España derrotó a Napoléon

PINCELADAS

SANTIAGO J. SANTAMARÍA GURTUBAY

Pero es incapaz de hacer otro tanto con Steve Bannon y la extrema derecha franquista que los ciudadanos creyeron derrotar en las últimas elecciones generales

“No sé si os dais cuenta de lo que habéis hecho”, exclama la escritora y periodista española Almudena Grandes, dirigiéndose a las direcciones del PSOE y Unidas Podemos, partido y coalició liderados por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. ‘Sin perdón’ titula en una columna. Menos mal que la gente se va de vacaciones. Muchos vienen por primera vez o repiten y apuestan por el Caribe Mexicano. No queda más que desear un feliz verano a todos los ciudadanos que no hayan tenido nada que ver con este desastre en la historia política de España, donde se vanagloriaban que los movimientos de extrema derecha, nacionalistas populistas y xenófobos, no han podido asentarse como lo han hecho en otros rincones de la Unión Europea. En Londres, Boris Johnson, un clon del primer mandatario estadounidense Donald Trump, ha sido designado por los conservadores británicos como su primer ministro. Johnson quiere bajar impuestos para incentivar la economía y lanzar un gran programa de inversión pública. Son las cuentas de la lechera del Boros ‘El Optimista’. Se ha comprometido a materializar el Brexit no más tarde de la actual fecha límite del 31 de octubre, haya o no haya acuerdo, cuenta también con el paquete de 39.000 millones de libras (43.000 millones de euros) que Reino Unido debería pagar a la UE al marcharse para cumplir con los compromisos presupuestarios pendientes o ya en marcha. La llamada “factura del divorcio”. Boris ha asegurado a las bases conservadoras que Londres no pagará ese dinero si se va sin acuerdo. Y quiere utilizarlo para suavizar el impacto de un Brexit a las bravas. Sin embargo, esa posición tiene dos puntos débiles. El primero es que no hay acuerdo sobre la tesis de Boris de que el pago de la factura del divorcio (que incluye, por ejemplo, las pensiones de los funcionarios británicos en Bruselas) no es una obligación legal. El segundo punto débil es que Bruselas considera que, al margen de la cuestión legal, esa es una obligación moral de Reino Unido y es imposible aceptar ningún futuro acuerdo comercial que no incluya el pago de esa factura. Y no es descartable que Europa se niegue incluso a empezar siquiera unas negociaciones sobre el futuro sin que Londres acepte antes pagar ese dinero.

En España no sé si Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se han dado cuenta de lo que han hecho. Ignoro los detalles del naufragio, aunque en este momento me traen sin cuidado. Supongo que me iré enterando, que todos nos enteraremos de las interioridades grandes y pequeñas, los relatos contrapuestos en este descomunal fracaso colectivo, pero ahora mismo sólo me importa una cosa. En la noche del 28 de abril yo creí, como millones de españoles, que había ganado las elecciones. Todas las personas que votaron al PSOE o a Unidas Podemos, se acostaron esa noche con alegría, incluso con una pizca de orgullo por un resultado electoral que significaba la derrota de la extrema derecha que gana y gana en el resto de Europa. Al día siguiente, un chiste feliz corrió como la pólvora. España es el único país del mundo capaz de derrotar a Napoleón y a Steve Bannon. Y ahora vosotros nos habéis dicho que no. Que no ganamos las elecciones. Que las perdimos. Que la extrema derecha, con sus indeseables aliados, vuelve a estar en la rampa de salida, en las quinielas del poder.

Y eso no tiene perdón. Ni por sillones, ni por matices, ni por buenas intenciones, ni por ambición legítima. No hay perdón para lo que habéis hecho. Hablo de la gente corriente, de esa a la que tanto os gusta invocar. Hablo de la ilusión, de la esperanza, de las emociones de millones de personas que os han llevado hasta donde estáis, que no os perdonarán esta decepción. Sin ellas, no sois absolutamente nada. Sin ellas, vuestro poder es un vano espejismo. Escribí no hace mucho tiempo atrás que lo contrario del amor es el hastío. Eso es lo que sienten millones de españoles y españolas en este momento.

En la terraza de un bar en la primera línea de la playa, una gran pantalla daba en directo el debate de la investidura fallida del presidente del Gobierno de España, el socialista Pedro Sánchez, al ser un modelo parlamentarista. Mientras los líderes de los partidos se cubrían mutuamente de improperios, los camareros atendían las mesas con una sonrisa muy profesional. En esta terraza, como en cualquier chiringuito de los cuatro litorales de España, gentes de todas clases e ideologías, con sus problemas a cuestas, comían y bebían, todos en busca de un pequeño placer en el corazón del verano. Cada uno iba a lo suyo, los políticos se insultaban y la gente pedía más vino, más cerveza y otra de calamares. Los bañistas chapoteaban felices en el agua y a veces una ola brava destruía los castillos que los niños levantaban en la arena. Bajo el sonido reverberante de la luz del mediodía, esta agitada armonía la vulneraba el odio repulsivo que desprendían los líderes de los partidos con sus palabras.

Era evidente que la política en este caso no tenía nada que ver con la vida. Ese odio no se correspondía en absoluto con la alegría de vivir que exhibía como un derecho la gente sencilla de cualquier edad y origen en la playa. De hecho, nadie en la terraza seguía el debate con un mínimo interés y mucho menos ninguno parecía dispuesto a cambiar uno de aquellos discursos por una gamba. ¿De dónde sacan nuestros políticos de derechas tanto veneno? ¿Por qué nuestros políticos de izquierdas no logran superar la mutua inquina y desprecio? Ese odio no se encuentra en la calle. Los españoles no nos odiamos tanto ni somos tan irresponsables en las empresas, en el trabajo, en la familia como nuestros políticos. Una vez más ese castillo que los socialistas habían levantado en la arena fue derribado por la obscena ambición de Podemos con la quijada de asno. “Una vez más el odio como desplante, como desafío, como venganza…”, comentaba amable el escritor Manuel Vicent, quien también nació en el Mediterráneo como Joan Manuel Serrat…

“Quizás porque mi niñez/Sigue jugando en tu playa/Y escondido tras las cañas/Duerme mi primer amor/Llevo tu luz y tu olor/Por dondequiera que vaya/Y amontonado en tu arena/Guardo amor, juegos y penas/Yo, que en la piel tengo el sabor/Amargo del llanto eterno/Que han vertido en ti cien pueblos/De Algeciras a Estambul/Para que pintes de azul/Sus largas noches de invierno/A fuerza de desventuras/Tu alma es profunda y oscura/A tus atardeceres rojos/Se acostumbraron mis ojos/Como el recodo al camino/Soy cantor, soy embustero/Me gusta el juego y el vino/Tengo alma de marinero/Qué le voy a hacer, si yo/Nací en el Mediterráneo/Nací en el Mediterráneo/Y te acercas, y te vas/Después de besar mi aldea/Jugando con la marea/Te vas, pensando en volver/Eres como una mujer/Perfumadita…”.

Desafío. ¿Por qué nuestros políticos de izquierdas no logran superar la mutua inquina y desprecio? Sin perdón. No sé si os dais cuenta de lo que habéis hecho…

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