El ‘Período Especial’ inmunizó a los cubanos ante Donald Trump

PINCELADAS

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Los ciudadanos del ‘Caimán Verde’ soñaban con ser gordos en el ‘Período Especial’, ‘vacunándoles’ ante futuros embates de los Estados Unidos, a pesar de haberse firmado la ‘pipa de la paz’ con el demócrata Barack Obama. Su sucesor en el Despacho Oval está ‘acabando’ con los acuerdos de normalización diplomática. Desconoce que en la “isla comunista” están listos para una contingencia ‘trumpiana’…

 

La comunidad cubana de Miami asistió, meses atrás, de nuevo como convidada de piedra, a un cambio histórico en La Habana: el final de la presidencia de Raúl Castro, que cedió su puesto a otro compañero, Miguel Díaz-Canel. Con la fe en una caída súbita del régimen perdida hace décadas, en la capital de la diáspora cubana se ha consolidado un sentimiento de expectativas límitadas; pero la retirada del apellido Castro del primer plano, de fuerte calado simbólico, renueva su desgastada esperanza de transformaciones en la isla. Todos saben que ni los cientos de huracanes ni el ‘Período Especial’, desaparecida la Unión Soviética, fueron capaces de tumbar a la Revolución Cubana. La ‘paz’ ciclónica de los últimos años hacen sospechar de que Dios no es de derechas sino de izquierdas…, apuntaba un fiel antifidelistacastrista del Versailles de La Florida. ‘Cuba se prepara para afrontar un nuevo periodo de escasez’, titula el periódico español El País. Bruselas ha respondido hace unas horas al sucesor de Barack Obama en el Despacho Oval, amenazándole con represalias si reactiva el castigo a los inversores europeos en el ‘Caimán Verde’, entre los que destacan las principales cadenas hoteleras españolas como Meliá, Iberostar, Barceló, NH…

“Cuba se prepara para afrontar un nuevo periodo de escasez y penurias económicas…”, recalca Mauricio Vicent en El País, quien añade… “Y, otra vez, resistir es la principal consigna. Lo ha dicho bien claro el primer secretario del Partido Comunista, Raúl Castro, eso sí, intentando tranquilizar a la población al advertir de que ‘no se trata de regresar a la fase aguda del Periodo Especial’, la crisis provocada por la desintegración del campo socialista a comienzos de los años noventa, cuando el PIB cayó un 35% en tres años y los apagones llegaron a ser de 12 horas diarias, un recuerdo que todavía provoca pavor en varias generaciones de cubanos. A la siempre delicada situación económica de la isla, se suma ahora el cerco de EE UU a Venezuela, su principal aliado, y el recrudecimiento del embargo contra Cuba, un ‘turbulento escenario’ que, en palabras de Raúl Castro, hace que el país deba prepararse ‘para la peor variante’.

‘El tono del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es cada vez más amenazador’, avisó el exmandatario cubano en un discurso ante el Parlamento, en el que aseguró que ‘el fortalecimiento del bloqueo y la continua aplicación de la Ley Helms-Burton persiguen el viejo anhelo de derrocar a la Revolución Cubana por medio de la asfixia económica y la penuria’. Días atrás, quien le relevó en la presidencia, Miguel Díaz-Canel, remató la idea: Trump ha llevado ‘los lazos bilaterales a su peor nivel en décadas’, extremando la persecución financiera y destrozando el acercamiento entre Washington y La Habana. ‘Para decirlo en buen cubano: la crudeza del momento nos exige establecer prioridades bien claras y definidas, para no regresar a los difíciles momentos del Periodo Especial’, dijo a los diputados. La sola mención de esa época hiela la sangre a muchos cubanos, que conservan en la memoria los años duros de los apagones y la crisis salvaje, cuando el país prácticamente se paralizó y los ciudadanos perdieron el 70% del poder adquisitivo. Desde hace meses, en los mercados de toda la isla comenzó a sentirse el desabastecimiento de productos básicos como la harina, los huevos, el pollo, el aceite y algunas medicinas, lo que provocó colas, broncas entre la gente y medidas para evitar el acaparamiento, incluida la venta controlada de productos deficitarios -últimamente, cuando sacan pollo en una tienda, solo se venden dos por persona-. También, ocasionalmente, se ha perdido el suministro de gasolina por unos días y ha habido apagones aislados, lo que unido a las noticias que llegan desde Venezuela -el primer socio comercial de Cuba y de donde viene, a precio preferencial, el 50% del petróleo que consume el país-, ha resucitado el fantasma del Periodo Especial.

Tanto Castro como Díaz-Canel han tenido mucho cuidado en explicar que nada tiene que ver el mal momento que se avecina con la crisis de hace tres décadas, pues la economía hoy está mucho más diversificada. La dependencia de Venezuela es grande, pero mucho menor de la que existía con la antigua URSS y el campo socialista -con quien la isla realizaba el 85% de sus intercambios comerciales. Aun así, si el Gobierno de Nicolás Maduro cayera, el impacto en la economía cubana sería considerable -economistas como Pavel Vidal o Carmelo Mesa-Lago calculan que podría descender un 10% el PIB cubano-. A ello se suma lo que Raúl Castro llamó “el incremento de la guerra económica de EE UU”, igual que pasó en los noventa, cuando en medio de la escasez galopante Washington promulgó las leyes Torricelli y Helms-Burton para desincentivar la inversión extranjera.

