y económico en el béisbol más competitivo del mundo, a su vez ha entrañado diversas tragedias.

La esencia problemática de la relación de los jugadores de la isla con la mayoría de los circuitos regidos por el sistema de las Grandes Ligas ha estado en la imposibilidad de pretender un contrato en calidad de ciudadanos cubanos, vetados por la Ley del Embargo. Así, para que un cubano pueda aspirar a competir en el béisbol rentado norteamericano resulta indispensable que salga del país y adopte la residencia de una tercera nación. Para conseguir esta posibilidad los peloteros han agotado todos los caminos, desde la deserción durante alguna competencia en el extranjero (considerada en Cuba una traición política) hasta la salida clandestina. Ambas soluciones, como es previsible, entrañan mil peligros y ambas han propiciado en más de una ocasión que los talentos cubanos hayan tenido que pactar con traficantes de personas, relacionados con traficantes de contratos, personajes que en ocasiones han llegado a poner en peligro hasta la integridad física de los atletas. No obstante esos riesgos y la condena política interna que conlleva, los jugadores cubanos siguen optando por la búsqueda de una mejor suerte deportiva y económica. La diferencia entre ganar cincuenta dólares mensuales por jugar en Cuba y cientos de miles o millones cada año en los circuitos profesionales es demasiado poderosa y escapa al poder de los discursos políticos. El partido de pelota del 22 de marzo de 2016, con la intervención honorífica del expresidente Barack Obama se quedó solo como un gesto diplomático. Donald Trump no entiende de ‘Realpolitik’. Está obsesionado con su reelección. Sabe que Miami puede ser clave. Allí tiene a su ‘acere’ -socio- Marco Antonio Rubio. Este es un político estadounidense del Partido Republicano y actual senador por el estado de Florida. Ha sido legislador de Florida y ahora junto a Ted Cruz del estado de Texas y Robert Menendez por Nueva Jersey, son los únicos senadores en el Congreso de los Estados Unidos con raíces cubanas. En Miami hay cada menos ‘anticastristas’ recalcitrantes. Muchos de los cubanoamericanos estaban ilusionados por la llegada de nueva savia pelotera desde su isla. El béisbol es un tema ‘sagrado’ en Cuba. Una decisición radical como la adoptada ahora desde el Despacho Oval pudiera derivar en una hiperbólica respuesta. Recuerdo que el periodista José Luis Salmerón Heres, compañero en Récord, la revista deportiva que coeditamos con el INDER y Cubadeportes, coincidía con la valoración de Leonardo Padura sobre el deporte del alma cubana, el béisbol. Un ‘jodedor’ de la Ciudad Deportiva, obsesionado con la telenovela brasileña ‘Mujeres de Arena’, con sus protagonistas, las gemelas, Ruth y Raquel, interpretadas ambas, la buena y la mala, la mala y la buena, por Gloria Pires, añadía…: “Los americanos saben que tienen las perder si interrumpen un partido de pelota en el Latinoamericano jugando el Industriales, intentando invadir Cuba. Y no te digo nada si lo hacen cuando la gente está viendo en sus casas ‘Mujeres de Arena’. Sería la hostia, como dicen los gallegos…”.

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