Las presiones de EE UU para espantar a empresarios extranjeros y que importantes bancos no operen con Cuba son una realidad. Lo confirma la Junta Directiva de la Asociación de Empresarios Españoles en Cuba, que aglutina a 260 firmas con negocios e inversiones en la isla. ‘Hay compañías que han recibido notificaciones de entidades de Florida en las que se advierte de que si hubiera cambios políticos en Cuba, se tomarían medidas contra quienes hoy hacen negocios con la isla’, dice uno de sus miembros. El cerco a las transacciones financieras con Cuba también se ha acrecentado. A las ya duras sanciones y multas aplicadas por EE UU a bancos que operaban con la isla, se suma la presión al sistema financiero internacional contras las operaciones que impliquen a entidades cubanas. Esta situación, que afecta a empresas de todas las nacionalidades y sectores, alcanza a multinacionales como Nestlé, con una importante implantación en la isla, o a organismos internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cada vez con más dificultades para realizar sus transacciones. Junto a ello, a la histórica lista negra del Departamento del Tesoro, se ha agregado otra de entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas cubanas -muchas de ellas, hoteles administrados por compañías españolas- a las que EE UU penaliza. La semana pasada se supo de nuevas sanciones contra navieras, algunas europeas, cuyos barcos han transportado crudo venezolano a Cuba en los últimos meses

La Comisión Europea ha amenazado por escrito al Gobierno de Donald Trump con una posible denuncia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) si confirma su intención de reactivar las sanciones contra empresas europeas que tengan inversiones en Cuba. La medida unilateral estadounidense amenaza los intereses de compañías españolas, en particular del sector hostelero, que podrían afrontar la petición de indemnizaciones en EE UU por haber invertido en propiedades que fueron confiscadas a ciudadanos estadounidenses. Bruselas advierte a Washington, en una carta dirigida al Secretario de Estado, que activará todas las represalias posibles, incluida la posibilidad de que las empresas estadounidenses también sean confiscadas en suelo europeo para compensar los perjuicios que sufran las empresas europeas en Cuba. La creciente tensión comercial entre la UE y EE UU se encuentra a punto de reabrir el frente de la isla de Cuba, cerrado desde hace 20 años por un acuerdo entre Bruselas y Washington para eximir a los inversores europeos en la isla de posibles sanciones estadounidenses contra La Habana.

La ofensiva de Donald Trump sobre Cuba entrará en una nueva fase, cuando la Administración estadounidense planea abrir las compuertas a un alud de denuncias de individuos contra empresas que hacen negocios en la isla. Europa ya ha lanzado una advertencia preventiva contra el riesgo de provocar una peligrosa escalada de litigios, sanciones y confiscaciones que afecten a empresas de ambos lados del Atlántico. Bruselas ha amenazado a EE UU con presentar una denuncia ante la Organización Mundial de Comercio si reactiva las sanciones, según una carta remitida al Gobierno de Donald Trump por Federica Mogherini, vicepresidenta de la Comisión Europea y alta representante de Política Exterior de la UE, y por Cecilia Malmström, comisaria europea de Comercio. Pero la primera andanada comunitaria, en forma de misiva, va más allá del mero conflicto internacional ante la OMC. Y advierte a Washington de que desencadenará “un ciclo autodestructor de reclamaciones” si anula la exención de sanciones que disfrutaban las empresas europeas con intereses en Cuba. “La UE se verá obligada a recurrir a todos los instrumentos a su disposición, incluida la cooperación con otros socios internacionales, para proteger sus intereses”, subrayan Mogherini y Malmström en una carta que tiene a Mike Pompeo, secretario de Estado de EE UU, como destinatario. El impacto de las sanciones de EE UU puede hacerse sentir en las cadenas hoteleras españolas presentes en la isla, entre las que figuran Meliá, Iberostar, Barceló o NH. Los inversores españoles controlan el 71% de las habitaciones de hotel de la isla en manos extranjeras. Y la inversión española ronda los 300 millones de euros anuales.

EE UU optó por suspensiones sucesivas de la posibilidad de reclamación, aprobadas cada seis meses y decididas Gobierno tras Gobierno, independientemente de su color político. Una tregua que Trump parece dispuesto a terminar aun a riesgo de provocar represalias por parte de un socio comercial tan fundamental para EE UU como la UE. Mogherini y Malmström detallan en su carta los procedimientos que puede activar la Unión Europea para permitir que las empresas europeas recuperen cualquier daño económico que les causen las sanciones de Washington o las indemnizaciones a antiguos propietarios estadounidenses de bienes cubanos. No por casualidad, las dos comisarias ponen como ejemplo el sector hostelero para avisar a Pompeo de las posibles repercusiones. “Si una cadena de hoteles estadounidense (…) reclama [compensación] a una cadena europea ante tribunales de EE UU (…), la europea podría reclamar la misma compensación a la estadounidense ante un tribunal europeo”, avisan las comisarias. El procedimiento, llegado el caso, permitiría confiscar bienes de las empresas estadounidenses en territorio de la UE para compensar a los perjuicios que sufran las empresas europeas. “Y hay que apuntar que la inmensa mayoría de los 50 mayores denunciantes, que suman el 70% del total del valor de las reclamaciones certificadas, tienen activos en la UE”, concreta su amenaza la Comisión Europea.

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